Capítulo 26 #2
—Está bien. Tienen razón. No siempre estuvimos de acuerdo en lo que respectaba a su educación. —Apretó el hombro de su mujer—. Pero han recibido mucho en la vida, y yo no quería que se les subiera a la cabeza. Para que mantuvieran los pies en el suelo…
—…y yo tuve que aguantar tantos titulares en los periódicos durante mi primer año como esposa de Darron que quería ahorrarte ese dolor —murmuró su madre, bajando la mirada—.
Pensé que, si cumplías con las expectativas de la gente, tendrían menos motivos para criticarte.
Pero debería haber sabido que la gente siempre encontraría un motivo para cotillear. No importa lo perfecta que seas.
Penny parpadeó y abrió la boca con asombro.
—Tú… ¿tuviste que aguantar titulares?
Su madre hizo un gesto con la mano.
—¿Una simple recepcionista se casa con un multimillonario? Obviamente, fue noticia.
—¡Pero si no eras recepcionista! —espetó ella, perpleja—. Dirigías un hotel de éxito, tú…
—Penny, querida —la interrumpió su madre—. No he sido dueña de un hotel en ningún momento de mi vida. Empecé como recepcionista.
Penny miró a Gareth; su hermano parecía igual de sorprendido que ella.
—¿Por qué demonios no lo sabíamos? —exigió saber él.
—Porque no creí que fuera relevante —respondió su madre con terquedad—. No soy la mujer que era entonces.
A Penny le escocieron los ojos y se inclinó hacia delante con dedos temblorosos.
—Pero yo tampoco lo soy, mamá —susurró—. ¡Eso es lo que quería demostrarles! Que pueden confiarme a los Hawks. Que soy lo bastante fuerte y lo bastante lista para dirigirlos.
—Por supuesto que eres lo bastante fuerte y lista, Penny —dijo su padre con impaciencia—. Ese nunca fue el quid de la cuestión.
—Entonces, ¿qué? —preguntó desesperada—. Porque no lo entiendo, papá. ¿Por qué toda esta mierda? ¿Por qué una competencia?
Sus padres intercambiaron una mirada… antes de que su padre suspirara hondo y dijera en voz baja:
—Penelope, solo quería que te quedaras. No unos días, sino para…
siempre. Quería que te entregaras al máximo al trabajo, que construyeras algo.
Algo por lo que valiera la pena quedarse.
Huiste de tu vida, huiste de nosotros . Quería asegurarme de que…
te quedaras con nosotros. De que no volverías a huir.
Te echábamos de menos. Si simplemente les hubiera dado el equipo, habrías dejado que Gareth hiciera lo que quisiera y habrías desaparecido de nuevo.
—¡No lo habría hecho! Yo… —Pero se detuvo.
Porque eso era en lo que había estado pensando.
Ese había sido su plan original. Tragó saliva y tomó aire con voz temblorosa—.
Bien. Puede que tengan razón. Tal vez me habría marchado de inmediato, pero es que no pensaba que quisieran que me quedara —susurró—.
¡Porque haga lo que haga, siempre provoco un escándalo!
Esta vez hice todo lo posible por no llamar la atención, pero aun así provoqué un caos.
Y quería que se sintieran orgullosos por una vez. Que pudieran ver lo competente que soy…
—Oh, cielo. —Su madre le acarició la mano con torpeza—. Estamos orgullosos. Los escándalos son… desafortunados. Ojalá prestaras más atención. Pero eso no cambia el hecho de que estamos orgullosos.
Se quedó mirando a sus padres con la boca abierta.
—¿Lo dicen en serio? ¿Por qué no me lo dijeron?
¿Cómo podía no haber sabido nada de esto?
Su madre la miró, perpleja.
—Penny, para ser sincera, no nos dábamos cuenta de que te importara lo que pensáramos de ti. Siempre has vivido tu vida como has querido.
—Bueno… ¡sí! ¡Pero me importa lo que piensen!
—Pensamos que deberías quedarte —dijo su padre con terquedad—. Entonces podremos hablar de si el equipo…
—¡Pero sí quiero quedarme! —lo interrumpió—. ¡Si me hubieran preguntado cuáles eran mis planes, se los habría podido decir hace semanas! —Se levantó de un salto de la silla, con el corazón latiéndole desbocado en el pecho.
