Capítulo 21 #2
Sintió que una sonrisa asomaba a las comisuras de sus labios.
—¿Por qué es tan importante para ti mi situación sentimental?
—Porque me importas —bufó indignada—. ¿Qué clase de pregunta es esa?
—Todavía es algo muy reciente y complicado, y no quería contártelo hasta que… hasta que todo fuera un poco más seguro. —No quería que Anna se hiciera ilusiones.
—¡Oh, por favor! ¿Cuándo es algo seguro alguna vez?
—reviró ella con un suspiro—. Y, Jack, me perdí gran parte de tu vida por ser considerada con los sentimientos de Dax…
y ahora que vuelven a llevarse bien, tengo mucho que recuperar.
Así que, siempre que te preguntes si me importa algo de lo que pasa en tu vida ahora mismo, puedes dar por hecho que la respuesta es sí. ¿Te quedó claro?
Se le contrajo la garganta y se le revolvió el estómago. ¿Era así de sencillo? ¿A Anna le interesaba todo lo relacionado con él? ¿Así funcionaban las cosas entre hermanos? No con todos, ¿verdad? ¿Pero quizás sí con ellos? Dios, no lo sabía. Sentía que estaba empezando de cero.
Tragó saliva y asintió despacio.
—Okay. Entiendo —murmuró. Y por primera vez pensó que quizá debería hablarles a Dax y a Anna de su padre.
Quizá Penny tenía razón. Quizá se alegrarían de preocuparse por él y por sus problemas.
Aunque eso era difícil de imaginar. Si sus padres no le habían mostrado ninguna compasión… ¿quién lo haría?
—Entonces, ¿qué hay de esa posible novia? ¿Te gusta?
Bajó la mirada cuando el ascensor anunció su planta y sonrió.
—Sí. Mucho.
—Eso está bien.
—Yo también lo creo.
—¿Es todo lo que tienes que decir?
—Sí, por teléfono. —Y sobre todo en un pasillo público que podía estar lleno de jugadores de hockey.
—Está bien. —Su hermana suspiró con decepción—. Pues cuéntamelo la próxima vez que te vea.
—Con mucho gusto. —Entró en el ascensor y estaba a punto de colgar cuando se le ocurrió otra cosa—. Ah, Anna, si Moreau te pregunta alguna vez: no hay nada entre nosotros. Solo somos amigos.
Silencio. Luego:
— ¿Por qué iba a preguntar eso?
—Por nada. Solo un pequeño malentendido.
—¿Qué clase de malentendido? —Su voz subió una octava—. ¿Por qué iba a tener yo algo que ver contigo ? Aparte del hecho de que eres mi hermano, eres un idiota y haces trampas a los Colonos de Catan. ¡No sé cómo, pero las haces!
Él soltó un resoplido divertido.
—Gracias por eso. Solo quería asegurarme de que ambos estamos en la misma página. Me preguntó…
—¿Por qué ibas a dignificar una pregunta tan ridícula con una respuesta? Jack, qué… Argh. —Oyó un gemido ahogado, como si ella se hubiera tapado la boca con la mano—. Bueno. ¡¿Qué más da?! Tengo que irme. Pero la próxima vez me lo vas a contar todo sobre Penelope Clark, ¿está claro?
Las comisuras de su boca temblaron.
—No, no me he enterado.
—¿Ves? Eres un idiota —respondió cortante y colgó.
Él sonrió y guardó el teléfono antes de pulsar el botón del vestíbulo. Sí, era bueno tener de vuelta a su familia.
El ascensor se puso en marcha. Cuando llegó al vestíbulo, todo el equipo ya estaba allí.
Los jugadores formaban una barrera sólida que ningún huésped podía atravesar.
Nadie se habría atrevido a preguntar. La mayoría ni siquiera notaron que se había unido a ellos porque estaban absortos en acaloradas discusiones sobre qué demonios querría Darron Clark de ellos.
Jack se frotó el antebrazo y entrecerró los ojos.
No tenía ni idea de lo que sus compañeros dirían al señor Clark a la hora de elegir entre Penny o Gareth , pero esperaba que se negaran a tomar partido.
—Llamas demasiado la atención —murmuró alguien a su lado. Era Dax, que lo miraba con severidad—. Ya han preguntado tres veces dónde está Penny y tres veces dónde estás tú. ¡Tienes suerte de que nadie sepa atar cabos!
Sí, gracias a Dios los jugadores solo eran genios del hockey, no genios de las matemáticas.
—¿Cómo iba a saber que se me necesitaba aquí abajo? —respondió enfadado.
—¡Viniendo al desayuno! Siempre decías que era la comida más importante del día.
Sí, porque no comían nada al mediodía. Era para ahorrar dinero.
—No importa —respondió con brusquedad—. A nadie le importa que yo…
—West —espetó el entrenador, y Jack se dio la vuelta. Gray estaba al borde del grupo y ahora le señalaba con un dedo amenazador—. ¿Dónde demonios has estado?
—Eh… en la cama. —Aquello no era mentira.
— ¿Qué? ¡No me digas que estás enfermo! —El pánico cruzó su rostro.
—No, no, solo me estaba… preparando mentalmente para esta noche.
Dax resopló casi de forma inaudible.
— Santo mis narices. Deberían cambiarte el nombre a Mentiroso .
—Es inaceptable no presentarse al desayuno —continuó el entrenador enfadado—. ¡Cuando aparece el gran jefe! ¡Clark quiere hablar contigo primero!
—Uh, oh —murmuró Dax—. Bueno, esperemos que sea tan malo en matemáticas como el resto.
Sí, Jack también lo esperaba.
Gray le hizo un gesto para que lo siguiera antes de desaparecer por un pasillo a su derecha que debía llevar a las salas de conferencias del hotel. Jack oyó a Matt murmurar:
—Parece un cerdo camino al matadero, ¿verdad? —Entonces llegó al pasillo del hotel y quedó fuera del alcance de sus compañeros de equipo.
—Esto… ¿entrenador? —preguntó, apresurándose para alcanzar a Gray—. ¿De qué trata esto?
—No lo sé. Supongo que de sus hijos —repuso—. No puedes hacer nada mal siempre que te comportes. Y tú nunca has tenido problemas con eso. Eres la menor de mis preocupaciones. Pero, Dios, si quiere hablar con Álvarez…
Hm. Jack no estaba de acuerdo con Gray: sentía que ya había hecho algo mal al acostarse con la hija de Clark. Por otro lado, eso era una cuestión de perspectiva.