Secretos, Amor y Hockey (Amor y Hockey 3) Capítulo 13 #3
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Capítulo 13 #3

—Bueno, ya le di una pista a Freddie —dijo, lanzándole una rápida mirada al asistente de Lyle, cuyo rostro cambió de tono al instante para igualar el de su pelo. Abrió mucho los ojos y sacudió la cabeza como si quisiera impedir que pronunciara las siguientes palabras.

Pero nadie había logrado detenerla jamás una vez que empezaba. Ningún guardia de seguridad había sido capaz de pararla antes de que le cortara la cabeza al gallo y nadie la detendría ahora. Continuó:

—Creo que deberíamos considerar usar a León Álvarez como extremo antes de fichar a uno nuevo.

Se hizo un silencio absoluto.

Penny creyó oír grillos, pero quizá fuera solo la sangre zumbando por sus oídos a doble velocidad.

Thomas Lyle fue el primero en recuperarse.

—¡¿Qué?!

Ella se aclaró la garganta de forma audible y repartió las copias que había hecho.

—Lo he estado observando en las últimas semanas y estudiando sus estadísticas. Creo que está en la posición equivocada.

—¡¿ Qué ?! —El entrenador Gray ocultó su incredulidad solo la mitad de bien que Lyle y no hizo el menor esfuerzo por mirar el papel que ahora tenía delante.

—Ay, Penny —oyó murmurar a su hermano.

Ella lo fulminó con la mirada.

—¿Qué? Sé que no es una práctica común dejar que un jugador cambie de posición, pero…

—¿A qué te refieres con que «no es una práctica común»? —la interrumpió Gray, confundido—. ¡Es una auténtica locura! ¡Álvarez ha jugado en la defensa toda su vida!

—Lo sé —afirmó con firmeza—. Pero siempre está demasiado adelantado en el hielo. Ha propiciado una cantidad increíble de goles, más que cualquier otro defensa de la liga. Y eso plantea la duda de qué pasaría si él…

—No, la duda es: ¿estás loca? —el entrenador la interrumpió de nuevo.

Penny suspiró por lo bajo. Ahí estaba otra vez. La acusación de que estaba loca. Se había acostumbrado después de un tiempo.

—No estoy diciendo que cualquier defensa pueda ser un buen delantero —se defendió alzando la voz—. Miren las estadísticas —insistió—. Mírenlas.

Nadie las miró. En su lugar, los hombres intercambiaron miradas incómodas.

¡Penny sabía que las estadísticas no mentían! No juzgaban. Las estadísticas estaban controladas y eran coherentes. No podía quedar en evidencia con los números… o eso creía ella.

—Penelope, es estupendo que hayas intentado un nuevo enfoque, pero esto es una idiotez —espetó Thomas Lyle, con una voz tan paciente y amable que Penny se sintió de repente como una niña de preescolar. ¡Ah, pero espera, habrían tomado más en serio a un niño de preescolar!

Dios, esto era tan frustrante.

—¡No es ninguna idiotez al menos considerarlo, solo miren las putas estadísticas!

—Su voz subía de volumen con cada palabra, pero no le importaba.

Si los gritos eran el lenguaje que los hombres entendían, los usaría—.

¡Tiene las estadísticas de gol más impresionantes de cualquier defensa en veinte años! Si yo fuera su entrenadora…

—¡Pero no lo eres, lo soy yo! —le gritó el entrenador Gray—. No es tu trabajo preocuparte por la alineación del equipo.

Ella apretó los labios.

—No, pero mi trabajo es decidir qué jugadores necesitamos y cuáles no. Mi trabajo es llevar el control de nuestras finanzas. ¡Y comprar un nuevo delantero sería mucho más caro que dejar que León juegue en esa posición y buscar un defensa en su lugar!

—¡Eso es ridículo! —insistió el entrenador.

—Puede que no sea el procedimiento estándar, pero si siempre siguen haciendo lo mismo, ¿cómo van a mejorar? —respondió ella con mordacidad.

—Penny —dijo Gareth en voz baja, pero con tanta autoridad en la voz que los otros dos, que ya tenían la boca abierta, se echaron atrás de inmediato—. ¿Podrías ir a buscar a Jack West? Ha jugado con Anderson y quizá pueda decirnos algo más sobre él.

Ella lo miró perpleja.

—¿Qué?

—Lo que escuchaste. Nos vendría bien su opinión.

—Pero…

—Penny, por favor.

Apretó los dientes y lo fulminó con la mirada. ¿Qué demonios estaba haciendo? Si se iba, no podría imponer su punto de vista. ¡Si se iba, nadie iba a mirar el estúpido papel sobre el escritorio ni a ver lo que ella veía!

—Es buena idea —secundó Thomas Lyle.

—Creo que Jack está entrenando. Estará en el gimnasio o en la piscina —añadió Gray.

Genial. Todos parecían estar de acuerdo en que debía irse y jugar al «equipo de búsqueda».

—Está bien —espetó con brusquedad, antes de añadir en voz baja, apenas audible para su hermano—: Gracias por cubrirme las espaldas.

—Te estoy salvando el cuello —respondió él con calma, con los ojos entrecerrados—. Antes de que estos dos corran directo a papá a decirle que eres una elección de mierda.

—Bueno, gracias por eso —respondió con frialdad antes de levantarse de golpe y salir pisando fuerte hacia la puerta.

Dios, este mundo no había cambiado. El mundo de los hombres ricos y arrogantes había cambiado incluso menos que el resto, y eso era tan frustrante.

Una bola grande, furiosa y ardiente se revolvía en su estómago.

¿Habría sido mucho pedir que al menos lo intentaran , por ejemplo, durante un solo entrenamiento?

¿Preguntarle a León Álvarez qué pensaba? ¿Hacer una prueba?

Estaba tan cansada de esto. Cansada de tener que derribar cada muro a cabezazos mientras que los hombres simplemente abrían una puerta.

¿Y dónde narices estaba Jack West?