Capítulo 16 #2
Sorprendida, Penny soltó una carcajada, pero su risa quedó ahogada por la de Gareth y Lyle, que seguían junto a la mujer de pelo canoso y collar de perlas. La mujer parecía solo la mitad de divertida.
—¿Puedo preguntarte algo? ¿Por qué Gareth y Lyle le están besando los pies a esa señora?
—inquirió. Su hermano sonreía de oreja a oreja, con amabilidad, lo cual a Penny le resultó más que un poco inquietante.
Esa era una expresión que él… bueno, que nunca mostraba.
Su semblante habitual era gruñón, inexpresivo e impaciente.
—Ah, esa es Cindy Malborne —respondió Lucy—. Es la directora ejecutiva de Blue Lemonade.
¿Esa bebida deportiva que parece pis de Pitufo?
Penny asintió, con una comisura de los labios levantada.
—Sí, sé qué es Blue Lemonade. He estado en el sur de América, no en la Luna. —Además, el nombre lo decía todo.
—En fin, llevamos meses intentando que nos patrocine. Yo lo he intentado. Leslie lo ha intentado. Pero la señorita Malborne siempre insiste en hablar con alguien de la directiva y ellos no son muy buenos vendiéndose. —Lucy la miró con ojo crítico. De inmediato, Penny se irguió.
—Hm, ¿conque esas tenemos? —murmuró, entrecerrando los ojos. Ni siquiera le sorprendía que nadie hubiera sentido la necesidad de ponerla al corriente—. ¿Les has dado algún consejo?
Lucy resopló.
—Por supuesto. Ese es nuestro trabajo. Pero no es fácil hablar con el director general. Es increíblemente testarudo y siempre cree que es la persona más inteligente de la sala.
Sí, Penny se había dado cuenta.
—Bueno, no me extraña que Gareth se lleve tan bien con él. Es igual —dijo—. Pero ¿sabes qué? Se me da bien la gente. He pasado los últimos tres años hablando con cientos de personas, intentando convencerlas para que participen en mis estudios o para incluirlas en mis estadísticas.
La voz de Jack le vino a la mente: «Tienes que obligarlos a escuchar. Obligarlos a implementar tus ideas. Obligarlos a ver que eres inteligente».
¡Vaya si lo haría!
—Lucy, ¿qué te parece? Si consigo que la señorita Malborne nos patrocine, ¿sería una buena estrategia para que Gareth y Lyle me escuchen?
Lucy arqueó una ceja, sorprendida.
—Sí. Una condenadamente buena, diría yo.
Penny sonrió satisfecha.
—Maravilloso. ¿Serías tan amable de darme los consejos que esos hombres no quisieron oír?
Su interlocutora sonrió de oreja a oreja.
—Encantada. Solo necesitas saber dos cosas: la señorita Malborne necesita seguridad y la imagen de su empresa es muy importante para ella.
Penny entrecerró los ojos y asintió despacio. Podía trabajar con eso.
—Gracias. Pues déjame que les enseñe a estos dos monos encorbatados cómo se negocia un acuerdo.
—Oh, esto no me lo pierdo —murmuró Lucy entusiasmada, y la siguió de cerca mientras cruzaba la sala VIP.
—…en cuanto estemos en los play-offs, su producto tendrá más tiempo en pantalla que en cualquier otro lugar —estaba diciendo Gareth, con voz fría y autoritaria. Sin embargo, la señorita Malborne no podía parecer más escéptica.
—Ya me lo ha dicho tres veces. Además, ¿quién dice que siquiera llegarán a los play-offs?
—Lo decimos nosotros —respondió Thomas Lyle—, porque conocemos a nuestro equipo. Tenemos muchas posibilidades.
—Y, aun así, sigue siendo solo una posibilidad —afirmó ella con impaciencia mientras Penny se unía al grupo—. Faltan tres meses para saber quién entra en los play-offs, ¿no es así? —inquirió, frunciendo los labios.
—Solo son dos y medio —la contradijo Gareth, y Penny tuvo que contenerse para no poner los ojos en blanco. Como si eso fuera un argumento de peso.
La señorita Malborne opinaba lo mismo.
—La conclusión es que tienen que ganar muchos partidos. ¿Quién dice que puedan hacerlo? ¿Por qué iba a invertir ahora en las caras de su equipo cuando puede que no se las vea durante el resto de la temporada?
—Lo lograremos —declaró Lyle con firmeza.
La mujer se echó a reír.
—Desde luego que dice eso. Pero no puede garantizarlo.
—Bueno… —respondió Gareth.
—Lo que podemos hacer es… —empezó Lyle, pero Penny dio un paso al frente y le tendió la mano a la señorita Malborne, haciéndolos callar.
—Hola, señorita Malborne. Es un placer conocerla.
Irritada, la directiva la fulminó con la mirada.
—¿Y usted quién es?
—Penny Clark. También de la directiva. —Lanzó una mirada severa a Lyle y a Gareth—. Y entiendo cuál es su problema.
—¿Ah, sí? —inquirió esa mujer, ofendida—. Porque, hasta ahora, todos aquí parecen un poco lentos de entendederas.
Penny sonrió.
—Siento que se haya llevado esa impresión. Obviamente, sabemos que no es seguro que los Hawks lleguen a los play-offs.
Gareth resopló y Lyle apretó los labios hasta formar una fina línea.
—¡Gracias! —exclamó la señorita Malborne satisfecha. Penny sabía que la mayoría de la gente apreciaba la honestidad, algo que Lyle y Gareth no parecían comprender.
