Capítulo 21
Capítulo Veintiuno
Ú ltimamente, el sentido de la oportunidad de sus compañeros le estaba sacando de quicio.
Suspirando, Jack se puso una camiseta y caminó hacia la puerta. Moreau lo había visto desnudo cien veces, pero la gente que pudiera estar pasando por el pasillo, no.
A menos que hubieran visto el número de Sports Illustrated.
Con un suspiro, abrió la puerta y arqueó las cejas al ver a su portero, que estaba en el pasillo con los brazos cruzados. Este asomó la vista al interior de la habitación del hotel con el ceño fruncido.
—¿Hay alguien contigo? Acabas de hablar.
Oh, mierda. El tipo tenía el oído demasiado fino.
—Hablaba contigo. Me quejaba de que interrumpieras mi merecido descanso matutino.
El portero bufó.
—¿Por qué no contestas el teléfono?
—¿Qué demonios haces tú aquí arriba?
—Me tocó el palito más corto. Además, ya deberías estar abajo.
—Tonterías. La reunión no es hasta dentro de dos horas.
—No. Hubo un cambio de planes. Clark quiere hablar con nosotros antes de que hablemos con el entrenador. Uno por uno.
Perplejo, Jack frunció el ceño.
—¿Gareth quiere hablar con nosotros?
—No. Darron.
Se le secó la boca y su mirada se desvió hacia la puerta del baño. ¿Qué hacía el padre de Penny en Glendale?
—¿El gran jefe está aquí? —preguntó de nuevo para asegurarse.
—Sí. Y se ha dado cuenta de que faltabas en el desayuno. Gray está que tira rayos porque no estabas. Ha soltado un discurso sobre que es la comida más importante del día. Sobre todo cuando juegas esta noche.
—Mierda —susurró Jack, pasándose la mano por el pelo. Tener una novia secreta era mucho más estresante de lo que había pensado—. Quería quedarme durmiendo hasta tarde…
—¿ Tú querías quedarte durmiendo? —preguntó Moreau con escepticismo, mientras su mirada se deslizaba hacia las sábanas revueltas de la cama—. Cuando León tenía que compartir habitación contigo, siempre se quejaba de que a las seis ya estabas en pie.
Sí, Penny y él no habían dormido mucho anoche.
Era un milagro que siguiera jugando tan bien, porque nunca había estado tan distraído como ahora.
Pero obviamente se había equivocado al pensar que el sexo no era bueno para él durante la temporada.
El sexo con Penny era mejor que cualquier entrenamiento.
—Estoy agotado por los partidos —respondió a toda prisa—. Pero bueno. Ahora bajo. ¿Qué quiere Clark de nosotros?
Moreau se encogió de hombros.
—Ni idea.
—¿Con quién quiere hablar primero?
—Ni idea.
Fastidiado, Jack suspiró.
—¿Qué es lo que sí sabes?
—Que deberías darte prisa. Y…
Algo vibrando los interrumpió y sus ojos volaron hacia la cómoda junto a la puerta donde estaba el móvil de Jack. Se iluminó una foto de Anna. Jack agarró el teléfono, pero ignoró la llamada de su hermana.
Sin embargo, el portero había visto la foto y su ceño se frunció aún más.
—¿Esa no era la hermana de Dax?
—¿Qué? No.
—Sí. Esa era Anna.
Joder.
—Ah, te refieres a esa hermana. —Jack asintió—. Ah, sí. Era ella.
—¿Por qué Anna te llamaría? —Las cejas de Moreau se juntaron sobre el puente de su nariz mientras metía los puños en los bolsillos.
—Ni idea —mintió. Un momento, ¿Moreau y Anna se conocían? Ah, claro, ella dijo que conocía al portero de las reuniones del equipo a las que Dax la había llevado.
—Parece que tiene algún motivo —afirmó Moreau con sobriedad, balanceándose sobre sus talones—. ¿Están saliendo?
—Joder, no —jadeó él, horrorizado. ¡Ugh, era su hermana!
Pero obviamente Moreau no lo sabía y… Dios.
Suspiró para sus adentros. Se estaba cansando de los secretos—.
No soy un suicida. Dax mataría a cualquiera de nosotros que se líe con ella.
—Al igual que lo haría él—. Solo somos amigos.
Eso es todo —dijo, agitando la mano—. ¿Te puedes ir ya?
Quiero vestirme antes de enfrentarme al gran jefe y de que el entrenador Gray me eche la bronca.
—Hm —susurró Moreau, mirándolo por última vez. Luego, le dio la espalda y caminó por el pasillo justo cuando el móvil de Jack volvió a vibrar. Esta vez era un mensaje, también de Anna.
¿En serio me acabas de colgar? ¿O sea, que tienes novia? ¿Y me tengo que enterar por Dax?
Suspiró. Dax era un bocazas. Penny y él no habían hablado de si solo se estaban acostando o si tenían una relación, así que no sabía si la palabra novia era apropiada. Antes de que pudiera enviarle un mensaje a su hermana en ese sentido, se abrió la puerta del baño.
—¿Mi padre está aquí? —preguntó Penny, tirando nerviosa de su albornoz—. ¿Qué hace aquí?
—No lo sé. —Jack tampoco tenía especial interés en verlo. Cierto que los padres no podían determinar con quién se acostaba su hija con solo mirarla. Sin embargo, si alguien en este mundo tenía dinero suficiente para comprar esa habilidad, era Darron Clark.
—Espera. —Penny arrugó la nariz—. ¿Qué día es hoy?
Jack miró su celular.
—Quince de febrero.
