Secretos de Familia 4. Andy
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4. Andy

Sentarme en un camastro en el jardín fue lo único que se me ocurrió hacer para pasar el rato cuando todos regresaron al búngalo.

Me sentía abrumado, me costaba trabajo procesar lo que me dijo mi hermana y también estaba algo raro después de que Evelyn me confesara que le gustaba, porque si bien me encantaba la idea de saber que una chica tan linda como ella se sentía atraída por mí…

bueno, no sé, era la amiga de mi hermana, de la misma chica que me había dicho minutos atrás que quería que yo le quitara la virginidad.

- ¡Órale, pendejo! - grité parándome de un salto cuando sentí algo muy frío en el cuello y vi a mi primo poniéndome una cerveza helada, riéndose a carcajadas cuando me sobresalté, antes de que se tirara en el camastro a lado de donde yo me había recostado.

- Estás demasiado estresado para el lugar en el que estamos, wey, relájate, la vida es hermosa.

- Con estos amigos para qué quiero enemigos - respondí, tomando la cerveza que me ofrecía mientras volvía a tirarme en el camastro.

- Es una suerte que seamos primos. Ahora dime, ¿Qué mosca te picó?

Después de lo que pasó con Thalia has estado muy raro, así que…

¡Vamos! Cuéntame qué pasó ¿Qué te dijo la mocosa?

- me suplicó, queriéndose enterar del chisme como siempre, yo suspiré, sin estar del todo seguro de que fuera una buena idea contarle lo que en realidad me tenía así.

- Evelyn me dijo que le gusto - respondí, tratando de desviar la atención de lo que pasó con Thalia, intentando incluso echar de mi cabeza los pensamientos que tenían que ver con mi hermana.

- ¡Genial! Esa chica es muy linda, además no está tan loca como Emma o Roxana.

- Sí, bueno, eso mismo fue lo que pensé cuando me lo dijo, pero luego… - hice una pausa que al parecer resultó lo bastante intrigante como para que mi primo se enderezara, girara su cuerpo hacia mí y se sentara a la orilla de su camastro.

- ¿Qué, wey? ¿Te confesó que tiene pene? ¿Resultó que antes era hombre? - preguntó, sonriendo al final y guiñándome un ojo, provocándome una risa que no pude evitar mientras negaba con la cabeza.

- Eres un idiota - resoplé antes de darle un trago a la cerveza y sentarme frente a mi primo de la misma forma como él lo hizo - el problema no es ella… - suspiré de nuevo cuando entendí que en realidad necesitaba contárselo a alguien - se trata de Thalia.

- ¿Qué pasa con la mocosa? ¿Se opone a su amor? - bromeó y yo reí de nuevo, pero solo un poco.

- ¡Tal vez si cierras el hocico a lo mejor te puedo contar lo que pasó!

¡Tarado! - exclamé, provocando las risas de Josh antes de que hiciera el ademán de deslizar un cierre entre sus labios - a ver que no estoy todavía seguro de cómo pasó, pero…

mira, de alguna forma Thalia llegó a la conclusión de que para perder su virginidad lo mejor que podía pasarle sería hacerlo con alguien con quien tenga alguna clase de conexión, así que…

- Vale, eso tiene sentido, pero en este lugar, donde no conoce a nadie…

¡Buena suerte con eso! Ese tipo de relación no la va a encontrar espontáneamente con un imbécil de…

a menos de que… ¡No mames, wey! - exclamó Josh, mirándome con los ojos muy abiertos mientras yo lo observaba con fastidio al no haberme dejado terminar de hablar - ¿Qué le dijiste, wey?

Porque me imagino que le diste alguna respuesta ¿No?

- preguntó con ese tono de voz exigente y exaltado.

- No, en realidad no le di ninguna respuesta, las cosas solo quedaron en el aire porque llegó Emma y cortó el momento, así que…

- A ver, espera, ¿Cuál momento? ¿Qué estaban haciendo cuando llegó Emma? - preguntó, mirándome con tal clase de ansiedad que me hizo sentir incómodo.

- ¡Carajo, no puedes dejarlo pasar ¿Cierto?!

- ¡Vamos! ¡No seas cabrón! ¡Cuéntame lo que pasó! ¡Todo este viaje está siendo una locura! ¡No creo que puedas decirme algo que me haga perder la cabeza!

- Le dije que en realidad era imposible que supiera que las cosas saldrían bien entre nosotros porque ni siquiera nos habíamos besado; pero al parecer todo eso se lo tomó más como un reto que como una advertencia, así que la mocosa decidió besarme y…

- ¡Carajo! ¡Entonces ¿Lo harás?! ¡¿Qué tal estuvo el beso?!

- No lo sé, wey, la verdad nunca había visto a la mocosa como una mujer, pero después de que mandó esas fotos al grupo y de todo lo que ha pasado…

¡Carajo, no lo sé! Es mi hermana, el solo planteármelo me hace sentir como un puto monstruo, vamos, es que ni siquiera debería pensar en eso, mi respuesta debió ser no y ya, porque una cosa son los jueguitos que se traen, incluso besarnos no creo que estuviera tan mal, pero llegar hasta donde ella quiere que lleguemos ¡Carajo!

- Ajá, pero el beso ¿Te gustó el beso? - preguntó con una insistencia que me hizo poner los ojos en blanco.

