Secretos de Familia 1. Thalia
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Secretos de Familia

Secretos de Familia

Por J. C. Mourin

© inepub.com

1. Thalia

- ¡¿Has visto a Esteban?! ¡No lo encuentro por ningún lado! - le pregunté a Emma, cuyo rostro enrojecido me dejó claro que estaba disfrutando mucho de la fiesta (tal vez demasiado), teniendo que alzar la voz para tratar de hacerme escuchar por encima de la música que escapaba de aquellos altavoces.

- ¡Thalia! ¡Amiga! ¡Bébete algo conmigo! - gritó mientras me abrazaba, sin al parecer haber escuchado lo que acababa de decirle, mientras el chico con el que estaba me miraba con ojos de vete de aquí.

- ¡Sí, tal vez más tarde! ¡Pero ahora necesito encontrar a mi novio!

¡Esteban! ¡¿Lo has visto?! - le pregunté de nuevo, contemplando luego esa expresión que me obsequió la pelirroja, entrecerrando los ojos mientras al parecer trataba de concentrarse mucho en algo, una escena que me hizo imaginarla como si fuera una caricatura en la que en su cabeza se viera un mono ebrio sin le intención de ponerse a trabajar, una idea que me hizo reír antes de abrazarla de nuevo - ¡Olvídalo! ¡Yo me encargo de encontrarlo!

- ¡¿A quién?! - preguntó confundida, dejándome claro que no se enteró de nada de lo que le dije, provocándome una nueva risa mientras meneaba la cabeza y luego miraba al chico con quien estaba.

- ¡Mucho cuidado con pasarte de listo ¿Eh?! - le advertí, sin que me importara mucho la forma como me fulminó con la mirada, marchándome de ahí para recorrer la casa de la cual mi chico parecía haber desaparecido.

- ¡Thalia! ¡¿En dónde te has metido?! - gritó Evelyn cuando me crucé con ella y con Roxana regresando de la cocina, mientras Rox olía el vaso con la bebida que seguramente algún chico le preparó, componiendo una expresión de asco cuando terminó de oler lo que le sirvieron.

- ¡No me lo voy a tomar! ¡Al menos deberían disimular sus intentos por emborracharnos! - comentó Rox antes de derramar la bebida en una maseta que estaba a medio pasillo.

- ¡Chicas! ¡¿Han visto a Esteban?! ¡No lo encuentro por ningún lado!

- les pregunté, mientras un muchacho se acercaba a ellas y las abrazaba por los hombros, Abel, un chico muy alocado y bastante entrometido que en general me caía bien, porque solía ser muy simpático y divertido, pero que a Roxana no le hizo ni una pizca de gracia que la abrazara, haciéndome pensar que ese atolondrado fue quien le dio la bebida a mi amiga.

- ¡Vamos a bailar, chicas! ¡Estoy seguro de que puedo con las dos! - gritó mientras Roxana le empujaba el brazo y Evelyn se reía ante la reacción de nuestra amiga.

- ¡Eres un idiota! ¿Cómo se te ocurre servirme esa cosa?

¡Te dije que solo quería refresco, tarado!

- le reclamó, dándole muchos golpes en el pecho y los brazos mientras el chico solamente se reía, provocando nuestras risas, antes de que Evelyn mirara alrededor como buscando a mi novio, componiendo al final una expresión molesta cuando no logró encontrarlo por ahí cerca.

- No lo he visto, Thalia, pero no debe andar lejos, digo, no es como que la casa sea una mansión.

- ¿A quién estás buscando, preciosa? - preguntó Abel cuando Roxana al fin dejó de pegarle, abrazándola una vez más por los hombros, aunque en esa ocasión a mi amiga ya no pareció importarle que lo hiciera.

- A Esteban. Es que fui al baño y cuando regresé ya no lo vi, pero no supe en dónde se metió.

- ¡Claro! ¡El chico maravilla! ¡Salió hace un rato con Susana! Al parecer esa morena tenía algo de prisa - respondió Abel, provocando que mi rostro se contrajera en una expresión extrañada.

- ¿Susana? ¿La profesora? ¿Qué hace una maestra en la fiesta? - pregunté sin entender nada mientras Abel se encogía de hombros, antes de que tomara a Roxana de la mano y se la llevara a la sala, que para efectos de la fiesta se había convertido en la pista de baile.

- Si quieres te acompaño a buscarlo, de todos modos, mi compañera de juerga ya se fue a bailar con ese mono.

Míralo, parece el rey Loui del libro de la selva - dijo, haciéndome voltear a verlo antes de que me diera un ligero ataque de risa al ver cómo se movía, pero principalmente al ver cómo mi amiga Rox se tapaba la cara muerta de vergüenza, sin poder escapar de ese muchacho que no le soltaba la mano.

- Mejor ve a rescatarla o terminará golpeándolo - le dije a Evelyn, para luego salir de la casa a buscar a mi chico, sintiendo un aire de decepción cuando al estar en la calle no lo vi por ningún lado, pues ahí solamente estaban unos muchachos fumando y bebiendo cerveza, aunque me alegró notar que uno de ellos era uno de los amigos de Esteban.

- ¡Jordan! ¡Qué bueno que te veo! ¿Has visto a tu amigo?

¡No lo encuentro por ningún lado! - le pregunté, sintiéndome de pronto muy desconcertada cuando me di cuenta de lo nervioso que se puso ante mi pregunta, notando cómo involuntariamente miraba en dirección de una camioneta blanca al otro lado de la calle, contemplando la forma como pareció tornarse temeroso después de que mirara en dirección de aquel auto.

