Secretos de Familia 3. Thalia
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3. Thalia

Ahí estaba yo, sentada en una toalla sobre la arena, mirando de lejos cómo Emma y Roxana coqueteaban con unos chicos, mientras Evelyn y mi hermano platicaban de algo a la orilla del mar, mojándose los pies a la vez que Josh jugaba con el perro de alguien, lanzándole una pelota roja una y otra vez, sonriendo al ver lo contento que corría el perrito para llevarle su juguete, sin detenerse, sin que le importara nada más que pasarlo bien con su nuevo amigo.

Ojalá yo hubiera sido como ese perrito, ojalá hubiera podido disfrutar del momento sin que me importara nada más que lo rico que debió ser estar en la playa, sintiendo la brisa del mar, tal vez coqueteando con aquellos chicos con los que mis amigas pasaban el rato, dos de los cuales en aquel momento ya tenían tomadas de la cintura a ese par de atolondradas, pero la verdad es que en aquel instante no estaba tan dispuesta a seguir el plan del viaje como me hubiera gustado hacerlo.

Y es que sin importar lo mucho que intentara distraerme o fingir que las cosas estaban bien conmigo, no podía dejar de pensar por mucho tiempo en lo que pasó con Sebastián, en lo humillante y doloroso que fue sentirme traicionada por el único chico de quien alguna vez estuve enamorada, y por si eso fuera poca cosa, tampoco podía sacarme de la cabeza lo que pasó entre mi hermano y Emma, sintiendo una y otra vez ese anhelante deseo de haber ocupado el lugar de mi amiga, terminando muy confundida y sufriendo por la culpa que me provocaba imaginar la clase de escenarios que se creaban en mi cabeza donde mi hermano era el protagonista de mis morbosas fantasías, experimentando fuertes remordimientos cuando recordaba el sabor de la leche de Andy y sentía cómo me cosquilleaba todo el cuerpo, queriendo volver a probarlo, sintiendo ese algo agobiante que me hacía querer lanzarme a sus brazos, a pesar de que no era tan valiente como para hacer algo como eso.

Sí, mi cabeza era un caos y ni siquiera estando enfrente de ese mar hermoso, en un lugar tan lindo como aquel en el que me encontraba, podía dejar de pensar en todo aquello que en ese momento me estaba molestando, dejándome abrumar por ese caótico coctel de sentimientos que me hacía sentir insegura y vulnerable, sin que de pronto me importara nada a mi alrededor, sin que sintiera ganas de hacer algo más allá de quedarme ahí contemplando el oleaje del mar mientras dejaba que el tiempo siguiera su marcha.

- ¡Thalia! ¿Qué haces ahí solita? ¡Ven aquí!

¡Quiero presentarte a los chicos! - gritó mi amiga Emma, agitando su mano en el aire, haciendo que la mirara confundida, sin entender de inmediato lo que quería hasta después de unos segundos que me tardé en comprender su invitación y compuse la mejor sonrisa que pude interpretar para ella, experimentando lo pesaroso que de pronto me resultó tener que levantarme de mi toalla y caminar hacia donde mi amiga se encontraba con Rox y esos nuevos amigos que hicieron, uno de los cuales ya tenía su mano en el trasero de Roxana - miren, les presento a mi amiga Thalia, como verán es una mujer hermosa, pero es nuestra chica favorita, así que trátenla con cuidado ¿Eh?

- me presentó Emma con su acostumbrada teatralidad, antes de que mencionara el nombre de cada uno de esos muchachos, quienes tuvieron la atención de retirar sus ojos de mis senos al menos cuando los mencionaron.

Y la verdad es que no los culpo, porque ese atrevido bikini que me puse para la ocasión apenas era capaz de ocultar mis pezones.

- Estos son Samuel…

- Emanuel - la corrigió el chico.

- Rafael…

- Ismael - la corrigió el otro muchacho, sonriendo ante el descuido de mi amiga, dedicándome una mirada muy linda antes de que sus ojos volvieran a detenerse por unos segundos en mis senos.

- Y este es…

- Paco, lo diré antes de que tu amiga me cambie el nombre - comentó el último chico, sonriéndome sin apartar sus ojos de los míos, llamando mi atención al ver que se comportaba como un caballero.

- ¡Ay, es que son muchos nombres que recordar!

¡Además los acabamos de conocer! - se defendió mi amiga, antes de que Emanuel se la llevara al mar e Ismael se llevara a Roxana a caminar un poco más allá sobre la bahía, mientras yo me quedaba con el tal Paco, un chico moreno, alto y bastante lindo, con un cuerpo medianamente atlético, pero una sonrisa encantadora, con la que logró cautivarme y hacer que me sintiera un poquito nerviosa.

- Así que acaban de llegar. Cuéntame, ¿Qué planes tienen para sus vacaciones? - preguntó ese tal Paco, cuya seguridad era un poco intimidante.

- Sí, yo… en realidad no venimos con ningún plan en particular, solamente queremos pasar unos días en la playa y eso…

- respondí nerviosa, sintiendo cómo se me acaloraba mucho la cara, y es que si bien no era una chica rara que no pudiera hablar con muchachos lindos, la verdad es que no estaba acostumbrada a tener conversaciones estando casi encuerada.

