Capítulo 16
Capítulo Dieciséis
M e gustas, Penny. Mucho».
Las palabras eran inocentes, pero llevaban días caldeándole el corazón.
La reconfortaban incluso en el estadio de hielo.
A pesar de que el palco VIP donde ella y el resto de la directiva se sentaban para los partidos tenía calefacción, seguía haciendo frío.
Era extraño. La gente allí afirmaba que estaba para ver el partido, pero lo que ella había observado era que se dedicaban sobre todo a beber copiosas cantidades de champán, hincar el diente al bufé y estar de espaldas a la pista de hielo mientras cotilleaban sobre otros ricos.
Ni siquiera Gareth y Lyle estaban centrados en el juego; se habían pasado la última media hora adulando a una mujer con un collar de perlas y rostro arrogante.
Este partido era increíblemente importante. Si los Hawks no ganaban el ochenta por ciento de sus partidos este febrero, nunca llegarían a los play-offs, que empezaban a mediados de abril.
Sin embargo, a este paso, puede que Penny ni siquiera viviera para verlo.
Tragó saliva y sacudió la cabeza. Todo aquello eran preocupaciones para otro día.
En cualquier caso, estaba claro que el partido le estaba causando al director general la misma impresión que su idea de utilizar a León como delantero.
Esperaban que, si dejaban de hablar del tema, Penny lo olvidaría.
Pero no lo haría. Estaba aprovechando esta oportunidad para analizar el rendimiento de León Álvarez; al menos, siempre que no estuviera mirando a Jack.
Eso significaba que estuvo observándolo durante casi la mitad del partido.
¡Bueno, más bien una cuarta parte!
La única otra persona que estaba atenta, retorciéndose las manos y mirando al hielo, era Lucy James, la consultora de Relaciones Públicas de los Hawks y novia de Dax Temple.
Dax, que se había visto envuelto en dos peleas durante la primera parte.
Penny comprendía por qué lo apodaban el Diablo .
La paciencia del diablo debía de ser tan corta como la de su homónimo.
Los Hawks iban ganando en ese momento, pero por muy poco, y era evidente que Lucy no estaba contenta con ello.
—¡Oh, Dios, Dax, céntrate! —Sacudiendo la cabeza, la pelirroja la miró—. ¡Ese tipo pasa más tiempo en el banco que en el hielo! ¿Cómo va a marcar goles si solo piensa en qué nariz será la próxima que romperá?
Penny se rio.
—No lo sé, pero siempre mira hacia aquí con cara de culpa cuando está sentado en el banquillo de los expulsados.
—Ya, porque le dije que, si hoy le pitan más de cinco minutos de penalización, no me acostaré con él en dos semanas —murmuró ladeando la cabeza—. Pero, para ser sincera, no sé si podré mantener la amenaza, porque la idea es castigarlo a él, no a mí.
—Pero si no lo cumples, ¿cómo va a aprender? —añadió Penny, con un tono enfático de seriedad y pesar.
Lucy se rio y le dedicó una mirada cálida.
—Tú me entiendes.
Penny sonrió de oreja a oreja.
—Creo que el condicionamiento sexual funciona mejor que, no sé, rociarlo con agua cada vez que se porta mal.
—Creo que tienes razón, aunque lo del agua sería una buena táctica —dijo Lucy con entusiasmo—. ¡Podría usarlo con todos los jugadores! Excepto con Fox y Jack; ellos no lo necesitan. Siempre se portan bien. En serio, ningún otro jugador está tan libre de escándalos como ellos.
Penny resopló.
—Oh, por favor. Jack no es tan dócil ni tan santo como lo pintan los medios. —Ella nunca describiría el episodio de la piscina como «libre de escándalos».
Lucy la miró con las cejas levantadas.
—¿Ah, sí? ¿Sabes algo que yo no sepa?
A Penny se le calentó la cara y sacudió la cabeza con un movimiento enfático.
—¿Qué? No. Es una corazonada. —Se aclaró la garganta—. Le veo la picardía en los ojos.
Lucy sonrió.
—Ya veo. Sí, tiene ese aire. De todos modos, Jack tiene razón: dijo que eres genial y que no eres tan estirada como los otros payasos de la directiva. —Asintió en dirección a Gareth y Lyle.
—¿Jack dijo eso? —preguntó avergonzada. ¿Hablaba de ella? ¿Quedarían al descubierto sus motivos si le pidiera a Lucy que le contara cada palabra que él hubiera dicho sobre ella? ¿Por casualidad mencionó también que era increíblemente lista y guapa? Eso le interesaría.
—Ajá —agregó Lucy con una sonrisa—. Sé que la mayoría de los chicos se están portando un poco mal, pero, si te sirve de consuelo, conmigo hicieron lo mismo al principio. Solo tienes que demostrarles de una vez por todas quién manda y se volverán completamente dóciles.
Penny se rio. Jack ya le había dicho algo por el estilo.
—¿Así es como te liaste con Dax Temple? —preguntó—. ¿Le demostraste quién mandaba y a partir de ahí comió de tu mano?
Lucy sonrió y miró a su novio, que seguía sentado en el banquillo de penaltis.
—Algo así. Arrímate a él y a Jack si quieres que el equipo te acepte. La mayoría escuchan a Dax, y Jack sabe lo que significa ser un extraño. Ha luchado con eso la mitad de su vida.
