Capítulo 22
Capítulo Veintidós
P ara cuando Penny se terminó de duchar, vestir y preparar para el encuentro con sus padres, ya había pasado una hora y llegaba tarde de manera oficial.
Su padre le envió un mensaje de texto ordenándole que estuviera en la sala de reuniones E a las once en punto, donde él y su madre la estarían esperando.
Aun así, ya llevaba cinco minutos de retraso, pero se encontró a Gareth en el vestíbulo al salir del ascensor. Como siempre, vestía un traje y parecía estar agotado. Hoy, sin embargo, también lucía una expresión sombría. Él asintió con la cabeza hacia ella y Penny se retorció las manos.
—¿Ya hablaste con él?
Su hermano negó con la cabeza.
—Quería hablar con nosotros por separado, pero me negué a hacerlo sin ti. Puede que tengamos que jugar a su juego, pero no con sus reglas.
Una dulce punzada se le instaló en el pecho y exhaló con alivio.
—Gracias —susurró, apretándole la mano—. Bueno, ¿vamos?
—Ajá —murmuró él, y se dirigió hacia el pasillo a su izquierda.
Sus hombros se veían tensos, como lo habían estado durante las últimas semanas.
Penny trabajaba duro, más duro que la mayoría, pero nadie trabajaba tanto como Gareth.
Incluso comenzaba a creer que durante las últimas semanas su hermano había comenzado a dormir en la oficina.
Al menos, hacía pocos días descubrió un cepillo de dientes en su escritorio.
La idea de que él perdiera el equipo le dejaba un sabor amargo en la boca, pero también la de tener que irse de Los Ángeles.
—Todo saldrá bien —murmuró, dándole un toquecito con el hombro.
Él soltó una carcajada sin humor.
—¿Qué? No quiero perder…, pero de alguna manera tampoco quiero ganar.
Sí, entendía a qué se refería.
—Hoy no tomará una decisión.
—No. Pero con el tiempo… —susurró.
Penny suspiró por lo bajo. Gareth tenía razón.
No importaba cómo resultara la competencia…
ella sería la perdedora. Podría quedarse si dejaba de trabajar para los Hawks, pero ¿qué haría entonces?
Tenía varios títulos, pero ninguna perspectiva laboral específica.
Siempre había querido hacer algo por el bien común y algo relacionado con el dinero.
Se le daba bien invertir y utilizarlo de manera adecuada.
En realidad, por loco que pareciera, el trabajo con los Hawks era todo lo que siempre había deseado.
Traía consigo suficiente dinero e influencia para hacer algo significativo, y lo disfrutaba.
Formaba parte de algo, parte de una enorme familia que la respaldaba, algo que le había faltado durante la última década.
Se detuvieron frente a la sala de reuniones E. Gareth llamó a la puerta mientras Penny seguía pensando en cómo podrían ganar tiempo. Su padre, sin embargo, era incluso más impaciente que su hermano, y exclamó un «adelante» un segundo después.
Una mesa grande dominaba la habitación, pero estaba desocupada. Su padre y su madre estaban de pie frente a ella, y Thomas Lyle, el director general, estaba apoyado contra la pared a su derecha, con los labios apretados en una línea sombría, como si no quisiera estar allí tanto como ella.
—Deja la puerta abierta —murmuró Gareth—. Así no podré gritar.
Tuvo que reírse, aunque sabía que no estaba bromeando. Evitó que la puerta se cerrara del todo antes de dedicarles a sus padres una sonrisa forzada.
—Hola —saludó, cruzándose de brazos—. ¿Tuvieron una charla agradable con los jugadores sobre nosotros?
—Sí, así fue. Pareces nerviosa, Penelope —comentó su madre con sorpresa.
—Oh, no, ¿por qué iba a estarlo? Es perfectamente normal que tus padres se pasen una hora entrevistando a la gente para decidir si has fracasado o no. ¿A quién no le ha pasado? Una mañana de martes normal y corriente.
Las comisuras de la boca de Thomas Lyle hicieron un amago de sonrisa, pero su madre puso los ojos en blanco.
—Siempre eres tan dramática, cariño.
No, en realidad sentía que su comportamiento era apropiado para la situación.
—Penny, no ha sido para tanto —la tranquilizó su padre—. Solo queremos escuchar lo que piensa Thomas y luego, claro, lo que tengan que decir ustedes. Después nos iremos.
—Fantástico —respondió Gareth, mientras Lyle no reaccionó en absoluto a su nombre.
Él miró a Penny en su lugar y finalmente dijo:
—El entrenador Gray ha utilizado a León Álvarez como delantero durante el entrenamiento.
—Ah. —Sus mejillas se calentaron, pero intentó mantener una expresión neutral—. ¿Y?
—Fue un desastre.
El corazón se le hundió.
—Ah —se limitó a repetir.
Lyle asintió y se separó de la pared.
—Pero luego hemos probado a dejarle jugar en la posición central… y, madre mía, Álvarez es una máquina. Como defensa y como delantero.
El corazón de Penny dio un vuelco y se le secó la boca.
—¿De verdad?
—Sí. Ha estado casi tan bien como West, y eso es mucho decir. En un año o dos, puede que incluso sea mejor.
Una sonrisa se extendió por su rostro.
