Capítulo 15
Capítulo Quince
P enny no pudo evitar lanzarse sobre él.
¡La había escuchado, a pesar de que podía sentir que seguía excitado!
A pesar de que la había mirado como si le resultara físicamente doloroso no seguir besándola.
No había descartado su idea tachándola de estúpida, sino que la había considerado seriamente.
¡Eso era todo lo que siempre había querido!
Veinte segundos en los que la tomaran en serio, veinte segundos sin que la llamaran loca.
Así que, ¿cómo no iba a besarlo, cuando eso era justo lo que él le estaba dando?
Y no hizo falta pedírselo dos veces. Gimió contra sus labios y se acercó más al borde de la piscina, atrapándola entre ellos.
¡Si todas las prisiones se sintieran así de bien, Penny caminaría por el lado equivocado de la ley de ese día en adelante!
El musculoso muslo de él seguía entre sus piernas, y ella no pudo evitar frotarse contra este mientras Jack pasaba la lengua por su labio inferior.
Abrió la boca de buena gana. Quería saborearlo, quería que él hiciera realidad el sueño de tocarse.
Dejó que sus manos vagaran por sus hombros fuertes y bajaran por su espalda musculosa.
El calor recorría su cuerpo como el agua contra su piel, acumulándose en lo bajo de su abdomen, obligándola a presionarse más contra él, tan fuerte que podía sentir toda la longitud de su cuerpo contra el de ella, pero no lo suficiente como para impedir que deslizara la mano bajo su blusa empapada y acariciara su pecho.
Mientras frotaba el pulgar con rudeza sobre su pezón endurecido, pequeños destellos de deseo se dispararon por su centro, justo entre las piernas.
Penny gimió y le mordió el labio mientras él la levantaba más sobre su muslo para mantener su cabeza fuera del agua.
Se deslizaba de adelante hacia atrás sobre él, necesitando más fricción, mientras Jack frotaba su lengua contra la de ella siguiendo el mismo ritmo con el que frotaba su pulgar sobre su pezón.
Las sensaciones tomaron el control y Penny se olvidó de respirar.
Se aferró a sus hombros y presionó la parte inferior de su cuerpo contra la de él.
Jack se estaba poniendo más duro con cada segundo que transcurría. Podía sentir el bulto en su bañador contra su estómago. Pero no lo quería allí. Se subió la falda para poder envolver una pierna alrededor de su cintura y acercarlo más.
Él jadeó cuando su erección presionó contra su zona más sensible y ella empezó a balancear la pelvis hacia adelante y hacia atrás.
Su respiración se volvió agitada y soltó su pecho para agarrarse al borde de la piscina con ambas manos.
Pero no pasaba nada. Eso le daba a ella más espacio para tocar.
Y la idea de poder tocarlo en cualquier lugar mientras él no podía tocarla la excitaba aún más.
No podía impedirle hacer lo que quisiera sin dejar, literalmente, que se hundiera.
Penny lo besó, presionando su lengua contra la de él mientras deslizaba ambas manos por sus hombros, sobre los fuertes músculos que daban fe de horas de entrenamiento.
Bajó por su pecho mojado, bajo el agua, sobre sus abdominales…
antes de deslizar la mano por dentro de su bañador y agarrar su pene.
Sintió sus músculos tensarse y sus besos se volvieron más voraces mientras ella movía la mano arriba y abajo por su miembro, disfrutando del tacto de su piel sedosa bajo la suya. Sintió los labios de él en su cuello y cuánto la deseaba. Disfrutó de que decidiría cuánto obtendría él de ella.
—Crees que tienes todo el poder, ¿verdad? —le susurró al oído y le mordió el lóbulo con suavidad.
Sonriendo, frotó el pulgar sobre el glande de su pene, provocando que soltara un siseo.
—¿Y no es así?
—No —jadeó.