—La cuestión es que, si nos patrocina, no estará invirtiendo en las caras bonitas de nuestros jugadores —explicó con calma—.
No sería una inversión segura. ¿Sabe cuántos ojos morados ha tenido Dax Temple esta temporada?
Catorce. Los he contado porque me gustan los números, y fue una auténtica pena ver sus preciosos pómulos tan destrozados.
Lucy se rio.
—Oh, habrá unos cuantos más, créeme —dijo—. Las apuestas están en veinte para esta temporada.
La boca de la señorita Malborne mostró los primeros indicios de una sonrisa.
—Muy bien. Entonces, si no estoy invirtiendo en la cara bonita de Dax Temple, ¿en qué estaría invirtiendo?
—En nuestra marca —afirmó Penny con sencillez—. En los Hawks. Porque somos algo más que un equipo de hockey.
Malborne la miró con escepticismo.
—¿De verdad? Si me va a decir que son una familia…
—No, no. —Se aclaró la garganta—. Aunque sea cierto, por supuesto.
Pero eso apenas tiene relevancia para usted.
Por supuesto, se trata sobre todo de hockey; usted patrocinaría al equipo.
Pero los Hawks también colaboran con muchas organizaciones benéficas.
Otorgamos becas deportivas, apoyamos programas de deporte en el extranjero y cada año organizamos un maratón de recaudación de fondos para niños en toda América para financiar su educación.
Y funciona. He estado viajando por diferentes partes del continente los últimos años y de verdad marca la diferencia.
Estar asociada con los Hawks significa estar asociada con el apoyo al mundo en desarrollo.
Ofrecer becas a niños de familias humildes.
Siempre que hagamos algo bueno, su producto aparecerá.
Somos lo mejor que podría pasarle a su imagen.
Los Hawks han donado un quince por ciento más de sus ingresos en los últimos años que cualquier otra organización deportiva.
Yo misma me he encargado de ello. —Persuadió a su padre para que lo hiciera—.
Y estadísticamente, nuestros jugadores están un veinte por ciento menos insatisfechos que los jugadores de otros equipos.
Tenemos menos escándalos que cualquier otro, ¡al menos desde que Dax Temple se ha comprometido!
, menos demandas judiciales… pero lo cierto es que cerrar un trato con nosotros significa cerrar un trato con nosotros .
No con los hombres sobre el hielo. Por lo tanto, si se convierte en patrocinadora oficial de los Hawks, no importa si perdemos o ganamos.
Porque tendrá razón, pase lo que pase. Podemos garantizar que nuestra reputación seguirá siendo la mejor, y eso se contagia.
Por no mencionar que ya hemos demostrado que solo hacemos negocios con empresas de confianza. Usted sería una de ellas.
—Hm —caviló la señorita Malborne, con un dedo en la barbilla—. Así que, en ese maratón benéfico… ¿habría pancartas del producto?
—Desde luego —respondió sin dudar—. Si es nuestra patrocinadora, lo es también de todos nuestros eventos benéficos. Incluso distribuiríamos su producto en cada uno de ellos.
La señorita Malborne asintió, satisfecha.
Por el rabillo del ojo, Penny vio que Lucy le asentía con aprobación… y que Thomas Lyle la estudiaba con los ojos entrecerrados.
La CEO de Blue Lemonade la miró pensativa unos instantes. Luego dijo:
—Oh, de acuerdo. Me parece bien. Redacten un contrato, envíenlo a mi departamento jurídico y me pondré en contacto con ustedes. —Estrechó de nuevo la mano de Penny, asintió a Gareth y a Lyle y, acto seguido, salió de la sala.
El estómago de Penny dio un vuelco de emoción, pero intentó parecer lo más impasible posible.
—¿Por qué no me informaron de que estábamos intentando cerrar un trato con Blue Lemonade ?
—Mierda. Había olvidado lo buena que eres para este tipo de cosas —masculló Gareth, sacudiendo la cabeza.
Ella lanzó una mirada afilada a su hermano.
—Qué conveniente, Gare.
Él suspiró mientras Lyle seguía mirándola sin apartar la mirada.
—Es usted mucho más que la mujer que sacrificó a un gallo sobre un escenario, ¿no? —afirmó entonces.
Ella soltó un fuerte resoplido.
—Debería darte una bofetada solo por ese comentario.
Pero ¿sabes qué? Solo te diré esto: lo que acabas de presenciar lo haré con cada posible patrocinador que nos considere si tan solo miras las estadísticas de León Álvarez.
Puedo ser increíblemente útil, pero solo si tú me eres útil a mí.
Al fin y al cabo, así es como funciona la directiva, ¿no?
Lyle no dejaba de mirarla… entonces empezó a sonreír.
Sorprendida, Penny parpadeó mientras la sonrisa de él se ensanchaba.
—Bien, señorita Clark. Tiene toda mi atención. Dígame por qué León Álvarez debería ser extremo. Convénzame como acaba de convencer a la señorita Malborne y consideraré hacer que el entrenador Gray lo pruebe en el entrenamiento.
Penny sonrió.
—Eso es todo lo que quería oír. Así que escucha con atención. No tengo todo el día.
Y, vaya si sentó bien decir eso. Jack tenía razón: la cortesía estaba sobrevalorada cuando se trataba de hombres en puestos de poder. Menos mal que no era ni la mitad de lo que todo el mundo pensaba.