—Entonces, ¿no me equivocaba?
Lyle resopló.
—No. No estabas en lo cierto, pero tampoco te equivocaste. Tienes buen instinto —murmuró—. Debería haber considerado al menos la idea entonces.
—Bueno, gracias —contestó con sorpresa, sintiendo de repente el pecho tan ligero y libre que temió poder elevarse del suelo.
—No hay de qué. Y Gareth, la señorita Malborne ha quedado encantada.
Quedó muy impresionada con la rapidez con la que redactaste el contrato de los Hawks con Blue Lemonade y lo bien que te ajustaste a sus necesidades.
Tanto es así, que ha pedido específicamente trabajar solo contigo para sus asuntos legales.
Gareth no dijo nada.
Lyle se limitó a asentir como si lo comprendiera antes de dirigirse a sus padres.
—Señor Clark, digo esto con el mayor de los respetos, pero no tiene sentido hacer que sus hijos compitan por el puesto.
Todo el mundo quiere a Gareth a su lado en una negociación, pero a menudo le falta el tacto necesario para suavizar las cosas y tratar con gente descontenta.
Y es impaciente con las finanzas. Penny, por otro lado…
Sabe mantener la cabeza fría y piensa de forma creativa.
Eso es útil. Y tiene la mejor memoria para los números que yo conozco.
Así que, si me pregunta a mí, señor Clark, sería una negligencia grave por su parte dejar que solo uno de ellos trabaje en la organización.
Los dos trabajan bien juntos y cada uno tiene sus puntos fuertes.
El silencio cayó sobre la habitación y la esperanza se agitó en Penny. Teniendo en cuenta que aquellas palabras venían de Lyle…
—Bueno —su madre interrumpió sus pensamientos—. No es decisión tuya, ¿verdad? —Su voz no era antipática, pero aun así había una cierta dureza en ella.
—No, por supuesto que no —respondió el director general con sobriedad—. En fin, eso es todo lo que tengo que decir al respecto. —Volvió a asentir hacia ellos con la cabeza y salió de la habitación.
—Tiene razón, papá —murmuró Gareth—. Trabajamos bien juntos.
Su padre miró pensativo de uno a otro antes de preguntar:
—Sí, pero ¿por cuánto tiempo? Siempre se te ha dado bien brillar durante periodos cortos, Penelope. Solo después de cierto tiempo pierdes de vista lo que es importante. Solo entonces pierdes el interés y buscas una nueva aventura.
Ella apretó los labios.
—No soy la misma chica que era entonces, papá. Claro, durante un tiempo cambié de carrera cada dos meses porque no sabía qué quería y, por tanto, probé todo lo que pude. Pero ya no busco «aventuras».
Su padre sonrió con condescendencia… lo que hizo que a ella le hirviera la sangre. ¡No necesitaba condescendencia! Necesitaba respeto.
—Se me da bien el trabajo, papá —afirmó con dureza—. A Gareth se le da bien el trabajo. A los dos. Así que deja de jugar este estúpido juego y hazlo de la manera que Gareth y yo siempre hemos querido.
—¿Para que puedas dejar que él haga el trabajo duro, llevarte el dinero y luego marcharte de la noche a la mañana? —preguntó su madre, ofendida—. No lo creo. Somos tu familia, Penelope. Te conocemos.
Ella se rio entre dientes.
—Siendo franca, mamá, ahora mismo siento que los Hawks son mejor familia que nosotros. Son maravillosos juntos. Totalmente diferentes, pero siguen siendo un equipo. Se aceptan los unos a los otros tal y como son. Se apoyan, no se juzgan y no intentan cambiarse entre sí.
Su madre suspiró.
—No quiero cambiarte, Penelope. Simplemente estoy exponiendo los hechos. Se te conoce por huir del país.
A Penny se le secó la boca y el corazón le dio un vuelco doloroso en el pecho.
—Genial —murmuró y sacudió la cabeza. Un sabor amargo le inundó la boca, quemándole la lengua—. ¿De verdad me estás acusando de haberme ido cuando fueron ustedes los que me dijeron que me marchara?
—¿Qué? —espetó Gareth, con la mirada yendo de Penny a su madre.
—Penny, por favor no levantes la voz —interpeló su padre con calma—. ¿Y podríamos cerrar la puerta? Tenemos público.
Confundida, Penny se giró y vio a Dax en el umbral junto con… Jack. Por supuesto. Solo faltaba eso.
—¿A qué te refieres con que te fuiste por su culpa? —preguntó Gareth enfadado—. ¿Mamá? ¿Eso es cierto?
—Le estaba dando un empujoncito en la dirección correcta, cielo —se defendió su madre con un suspiro—. Sabes cómo era. Cómo es . Quería darle un respiro.
Penny soltó una carcajada sin ningún tipo de humor.
—Querías darte un respiro a ti misma. ¡De todos los titulares sobre tu hija la loca !
—Bueno, Penelope —ordenó, frunciendo los labios—, ¡decapitaste a un gallo en un escenario! Y, como todos sabemos, salió en los periódicos. Todo el mundo hablaba de ello y se preguntaba qué habíamos hecho mal al criarte y… pensé que un pequeño descanso de tu vida te vendría bien.