Capítulo 24
Capítulo Veinticuatro
P enny se estaba volviendo loca.
Aquello era un desastre de proporciones, por ahora, moderadas.
La foto de ella y Jack era más ambigua de lo que los reporteros querían que todo el mundo creyera.
Se había tomado fuera del hotel la noche en que ella se refugió en los brazos de Jack por ser el único que la escuchaba.
El abrazo —por el contrario— era íntimo, pero no sugería nada más.
Aun así, era motivo suficiente para que la prensa sospechara que ambos tenían algo más que una relación profesional, y eso ya era bastante malo.
Su teléfono no había dejado de sonar en la última hora. Su madre la llamó. Lucy. Gareth. Sin embargo, no sabía qué decirles, así que ignoró todas las llamadas antes de terminar apagando el teléfono por completo.
Se metió bajo la ducha, dejando que el agua caliente cayera sobre su cuerpo, con la esperanza de que le diera algo de paz. En lugar de eso, sintió que no podía respirar bien con tanto vapor, así que salió.
Dios, se sentía transportada a cinco años atrás.
La idea de que su familia tuviera que poner excusas por ella de nuevo…
bueno, era el último clavo en el ataúd en el que se había convertido Los Ángeles para ella.
Más allá de eso, no le importaba que unos desconocidos la insultaran.
No le importaba lo que los reporteros pensaran de ella.
Pero sí le importaba que sus padres vieran el titular y dijeran: «Lo sabíamos. Penny no tiene remedio. No ha cambiado. Necesita el escándalo. ¡Es inteligente y buena persona, pero está un poco mal de la cabeza!».
Sintió una oleada de náuseas. Había sido una estupidez empezar algo con Jack. Lo sabía. Y aún más estúpido enamorarse de él. ¡Pero una no podía elegir quién le gustaba!
Como si lo hubiera invocado con sus pensamientos, alguien llamó a la puerta y Jack gritó desde fuera:
—¡Penny! ¿Estás ahí? ¿Podrías dejarme entrar? Te he llamado cien veces, pero no has respondido.
El corazón le dio un vuelco mientras corría por el pasillo. ¿Acaso tenía tendencias suicidas ? ¡No debería estar aquí! ¿Y si los reporteros lo habían seguido y en ese mismo instante estaban publicando más pruebas en Internet?
Incrédula, abrió la puerta.
—¿Qué haces aquí? —jadeó, negando con la cabeza—. ¿Y cómo pasaste el portal?
—Las puertas de seguridad no son tan seguras si se dejan abiertas —respondió él, entrando y cerrando la puerta.
—¿Estaba abierta? Pero… —Cerró los ojos y sacudió la cabeza—. No importa. ¡No deberías estar aquí!
—¿Por qué no? —preguntó, confundido—. Dijimos que nos veríamos después de que tuvieras unas horas para hacer la compra.
—¡Jack! Eso fue antes de la foto y de los reporteros.
Él frunció el entrecejo.
—¿Qué tienen que ver? ¿De verdad pensabas que te dejaría sola con tus preocupaciones? Estabas pálida como un fantasma antes, Penny.
—¡Es que ese es el color de mi cara cuando me ciegan los flashes y me insultan por todas partes!
Y, sí, ¡habría sido mejor que me hubieras dejado sola!
—espetó, alzando la voz con cada palabra—.
Piensan que tenemos algo, Jack, pero no lo saben con certeza.
¡Al menos no hasta que les des más pruebas!
Jack suspiró y pasó por su lado hacia la cocina.
—Nadie tiene ni idea de dónde vives, Penny. ¡No voy a dejar de verte solo porque algún reportero nos hiciera una foto abrazándonos!
No podía hablar en serio.
—Eh, no, ¡eso es justo lo que va a pasar!
Jack se detuvo y se giró hacia ella; despacio, muy despacio.
—¿Perdona?
—Jack, es obvio que necesitamos tomarnos un descanso. —A ella le parecía obvio—. Necesitamos poner algo de distancia entre nosotros para que no haya ninguna posibilidad de que nos vean juntos. Dejemos que las cosas se calmen por un tiempo.
Con la boca abierta, Jack parecía perplejo, lo cual, para qué negarlo, resultaba bastante tierno.
—¿De qué estás hablando? —soltó al fin—. No quiero ninguna distancia.
Ella se rio.
—Ya, pero no podemos hacer siempre lo que nos dé la gana. Y ahora mismo, todo el mundo habla de nosotros. Ahora mismo van a venir tras nosotros, así que… deberíamos pisar el freno. Al menos de momento. Es lo mejor.
—¿Para quién? —preguntó tajante, metiéndose las manos en los bolsillos—. ¿Y qué significa eso de: «al menos de momento»? No quiero dejar de verte. Nada de ningún momento .
Tragó saliva y se retorció las manos. ¿Por qué se lo estaba poniendo tan difícil? No era fácil para ella, para empezar, ¡pero era la solución más sencilla! Si los atrapaban otra vez…
—Jack, no es para siempre —insistió con la garganta seca—. Solo hasta que la prensa pierda el interés.
Él soltó una carcajada amarga y le rodeó los hombros con el brazo.
—Penny, ¡la prensa nunca perderá el interés! Si empezamos ahora, tendremos que tomarnos cien descansos en los próximos años. Eso significará que estaremos más tiempo separados que juntos. Eso no me basta.
Ella tragó saliva y se mordió el labio antes de susurrar:
—Ya, a mí tampoco. Entonces, ¿qué deberíamos hacer?