- ¿En serio? ¿Solo eso? - preguntó con algo de escepticismo.

- ¿Qué tiene de malo?

- Nada, en absoluto, es solo que tu amiga nos contó que sus vacaciones eran algo así como un retiro para experimentar cosas nuevas y atrevidas, así que creí que tendrías en mente algo más alocado que solo pasar unos días en la playa.

- Yo creo que mi amiga debería aprender a cerrar la boca de vez en cuando - contesté, un poco molesta con Emma al haberle contado a esos fulanos lo que pretendíamos hacer en nuestras vacaciones, sintiendo ese calor abrumador en mi rostro mientras agachaba un poco la cabeza, avergonzada con ese tipo tras haber intentado ocultar mis planes a una persona que ya estaba al tanto de ellos. Paco dejó salir unas risillas.

- No te enfades con ella, no creo que lo hiciera con el ánimo de molestarte - comentó - ven, vamos a sentarnos en la arena mientras charlamos - me invitó, dándome una mano para ayudarme a sentar, algo que en realidad no resultó tan cómodo, pues con la diminuta tanga que llevaba encima (y que sigo sin entender en qué momento tuve el valor para ponérmela) toda la arena se me metía entre los cachetes - aunque, dado el espíritu de su viaje, la verdad es que tengo curiosidad por saber en dónde encajan esos dos de ahí en todo eso - dijo el chico, señalando con los ojos a Josh y a Andy, quienes en aquel momento estaban mirando con algo de interés en mi dirección, aunque apartaron la mirada cuando notaron que nosotros también los veíamos.

- Ellos son… - una risa nerviosa se me escapó - son nuestro personal de apoyo, ya sabes, hacen de choferes, de seguridad y nos cargan las cosas - dije, sin poder dejar de sonreír al imaginar lo que esos dos harían si me escucharan describirlos como acababa de hacerlo. Paco volvió a reír.

- Vale, entonces si trato de besarte no me van a patear o algo como eso ¿No? - preguntó el chico, haciendo que volteara a verlo con los ojos muy abiertos y las cejas levantadas.

- ¿Tú…? ¿Estás…? ¿No crees que diste un salto muy arriesgado?

¿Quiero decir, apenas nos conocimos y ya quieres darme un beso?

- le pregunté nerviosa, contemplando la manera como ese chico me miraba los labios, antes de que echara un ojo en dirección del mar y me hiciera una seña con la cabeza para que volteara, encontrándome con una escena en la que Emma estaba bien encaramada a ese chico con el que se besaba con muchas ganas, mientras Rox estaba tirada en la arena, encima del muchacho que le tocó, besándose con una intensidad que resultaba digna de una película +18, un comportamiento que en otro tiempo hubiera repudiado, pero no en aquel viaje en el que se suponía que esas eran justamente la clase de cosas que estábamos buscando.

- Esas chicas son un problema - dije nerviosa, agachando la cabeza por unos segundos antes de mirar de nuevo a Paco, viendo cómo sonreía sin que sus ojos renunciaran a la imagen que le brindaban mis labios - ¿De verdad quieres besarme?

- le pregunté sin saber qué más podría decir, sintiéndome muy estúpida al hacer esa clase de pregunta, experimentando cómo un vacío en el estómago se hacía cada vez más grande mientras ese muchacho asentía con la cabeza, sin que yo terminara de decidir si lo quería besar, hasta que de pronto miré en dirección de mi hermano y lo vi observando aquella escena con mucha atención, sintiendo en ese instante la necesidad de que me viera hacer algo con otro muchacho, pues si lograba que sintiera la clase de cosas que experimenté cuando lo vi con Emma, quizás él y yo…

- Sí, bueno, no creo que ninguno de los dos haga algo si tú y yo…

- comencé a decir, hasta que mis palabras se quedaron ahogadas en los labios de ese morenazo, sobresaltándome un poco cuando lo sentí besándome, sintiendo cómo mis ojos parpadeaban rápidamente por unos segundos, hasta que de pronto ese beso empezó a sentirse muy bien (demasiado bien en realidad) y yo empecé a corresponder ese gesto, sintiendo esa euforia que me recorrió el cuerpo al estarme besuqueando con un chico que acababa de conocer, algo a lo que se sumó el morbo de saber que mi hermano nos miraba, una idea que me hizo besarlo con más ganas, abriendo un poco la boca para dejar que metiera su lengua, sintiendo la forma tan sutil como lo hacía, provocando que la piel se me erizara mientras nuestras lenguas comenzaban a conocerse, despacio, sin apresurar demasiado las cosas, permitiéndome sonreír mientras lo besaba porque aquello se sentía increíble, porque por primera vez estaba haciendo algo alocado y completamente fuera de lo que alguna vez fueron mis límites.

Por desgracia, una serie de chiflidos hicieron que el chico dejara de besarme después de un par de minutos, haciendo que miráramos en dirección de los tarados de sus amigos que hacían escándalo por aquel beso, mientras Emma me observaba con una sonrisa de oreja a oreja y Rox hacia ese gesto con el que aplaudía haciendo que chocaran solamente las puntas de sus dedos de manera repetitiva.