- No, yo no… debe estar en el baño… creo…

yo… creo que me dijo que le dolía el estómago - respondió entre balbuceos, haciéndome entender que me estaba mintiendo, incitándome a querer ver qué pasaba en aquella camioneta que miró con ansiedad, sintiendo un dolor en el estómago cuando noté esos movimientos repetitivos que sacudían el vehículo mientras Jordan caminaba detrás de mí en un vano esfuerzo por alcanzarme o hacer que me detuviera.

- ¡Carajo! ¡Thalia! ¡Debe estar adentro!

¡Estoy seguro de que lo vi…! - dijo el chico un instante antes de que me parara en seco a tan solo unos centímetros del auto, en el preciso momento en el que escuché un gemido escapando de aquella camioneta, un sonido que me hizo sentir un vacío en el estómago y me dejó claro lo que estaba pasando, pero que no me detuvo por más de unos pocos segundos en mis intentos por comprobar lo que sospechaba, sin importar lo doloroso que fuera descubrir la verdad.

Las sombras que se movían en el asiento trasero del vehículo me hicieron abrir la puerta sin hacer caso de las tonterías que me decía Jordan, encontrándome con esa escena en la que la zorra de Susana estaba sentada sobre Esteban, meneando las caderas de atrás hacia delante mientras mi novio (a punto de convertirse en mi ex) le chupaba las tetas como si no hubiera un mañana, tardándose unos segundos en detenerse después de que los descubriera, hasta que esa zorra me vio ahí parada, abrió los ojos como platos y saltó a un lado del asiento, cubriéndose los senos mientras yo miraba a Esteban sin poder hacer nada para que mis lágrimas no humedecieran mis mejillas ante la rabia y el dolor que me embargó.

- Parece que solo te duró un semestre eso de te voy a esperar hasta que estés lista - le espeté a Esteban mientras se apresuraba a guardarse el pene y subirse los pantalones, antes de que yo cerrara la puerta con mucha fuerza, diera media vuelta y tratara de irme, mirando con rencor a Jordan, quien agachó la cabeza sin decirme nada.

- ¡Espera! ¡Thalia! ¡Por favor! ¡Yo…! - exclamaba Esteban con un tono suplicante, tratando de alcanzarme mientras yo apretaba el paso, sin dejar de llorar, sintiendo cómo mi corazoncito se iba haciendo mil pedazos a cada paso que daba - ¡Carajo!

¡¿Podrías dejar de correr?! - gritó enfadado, haciendo que diera media vuelta para darle un puñetazo en el rostro que lo hizo trastabillar hacia atrás, provocando que me mirara sorprendido, con los ojos muy abiertos mientras veía cómo un tumulto de gente salía corriendo de la casa donde la fiesta tuvo lugar, seguramente para presenciar lo que se convertiría en el chisme con el que despediríamos el semestre.

- ¡No me vuelvas a levantar la voz idiota! ¡Y no sé qué haces persiguiéndome si estabas muy a gusto cogiéndote a esa vaca menopáusica! ¡Ve y termina lo que empezaste! ¡No tienes por qué perseguir a una chica que no quiere tener sexo contigo!

- ¡No me hables como si yo fuera el único culpable de esto!

¡Tres años te estuve rogando para que hiciéramos el amor y en todo ese tiempo tú me dijiste que no estabas lista!

¡Y de verdad estaba dispuesto a esperarte!

¡Pero, carajo! ¡Ya no eres una niña! Deberías empezar a comportarte como una mujer! ¡Así que…!

- ¡¿Así que qué, Esteban?! ¡Si tantas ganas tenías de coger, hubieras terminado conmigo y ya!

¡Pero no, tenías que ir y tirarte a una puta cualquiera afuera de una fiesta donde estaban mis amigas, donde yo estaba buscándote como pendeja y…

! ¡Eres un maldito cerdo! ¡Eres un idiota!

¡No vuelvas a hablarme, imbécil! - le grité, entregándome después a ese llanto horrible que me acompañó mientras caminaba dándole la espalda, escuchando cómo alguien insultaba a ese idiota antes de que sintiera cómo me tomaban de la mano, volteando para encontrarme con Evelyn, antes de que el brazo de Emma me rodeara los hombros mientras caminaba con algo de dificultad, a la vez que escuchaba a Roxana decirle aquellas palabras con las que le puso fin a ese episodio tan horrible y vergonzoso en mi vida.

- ¡Esa zorra debe estar muy desesperada para conformarse con un pito chico como tú! - exclamó, provocando las risas y burlas de muchas personas que la escucharon, nada que me importara en realidad mientras sentía cómo las manos me temblaban de rabia y mi mundo se caía a pedazos.

***

- Estás mejor sin ese idiota, amiga. No vale la pena que llores por un imbécil como él.

Es un tarado - dijo Roxana, con esa forma agresiva de hablar que empleaba cuando estaba molesta, mientras yo me quedaba acurrucada con la cabeza recostada en las piernas de Evelyn, viendo la manera como Emma permanecía tirada en el suelo, con las piernas y los brazos completamente extendidos, profundamente dormida en medio del quiosco de ese parque tan lindo que desde hacía mucho tiempo fue algo así como nuestro lugar de reuniones, donde hablábamos de cualquier cosa, donde, por alguna razón, lográbamos sentirnos seguras.