Secretos de Familia 2. Thalia
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2. Thalia

- ¿Ya tienes todo listo? ¿Llevas bloqueador?

¿Empacaste el botiquín que te preparé? ¿Guardaste en el celular los números de emergencias que te envíe por la noche?

- preguntó mamá, una vez más, por cuarta ocasión de hecho, desafiando mi paciencia con esa insistencia con la que me hacía todas esas preguntas, mientras yo me miraba al espejo, preguntándome si de verdad lograría lo que me proponía con ese viaje, mirando esa blusa tan escotada que incluso me hacía sentir un poco incómoda, pero la cual me decidí a llevarme puesta porque en serio quería dejar de ser la chica buena, la estúpida a la que le pusieron los cuernos en sus narices, la tonta, crédula y mojigata que todos estaban convencidos que era.

- Sí, todo ya está empacado, mamá, ya te lo había dicho las últimas tres veces que lo preguntaste - le respondí de mal humor, porque con su actitud me hacía sentirme aún como la niña que necesitaba de su madre para estar bien, y ya no quería ser esa chica, necesitaba ser algo más, alguien diferente.

Mamá suspiró de esa forma triste y resignada que hizo que me preocupara un poquito por ella, que la mirara con algo de pena al verla tan mortificada por el viaje que estábamos a punto de emprender.

- Ven, cariño, siéntate un minuto a mi lado - dijo mamá, no como una orden, sino más bien como una súplica, logrando que lo enojada que me hacía sentir se me pasara un poco mientras me sentaba a su lado.

No me gustaba verla tan triste y menos preocuparla, pero supongo que aquel era el costo de empezar a ser una mujer - sé que estás muy enojada conmigo por hacer que los chicos fueran a tu viaje, pero trata de entenderme, eres mi princesa, mi única hija, no puedes pretender que no me preocupe por ti y menos después de lo que te hizo ese bastardo hijo de puta - me dijo en una voz que resultaba incómoda de escuchar, tomándome por sorpresa cuando llamó de esa forma a mi exnovio, haciendo que la mirara con los ojos muy abiertos sin que ella se inmutara por las palabras que salieron de su boca - no te pediré que me llames cada hora, pero al menos mándame un mensaje por las noches antes de dormir, ¿Sí?

Solo quiero saber que estás bien - me suplicó, haciendo que tomara su mano para tratar de consolarla cuando noté que los ojos se le pusieron un poco llorosos.

- Vale, te escribiré antes de acostarme, pero no te sorprendas si te escribo por ahí de las ocho de la mañana - le respondí, sonriendo al final cuando la vi girando su rostro a una velocidad peligrosa hacia mí, mostrándose preocupada hasta que se dio cuenta de que aquello era una broma.

- Tonta - dijo antes de abrazarme y llenarme la cara de besos, levantándonos después de la cama, un momento que mamá aprovechó para tomarme de los hombros y mirar mi atuendo, el cual no era gran cosa, solo un short y esa camiseta negra exageradamente escotada, mas unas sandalias de playa que decidí ponerme dado el calor que estaba haciendo - tendré que acostumbrarme a tu nuevo estilo, amor, pero te vez muy hermosa - dijo mamá, haciendo que me sonrojara mientras le sonreía, antes de que suspirara y me separara de ella para tomar mi equipaje, lista para marcharme, sintiéndome nerviosa ante la clase de viaje que me esperaba, imaginando cómo sería el chico con quien tendría mi primera vez, tratando de adivinar cuánto podría cambiar una mujer en tan solo un verano.

Una multitud de risas se escuchaba desde la calle, donde mi hermano y Josh acomodaban el equipaje en esa camioneta que a pesar de ser algo vieja, inspiraba un ánimo aventurero muy propio para las vacaciones que estábamos por tomar, pues era de esas que tenían puertas traseras corredizas y asientos continuos para tres y cuatro pasajeros en la parte trasera, además, estaba pintada y decorada como la van de esa caricatura donde salía La máquina del misterio, un detalle que le daba un toque divertido a la experiencia.

- Aquí viene la chica del momento - dijo una mujer en cuanto me acerqué a la puerta, tomándome por sorpresa cuando noté que no se trataba de mis amigas, sino de mi tía Marisa, quien estaba parada a un lado de Sydney, mi prima, sí, esa misma de la que mamá me dijo que era más alocada que mis amigas - vinimos para llevarte a ti y a tu mami a un spa y pasar un día de chicas con ustedes, pero al parecer tú ya tenías tus propios planes ¿Eh?

- dijo la mujer, con esa seguridad y ese algo con lo que lograba que cada palabra y cada cosa que hacía resultara tan sensual como si estuviera en una de esas escenas de película en las que tratan de resaltar la belleza de una actriz con movimientos en cámara lenta.