Al momento siguiente, le sacó la mano de su bañador, le rodeó la parte inferior del cuerpo con el brazo y la sacó del agua.
Penny soltó un chillido de sorpresa cuando la depositó de espaldas junto al borde de la piscina.
Deslizó sus grandes manos por sus muslos, subiéndole la falda aún más mientras besaba la parte interna de sus rodillas, acercándola al borde y usando sus dedos ásperos para apartar sus bragas…
A Penny se le cortó la respiración mientras lo miraba, respirando con dificultad.
—¿Qué haces?
—Lo que llevo soñando desde que te vi en el aeropuerto —susurró y bajó la boca hacia su centro ardiente.
Un rayo atravesó su abdomen cuando él succionó ligeramente su clítoris antes de rodearlo con la punta de la lengua.
Sus gemidos resonaron en el techo de la piscina mientras todo en su interior se contraía de placer.
Se agarró al borde de la piscina con los dedos mientras Jack le separaba más los muslos, ayudándose de un largo dedo índice. Rozó su núcleo con la lengua mientras hundía el dedo en su interior hasta la base, haciendo que el cuerpo de Penny estallara en llamas.
Las sensaciones que asolaban su cuerpo eran demasiado. No podía respirar ni pensar mientras Jack la tocara así, mientras estuviera empujando dentro de ella y haciendo cosas inconfesables con su boca. Succionando, lamiendo, trazando círculos más firmes con su lengua.
Añadió un segundo dedo mientras trazaba círculos más rápido, y esta vez, al hundirlos en su interior, apenas curvó las puntas. Le agarró las caderas y la inclinó hacia atrás para empujar dentro de ella con un ángulo diferente. Fuerte. Más fuerte. Una vez, dos veces…
El orgasmo la golpeó como una única ola de calor.
Sus uñas arañaron el cemento al borde de la piscina y echó la cabeza hacia atrás mientras la dulzura vibraba en cada fibra de su ser.
Jack continuó tomándola con su lengua mientras su abdomen se contraía una y otra vez, prolongando el orgasmo al parecer durante una eternidad, hasta que sus brazos casi cedieron bajo su peso y Jack tuvo que rodearle la cintura con los suyos para mantenerla erguida.
Penny era incapaz de abrir los ojos. Tenía que concentrarse para recuperar el aliento, para recobrar el control sobre su propio cuerpo. Eso había sido… Jack era…
—¿Penny? ¿Estás aquí dentro?
Se sobresaltó con tal violencia que casi golpea ambas rodillas contra la cabeza de Jack. El jugador de hockey entre sus piernas parecía igual de asustado.
Su éxtasis aún palpitaba entre sus piernas mientras el pánico se instalaba en su pecho. ¿La voz era real?
—¿Penny? —Se acercaron pasos con eco.
—¡Mierda, es Gareth! —susurró conmocionada, apartando nerviosa la cabeza de Jack—. Mierda. —Respirando con dificultad, cerró los ojos, sintiendo todavía los vestigios de él por todo su cuerpo; dentro de su cuerpo.
—Joder, levántate —le espetó Jack—. ¡Penny, levántate!
Su pecho aún subía y bajaba, pero hizo lo que le dijeron, levantándose y bajándose la falda con presteza.
Jack se impulsó desde el borde de la piscina y gimió, apretando los ojos. Tenía las mejillas encendidas y los labios aún brillantes.
—Tu hermano tiene una puntería nefasta —declaró con pesar—. Es casi como si no quisiera que nos divirtiéramos.
Penny no pudo evitar reírse. Se arregló la blusa, necesitando de verdad concentrarse en algo que no fuera el hormigueo entre sus muslos a causa de la barba de dos días de Jack.
—No, no quiere. Gareth es alérgico a la diversión. Él…
—¿Qué demonios está pasando aquí?
…La había encontrado. Y, cielos, cuánto se alegraba de que no hubiera irrumpido dos minutos antes. Tal como estaban las cosas, aún le temblaban las manos y tenía las rodillas terriblemente débiles.