Penny parpadeó y luego soltó una carcajada seca.
—Es el ecuador. Por supuesto que está aquí.
—¿Qué? —Jack no entendía ni una palabra.
—La mitad de nuestro tiempo ha pasado. El mío y el de Gareth. ¿Sabes lo que hace mi padre cuando el período de prueba de un nuevo empleado llega a la mitad?
—Ni idea.
—Les hace una visita sorpresa. —Bufó y caminó de un lado a otro de la habitación—.
Dios, sé muy bien lo que busca. ¡Controla cómo hacemos las cosas!
Es parte de su cursillo básico de negocios.
Hace una visita sorpresa, observa a los nuevos empleados y pregunta a todo el mundo cómo se llevan con ellos.
Siempre dice que se conoce a un gran líder por lo bien que se lleva con sus subordinados.
—Déjame adivinar: ¿nosotros somos los subordinados en este escenario? —concluyó, entrecerrando los ojos.
Ella hizo una mueca, se detuvo y se encogió de hombros con impotencia.
—Sí. Pero no te lo tomes como algo personal.
También interrogará a Lyle, aunque en realidad no sea nuestro subordinado .
—Suspirando, se dejó caer en la cama y se frotó los ojos—.
No me gusta nada que me juzguen y, sin embargo, todo el mundo lo lleva haciendo toda mi vida.
¿Sabes lo que mi madre decía siempre al respecto?
«Penelope, esa es la carga y el privilegio del apellido Clark».
Al menos en aquel entonces, solo me juzgaba gente que no me conocía.
Ser juzgada por mi propio padre… —Sacudió la cabeza—. No soy una estadística.
Jack se sentó a su lado y le pasó un brazo por los hombros, pero no dijo nada. Penny tenía la costumbre de hacer pausas para pensar incluso cuando en realidad no había terminado de hablar. Y si esperabas, entonces…
—Sabes, pensaba que me sentiría más unida a mis padres cuando volviera, pero siendo sincera, ocurre todo lo contrario.
Sí, si esperabas, ella seguía hablando.
—Porque estoy enfadada con papá por todo el asunto de los Hawks y no quiero ver a mi madre porque lo único que hace es criticarme todo el día.
Así que… sea lo que sea lo que papá intentaba conseguir con esta mierda, creo que le ha salido el tiro por la culata.
Me hacía más ilusión hablar con él por teléfono que verlo en persona.
Eso no debería ser así, ¿verdad? ¡Y ahora les va a preguntar a todos los malditos jugadores de hockey si creen que Gareth o yo somos la mejor opción!
Jack guardó silencio, con la mandíbula apretada.
No le gustaba que sus padres la obligaran a luchar así por su afecto o aceptación.
Ciertamente él no era un buen modelo a seguir en lo que a relaciones familiares se refería, pero sabía cómo no deberían ser.
No sabía qué decir para ayudarla, aunque no deseaba nada más que hacerlo.
Se quedó ahí, sentado a su lado, reconfortándola y la abrazó con fuerza, antes de darle un suave beso en la sien antes de murmurar:
—No te preocupes. Le diré a tu padre que eres fantástica en la cama y que te mereces no solo el equipo, sino otro ascenso.
Ella se rio y le dio un manotazo en el brazo.
—Ni se te ocurra. Pero puedes ser sincero, Jack, si te pregunta —añadió, aclarándose la garganta.
Como si fuera a decir algo que pudiera acabar con ella abandonando el país de nuevo. Además, sabía lo que le diría a Darron Clark si este le preguntaba si su hijo o su hija eran mejores en el trabajo. Se limitó a asentir.
—Bien. —Pareció satisfecha—. Y yo me daría un poco de prisa. Mi padre no es un hombre paciente.
Suspiró.
—Está bien. ¿Dónde están mis pantalones?
Tardó diez minutos en encontrarlos, porque por alguna razón estaban debajo de la cama. Para cuando se despidió de Penny con un beso y salió al pasillo, se había adecentado lo suficiente como para no parecer que había estado haciendo cosas horribles y promiscuas durante la noche.
Se apresuró hacia el ascensor y, cuando su móvil sonó esta vez, lo tomó sin mirar la identificación de la llamada. Estaba seguro de que era Gray queriendo saber dónde demonios se había metido.
Pero se equivocó.
—Ah, al final contestas —espetó Anna con satisfacción—. ¡Y yo que pensaba que ibas a seguir ignorándome!
Él hizo una mueca. Eso era justo lo que hubiera querido hacer.
—Nunca —dijo y pulsó el botón del ascensor.
—Bien. Porque, ¿qué es eso de que tienes novia ? ¿Y encima que es tu jefa? ¿Por qué me ocultas tu telenovela personal?
Oh, Dios, de verdad esperaba que la recepción en el ascensor fuera mala.
—¡No sé si es mi novia ! ¡Y mi vida no es una telenovela! Como mucho… —Maldita sea, si decía que era una comedia romántica solo empeoraría las cosas, ¿verdad?
—¿Qué? ¿No lo sabes ? Entonces, ¿como mucho qué? —exigió Anna de inmediato.
—Pausa publicitaria. Tema aburrido. Mejor pasar al siguiente canal. —Ignoró su pregunta. En su opinión, estaban en una relación, pero no tenía ni idea de lo que pensaba Penny.
—Estoy bastante segura de que estás describiendo mi vida, no la tuya —jadeó ella, ofendida—. Entonces, ¿quién es Penelope Clark? Lo único que le he sacado a Dax es que le da miedo a León. Lo cual, supongo, es algo bueno. Pero no ha sido una información para nada satisfactoria.