—Ah. Okay. —¿Ah, sí? ¿Por qué? —Sabes mucho sobre Jack West. ¿Pasas mucho tiempo con él? —preguntó Penny, sorprendida.
—Oh, sí, porque es el… —Lucy se detuvo y se aclaró la garganta—, el compañero de equipo de Dax.
Penny frunció el entrecejo mirando a la otra mujer. En realidad, había querido decir otra cosa.
—Si los dos se llevan tan bien, ¿por qué hay tantos artículos en internet sobre lo mucho que se odian? Quiero decir, yo no he tenido esa sensación, pero…
—Oh, el internet dice lo que dice —objetó Lucy, apartando la cara.
Penny, sin embargo, no pasó por alto que estaba dando golpecitos con el pie sobre el suelo.
Estaba nerviosa—. Al menos ahora se llevan bastante bien.
Jack se instaló en Los Ángeles y… oh, hablando de eso…
—Se volvió hacia Penny—. ¿Cómo te va aquí?
Has viajado mucho por todo el mundo, ¿verdad?
Volver a estar aquí debe de ser un gran cambio.
Penny sabía que Lucy intentaba cambiar de tema por alguna razón, pero no le prestó tanta atención. No le vendría mal pensar en algo que no fuera Jack durante unos minutos.
—Lo es. Echo de menos viajar. Echo de menos los paisajes de Sudamérica. A toda la gente a la que pude ayudar. Las experiencias que viví. Por otra parte… también es agradable estar en un solo lugar. Quiero decir, aparte de ir de un lado para otro con los Hawks.
Sonrió porque era verdad. Durante los últimos tres años, nunca había encontrado la paz ni había llamado hogar a ningún sitio.
Y, aunque trabajar con los Hawks era estresante y frustrante, también era divertido.
Había podido recopilar un conjunto increíble de estadísticas.
También se había ocupado de varias organizaciones benéficas con las que tenían asociaciones pero que habían recibido poca atención.
—Sabes, es difícil hacer amigos íntimos cuando solo te quedas en el mismo sitio una semana.
No es que haya hecho muchos amigos en las últimas semanas; he estado trabajando muchísimo.
—Se frotó los brazos con nerviosismo. Jack no la llamaría amiga, ¿verdad?
La imagen de su torso desnudo y mojado apareció en su mente y se acaloró.
No, no había nada de amistad en sus sentimientos, en absoluto.
—Bueno, ahora ya has hecho una —dijo Lucy con una sonrisa, señalándose a sí misma con ambos pulgares—.
Siempre me alegra tener una aliada femenina en este absurdo mundo de hombres.
Mi jefa, Leslie, y yo somos prácticamente las únicas aquí que tienen algo que decir.
Es frustrante. Así que cruzo los dedos para que ganes esa tonta competencia por el equipo. Si necesitas algo, dímelo.
Una sensación cálida se extendió por su pecho. Era agradable saber que no estaba sola en este mundo del hockey y que había gente en la organización tan abierta y generosa como Lucy.
—Gracias. Eso es… gracias —dijo, tragando saliva. Lucy no tenía ni idea de lo mucho que significaba para ella. No era fácil hacer amigos cuando te apellidabas Clark. Tenía algunos de la universidad, todos los cuales vivían en Nueva York, pero, por lo demás…
—No estoy completamente sola —aceptó despacio, más para sí misma que para la consultora de Relaciones Públicas—.
Tengo a mi hermano… —quien se había pasado las últimas semanas trabajando incluso más de lo habitual para ganarle en esa ridícula carrera.
No era hostil, solo estaba concentrado. Ella ya sabía eso de él.
Su capacidad para trabajar por algo era la razón por la que era mejor que el resto del mundo en tantas cosas.
Por desgracia, también era peor manteniendo relaciones y… siendo su hermano.
Penny tenía la sensación de que ser el único propietario de los Hawks no sería nada bueno para él.
Se pasaría todas las horas trabajando para intentar demostrarle a su padre que podía dirigir la organización incluso mejor que él.
Lo miró pensativa, imaginándolo resoplando y mandándola de paseo si ella le planteara esas preocupaciones. Lucy siguió su mirada.
—Hm —caviló—. Cuesta creer que sean hermanos. No se parecen en nada.
Ella se rio.
—Sí, me lo dicen mucho. Tenemos el mismo color de pelo y la misma nariz, pero la mayoría de la gente no se da cuenta. Sus trajes y su aura fría y racional contrastan demasiado con mi actitud de «qué más da». Eso irrita mucho a la gente.
Lucy se rio.
—No podría haberlo dicho mejor. Pero yo tampoco me parezco mucho a mis hermanas —respondió con desdén—. Una siempre es amable, cosa que yo solo soy en mis días buenos, y la otra encuentra el hockey tan interesante como el pie de atleta.
—Oye, el pie de atleta es bastante interesante —replicó de inmediato—. ¡Es una de las infecciones de pies más comunes y, sin embargo, solo afecta al veinte o veinticinco por ciento de la población mundial!
Lucy se rio.
—Tengo que decepcionarte, Penny, pero no es interesante.
Ella sonrió.
—Bueno, puede que no tanto como el hockey, pero le daría un notable porcentaje.
—Eres generosa con tus notas —aceptó Lucy con aprobación—. Si yo fuera el pie de atleta, iría a por tus pies.