Capítulo 13 #2
—Si no hubiera intervenido, habrían empezado un combate de boxeo. ¿Qué te hizo la señorita Barrow?
—Nada —espetó, pero las palabras salieron de su boca tan comprimidas que habrían dado envidia a cualquier diamante.
—Bueno. Entonces, ¿qué le hiciste tú a ella?
Su hermano suspiró.
—La conozco desde hace tiempo. Fuimos a la misma universidad.
—Espera. —Penny parpadeó—. ¿Esa es la tal Hazel? ¿La que te arrebató el puesto de mejor de la promoción? ¡Por su cara eso me sonaba! Estaba en tu foto de graduación.
—Sí —respondió él, rechinando los dientes.
—Espera, espera. —Penny levantó una mano—. ¿Hubo algo entre ustedes dos?
—Bueno…
—¡Oh, Dios mío, saliste con ella, ¿verdad?
! —Se le escapó sin pensar. Le pareció recordar que Gareth había mencionado a una novia.
Lo cual, para su hermano, había sido como anunciar que podía volar y que además era mitad narval.
Había estado tan obsesionado con ser el mejor en todo y superar las expectativas de sus padres que no había tenido tiempo para relaciones.
No. No tenía tiempo para una vida personal. Aun así, recordaba aquella vez…
—No, no estuvimos juntos de verdad. —Se rascó la nuca y luego frunció el entrecejo—. Bueno. Puede que sí. Sí. Pero… qué más da. —Sacudió la cabeza—. No.
Penny no pudo evitar sonreír.
—Vaya, ahora entiendo por qué está tan enfadada contigo. Si mi exnovio me hubiera hablado así, se habría comido mi puño.
—Sí, sí, claro, sigue poniéndote de su parte.
—¡No sé cuál es su versión, Gareth! Pero puedes contármela, si quieres —dijo enarcando las cejas con esperanza.
—Olvídalo. Ese tren ya pasó.
—Ajá. —Ya se lo esperaba. Gareth no era del tipo comunicativo en lo que respectaba a sus emociones o su vida privada.
Él soltó un fuerte suspiro.
—No me mires así.
—¿Cómo te estoy mirando? —preguntó con inocencia—. ¿Como si me preguntara por qué tuviste una novia a la que nunca me presentaste? ¿La única novia que has tenido jamás?
—¡Ella no era mi novia!
—Hace un momento no estabas tan seguro.
—Estaba confundido. No estuvimos juntos, éramos rivales y ella me odia. Punto.
—¿No querrás decir: «Me odia», con signos de exclamación? —preguntó con audacia—. ¡Y con mayúsculas si es posible!
Gareth suspiró.
—Cállate y entra en la sala para que podamos liquidar esta reunión de una vez.
—Ah, preferiría analizar tu relación con la señorita Barrow con más detalle. He leído que no solo es la agente de Moreau, sino también la de Fox. A él también le va a hacer falta una prórroga pronto, así que quizá deberían resolver el cabreo que se cargan y…
—Cállate, Penny —espetó Gareth con impaciencia y la empujó por la puerta hacia la sala de reuniones.
Qué pena. Habría preferido seguir hurgando en su vida un poco más.
Aquí dentro, tenía que ser valiente y expresar su opinión sobre asuntos prácticos.
No tenía grandes problemas con ninguna de las dos cosas, pero solían ir seguidas de un montón de gente molesta o irritada llamándola loca, y hoy no estaba de humor para eso.
Pero era hora de demostrar que no era ni su padre ni Gareth, y que aún podía aportar algo útil e innovador a la organización.
Saludó al entrenador Gray, a Freddie y a Lyle alzando la mano, mientras Gareth los saludaba a todos con la cabeza.
Le empezaron a hormiguear los dedos en cuanto sacó el papeleo que llevaba días preparando.
Gareth no traía ningún documento, pero Thomas Lyle repartió dos hojas de papel, cada una con la foto impresa de un jugador de hockey que la miraba con gesto severo.
Uno tenía la piel aceitunada y unos bonitos ojos azules, mientras que el otro parecía haberse frotado el pelo con lejía y luego haberse quedado dormido al sol donde, por desgracia, alguien debía de haberle lanzado un diente de un golpe.
Eran el canadiense Jason Devreaux y el sueco Fynn Anderson, de quienes ya había hablado con Freddie.
Ambos eran posibles delanteros para el equipo.
—Devreaux está actualmente con los Whales, pero no está contento, y Anderson ha lanzado algunos tanteos y quizá se le podría convencer con un buen intercambio —señaló Lyle, yendo directo al grano. Las charlas banales no eran una prioridad para la directiva.
Eso era bueno, así Penny podía lanzarse directo a la piscina. Solo tenía que esperar el momento adecuado.
—Devreaux tiene un disparo de muñeca brutal, pero Anderson tiene mejor resistencia —terció Gray—. Ha promediado casi dieciocho minutos de tiempo en el hielo durante los últimos diez partidos de la temporada.
Penny abrió la boca…
—Sí, puede que haya estado en el hielo dieciocho minutos cada vez, pero ¿cómo los aprovechó? —quiso saber Gareth—. Apenas marca goles.
Penny volvió a abrir la boca. Solo tenía que…
—¡Está preparando docenas de jugadas! Para marcar goles ya tenemos a Payne, West y Temple —respondió Gray con calma.
Bueno, el momento adecuado aún no llegaba. Tenía que esperar al siguiente… y lo aprovechó cuando Parker Gray tomó aire.
—¿Disculpen? Tengo varias ideas sobre esto —dijo, y casi levantó la mano. Como en el colegio. Se detuvo a tiempo.
Todos los hombres se volvieron hacia ella.
—¿Y cuáles son? —preguntó Lyle. Su voz sonaba impaciente, pero Penny tenía que reconocerle el mérito de, al menos, intentar parecer interesado.