—Hola, Gareth —respondió sin aliento, forzando sus manos a quedarse a los costados para no tocar sus mejillas calientes—. Encontré a Jack.
—Claro, en el agua —dijo su hermano, desconcertado, mirando su ropa mojada.
Oh, maldita sea. Se había olvidado de eso.
—Me resbalé —respondió, rezando para que Gareth no mirara con demasiado detenimiento y notara lo hinchados que estaban sus labios o cómo su pecho subía y bajaba sin detenerse.
—Sí. Ha sido bastante gracioso —confirmó Jack. Su voz sonaba tensa.
Ella le lanzó una mirada molesta. ¡Tenía que controlarse! Y de todos modos…
—No. No lo fue.
Jack enarcó una ceja. Como diciendo: «¿en serio quieres discutir sobre algo que nunca ocurrió?».
Bueno, era un buen punto, así que se aclaró la garganta y añadió:
—Estaba a punto de convencerlo de que subiera para ayudarte a elegir a los jugadores, pero insistió en terminar sus largos.
—Sí —respondió despacio—. En realidad, quería hacer otro tipo de ejercicio hoy, pero no tuve tiempo.
Ella se atragantó con su propia saliva, pero Gareth seguía mirando de arriba abajo su ropa calada con tal irritación que ni siquiera se dio cuenta.
—Ya terminé —dijo Jack, nadando hacia el borde y apoyando las manos en él… momento en el cual se detuvo y frunció el entrecejo.
Quizá acababa de darse cuenta de que no estaba en una condición física presentable, pero probablemente su hermano ni siquiera se daría cuenta. Gareth seguía allí de pie con el ceño fruncido, mirando de Penny a Jack y viceversa.
—Ah —dijo y luego parpadeó, sacudiendo la cabeza.
Dios, ¿cuánto tiempo hacía que Gareth no tenía sexo? ¿Ni siquiera era capaz de reconocer a dos personas excitadas? Aunque debería considerarse afortunada.
—Yo… eh, mejor me cambio de ropa antes de volver —dijo Penny, cruzando los brazos sobre el pecho. Se acababa de dar cuenta de que su blusa estaba transparente y sus pezones seguían endurecidos.
—Sí, eso estaría bien —señaló su hermano—. Ven en cuanto te hayas vestido.
—Sí, iré —dijo Jack, empezando a sonreír.
Ahora Penny estaba segura de que su cara estaba radiante.
—Bien. Dense prisa —ordenó Gareth y al momento siguiente abandonó la zona de la piscina.
Los hombros de Penny cayeron de alivio.
—Eso fue muy inoportuno.
—Vaya que sí. Casi te doy el orgasmo número seis —respondió Jack a la ligera antes de salir de la piscina.
La mirada de ella bajó por su pecho musculoso, siguiendo unas cuantas gotitas que rodaron por sus abdominales antes de descansar en la cinturilla de su bañador negro…
¡Ah, Dios, sí! ¡Cómo ansiaba ese siguiente orgasmo!
Un nuevo calor se acumuló en su abdomen, o tal vez era el antiguo calor reavivándose. Gimiendo, le dio la espalda. Era obvio que no podía pensar con claridad mientras lo miraba.
Se acababan de besar como adolescentes, pero nada había cambiado. Su apellido seguía siendo Clark y un lío con Jack destruiría su carrera con los Hawks antes de que tuviera siquiera la oportunidad de despegar.
—No te arrepentirás en serio de lo que acaba de pasar, ¿verdad? —preguntó él, con la voz tensa.
—No, no me arrepiento —respondió, dolida—. ¡Solo me odio un poco por querer hacerlo de nuevo!
Recibió una risita sorda como respuesta antes de que Jack le agarrara la parte superior de los brazos desde atrás y le lanzara un beso contra el cuello.
