Capítulo 17
Capítulo Diecisiete
— N o te oí. ¿Qué dijiste?
—Le pregunté a Penny si quería tener una cita conmigo.
—Mierda, sí que te oí… ¿que hiciste qué ? —Dax lo miró como si acabara de anunciar que había masticado su stick favorito—. ¿Para qué demonios?
—Porque me gusta —respondió, encogiéndose de hombros antes de dar un sorbo a su cerveza sin alcohol—. Más que nadie en mucho tiempo. Incluyéndote a ti.
Dax bufó y sacudió la cabeza con brusquedad.
—¡Eso es un suicidio profesional, Jack!
Sí, tal vez tenía razón. No era profesional preguntarle a su jefa si quería salir a cenar con él y hacer un montón de cosas sucias.
Pero, por otra parte, tampoco era profesional hacer que se corriese al borde de una piscina.
Así que bien podrían aceptar que él no era profesional y que le encantaba. Y punto.
—¿Qué debería hacer, Dax? —preguntó con excesiva paciencia en la voz.
—¡Olvidarte de ella!
—Lo he intentado. Pero no puedo. Además, ¿he mencionado que me gusta? ¿Sabes cuánto tiempo ha pasado desde que me interesó alguien que no fuera un compañero de equipo o mi hermana? ¡Mucho tiempo!
—«Mucho tiempo» no es una unidad de tiempo aceptada —masculló su hermano con impaciencia—. ¿Has pensado alguna vez en lo que significaría para ella salir contigo?
Jack bajó la mirada y apretó los dientes. Para ser sincero, era en lo único que pensaba.
—¡Ya de por sí no la toman en serio! —continuó Dax, imperturbable—. ¡Imagina cómo se verá si sale con un jugador!
La mandíbula de Jack se tensó. Quiso decir algo para refutar los argumentos de su hermano, pero no se le ocurrió nada.
Sabía que tenía razón. Penny tenía razón al decir lo mismo.
Pero también sabía que estaba al límite.
No podía dormir sin soñar con ella y despertarse empalmado.
Ella se había apoderado de su mente. Y sentía que la única forma de lidiar con eso era apoderarse de su cuerpo y de su alma a cambio.
Era ridículo, pero bueno, se había contado mentiras peores. Y Dios, la deseaba . En todos los niveles. Corazón, mente, cuerpo.
—¿De qué están hablando? —preguntó Álvarez, acercándose a su mesa en el Ice Lounge con Lucy, Fox, Moreau y Matt, y varias jarras de cerveza. Los jugadores y Lucy se apretujaron en el reservado y miraron a Jack y a Dax expectantes mientras repartían las bebidas.
—Ah, de lo idiota que es Jack —respondió Dax a la ligera.
—¡Uy, me encanta ese tema! —dijo Matt con entusiasmo—. Tengo mucho que aportar.
Jack bufó y Austin Fox chasqueó la lengua en gesto desaprobatorio.
—Contente, Matt. Jack ha marcado dos de los cinco goles hoy. Se merece un descanso de tus tonterías.
El rubio puso cara de pocos amigos.
—Sabes que no me gusta que me reprendan cuando León está cerca. Significa que soy aún más idiota que él en ese momento y ese pensamiento es perturbador.
—¡Oye! —se quejó el chico con brusquedad—. El idiota es Jack. ¿No acabamos de establecerlo? Además, a mí solo me reprenden todo el tiempo porque Fox es un aguafiestas.
—Alguien de nosotros tiene que ser sensato —afirmó el capitán del equipo con naturalidad—. Y definitivamente no se puede esperar eso de ustedes, bola de tontos.
Nadie se sintió capaz de contradecirlo.
—Ya, ya —dijo León, molesto, restándole importancia—. Por cierto, Jack, te están mirando. —Señaló con la cabeza hacia la derecha, hacia la barra cercana.
—¿Qué? —Confundido, giró la cabeza y, en efecto, una rubia guapa con un vestido rojo ajustado estaba mirando hacia allí, con los ojos clavados en él.
—Oye, ¿por qué no puedo ser yo el que reciba las miradas? —se quejó Dax.
—Primero, porque muchas mujeres te dejaron de mirar en los bares desde que tienes novia—respondió León con astucia—. Y segundo, porque Jack es mucho más guapo que tú. ¿No has visto las fotos de Sports Illustrated?
Jack sonrió.
—Sí, la verdad, Dax.
Su hermano lo fulminó con la mirada.
—Te juro que como alguien empiece otra vez con lo de Sports Illustrated…
—Oye, fue una genialidad de marketing por parte de su agente conseguir ese contrato —intervino Lucy, a mitad de su cerveza—. Casi tan bueno como lo de Matt apuntándose a la agencia de citas de Maddie.
—¡Aun así! —respondió Dax enfadado—. La rubia podría estar mirándome a mí. Jack y yo estamos sentados uno al lado del otro.
Su novia puso los ojos en blanco.
—¿En serio, Dax? ¿Te ofendes porque en lugar de groupies suspirando, ahora me tienes a mí, el amor de tu vida?
Él asintió.
—Sí, un poco. ¿Por qué no puedo tener ambas cosas?
—Ah, perdieron el juicio —dijo Matt—. A la mujer no le gusta Jack. Ha visto su llamativo Rolex y quiere preguntarle qué hora es. Eso es todo.
Fox, Moreau y Álvarez se rieron, y Lucy puso los ojos en blanco.
Dax sonrió de oreja a oreja.
—Tiene que ser eso.
—Tonterías —contradijo León—. Nadie pregunta la hora hoy en día. Todo el mundo tiene teléfono. Lo está examinando de pies a cabeza. Quiere que él termine con su racha de sequía.