- Sí, el beso estuvo bien… bueno, tal vez un poco mejor que bien - confesé, agachando la cabeza y suspirando cuando recordé lo bien que estuvo aquello con mi hermana, lo suave que se sentía su piel cuando le toqué los senos y lo excitante que fue ese apasionado beso que nos dimos. En realidad fue algo increíble.

- Viejo… esto… ¡Carajo! Dios le da pan a quien no tiene hambre - comentó, haciéndome reír hasta que noté lo serio que de pronto se puso mi primo, quedándose muy quieto, pensativo, pero de una forma un tanto extraña porque se veía muy ansioso - yo no creo que eso esté tan jodido y…

- comentó Josh, llamando de pronto mi atención cuando noté ese tono como de culpa que se apoderó de su voz.

- ¿En serio no crees que esté tan mal? - le pregunté con desconfianza, antes de que mi primo me mirara de una forma extraña, de que lo viera echando un ojo a los alrededores como para asegurarse de que nadie estuviera cerca.

- Te voy a decir algo y doy por hecho que quedará en secreto entre tú y yo, pero quiero que entiendas que esto jamás se lo he dicho a nadie y que si me juzgas por lo que te voy a decir vamos a tener que agarrarnos a madrazos, porque esto es algo serio, es la mayor de mis fantasías y también la más grande de mis frustraciones - explicó, mirándome con mucha seriedad antes de que suspirara con fuerza y dijera algo que no parecía ser meritorio de tal clase de solemnidad - Sydney y mamá me gustan mucho.

- ¡Vaya sorpresa! - dije con sarcasmo, recibiendo un puñetazo en el hombro que me hizo reír, pero no a mi primo, cuyo rostro se puso colorado como un tomate.

- No lo entiendes, wey, no es como decir: me gusta Scarleth Johanson y ojalá un día pudiera tirármela; no, esto es diferente.

La verdad es que estoy obsesionado con ellas dos, vamos a ver, que ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que me la jalé sin que una de ellas o ambas aparecieran en mis fantasías, incluso me he robado la ropa interior de mi madre y de mi hermana para masturbarme mientras huelo su aroma y…

- un nuevo suspiro, uno más afectado que el anterior - en las ocasiones en que he sabido que mi hermana tuvo sexo o en las esporádicas veces en las que ha llevado a algún idiota a la casa y se encierra con él, me he sentido muy celoso, me duele el estómago de solo pensar en que yo jamás podría tener un poco de eso con Sydney y lo mismo me pasa con mamá y…

¡Carajo! Es que a veces de solo mirar lo hermosas que son simplemente no puedo evitar que el estómago me duela, sentir esa frustración y esa impotencia que me provoca el saber que jamás estaré con ellas y…

mira, wey, el punto al que quiero llegar es que si cualquiera de esas dos me diera la oportunidad de cogérmelas por una noche…

ni siquiera una noche, si tan solo pudiera pasar unos minutos haciéndoles el amor, sabiendo cómo se siente vivir en carne propia todo lo que he imaginado, ni siquiera me lo pensaría; y si la zorra de Sydney fuera virgen y me pidiera que la desvirgara…

¡Carajo! No podría con eso, la tomaría en ese momento y me la cogería sin pensarlo.

En realidad no entiendo cómo puedes estártelo pensando, wey, lo que te ofreció la mocosa es como el santo grial de los pervertidos, no entiendo cómo puedes estar aquí tan tranquilo y no en una de las recámaras convirtiendo en mujer a Thalia - explicó, dejándome con la boca abierta cuando noté lo frustrante que todo aquello resultaba para mi primo, haciéndome suspirar una vez más cuando entendí lo que Josh sentía por las mujeres de su familia, tomando un trago de cerveza tan solo por hacer algo, porque sabía que de mi boca no saldría una sola palabra después de lo que acababa de escuchar, de saber que no era el único que lidiaba con el deseo que le inspiraba su propia hermana, aunque, al menos en apariencia, ese cabrón no parecía sentir la más mínima culpa al respecto.

- ¡Chicos, la cena está lista! ¡Dense prisa o los dejamos sin comida!

¡Por que nos costó mucho trabajo prepararlo todo!

- gritó Emma asomando la cabeza por una ventana, haciendo que yo asintiera a la distancia antes de que ambos nos levantáramos de los camastros y camináramos hacia la entrada, sin decir nada, dejando que una cierta incomodidad creciera entre los dos.

- Me estás juzgando ¿Cierto?

- No, en realidad no lo hago, pero… vale, es que en muchas ocasiones bromeamos al respecto, los dos sabemos que nuestras madres y nuestras hermanas son hermosas y todo eso, pero no me esperaba que las cosas contigo fueran tan lejos - dije, viendo de reojo cómo mi primo se sentía cada vez más avergonzado - aunque, después de todo lo que ha pasado con Thalia, lo entiendo, porque a mí me está pateando los huevos todo esto y me imagino que no debe ser fácil haber crecido en una casa donde las dos mujeres con las que convives todo el tiempo son prácticamente modelos - le respondí y una risilla aliviada salió de la boca de Josh cuando entendió que no lo juzgaba y que de cierta manera compartíamos ese algo que sentíamos por las mujeres de nuestra familia.