1. Thalia #2
- Lo sé, pero… ¿Y si de alguna manera yo lo orillé a eso?
¿Qué tal si…? - dije, repitiendo en mi cabeza todo lo que pasó, lo que me dijo, tratando de entender cómo fue que ese idiota pudo hacer algo tan estúpido y cruel después de todo lo que habíamos compartido, de todo lo que vivimos durante la prepa y todas las veces que nos dijimos lo mucho que nos amábamos.
- ¡No voy a dejar que te culpes por esto!
¡No, claro que no lo vas a hacer! - me reclamó Roxana, sentándose justo frente a mí, levantando tanto la voz que incluso logró que Emma despertara y se sentara abruptamente, mirando en todas direcciones, sin entender cómo llegó hasta ese lugar, mostrando en su rostro aquellos indicios que delataban que aún estaba borracha - ¡Tú no tuviste la culpa!
¡Nadie le dijo a ese idiota que te engañara!
¡Y como bien se lo dijiste! ¡Si tantas ganas tenía de coger, debió terminar contigo primero!
- exclamó enfurecida hasta que me miró a los ojos y suspiró con pesar, torciendo la boca como si de esa forma se estuviera guardando la clase de cosas horribles que hubiera querido decirme en aquel momento acerca de mi ex, las mismas que decidió callar supongo que para no lastimarme más, mostrándose al final resignada hasta que la expresión de su rostro se tornó sorprendida cuando me senté, suspiré con fuerza y luego me limpié las lágrimas de los ojos.
- Es un idiota, lo sé, y también sé que yo no tuve la culpa de que se metiera entre las patas de esa zorra, pero…
a ver, es que hay algo de todo eso que me sigue molestando, porque creo que tiene razón al menos en una cosa que me dijo.
Espera, no me interrumpas - corté a Roxana cuando vi sus intenciones de volver a hablar - ya no soy una niña, y debería de empezar a comportarme como una mujer.
- No, claro que no tiene razón en eso, Thalia, no tienes porque cambiar lo que eres, ni… - intervino Evelyn con ese tono maternal y tierno con el que siempre nos hablaba a las demás cuando nos sentíamos mal y quería animarnos.
- ¿De verdad crees que no tengo nada que cambiar de lo que soy?
Durante toda la prepa me dediqué a los estudios y desde que entramos en la carrera no he hecho otra cosa que vivir entre libros, en realidad esta es la segunda fiesta a la que voy en mi vida, nunca me he emborrachado, nunca he tenido una aventura, jamás me he siquiera planteado la posibilidad de que pase algo con un chico que no conozco, no he probado miles de cosas y…
y… - un suspiro ansioso se me escapó cuando las palabras se me ahogaron en lo doloroso y abrumador que de pronto resultaba el sentirme tan sola y desesperada, el darme cuenta de que estuve dejando que la juventud se me escapara entre libros, cuadernos y trabajos en los que quizás me esmeraba más de lo necesario.
- Thalia, tú eres una buena chica y no deberías avergonzarte por llevar una vida tranquila - me aseguró Evelyn en un nuevo intento por tranquilizarme, pero en aquel momento mi cerebro estaba trabajando a marchas forzadas y un sinfín de ideas bastante peligrosas comenzaban a tentarme a hacer una locura.
- Sí, lo sé, es la misma clase de cosas que dice mamá de mí, la misma clase de cosas que seguramente Esteban pensaba de mí mientras se cogía a esa ramera, pero sería lindo no ser una buena chica al menos por una vez, y sería aún más lindo que dejara de tenerle miedo a tantas cosas, porque de no ser porque soy una cobarde hubiera hecho el amor con Esteban desde hace mucho y…
es más, de no ser porque la bella durmiente de ahí casi me lleva a esa fiesta a rastras - dije señalando a Emma quien se había quedado dormida de nuevo con los brazos y las piernas bien extendidas, como si fuera una estrella de mar tirada a la mitad del quiosco - ni siquiera hubiera animado a Esteban a ir a esa fiesta ni…
- el llanto acudió de nuevo a mí con tan solo pronunciar el nombre de aquel chico a quien amé durante los últimos años, un llanto que hice lo que pude por contener cuanto antes, bajo la mirada de esas dos chicas que me observaban con lástima después de lo que me pasó - necesito reinventarme, necesito perderle el miedo a la vida, quiero experimentar cosas nuevas y…
de verdad quiero dejar de ser la chica buena que no hace nada estúpido ni arriesgado, sería lindo dejar de ser yo al menos por una vez, sería hermoso saber qué se siente que no me molesten tantas cosas, que no me de miedo besar a un chico tan solo porque me guste y…
y quiero convertirme en una mujer, ya es tiempo, tal vez si lo hubiera hecho antes con Esteban…
- ¡Él igual te hubiera engañado! ¡Porque es un canalla y los canallas hacen esas chingaderas!
- comentó Roxana, antes de que su mirada se tornara un tanto pensativa - por otro lado, eso de reinventarte no suena mal y creo que te podríamos ayudar con eso, no sé, tal vez empezar con un cambio de imagen y luego se me ocurre que quizás podrías pedirle a tu mami el búngalo que tiene en la playa para pasar ahí un par de semanas, serviría para alejarnos un poco de todo lo que pasó y empezar a probar eso de experimentar cosas nuevas.