—Mi racha de sequía está bien, gracias —masculló Jack, apartando la mirada. Podía pasar sin que le entrara ninguna mujer que no fuera Penny.
—Definitivamente está intentando ligar con él —coincidió Fox ahora.
—¡Mentira! —insistió Matt—. Yo sé más de mujeres que cualquiera de ustedes. Tengo una prometida, cuatro hermanas, una madre y una abuela, y todas me adoran, así que en el equipo soy el que tiene más éxito con las relaciones femeninas. Y les digo que no está interesada en Jack.
León rodó los ojos hasta la parte trasera de su cabeza.
—No dices más que chorradas, Payne.
—No lo creo —contradijo este con suficiencia, contando con los dedos—. Fox está divorciado; tú te pones rojo solo de pensar en mujeres; Jack es célibe; y la relación más cercana de Dax es con su disco.
—¡Oye, que tengo a Lucy! —respondió el pelinegro enseguida.
—Sí, pero sigues estando más unido a tu disco —objetó Lucy con una sonrisa.
—Exacto —confirmó Matt—. Luego está Moreau, que…
Este levantó una sola ceja y lo miró con una combinación de interés y frialdad estudiada.
Matt se aclaró la garganta y apartó la mirada.
—No tengo nada malo que decir de Moreau —respondió a toda prisa—. Podría ser todo un donjuán y no lo sabríamos.
—Gallina —masculló León, pero tan bajo que su portero no lo oyó—. ¡Y oh, se está moviendo!
Curiosos, todos se giraron y vieron a la rubia caminar hacia su mesa. Finalmente, cuando estuvo justo al lado de Jack, preguntó:
—Perdona. ¿Sabes qué hora es? Olvidé mi teléfono y tengo una cita.
A León se le cayó la mandíbula, Lucy soltó un bufido contra su mano y Dax lucía una expresión de felicidad en el rostro.
Jack suspiró y miró su Rolex.
—Sí, por supuesto. Son las diez y media.
—¡Oh, gracias! —La mujer suspiró—. Supongo que me han dejado plantada. ¡Gracias de nuevo!
Luego se dio la vuelta y desapareció con zancadas largas hacia la puerta. En cuanto se cerró, todos estallaron en carcajadas.
—¡Dios, no me habría creído que alguna vez diría esto, pero Matt le dio al clavo! —dijo Fox, sacudiendo la cabeza.
El delantero sonrió con suficiencia.
—¡Se los dije! Entiendo a las mujeres. ¡Sé cuál es su patrón de relación y de presa! Todo lo que tengo que hacer es mirarlas a la cara para…
—¿Ah, sí? —interrumpió una interesada voz femenina—. ¿Qué hay de mí? ¿Te dice algo mi cara sobre mis deseos de relación más profundos?
Matt se giró, confundido, y se sobresaltó al reconocer a Penny, que había aparecido junto a su mesa.
—Eh, ¿qué? —respondió como un tonto.
—¿Qué pasa conmigo? —repitió ella en tono alegre—. Tengo curiosidad por saber cuál es mi patrón de presa y de relación.
La boca de Jack tuvo un tic. Llevaba uno de sus vestidos florales que podrían haberla camuflado en cualquier jardín botánico, y sus ojos brillaban de diversión. Solo intentaba incomodar a Matt y, a juzgar por los hombros hundidos y la expresión de dolor de este, lo estaba consiguiendo.
Bueno, él le había dicho que dejara de ser tan educada. Al parecer, le había tomado la palabra.
—Bueno, no lo sé —balbuceó Matt con torpeza, pasándose la mano por el pelo—. ¿Qué está haciendo aquí, señorita Clark?
—Penny, por favor. Quería felicitarlos por el fantástico partido…
y averiguar qué tipo de relación busco. ¡Así que, vamos!
—exigió, acercando una silla mientras una sonriente Lucy se apartaba para hacerle sitio entre ella y Jack—.
Quiero oírlo. Tengo curiosidad. Si me dices lo que sabes sobre mí, yo te diré lo que sé sobre ustedes.
—Señaló con su dedo índice para incluirlos a todos, quienes estaban amontonados en el asiento del reservado.
—¿Sabes algo sobre nosotros? —preguntó León, irritado.
—Oh, sí, mucho. Detalles íntimos. Pensamientos prohibidos. Todo lo que necesito saber para juzgar si son buenos en lo que hacen y si son buenas personas —afirmó, sonriendo con suficiencia—. ¿No es ese, en cierto modo, mi trabajo?
Jack se llevó el vaso a los labios para ocultar su sonrisa. León parecía aterrorizado, lo que podría deberse a que no estaba seguro de si era una buena persona.
—Ahora dile lo que sabes sobre ella y su patrón de presa y relación —masculló—. ¡Yo por mi parte quiero oír lo que cree que sabe!
Penny sonrió y se acomodó en el hueco que Lucy había creado. Su pierna rozó la suya, enviando escalofríos por su columna vertebral.
—Me gusta que aparezcas aquí y puedas inquietar a León con una sola frase —comentó Lucy satisfecha—. Eso es una habilidad especial.
—Sí, tienes que enseñarme eso a mí también —masculló Fox—. Es muy útil.
Este último los ignoró a todos y miró a Matt, quien soltó un suspiro largo y prolongado.
—¡Está bien! Si quieren que ponga las cosas incómodas…
Señorita Clark, Penny, usted solo sale con perdedores y artistas muertos de hambre que para nada encajan con su familia porque se está revelando contra su padre.
Sin embargo, sabe que no funcionará con ese tipo de hombres, lo que la hace sentir segura.
Siempre elige al hombre con el que tiene menos probabilidades de tener una relación exitosa.
A las palabras de Matt les siguió el silencio más absoluto, aunque Jack abrió la boca sorprendido.