—¿Quieres quedarte? —preguntó su padre, perplejo.
—¡Sí!
—Ah. Eso está bien.
—¿Suficientemente bien como para que ambos nos quedemos con el equipo? —quiso saber Gareth.
—Bueno… creo que sí —respondió su padre con vacilación—. Pero no firmaré este contrato hasta que haya repasado cada punto con ustedes. Y claro que creo que han demostrado llevarse bien.
—¿Me estás tomando el puto pelo, papá? —estalló Gareth enfadado—. ¿Hiciste todo esto solo para conseguir que Penny… se quede ? ¡Pero qué demonios!
Su padre dijo algo, pero Penny no lo escuchó.
La sangre le zumbaba en los oídos y sentía un hormigueo incontrolable en las manos.
Todo estaba… mal. Era ridículo. Por no mencionar que sus padres necesitaban replantearse sus métodos de crianza…
Pensaban que era inteligente y competente.
La habían echado de menos. No les importaba cuántos escándalos provocara.
¿Por qué demonios le había dicho a Jack que no podían estar juntos?
Su madre tenía razón. Siempre había vivido su vida como le daba la gana. No era un disco de hockey. ¿Y de verdad iba a dar a la maldita prensa el poder de mangonearla?
—Mierda —susurró, llevándose una mano a la frente—. ¡Tengo tanto miedo al drama y al escándalo que le he dicho al hombre al que amo que no quiero volver a verlo!
—¿Qué?
Eso captó la atención de todos.
—¿Estamos hablando de Jack West? —preguntó su madre con celeridad.
—¿Amas a Jack West? —terció su padre, confundido.
—¡Sí! —reprendió.
—Pero… ¿no está dando una rueda de prensa para desmentir que ustedes dos tuvieron una aventura? —preguntó él, sorprendido.
—¿Qué?
—Convocó a un montón de reporteros —le comunicó Gareth en voz baja.
—¿Y me lo dices ahora? —gritó con incredulidad, dirigiéndose a la puerta—. ¡Él no tendría por qué mentir! Ya tiene que mentir sobre demasiadas cosas. Deberíamos… ¡Mierda, deberíamos contárselo todo! ¡Si esta conversación demuestra algo es que todos deberíamos ser más sinceros!
—¿Quieres decirle a la prensa que tienes una relación con uno de tus jugadores? —preguntó su madre, escandalizada—. Pero, cariño, la gente volverá a hablar de ti. Sacarán historias viejas a relucir. ¿Estás segura de que quieres eso?
Sonrió con timidez y asintió.
—Sí —susurró—. Porque vale la pena. —Al momento siguiente, abrió la puerta de par en par.
—¡Penny! —la llamó Gareth—. El papeleo…
—A ti se te dan mejor esas cosas de todos modos. Confío en ti. Tú negocia con papá, yo se lo explicaré al equipo y a la prensa. Tú el papeleo, yo el trato con la gente.
—Menos mal. La gente no es mi fuerte… —oyó murmurar a Gareth mientras salía disparada hacia la Sala Seis.
Cuando cruzó la puerta de la sala al final del pasillo, se encontró con una masa abrumadora de reporteros sentados ante un pequeño estrado. Debía de haber más de dos docenas de personas allí, mientras que solo dos estaban en el estrado: Jack y Lucy.
Al parecer, aún no comenzaban. Los periodistas seguían hablando entre ellos, llenando la sala con un murmullo constante.
Penny se quedó a un lado, pasando desapercibida, buscando la mirada de Jack.
Quería decirle que no tenía que negar su relación; porque todavía tenían una, si él la quería.
Jack, sin embargo, miraba a la multitud.
En cuanto acercó su micrófono, guardaron silencio.
Algunos sacaron sus libretas, otros, las cámaras.
Penny lo miró, sin saber qué hacer. ¿Debería decir algo? Pero, ¿qué?
—No quiero preguntas —comenzó Jack con lentitud, con voz firme y clara—. Solo quiero hacer un par de declaraciones.
Un instante después, se alzaron varias manos.
—Ha dicho que nada de preguntas —comentó Lucy con un suspiro y puso los ojos en blanco—. Será mejor que hagan caso, chicos. —Esperó hasta que bajaron las manos antes de asentir hacia Jack.