- Sí, bueno… no lo planeamos mucho, ¿Sabes? - le respondí, antes de que le diera un gran abrazo, porque en realidad quería mucho a esa mujer.

- Pues aún así yo te voy a odiar un ratito, mocosa, porque aunque haya sido algo improvisado, debiste haberme invitado, claro, a menos que creas que soy una vieja aburrida que les arruinaría el viaje - comentó Sydney componiendo un puchero al final, haciéndome reír ante su actitud infantilizada antes de que la abrazara.

- Pues vente con nosotras, además llevamos choferes y equipo de seguridad privado, será un viaje delicioso - dije, siguiéndole el juego a mi prima, hablando de aquel viaje como algo fantástico a pesar de que no estaba segura de que en realidad lo fuera llevando a ese par de tarados, ni siquiera después de lo que pasó en la noche con mi hermano.

- Ojalá pudiera, pero me mandaron a un estúpido curso, no tengo idea de cuánto va a durar, pero de solo pensar que pasaré el verano metida en un salón de clases… - comentó con fastidio, haciendo al final un gesto vomitivo con el que me hizo reír - ¿Cuánto tiempo se irán?

- Un par de semanas. Mamá nos prestó su búngalo para ahorrarnos el hospedaje y mandó llenar las despensas y el refrigerador para que no nos preocupáramos por la comida, así que creo que no tendré nada más que hacer que divertirme y gozar de las vacaciones mientras estemos por allá - dije, sonriendo luego hasta que recordé lo que inspiró ese viaje y mi sonrisa se convirtió en un gesto forzado, haciendo que mi cara adoptara una expresión que apagó la energía de mi prima, que la hizo tomarme del brazo y apartarme de mamá, de mi tía y de los chicos, quienes estaban en lo suyo y no le dieron mucha importancia al hecho de que me hubiera movido de donde estábamos.

- Escucha, Josh me contó lo que pasó. Sí, ya sabes que ese tarado es un idiota y un bocón, pero…

a ver, sé que no es fácil manejar todo lo que tienes en las manos y también sé lo horrible que es una ruptura así.

Sí, también le caché los cuernos a un idiota con el que estuve, así que entiendo lo que estás pasando, es horrible, pero quiero que consideres algo ¿Va?

El viaje que vas a hacer suena delicioso, divertido e increíble y seguramente lo será, pero solo si sigues un consejo que me hubiera gustado que me dieran cuando estuve en tus zapatos: no trates de forzar nada, no hagas cosas que no te nazcan del corazón, no hagas nada buscando aprobación de alguien o satisfacer los deseos de nadie que no seas tú, porque cuando estás en un momento vulnerable puedes aceptar o hacer cosas que después te pueden hacer sentir mal o…

- ¿Qué estás tratando de decirme?

- Que no te acuestes con el primer pendejo que quiera llevarte a la cama y que no te sientas presionada para tener sexo, porque si lo haces…

- Sydney suspiró, echando un vistazo a su madre que en aquel momento platicaba con mamá, y a los chicos, que en aquel instante miraban algo en el celular de mi hermano - ¿Te acuerdas de Juan Carlos?

- me preguntó, y yo respondí colocando mis manos en las orejas, con los dedos muy extendidos, haciendo referencia a lo orejón que estaba ese chico, provocando que mi prima se riera un poco - vale, lo recuerdas.

Bueno, pues ese pendejo me puso los cuernos con mi mejor amiga.

- Hijo de puta.

- Sí, eso mismo pensé. Y claro que fue devastador, porque no solo perdí a mi novio sino también a mi persona favorita.

Como resultado, me fui de viaje con otro par de amigas, algo similar a lo tuyo, sintiendo esas ganas de desconectarme y de regresar a ese punto de equilibrio en el que estaba cuando todo estaba bien; por esos días yo aún era virgen…

bueno… seguía siendo virgen del coño, aunque en realidad ya había hecho cosas con algunos chicos, ¿Tienes idea de lo elástico que puede ser el ano cuando… ?

- Te estás perdiendo del punto - la interrumpí cuando de pronto me puse muy incómoda dado el rumbo que estaba tomando la conversación.

- Cierto, bueno… ¡Ah sí! La cosa es que en ese viaje perdí mi virginidad.

Encontré un chico en la playa, me gustó, le gusté, nos estuvimos besando mucho rato y nos metimos mano, luego nos llevó con sus amigos y estuvimos tomando…

y bueno, cuando la noche llegó me encamé con él y cogimos, pero la verdad es que no fue nada especial, porque para empezar yo estaba algo tomada y en realidad no recuerdo muy bien qué fue lo que ocurrió.

Imagínate lo raro y algo aterrador que fue despertar y encontrar las sábanas del hotel todas llenas de sangre, sentir un condón usado metido en el coño y…

bueno, no te daré más detalles, pero confía en mí, no fue lindo, así que…

- Vale, no beberé cuando vaya a…