—Para —pidió, quitando con renuencia las manos de él de sus brazos antes de darse la vuelta—. ¡Nosotros… no podemos empezar nada!
—Ah, entiendo. —Él asintió y se frotó la barbilla antes de mirar hacia abajo y luego de nuevo a sus ojos—. Entonces, ¿qué te parece una cita?
Penny parpadeó y abrió la boca, perpleja.
—Nosotros… tú… ¿qué?
—Eso es un «puede ser» rotundo —aclaró con suficiencia.
—Yo… no. Tú… —¿Hablaba en serio? ¡No podía solo… soltar cosas así!
—Tal vez necesitas tiempo para pensarlo —concluyó, mirando con aire crítico su expresión desconcertada—. No hay ningún problema. Tómate unos días. O unas semanas. Puedo esperar.
—¿Quieres salir conmigo? —resumió, perpleja.
—Sí. No es que no me haya gustado lo de hace un momento… —Hizo un gesto hacia la piscina—. Pero siento que merezco más. Merecemos más.
No sabía qué decir. Para ella, sonaba a que no quería una aventura, ¡quería una relación! Y eso era complicado e imposible a tantos niveles que no podía contarlos con los dedos.
—Será mejor que te vayas —dijo Jack, sacándola de sus pensamientos—. Será demasiado obvio si ambos tardamos demasiado. Tu hermano no se convencerá de que se lo está imaginando otra vez.
Parpadeó y asintió. Tenía razón. Pero… ¿quería tener una cita con ella? ¿Aun cuando podía dañar su carrera?
Estaba a punto de darse la vuelta cuando Jack la retuvo por el hombro.
—Por cierto, solemos ir al Ice Lounge después de un partido en casa. Es el bar que está justo a la vuelta de la esquina del estadio.
Parpadeó confundida.
—¿Qué?
Él esbozó una media sonrisa.
—Bueno, querías una invitación. Ahora la tienes.
Ahora puedes venir y hacer que los jugadores te tomen cariño.
Un pequeño consejo: a ellos les pasa lo mismo que a Lyle y al entrenador: no entienden de amabilidad , pero la inteligencia, el humor y un pequeño tirón de orejas sí lo captan.
León en particular necesita uno para descongelarse.
Así que… no seas demasiado educada y los chicos entenderán que eres genial.
—Es una lógica retorcida —objetó, asombrada—. Pero tengo que saberlo… ¿me estás invitando solo porque acabo de enrollarme contigo?
Él sonrió de oreja a oreja.
—No.
—¿Entonces por qué?
—Porque me gustas.
A ella le dio un vuelco el corazón.
—Ah. ¿O sea que nos gustamos mutuamente? —preguntó, pareciendo estúpida.
Jack reprimió una sonrisa.
—¿No han sido los últimos quince minutos prueba suficiente para ti?
La sangre le subió a las mejillas.
—Bueno, el aspecto físico no significa que…
—Me gustas, Penny —la interrumpió él, acariciándole el labio con el pulgar en un movimiento suave—. Mucho.
—Ah —repitió, parpadeando—. Eso es malo.
—Desastroso —estuvo de acuerdo—. Por eso es aún más importante que discutamos la imposibilidad de nuestra situación mientras comemos algo juntos.
Ella se mordió el labio para contener la sonrisa.
—Hm. Bueno, mejor me… —Señaló con la cabeza hacia la salida.
—Ve.
Dio unos pasos vacilantes hacia atrás, con la mirada aún fija en su rostro.
—¿Jack? ¿Hablas en serio lo de la cita?
—Muy en serio.
—Pero…
—Siempre va a haber un «pero», ¿recuerdas?
Las comisuras de su boca se curvaron con desgana.
—Es un «pero» bastante grande.
—¿Y si no salir fuera un error todavía más grande?
No tenía ni idea de eso… así que, ¿qué más daba?