Secretos, Amor y Hockey (Amor y Hockey 3) Capítulo 25 #3
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Capítulo 25 #3

Su padre se dio la vuelta y entornó los ojos, pero no parecía capaz de verlo bien. Así que Jack apretó los dientes y cruzó la habitación con paso tranquilo.

—Hola… papá —dijo en voz baja cuando llegó a su altura y se dejó caer junto a su hermano.

—¿Papá? —respondió su padre, asombrado, antes de echarse a reír—. Querido, me confunde con otro. Tengo un hijo, ¡pero mi chico no tiene ni cinco años!

—¿Ah, sí? —preguntó Dax, inclinándose hacia delante—. ¿Cómo es su hijo?

—¡Oh!, es un jugador de hockey con mucho talento —respondió el señor West con premura. Sonaba orgulloso. Jack, sin embargo, no recordaba que se hubiera sentido así de él nunca—. Ya apunta maneras.

—Hm —soltó Dax—, ¿pero seguro que no es tan bueno como Dax Temple?

—¿Dax quién? —replicó el señor.

Jack reprimió una sonrisa.

—No importa —respondió—. ¿Qué… qué más hace su hijo?

—Poca cosa, creo… —dijo agachando la cabeza—. Para ser sincero, no lo veo lo suficiente. Pero es… es fuerte. Y listo. Cuenta mis botellas de cerveza mejor que yo. —Volvió a reír… y el nudo en el pecho de Jack se aflojó un poco.

Era extrañamente sencillo. Todo lo que tenía que hacer era dejar de intentar ser un hijo y ser más bien un extraño, alguien que acompañaba a este hombre un rato.

Dax tenía razón. No podía perdonar a su padre.

Debería haber sabido desde el principio que era una tarea imposible.

Pero ¿podía construir algún tipo de relación con él a pesar de todo?

¿Una relación nueva que no tuviera nada que ver con la antigua?

El Jack hijo quizá solo habría oído que su padre bebía demasiado. El Jack extraño, sin embargo, oyó que el señor West estaba orgulloso. No era mucho… Pero al menos era algo.

Pasaron otra media hora con el señor West —no su padre, sino el señor West— antes de volver al coche.

El sol les daba en la cara y Jack se sentía extrañamente ligero.

Estaba bien estar enfadado con su vida anterior, con el hombre que lo había criado de forma tan miserable.

Y también estaba bien dejar atrás esa parte de su vida.

No para olvidar, sino para… para empezar de nuevo.

—Gracias, Dax —murmuró, abriendo la puerta del coche—. Sabes, Penny me dijo que te lo contara, pero… no fui capaz de sacarlo. Así que gracias por ponérmelo fácil.

—Hm. Es una mujer inteligente —dijo su hermano, chasqueando la lengua—. Me pregunto por qué te ignora con tanta saña que te sientes obligado a derribar a un jugador para llamar su atención.

Jack resopló.

—¡Desde luego, no lo derribé por eso! Además… —Suspiró—. Teme no conseguir el trabajo si la persigue un escándalo.

—Es una preocupación válida.

—Sí. También creo que piensa que me está haciendo un favor al mantenerse alejada de mí.

—¿Por qué?

—Porque tengo tantos secretos, Dax, que quiero guardarme para mí. Porque la prensa podría escarbar en mi pasado y descubrirlos todos.

Su hermano parpadeó, perplejo.

—Pero si ya no te importa. Tampoco quieres ocultar el hecho de que somos hermanos.

—Lo sé.

—Pero… —Dax frunció el ceño—. ¿Por qué no le dijiste eso? ¿Por qué no le dices que yo soy el único que no quiere montar un circo con esto?

Jack se miró las manos y dio vueltas a la llave del coche entre ellas.

—Porque no merezco cargarte con la culpa a ti, Dax. Porque tienes derecho a tomar esa decisión.

El moreno resopló.

—Bueno, ya basta de autoflagelarse. En serio. Sé que estaba enfadado contigo, pero ya pasó. Te perdoné.

Jack arqueó las cejas con sorpresa.

—¿Lo hiciste?

—Sí. Ya… ya no estoy enfadado. Eres mi hermano. Todo está bien. —Dax le restó importancia con un gesto.

A Jack se le secó la boca y sus molestos ojos empezaron a escocerle de nuevo.

—Eso… eso es bueno —dijo con la voz ronca.

Incomodado, su hermano frunció el entrecejo.

—¡No empieces a llorar! O me retractaré. Y… de acuerdo. —Gimió con fuerza—. Qué demonios. Dile a la prensa que somos hermanos.

Jack bajó las manos, impactado.

—¿En serio?

Asintió.

—Si eso le quita una preocupación de encima a Penny y a ti, pobre diablo, te da otra oportunidad…

entonces merece la pena. Además, no tenemos mucha familia, Jack, y deberíamos apreciar lo que tenemos.

Será incómodo, pero se hará más fácil. Solo tenemos que hablar primero con Anna, ya que a ella también le afectará.

—Gracias —susurró antes de estrechar a Dax en un abrazo—. Gracias por perdonarme y por dejarme formar parte de la familia.

—Sí, sí, bueno —respondió su hermano, dándole palmaditas torpes en la espalda—. ¡Pero tú te encargarás de la rueda de prensa! Yo no pienso sentarme en el escenario cuando anuncies la buena nueva.

Sonrió y lo soltó.

—Hecho. Soy el Santo. Realmente no pueden culparme por haberles mentido los últimos diez años, ¿verdad? ¿Crees que Lucy podría organizarme una rueda de prensa?

—Oh, mierda. Lucy. —La cara de Dax se puso pálida—. Sí, tenemos que hablar con ella de todos modos. Menos mal que lleva meses con un plan de emergencia preparado por si todo esto salía a la luz.

—¿En serio? ¿Así que… le parecerá bien que se lo contemos a la prensa?

Dax suspiró y asintió.

—Sí. Tal vez hasta se alegre de poner su plan en marcha…