Capítulo 14 #3
—Al cuerno lo que no deberíamos hacer —la interrumpió, sacudiendo la cabeza y hundiendo más la mano en su cabello mojado mientras presionaba su pelvis contra la de ella.
Lo hizo solo porque quería ver cómo sus ojos castaños se dilataban por el deseo—.
Intentamos mantener las distancias. Fracasamos.
No podemos olvidar lo que pasó, así que vamos a recordarlo, en su lugar.
Te deseo, Penny. Todo el tiempo. —Deslizó la mano por su cuello, sintiendo el pulso acelerado bajo las yemas de sus dedos—.
Cuando estoy en la ducha o en el hielo. Cuando estoy solo o con una docena de jugadores.
Te deseo y me pongo duro solo con oír tu maldito nombre.
No puedo pensar, no puedo dormir. Me despierto y siento tus manos en mi cuerpo.
Te huelo y te saboreo en cuanto cierro los ojos…
y nada ayuda. —Deslizó la mano más abajo, recorriendo su silueta bajo el agua.
Le subió la falda y presionó su muslo entre las piernas de ella—.
Así que no me importa que esté mal. Porque lo que está mal nunca me ha sentado tan bien.
Penny se lamió los labios antes de rodearle los hombros con más fuerza. Apretó los muslos, empujó contra él. Aun así, dijo:
—Pero…
—Siempre habrá un «pero» —murmuró, pasando los dedos por la suave piel justo por encima de la cinturilla de la falda—. Y seamos sinceros, si actuáramos como adultos, tendríamos que decirnos el uno al otro por qué estamos de tan mal humor. Y ninguno de los dos quiere hacerlo, así que…
—Está bien, lo haré —dijo en voz baja, a pesar de que su respiración se volvía más entrecortada a cada segundo. A pesar de que había hincado los dedos en los hombros de él.
Dios, era mucho mejor persona que él, incluso si era la más nerviosa, porque sus siguientes palabras fueron rápidas y fluidas.
—Sugerí que utilicen a León Álvarez como extremo.
Jack abrió la boca sorprendido y parpadeó. Por un momento, olvidó que seguía dolorosamente excitado.
—Sí, lo sé —dijo ella, apartando la mirada y retrocediendo un poco.
Había sacado sus propias conclusiones por la expresión de él—.
A nadie más se le habría ocurrido. ¡Pero he estudiado sus estadísticas, Jack!
¡Es un buen defensa, pero es aún mejor asistiendo goles!
Nunca se me había ocurrido, ¿sabes? Investigué y lo observé y…
ni siquiera miraron todos los gráficos que hice. —Soltó un bufido de frustración.
Él entendía la frustración, porque, joder, estaba frustrado ahora mismo. Su pelvis ya no presionaba contra su erección, pero si Penny necesitaba que alguien la escuchara en ese momento, de acuerdo. Lo haría.
—Bien —expresó con voz ronca, intentando concentrarse. Estaba claro por qué Lyle y el entrenador habían descartado su idea por absurda. León había sido defensa toda su vida. Y nunca había oído hablar de un jugador que cambiara de posición a mitad de su carrera de esa manera.
—Me miraron como si estuviera loca, ¡estoy acostumbrada!, y luego me dieron a entender que yo no tengo voz ni voto, y que mis ideas ni siquiera merecen ser escuchadas.
Apretó los labios y le clavó las uñas en el cuello. Al parecer, no se daba cuenta de que eso no lo ayudaba a pensar con más claridad. Pero lo intentó.
—Bien. ¿Puedo darte un consejo? —murmuró, apartando la mirada de los labios de ella a la fuerza—.
No te lo tomes como algo personal. Lyle y el entrenador…
nunca dejarán que nadie interfiera en su trabajo.
Ya seas tú o Gareth. Son demasiado orgullosos para eso.
No admitirán que otra persona tenga una idea brillante.
Que otra persona vea algo que ellos no ven.
Tienes que obligarlos a escuchar. Obligarlos a poner en práctica tus ideas. Obligarlos a ver que eres inteligente.
Ella abrió la boca, confundida.
—¿Cómo?
—Bueno, ¿qué puedes hacer tú que ellos no?
Resopló.
—¡Se me da bien tratar con la gente y entiendo las estadísticas!
—Bien. —Él asintió—. Pues ve con eso.
—¿Cómo? —Lo miró… sus pezones duros no dejaban de deslizarse por el pecho de él.
Santo Dios. La prensa tenía razón; era un maldito santo. En lugar de gemir, respondió:
—No tengo ni idea. Ese es tu problema. Pero como eres bastante lista, ya encontrarás la manera. Sé persistente. Lyle, el entrenador y tu hermano no te van a dar nada gratis, así que no les des nada gratis a ellos tampoco. Pide algo a cambio por cualquier cosa que hagas que les ayude.
—Pero… —Parpadeó—. Eso suena manipulador. Tenemos que trabajar juntos. ¿No debería haber algo de cortesía?
Él soltó una risita y le apartó un mechón húmedo de la frente.
—¿Han sido corteses contigo? Además, esos tres no entienden lo que es «trabajar juntos». Lo que sí entienden es la inteligencia y la brillantez… y la ventaja estratégica.
—Pero yo no tengo ninguna ventaja.
—Pues consíguela. Usa tu inteligencia y tu brillantez. En cuanto a León… —Ladeó la cabeza de un lado a otro. Le costaba creer que el defensa fuera a ser un gran extremo, pero si Penny lo estuvo estudiando y evaluó sus estadísticas…
—¿Qué pasa con León? —quiso saber, con la voz más aguda que antes.
—Bueno, él está acostumbrado a su posición de defensa, pero tal vez deberías mirar los números. Pregúntale qué le parece. Dile que lo pruebe durante el entrenamiento. Es decir, no cuesta nada probarlo, ¿verdad?
La observó, que le devolvía la mirada con los labios entreabiertos.
Durante unos instantes, ella no se movió, solo lo vio con los ojos extrañamente brillantes.
Luego le atrajo la cabeza hacia sí y lo besó.