—No lo sé. —La soltó de golpe y se pasó la mano por el cabello—. ¿Decírselos? ¿Ser honestos?
Abrió los ojos de par en par, incrédula.
—¿Qué? No. He pasado los últimos meses intentando convencer a mis padres de que no soy la misma mujer de antes.
De que ya no provoco escándalos y que puedo ser responsable.
De que no actúo por impulso. ¿Cómo van a creerme si, en mis dos primeros meses como mánager de los Hawks, empiezo algo con uno de los jugadores y acabo en la portada de las revistas de cotilleos durante semanas?
Jack resopló y entrecerró los ojos por un momento.
—¿Y qué? Pues así son las cosas.
—¡Sí, para ti es fácil decirlo! —le espetó enfadada—.
No son tus padres. No es tu carrera. Quizá hasta todo el mundo te dará palmaditas en la espalda como de «¡Ah, felicitaciones por acostarte con la jefa!
» ¿Y yo? ¡Voy a perder al equipo! Voy a perder el respeto.
Voy a… —Respiró de forma entrecortada—. Van a volver a verme como el fracaso definitivo.
Y no quiero volver a fracasar, Jack. ¡No después de decirles ayer a mis padres que he cambiado!
—¡Pero no estás fracasando en tu trabajo solo porque estés conmigo! —le espetó él—. Penny, entiendo que va a ser más difícil para ti que para mí… pero no estás sola, ¿está bien? Sigo aquí.
—Sí, ¿y a mí qué me aporta eso? —respondió con rabia.
Jack arqueó las cejas y dio un paso atrás.
—¿Qué te aporta a ti?
—Mierda —susurró, frotándose la frente con frenesí.
Le escocían los ojos, pero lo ignoró—. No quería decirlo así.
Pero… estoy tan cerca de hacer algo bien por fin.
Soy buena en el trabajo. Lyle está impresionado conmigo; Gareth también lo está.
Mis padres… bueno, al menos ahora mismo no piensan que soy un fracaso.
Todavía no. Estoy harta de tener que aguantar sus miradas de condescendencia.
Y ahora he vuelto a meter la pata, lo estoy arruinando todo y…
—Tonterías —la interrumpió tajante, colocando sus grandes manos con firmeza alrededor de su cara—. Es culpa mía. No he podido dejarte tranquila.
—¡Pero yo tampoco quería que me dejaras tranquila! —susurró, acalorada—. Sabía que no debía involucrarme contigo, pero no me importó. Y eso es culpa mía. Así que ahora tengo que controlar los daños.
—¿Rompiendo conmigo? —preguntó él con frialdad.
—¡No! —estalló, molesta—. ¿Es que no me escuchaste? No quiero romper. Solo quiero un descanso. Y luego… no lo sé.
—Pues «no lo sé» no es suficiente, Penny —susurró él, acariciándole las mejillas con los pulgares.
El corazón le dio un vuelco mientras unas cuantas lágrimas se asomaban a sus pestañas.
Tenía razón, pero no tenía otra opción. No podía volver a decepcionar a todo el mundo.
No podía soportar el hecho de que su familia volviera a hablar de ella a sus espaldas y que todo el mundo se preguntara, en esencia, si de verdad formaba parte de la familia Clark o si era adoptada.
—Jack, por favor —susurró—. No me lo pongas tan difícil. Tomémonos un descanso, esperemos a que pase lo peor y luego volvemos a hablar.
—¿Y cuándo pasará lo peor?
—No lo sé. Pero es la solución más sencilla.
—¡No es ninguna solución!
—¡Jack! —le espetó, dando un paso repentino hacia atrás para que sus manos cayeran de su rostro—. Tengo que actuar de forma responsable, ¿de acuerdo? Fue una estupidez empezar algo, ambos lo sabemos. Así que… centrémonos en lo más importante.
—Pues tú eres lo más importante —respondió él en voz baja—. Y no fue una estupidez empezar algo. Fue la mejor idea que he tenido nunca.
Ella sacudió la cabeza y se secó las lágrimas de las mejillas.
—¡Deja de decir esas cosas! Esto es difícil para mí, ¿entiendes?
Pero es lo mejor. No solo para mí, sino también para ti.
¿O crees que te dejarán tranquilo? ¡No! Rebuscarán en tu pasado igual que hicieron con el mío.
¿Y qué crees que descubrirán, Jack? Tienes tantos esqueletos en el armario que no quieres que salgan a la luz…
—No me importa —aseveró él.
—¡Eso dices ahora! ¿Pero qué pasará dentro de un mes cuando tu vida sea un puto desastre?
¿Cuando hayan arrastrado a tus hermanos a nuestro lío y Anna ni siquiera pueda caminar por la calle?
Perderás el título de Santo por el que tanto has trabajado.
La gente se enterará de lo de tu padre. Y de lo de tu hermano.
De tu terrible infancia. Todo saldrá a la luz cuando se enteren de lo nuestro.
Jack se frotó los ojos con el pulgar y el índice y respiró profundo antes de murmurar:
—Entonces que no se enteren. Tienes razón, ¿está bien? Tengo muchos esqueletos en el armario. Así que, ¿qué diferencia hay si a ti también te guardo en secreto?
—Porque no funcionará, Jack. No seremos un secreto por mucho tiempo.
—Oh, no tienes ni idea de lo bueno que soy guardando secretos. —Se rio sin alegría—. Llevo diez años en la NHL y nadie sospecha nada.