Secretos, Amor y Hockey (Amor y Hockey 3) Capítulo 14 #2
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Capítulo 14 #2

No. Si iban a estar cara a cara para la conversación que Penny tan desesperadamente quería tener, tenían que buscar otra solución. Y Jack ya tenía una buena idea.

Penny tiró de su mano… y él tiró hacia atrás.

Con un gritito, tropezó hacia adelante antes de caer de cabeza a la piscina.

El agua salpicó y ella le dio a Jack en el estómago con un codo mientras volvía a la superficie, jadeando por aire. Tenía el pelo pegado a la cara y al cuello y su respiración era agitada.

—¡No me digas que acabas de hacer eso! —jadeó incrédula, levantando la barbilla para mantener la nariz fuera del agua.

Él sonrió. Estar mojada le sentaba bien.

—Parecía que te hacía falta refrescarte.

Soltó un bufido, con los ojos brillando de diversión, aunque todavía estaba un poco desconcertada.

—Sí que me hacía falta refrescarme. Gracias. Aunque, por Dios, ¿estamos en parvulitos?

—Dímelo tú. Acabas de darme un discurso de «los hombres son estúpidos».

Durante unos instantes, ella se limitó a parpadear, sin comprender, mientras hacía movimientos de natación con los brazos para no hundirse. Luego dijo, perpleja:

—Joder, lo hice, ¿verdad? Vaya. Me estoy portando de forma ridícula. He tenido una rabieta. ¡Totalmente justificada! Pero aun así…

Gimiendo, se apartó el pelo de la cara antes de deslizarse hacia el borde para agarrarse.

Gotas sueltas se habían quedado atrapadas en sus pestañas y descansaban sobre su labio inferior.

Todo el rostro de Penny parecía centellear y brillar…

y nadie debería estar tan guapa bajo luces fluorescentes.

Por no hablar de que su blusa era blanca y estaba mojada; y maldita sea, se transparentaba por completo.

De repente, a Jack le resultó mucho más difícil nadar de lo habitual, así que se agarró al borde de la piscina con una mano, justo al lado del hombro de ella.

Había esperado que saliera del agua, pero Penny se quedó donde estaba, con la cabeza ladeada, como si estuviera reflexionando sobre su comportamiento. Por su parte, él estaba bastante seguro de que ella no había hecho nada malo ese día.

—¿Eso que tienes en la blusa es lechuga? —preguntó; cualquier cosa con tal de distraerse y dejar de mirarle el sujetador.

Asintió.

—Soy vegetariana. Quería apoyar a la verdura menos valorada.

Sonrió de oreja a oreja.

—Por supuesto. Entonces, ¿por qué estaba justificada tu rabieta?

Suspirando, se frotó los ojos.

—Porque acabo de tener una reunión con la directiva y ni siquiera quisieron escucharme.

—La directiva rara vez lo hace.

—Sí, lo sé. Pero yo formo parte de esa directiva en este momento, y al menos deberían haber escuchado mi sugerencia.

—¿Qué sugerencia?

Ella se mordió el labio inferior.

—No quiero hablar de eso.

Él soltó una risita suave y se aferró al borde de la piscina con la otra mano, encajonándola entre sus brazos.

Disfrutó de la forma en que se le dilataron las pupilas al hacerlo.

Sus rodillas rozaron los muslos de él. No podía mentirse a sí mismo.

No era el frío; sabía que ella era la culpable de la reveladora piel de gallina que se extendía por todo su cuerpo.

—Así que, si tú no quieres hablar y yo no quiero hablar… —dijo despacio, acercando sus manos para que sus pulgares recorrieran la tela mojada de su blusa.

Vio a Penny tragar saliva antes de que susurrara:

—¿Qué va a pasar, Jack?

Él mismo no lo sabía. Solo sabía que estaba cansado de sentirse mal por su padre y que Penny podía hacer que todo mejorara.

—Bueno —caviló—, me preguntaba si de verdad crees que todos los hombres somos estúpidos.

Las comisuras de su boca temblaron y su mirada se desvió a los labios de él. Solo fue una décima de segundo, pero lo vio. Lo sintió por todo el cuerpo.

—Estás coqueteando conmigo otra vez —susurró. Unas gotas rodaron por su mejilla y cayeron al agua, formando pequeñas ondulaciones.

—No —murmuró y deslizó la mano derecha hacia el cuello de ella. Puso el pulgar bajo su barbilla para levantarla—. Lo que estoy haciendo es mucho más que coquetear.

Penny volvió a morderse el labio. Su pecho subía y bajaba con más rapidez.

—Jack, si me besas ahora, es solo para distraerte. Para distraerme a mí .

—Me parece una idea fantástica —murmuró con la voz ronca… y la besó.

Porque ya no quería hablar. Porque ya no quería estar enfadado.

Porque quería que ella olvidara lo que tanto la frustraba.

Porque estaban solos y tenían una oportunidad.

Porque no había pensado en otra cosa durante semanas y tampoco le importaba cuántas razones más pudiera enumerar: el hecho de que lo deseara habría sido suficiente para él.

Así que cerró los ojos, presionó sus labios contra los de ella y desconectó la mente.

Sujetó el borde de la piscina con una mano, se apoyó en el pequeño escalón lateral, con los pies entre los de ella, y tomó lo que llevaba semanas deseando.

Le dio lo que ella llevaba semanas deseando.

Penelope suspiró, vaciló un segundo; y luego se entregó al beso.

Envolvió el cuello de él con sus brazos mientras presionaba la parte superior de su cuerpo contra la de él.

Jack sintió los botones de su blusa contra su pecho desnudo y sus pezones duros abriéndose paso a través de la tela húmeda.

Sintió a Penny. La saboreó. No pensó en nada más que en ella, y en cuánto la había echado de menos.

Era ridículo. Solo había sido una noche, pero también había sido una de las mejores de su vida.

Así que profundizó el beso, deslizando su lengua contra la de ella y excitándose de inmediato.

Los gemidos de ella fueron engullidos por otro beso voraz mientras su vientre se presionaba contra su erección y se frotaba contra él hasta que Jack no pudo pensar con claridad.

Le besó la mandíbula y el cuello, disfrutando de la forma en que se estremecía ante cada caricia.

Su piel estaba muy cálida en contraste con el agua fría.

Pasó el pulgar por su mejilla antes de reclamar su boca de nuevo, deseando poder quedarse en este momento para siempre.

Pero los momentos siempre pasan.

—Espera, espera —murmuró Penny sin aliento, apartándose de él. Tenía los labios hinchados, las mejillas encendidas y todavía le rodeaba el cuello con los brazos. Todo aquello contrastaba directamente con sus siguientes palabras—: No deberíamos… Deberíamos comportarnos de forma más madura.

Él tuvo que reprimir una sonrisa. Incluso cuando se estaban besando, seguía en conflicto.

—Creo que besarse es algo muy maduro.

Se rio nerviosa.

—Jack, sabes a lo que me refiero. Ya hemos estado antes en este punto. Jack…

—Sé cómo me llamo.

—¡Jack! No deberíamos…