1. Thalia #6
- ¡Carajo! - exclamé cuando abrí los ojos y me encontré con la mirada absorta que mi hermana le dedicaba a mi pene, estando recargada en la puerta, sin moverse, sin hacer el más mínimo ruido, haciendo que intentara guardarme el miembro en el pantalón hasta que negó con la cabeza sin dejar de mirar mi sexo.
- No, no te detengas, sigue con eso. Quiero ver cómo lo haces - susurró, nerviosa, con el rostro enrojecido, pero hablando con la determinación necesaria para hacerme saber que en realidad quería que aquello pasara.
- Thalia, yo… esto no… - balbuceé nervioso.
- No digas nada, solo continúa con lo que hacías - dijo mientras ponía seguro a la puerta y avanzaba en dirección a la cama, sentándose de lado de mis pies, sin dejar de ver mi pene desnudo, haciéndome sentir desconcertado, nervioso, incluso me atrevería a decir que un poco asustado, pero mucho más excitado que en cualquier otro momento de mi vida, tanto que comencé a sobarme de nuevo mientras la miraba, observando sus labios, dejando que mis ojos navegaran por su cuello hasta centrarse en sus pechos, sintiendo ese impulso eléctrico que recorrió mi piel haciendo que se erizara, tocándome de una forma un tanto insegura, de una manera temerosa y titubeante que fue tomando fuerza conforme los minutos avanzaban y mi hermana no parecía demostrar la más mínima molestia al estar ahí, contemplándome mientras me masturbaba, conservando un silencio que solamente interrumpió cuando levantó la mirada y se dio cuenta de que estaba mirando sus senos, algo que la hizo sonrojar aun más de lo que ya lo estaba, antes de que, de nueva cuenta, esa chica lograra tomarme por sorpresa.
- ¿Te gustan? ¿Crees que son lindos? - preguntó con timidez, mirándome a los ojos, sonriendo un poco cuando me vio asintiendo con la cabeza y tragando saliva, antes de que mi mano dejara de moverse repentinamente cuando la vi recorriendo los tirantes de su blusa, dejando que sus senos saltaran por encima de su escote, cautivándome con la imagen de esos pezones de color suave y esas tetillas redonditas y tiernas que me hicieron sentir ganas de metérmelas en la boca, inspirándome para que volviera a tocarme mientras ella solo se quedaba ahí sentada, muy quieta, observando el movimiento de mi mano, escuchando ese sonido pegajoso que era provocado por los líquidos preseminales que ya mojaban mi sexo y mis dedos mientras me tocaba.
- ¡Ahhh! ¡Dame un pañuelo! ¡Ahhh! ¡Voy a venirme!
- exclamé en un susurro, viendo cómo ella se estremecía ante mis gemidos mientras negaba con la cabeza, sin dejar de mirar mi sexo, acariciando de pronto sus senos con una suavidad intrigante, levantándolos con sus manos, como si quisiera que los viera mejor, como tentándome para que eyaculara sobre ellos.
- Solo déjalo salir. Por favor. Quiero ver cómo te vienes. Quiero ver qué tan lejos llega tu leche - me pidió con un tono suplicante, con la voz un poco extraviada, remojándose los labios, tragando saliva ante una situación que para ambos era desconcertante.
- ¡Ahhh! ¡Ahhh! - gemí una vez más cuando ese cosquilleo recorrió mis huevos y el largo de mi pene, aventando un par de chorros de leche que cayeron en las piernas de Thalia, que mancharon su short y su blusa sin que a ella pareciera importarle, sin que dejara de mirar mi sexo, sonriendo con algo de timidez al presenciar la manera como estaba eyaculando a unos centímetros de ella, viendo con morbo y curiosidad la forma como mi mano quedó toda empapada con esos últimos chorros de semen que no salieron con demasiada fuerza, suspirando cuando notó que dejé de venirme, mirándome en ese preciso momento a los ojos mientras se arreglaba la ropa.
- Hablaba muy en serio cuando dije que quería dejar de ser una chica buena durante este viaje.
Quiero experimentar cosas tan intensas y morbosas como ver a mi hermano masturbándose y tal vez también quiera ver cómo te coges a alguna de mis amigas, así que ya que te incluiste en esta aventura, quiero que me prometas que no te interpondrás en nada de lo que quiera hacer y que tú y ese tarado de Josh serán como cualquier miembro más del grupo, no quiero que me digan qué puedo o qué no puedo hacer, ni tampoco quiero que me impidan experimentar cualquier cosa que se me antoje.
Si tú me prometes que no serás un obstáculo para que el viaje salga como quiero, yo me comprometo a no hacer nada que me ponga en un grave riesgo, y a mantenerte informado de en donde y con quién estoy, pero no quiero que seas mi guardaespaldas o mi niñero, solo sé uno más en un grupo de personas que quieren pasarlo bien ¿De acuerdo?
¿Tenemos un trato? - preguntó, haciéndome tragar saliva mientras analizaba aquel pacto a marchas forzadas, antes de que suspirara con resignación y asintiera con la cabeza, de ver cómo mi hermana se levantaba, se me acercaba y me besaba en los labios, dándome solo un pico, pero siendo ese un gesto con el cual entendí la seriedad del viaje que estábamos por emprender y la naturaleza de las cosas que mi hermana quería hacer mientras estuviéramos de vacaciones - que descanses, hermanito.