Secretos, Amor y Hockey (Amor y Hockey 3) Capítulo 24 #2
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Capítulo 24 #2

—Sí, ¡y es una carga! No quiero ser otra carga para ti.

Y tú tampoco quieres eso para mí, ¿verdad?

Aunque ahora mismo lo eres. Ahora mismo yo lo soy.

¡Ahora mismo somos… un absoluto desastre!

¡Es demasiado! —Lo miró suplicante—. Mira, me he pasado la vida saliendo con perdedores que no sabían qué hacer con sus vidas para no sentir que yo era el único despojo.

Pensé que contigo finalmente había encontrado a alguien inteligente y sensible que sabía quién era.

Que sabía lo que quería, que tenía su vida…

¡en orden! Porque eso significaría que yo también tenía mi vida en orden.

Lo cual es una tontería. Guardas muchísimos secretos.

De tu familia, de tu equipo y de tus fans.

Y yo… ¡pierdo el norte en cuanto la prensa dice algo malo de mí!

Sigo en el mismo lugar que hace cinco años.

¡Igual que tú! Y me gustaría estar contigo, Jack, pero ahora mismo no es bueno que nos aferremos a algo que podría arruinar nuestras vidas.

Así que… sí, necesitamos distancia. No para siempre.

Solo por… un tiempo. Durante las próximas semanas.

Quizá meses. Entonces veremos dónde estamos.

Sabremos si el equipo me pertenece o no y…

—Asintió y dejó la frase en el aire. No sabía dónde debía terminar, no quería pensar en dónde estarían en un par de meses, o si podrían retomar las cosas donde las dejaron.

Pero no parecía que aquello fuera una opción para él.

Estaba de pie frente a ella, con las puntas de sus pies tocando las de ella, mirándola, con sus ojos verdes más oscuros de lo habitual y los labios apretados.

Y entonces una llave giró en la cerradura de su apartamento… antes de que oyeran cómo se abría de par en par.

—¡Maldita sea, Penny! —gritó Gareth antes de que se le viera siquiera por el pasillo—. ¿Hablas en serio? ¿Jack West? ¿Tenías que meterte con el Santo?

Dios. Debería haber insistido en que le devolviera la llave.

—¡Demonios, debería haber hecho caso a mi instinto cuando los encontré en la piscina!

—gritó él mientras cerraba la puerta de un portazo y se acercaba con paso pesado—.

Pero me dije a mí mismo: «Oye, Penny es una de las personas más listas que conozco.

No puede ser tan estúpida como para liarse con uno de los jugadores».

Y de repente mi alerta de Google me avisa de esta foto…

¡Dios! Entiendo que Jack está para un buen revolcón, yo estoy suscrito a Sports Illustrated, pero Penny, tú…

Su hermano se quedó callado al detenerse en medio del umbral de la cocina.

—Vaya, gracias, Gareth. Me siento honrado —le saludó Jack con sequedad—. Pero me sentiría un poco incómodo si mis fotos estuvieran colgadas sobre tu cama. Con un miembro de la familia Clark tengo suficiente.

Gareth se quedó mudo durante unos segundos. Luego gritó:

—¿Qué demonios haces aquí, West? ¿Quieres que la prensa se vuelva todavía más loca?

Penny suspiró.

—Ya le dije que no debería haber venido.

Su hermano, sin embargo, no pareció oírla en absoluto. Siguió hablando con la mirada entrecerrada y la voz tan alta que hasta el hombre de la luna se habría enterado de todo.

—¿Qué sentido tiene esta mierda? ¿De verdad tienes que acostarte con mi hermana ? ¿No podrías haber buscado a otra? Te lo juro, si le haces daño…

—¿Sabes? Creo que está bien que alguien de su familia por fin dé la cara por ella —respondió Jack con frialdad, con los brazos cruzados sobre el pecho—. Pero te equivocas de blanco. No voy a hacerle daño. Más bien parece que es ella la que está asumiendo ese rol ahora mismo.

Penny gimió.

—No es lo que piensas, ¿de acuerdo, Gareth? —increpó, interponiéndose entre los dos y levantando las manos—. No hemos tenido un lío ni nada de eso. ¡Teníamos una relación! ¿De acuerdo? —Insegura, miró por encima del hombro a Jack, que abrió la boca con incredulidad.

—¡Claro que teníamos una relación! Y la seguimos teniendo.

Aquello volvió a dejar a Gareth sin palabras.

—¿Ustedes… qué?

Penny suspiró.

—Gare, no importa lo que digan o escriban. Jack y yo no vamos a volver a vernos durante un tiempo.

—No —dijo Jack con voz pétrea.