Quién sabe, tal vez incluso puedas tener un romance de vacaciones en ese sitio con un chico que te lleve a la cama y te haga sentir a dios entre las piernas - comentó mi amiga, sonriendo al final cuando me escuchó reír un poco y notó la forma como mi cara se había sonrojado - y la pelos de zanahoria podría ayudarte con eso de enseñarte a tomar, es una experta autodidacta en borracheras y en curar resacas; una vez me dio una cosa verde muy picosa que me quitó la cruda de dos tragos.
- ¡Yo le ayudo! ¡Vamos por unas chelas! - gritó Emma con palabras entrecortadas, levantando una mano antes de dejarla caer y en pocos segundos volver a roncar, provocando las risas de las demás, mientras intercambiábamos miradas de complicidad que por un momento me hicieron olvidarme de todo lo malo que me pasó durante aquella infame y muy dolorosa noche.
***
- Es una locura - respondió mi mamá aquella tarde cuando le expliqué cómo quería pasar mis vacaciones, después de que hubiera pasado toda la mañana con las chicas en ese salón de belleza en el que me pinté el pelo de color azul y luego en el centro comercial donde me compraron un nuevo guardarropa.
- Mamá, por favor, no me arruines esto. De verdad lo necesito, además, ya soy mayor de edad y tengo derecho a probar cosas nuevas - le supliqué, sintiendo ese vació en mi estómago que me torturó toda la mañana y que se hizo más intenso ante la aparente negativa de mi madre a prestarme su búngalo por un par de semanas.
- Eso no lo discuto, pero la idea de que cuatro chicas se vayan solas a un viaje como ese, no me gusta.
Hay mucho idiota por ahí que podría tratar de aprovecharse de ustedes y más aún si la idea del viaje es alocarse como quieres hacerlo y…
¡No me mires así, Thalia! ¡No vas a lograr que me sienta mal por tratar de cuidarte!
- respondió preocupada, componiendo una de esas expresiones que hacen las madres cuando algo les asusta, cuando creen que sus hijos están en peligro.
- ¡Mamá! ¡Por favor! ¡Solo serán dos semanas y voy a estar con las chicas!
¡Ellas siempre me cuidan! - supliqué de nuevo, negándome a darme por vencida, porque la perspectiva de alejarme unas semanas de todo y entregarme a una vida de decisiones arriesgadas, impulsivas y sin reservas, sonaba como la medicina que yo necesitaba para arreglar mi corazoncito después de que ese patán lo hubiera hecho pedazos.
- ¡¿Y quién se supone que las cuidará a ellas?
! - exclamó, dejándome claro que haría lo que pudiera para evitar que me fuera a ese viaje que me había logrado animar un poquito después de la tragedia que ocurrió una noche atrás - mira, hija, si su plan solo fuera ir a asolearse a la playa y relajarse, te daría las llaves de inmediato, pero…
a ver, es que para empezar, apenas ayer terminaste con ese idiota y hoy ya vienes a la casa con ese cabello azul, con un montón de bolsas llenas de ropa que pensé que jamás te pondrías y…
¡Ay dios mío! No me quiero ni imaginar lo que podrías hacer en la playa en un arranque de…
no me gusta que hagas las cosas de esta forma, Thalia, siendo tan arrebatada, sin considerar las consecuencias, esto…
- exclamó, mostrándose cada vez más preocupada y alarmada ante lo que quería hacer.
- Ni mi cabello de mora azul ni mi nuevo guardarropa tienen nada de malo o es que ¿Acaso no me veo linda?
- le pregunté con un tono caprichoso, tratando de cambiar el enfoque de mi estrategia para convencerla, apelando a su sentido de madre que no la dejaría decirme algo que empeorara aquel estado tan disminuido en el que ya me encontraba.
- Te vez hermosa, pero ese no es el punto, dime, ¿Cuánto tiempo te tomó decidir el color de tu cabello? Me apuesto a que no te lo pensaste más de un minuto ni…
- Mamá, quiero que me escuches - la interrumpí, tomándola de las manos, haciendo que me mirara a los ojos de esa forma con la que me dio una esperanza, con la que me hizo creer que quizás no estaba tan lejos de ceder - necesito hacer esto, mami, quiero probar cosas nuevas, saber qué se siente estar tomada, saber de qué se trata tener una aventura, besar a un desconocido, tener una resaca, quizás arrepentirme de alguna decisión estúpida y…
y eso no lo podré hacer aquí en la casa ni mucho menos cerca de toda la gente que presenció cómo me humillaba ese idiota de Esteban o ¿Acaso no fuiste tú quien me dijo hace una semana que no todo en la vida se trataba de escuela y estudio?
- mamá sonrió de esa manera como solía hacerlo cuando mi hermano o yo usábamos sus palabras en su contra.
- Sabes muy bien que no lo dije en ese sentido.
- Pero tenías razón, mami, y esto que quiero hacer es parte de eso.