Secretos, Amor y Hockey (Amor y Hockey 3) Capítulo 24 #3
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Capítulo 24 #3

—Penny —ordenó él con naturalidad—, no estoy siendo malo. —Frunció el ceño—. Bueno, sí, en general lo soy. —Hizo un gesto de desdén con la mano—. Pero ahora no. Ahora mismo, estoy aquí para ti.

—¿Cómo? —preguntó incrédula.

—No diciéndote lo que quieres oír, sino lo que necesitas oír. Sabes… nunca he creído que estuvieras loca. Ni siquiera cuando estabas en el escenario con aquel gallo muerto en los brazos. Lo sabes, ¿verdad?

Parpadeó e intentó tragar el nudo de su garganta.

—Bueno, yo… no lo sé. Supongo que no.

—Pues ya lo sabes —respondió su hermano con tono escueto—.

Eres brillante con las estadísticas. ¡Y, Dios, te admiraba por tu valor para luchar por todo en lo que creías!

Incluso cuando eso significaba ganarte la ira de mamá.

Yo tomé el camino fácil. Intenté impresionarlos y demostrar a todo el mundo que era mejor que ellos.

Tú les demostraste a todos que ellos deberían ser mejores y que deberían intentar impresionarte a ti .

Eso no te hace estar loca, te hace ser honesta y apasionada…

y si todo el mundo estuviera tan comprometido con la selva tropical o los derechos de los animales o la lucha contra la pobreza como tú, esos problemas ya se habrían resuelto.

Pero tienes una gran debilidad: te rindes demasiado pronto.

Ella abrió mucho los ojos mientras sacudía la cabeza.

—¡Eso no es verdad!

—Sí lo es —afirmó él con naturalidad—. Cuando las cosas se ponen difíciles, huyes o cortas por lo sano.

—No, yo… —Pero se detuvo. Ella misma lo había dicho una vez. Se lo había confesado al único hombre con el que nunca se había avergonzado de ser sincera: «Se me da mal terminar las cosas».

Tragó saliva.

—Bueno. A veces.

—Exacto —confirmó Gareth, satisfecho—. Entonces, ¿crees que deberías ser castigada por enamorarte de Jack West?

—Bueno, no, pero…

—¿Pero qué? No es justo que se te castigue por eso.

Igual que no es justo que haya niños que tengan que vivir en la pobreza.

¿Por qué luchas por una cosa, pero no por la otra?

¿Quieres el trabajo y a Jack? ¡Por el amor de Dios, entonces lánzate por ello con tanta pasión como pones en salvar el mundo!

Lyle cree que deberíamos dirigir el equipo juntos.

Yo creo que deberíamos dirigirlo juntos y tú también.

¿Por qué narices la opinión de papá es más importante?

—¡Porque él es quien decide en última instancia quién se lo queda! —objetó, incrédula.

A Gareth le tembló la comisura de la boca y se inclinó hacia ella.

—Voy a contarte un secreto, Penny. Solo porque sea nuestro padre no significa que su opinión tenga más peso que la de cualquier otro.

O que la de mamá o la de la prensa. —Bajó la voz—.

Penny, la mayoría de la gente piensa que soy un idiota.

No me importa. Pero no quiero perder a la única persona que sabe que no lo soy.

Ella se rio, a pesar de todo.

—Entonces a lo mejor deberías dejar de comportarte como uno.

Él hizo una mueca.

—Estoy trabajando en ello. Lo que digo es que te prometí que no olvidaría que soy tu hermano por encima de todo, y no solo tu competidor. Reconozco que he fracasado estrepitosamente en eso las últimas semanas.

—Sí, más o menos —admitió ella.

Él resopló, pero sonrió.

—Bueno, prométeme que te quedarás. Que no tomarás la primera vía de escape que se te presente.

Entonces le diré a papá que quiero el equipo contigo o de ninguna manera.

Y tú harás lo mismo. Porque no tiene ganas de buscar a nadie nuevo.

Eso es mentira. Estoy bastante seguro. Y si no lo está…

bueno, pues buscaremos un trabajo nuevo juntos.

Y cuando eso pase, todavía podrás luchar por el…

—suspiró profundo— por el corazón de Jack o lo que sea.

Aunque no sé si es lo bastante bueno para ti.

Penny sorbió por la nariz y soltó una media carcajada antes de abrazar a su hermano.

—No es un artista sin futuro y no duerme en el sofá de su mejor amigo. Además, nunca lleva agujeros en los pantalones y su hobby no es disfrutar del día. ¿No era eso lo que querías para mí?

—Sí, eso es una gran ventaja, supongo —dijo Gareth con tono suelto—. Debería estar contento, ¿no?

Sonrió y asintió antes de murmurar:

—Quiero quedarme en Los Ángeles, Gareth. De verdad. Es agradable tener un hogar.

Él lanzó un suspiro de alivio.

—Menos mal, porque ha sido muy aburrido sin ti. Hace siglos que no veo a nadie degollar a un gallo en algún escenario.

Ella hipó.

—Quizá en la próxima gala benéfica.

—Cuento con ello —le murmuró, dándole palmaditas en la espalda. Guardó silencio unos instantes y luego preguntó en voz baja—: ¿De verdad mamá te sugirió que te fueras? ¿Aquella vez?

Asintió.

—Joder, Penny, ¿por qué no dijiste nada?

—Porque tú te llevas bien con ella. No quería estropear eso. Y tenía razón. Me vino bien marcharme.

—Pero fue durante demasiado tiempo.

—Lo sé. No volveré a hacerlo. Lo prometo. Me… quedaré. Pase lo que pase.

Porque Gareth tenía razón. Había cosas por las que valía la pena luchar. Aunque no pudiera salvar el mundo… sino solo a sí misma.