—¡Sí! —exclamó acalorada—. Tenemos que hacerlo. Es la mejor solución por ahora. Así que, ¿puedes marcharte, por favor, Jack? Mantén las distancias un tiempo hasta que esto se calme.

—¿Y luego qué?

Tragó saliva. Si era sincera, a ella misma le daba miedo la respuesta a esa pregunta.

—Yo… no lo sé. Ya veremos.

—No —repitió él con dureza—. No quiero dejar de verte. Lo intenté y fue un asco.

—Por favor, Jack —susurró suplicante—. Vete.

—Penny, yo…

—West, la próxima vez seré yo quien te pida que te vayas —interrumpió Gareth con tono brusco—. Y no seré ni de lejos tan amable como mi hermana.

Jack apretó los labios y la miró, luego a su hermano, y volvió a mirarla. Entonces, cerró los ojos y sacudió la cabeza antes de poner una mano en la mejilla de ella con suavidad.

—Penny, no quiero esperar. No quiero un descanso.

He desperdiciado el tiempo toda mi vida.

Reconciliándome con mi familia, diciéndole a mi padre cómo me siento…

no quiero volver a esperar y darme cuenta después de que es demasiado tarde.

Si no quieres volver a verme, está bien, pero no quiero esperar hasta que la prensa pueda asimilarlo.

No quiero estar contigo en un «quizás» o en «algún día».

Lo quiero ahora . Si necesitas espacio, tómatelo.

Pero tómatelo para siempre. No me tengas en vilo. No creo que pueda soportarlo.

Y entonces se inclinó y la besó, con delicadeza, con ternura. Luego se apartó, pasó por delante de Gareth y salió por la puerta del apartamento en silencio.

Con la boca abierta, Penny se quedó mirándolo mientras se iba. Fue peor que si hubiera cerrado de un portazo. Peor que si hubiera gritado. El clic de la cerradura sonó tan increíblemente definitivo… igual que sus palabras.

Su corazón se contrajo y su respiración se volvió pesada, como si sus pulmones se negaran a funcionar con normalidad.

Jack la quería por completo… o no la quería en absoluto.

Y ni siquiera podía culparlo. Un «algún día» no era suficiente.

Un algún día no volvería a ser suficiente para él nunca más.

Ya había tenido demasiados de esos en su vida.

Sin embargo, no podía darle el ahora . No de esta manera.

—Mierda —susurró y se llevó los dedos a los labios, intentando conservar la sensación de los de él sobre los suyos, pero esta se había escapado por la puerta con él.

—Oh, no. —Gareth la miró con pesar. Con vacilación, le pasó un brazo por el hombro—. Estás enamorada de él. Esto no hace más que empeorar a cada paso.

Tragó saliva y asintió porque tenía toda la razón. Y ahora no podía detener las lágrimas. Le resbalaban por las mejillas y goteaban en el suelo. Le dolía mucho. Muchísimo. Y la única persona que podría haberlo aliviado acababa de cruzar la puerta, tal vez para desaparecer de su vida.

—No llores, Penny —susurró Gareth. La atrajo hacia sí y apoyó la cabeza de ella en su hombro—. Todo se arreglará…

—¡No, no se arreglará! —lo contradijo entre hipidos—.

¡Porque no puedo tener todo lo que quiero!

Si estoy con Jack, nadie me tomará en serio.

Mamá y papá decidirán de inmediato que es imposible que dirija el equipo.

Que no pueden arriesgarse a escándalos mayores…

Dios. —Sorbió por la nariz y se secó las lágrimas en la camisa de Gareth, quien, para su sorpresa, no cambió el gesto—.

En realidad, este escándalo ya es demasiado grande, ¿verdad?

Debería rendirme y dimitir. Entonces a lo mejor podría estar con él.

De todos modos, me estoy engañando a mí misma, ¿no?

Mamá y papá te elegirán a ti, pase lo que pase.

Nunca tuve una oportunidad real de conseguir al equipo. ¿Qué sentido tiene?

Sus palabras sonaban deliberadamente ligeras, pero su cuerpo estaba inundado de una decepción tan profunda que sentía que no podía ni levantar las piernas. ¡Era tan injusto que no pudiera tener el trabajo de sus sueños y al hombre de sus sueños!

—¿Qué sentido tiene? —repitió Gareth con sequedad y la soltó—. Vaya. Y yo que pensaba que habías cambiado de verdad. Que no saldrías huyendo ante la primera señal de problemas. Pero supongo que me equivoqué.

Lo miró, perpleja. Si aquello era un intento de consolarla, era pésimo.

—¡Deja de ser malo!