3. Thalia #4
- ¡Que no! ¡No le hizo nada, bruto! A ver, tranquilízate porque no se trata de nada de eso, es que…
- Emma suspiró de nuevo, desafiando mi paciencia mientras la miraba, sintiendo ganas de salir corriendo a buscar a mi hermana - según lo que averigüé con ese tarado, al parecer estuvieron a punto de…
bueno, ya sabes, pero ella se asustó y lo dejó ahí, y…
- ¿Dónde está mi hermana?
- Se metió al búngalo, me dijo que quería estar sola, pero…
- Voy con ella y… lo siento - me disculpé con Evelyn, quien me sonrió nerviosa mientras negaba con la cabeza.
- No, no te preocupes, platicamos luego, ve con Thalia.
Seguramente te necesita - dijo con una sonrisa muy linda al final, antes de que tomara dos de los refrescos que compramos y me marchara hacia el búngalo, sintiendo ese vacío en el estómago que me hizo caminar cada vez más rápido hasta verme a mí mismo corriendo, sintiéndome alterado, queriendo llegar de inmediato con mi hermana ante la culpabilidad que de pronto me embargó tras haberme alejado de ella de esa manera tan cobarde como lo hice.
No fue sencillo ver a Thalia recluida en un rincón del jardín, destruida, con la cabeza escondida entre las piernas y los brazos, provocándome un dolor horrible al saber que estaba sufriendo y no tener idea de cómo podría ayudarla, de qué debía decirle para que se sintiera al menos un poco mejor.
- ¿Me puedo sentar contigo? - le pregunté, logrando que levantara la cabeza, notando lo hinchados que tenía los ojos mientras me observaba como una niña indefensa, antes de que asintiera con la cabeza, con movimientos débiles y lentos que me hicieron saber lo mal que se sentía - te traje un refresco de fresa y kiwi - le dije mientras me acomodaba a su lado, dándole la bebida al tiempo que le pasaba un brazo por los hombros y sentía cómo ella se dejaba apapachar por su hermano, acurrucándose conmigo.
- ¿Por qué los hombres tienen que ser tan idiotas?
¿Por qué ese idiota no pudo simplemente terminar conmigo y ya?
Hubiera sido mucho menos humillante y… me hubiera dolido, sí, pero al menos no me sentiría como la estúpida a la que le pusieron los cuernos en las narices ni…
y no sé por qué lo hizo, llevábamos mucho tiempo juntos, ¿No se le ocurrió pensar en lo mucho que me iba a doler?
¿Acaso no se tomó la molestia de considerar cómo me sentiría si me llegaba a enterar?
- dijo, soltando algunas lágrimas que limpié con mi pulgar - tal vez solo debí dejar que pasara, debí acostarme con él y así nada de eso hubiera ocurrido, y yo seguiría con él y seguiría muy enamorada y…
- Lo que hizo ese pendejo no es tu culpa, así que no deberías sentirte así, tú eres una buena muchacha y no tienes por qué avergonzarte de eso y, ciertamente, no voy a dejar que te culpes por lo que hizo ese cobarde.
Por cierto, la oferta de ir a pegarle sigue en la mesa.
Josh estaría encantado de patearle los huevos - bromee con ella, escuchando cómo se reía un poco mientras me daba un manotazo en el estómago, antes de que nos quedáramos callados por un par de minutos, mientras le daba un par de sorbos a su bebida.
- Esta cosa me trae recuerdos muy bonitos de cuando veníamos de niños, cuando tú y ese baboso nos lanzaban al mar a Sydney y a mí.
Eran buenos tiempos - dijo con nostalgia, antes de que la escuchara suspirar y la viera enderezando su cuerpo, manteniéndolo cubierto por esa toalla con la que se enfundó - creo que esa cosa de reinventarme no será tan fácil después de todo, porque no me siento cómoda con la clase de cosas que pretendía hacer y es que…
a ver, no explotes de furia por lo que te voy a decir y no te pongas raro ¿Sí?
Es que hace rato estuve a punto de hacerlo con ese chico, pero me dio mucho miedo, sentí que no era correcto, que hacerlo con un desconocido no estaba bien y…
- un nuevo suspiro se le escapó, en esa ocasión mostrando un poco más de enojo que de cualquier otra cosa - a ver, es que ¿Cómo se supone que me convierta en mujer si el solo pensarlo me da mucho miedo?
Porque… es que como Sydney me lo dijo antes de venir aquí, no debería hacerlo con cualquiera, debería ser algo memorable, debería ser algo que me haga sonreír cuando lo recuerde y que me haga sentir genial después de los años, pero ¿Cómo diablos voy a conseguir algo como eso con un tipo que apenas conozca?
- Sí, bueno, no tienes por qué hacerlo durante este viaje, porque nadie te está presionando para que lo hagas, es una meta o algo como eso que te impusiste a ti misma, y no tiene nada de malo que sigas siendo virgen, eso no…
- respondí dominado por los nervios, sin saber muy bien qué decir en aquel momento ante lo mal que se sentía mi hermana, pero sin querer quedarme callado porque…
bueno, no sé por qué, pero era mi hermana y quería apoyarla de alguna manera.
- ¡Claro que tiene mucho de malo! ¡Porque no es una decisión que yo haya tomado!
¡Por supuesto que no lo es! Quiero decir, si me convirtiera en monja y decidiera no tener sexo jamás con un chico, eso estaría bien, pero no sabes la cantidad de veces que quise hacerlo con mi…
ex, en serio lo deseaba, me encantaba y hasta algunas veces llegué a fantasear con ello, pero cada ocasión en que llegaba el momento no lo hacía porque al final el miedo era lo que me detenía, y no sabes lo horrible que es no hacer las cosas por cobarde, porque en realidad me moría de ganas de que fuera mi primer hombre y…
y ya no quiero sentir tanto miedo por algo que parece ser tan genial, por algo que debería estar disfrutando de la misma forma como lo hacen millones de chicas de mi edad y…
- suspiró de nuevo, en esa ocasión con mucho pesar, agachando la cabeza con tristeza, de una forma tan lamentable que incluso estuvo a punto de llevarme a las lágrimas - el solo pensar en volver a iniciar una relación desde cero y tratar de lograr llegar a un punto en el que me sienta confiada para hacerlo con un chico al que ame…
no lo sé, suena complicado y desgastante, suena a algo que preferiría ahorrarme, ¡Rayos!
¡Acabo de sonar como mamá! - dijo de pronto, robándome una carcajada que pronto le contagié a mi hermana, antes de que volviera a abrazarla y la derribara para quedar los dos tendidos en el césped, mirando al cielo, quedándonos en silencio durante algunos minutos, sintiendo el calor tropical que nos abrazaba hasta que de pronto ella se sentó de nuevo y me miró de una forma un tanto extraña, frunciendo el ceño de una manera que me hizo sentir incómodo, mostrando la clase de expresión que suele presentar la gente cuando se le ocurre algo particularmente arriesgado.
- ¿Qué pasa? - le pregunté, experimentando de nuevo ese molesto vacío en el estómago al prever que quizás lo que estaba por decir no me gustaría del todo.
- No mucho en realidad, es solo que acabo de darme cuenta de que a ti te conozco desde hace años y…
. bueno, es que además de ti, no creo que encuentre a una persona con la que pueda sentirme más cómoda que contigo - soltó sin más, mirándome con ansiedad, expectante, sin que yo dijera o hiciera algo más que mirarla por unos segundos, los mismos en los que ella se quedó de pronto muy callada.