Capítulo 13
Capítulo Trece
J ack tenía razón: Dax se mantuvo callado.
Penny no sabía qué tipo de relación tenían, pero no parecían odiarse.
El perfil de Dax debía estar desactualizado.
No obstante, durante los días siguientes, recibió algunas miradas afiladas y una horda de ojos curiosos y dubitativos por parte del delantero.
¿Qué demonios le había dicho Jack? ¿Que fue cosa de una vez y que no había nada más entre ellos? ¿Que odiaba que ella hubiera resultado ser su jefa, porque le habría gustado invitarla a salir? ¿Ser felices para siempre? ¿Que era una loca que se había aprovechado de su momento de debilidad?
Debería haberse quedado a escuchar, pero entró en pánico y sintió tanta vergüenza que ni siquiera lo consideró.
Dios, era una idiota. Se había dejado llevar por las miradas de Jack, por sus palabras y por toda su actitud, que tanto había echado de menos durante las últimas semanas.
Era absurdo. Apenas se conocían… pero tenía la sensación de que tenían algo en común.
Sentía que había algo más que una aventura de una noche entre ellos.
Sentía que podría haber mucho más, si no estuvieran atrapados en sus estúpidos roles.
Si vivieran en una isla desierta, por ejemplo.
Pero era irrelevante. Él era Jack West, el santurrón máximo goleador de los Hawks. Ella no podía hacer nada con él... pero podía tomarse sus palabras en serio.
«Deja que juzguen. Tú sabes quién eres. Ellos no».
Tan simple. Tan cierto.
Si los demás no querían darle la oportunidad de conocerlos mejor, entonces ella no les seguiría dando la oportunidad de ignorarla.
Así que, cuando llegó la reunión del viernes con la alta dirección sobre un nuevo delantero, tres días después de aquella inoportuna charla subida de tono en el vestíbulo del hotel, no solo había preparado un plan, sino también tres páginas de estadísticas sobre León Álvarez.
Puso una expresión indiferente y fría en el rostro.
Haría lo que cualquier gestora y CEO que se preciara haría: gritar su opinión lo más alto posible.
De hecho, como preparación, no había usado la voz durante la mitad del día anterior.
Y cuando oyó la voz atronadora de Gareth al final del pasillo, se alegró de haberlo hecho.
Su hermano tenía una voz envidiablemente potente, una que podía competir con la sirena de cualquier barco.
—…¿estás loca ? Es imposible que esperes que responda a esta oferta con algo que no sean carcajadas.
—¿Sabes reír? ¿Por fin has entrenado la boca como te enseñé?
—Hazel… —gruñó él.
Oh, Dios, estaba usando su voz de asesino. Debería acelerar el paso.
—Para ti sigo siendo la señorita Barrow.
—¡Hazel! ¿Podrías por una vez actuar como un ser humano, y no como una banshee enloquecida, y hacer tu trabajo como debe ser? Moreau no vale esa ridícula cantidad de dinero.
—¿Perdone? —intervino una voz oscura y lúgubre; era el portero Moreau—. Soy el mejor maldito portero de la liga.
La mujer suspiró.
—Moreau, por favor, sigue caminando. No te necesito aquí.
—Pero esto trata sobre mí —respondió él en voz baja.
—Y estoy segura de que la gente habla de ti todo el tiempo cuando no estás delante, así que…
—Me quedo —insistió él—. Antes de que acaben saltándose al cuello el uno al otro. Un dueño de equipo muerto sería tan malo para mi contrato como una agente muerta.
—Nadie aquí va a matar a nadie —dijo Gareth, resoplando.
—Habla por ti.
—Oh, Dios mío. —La voz de su hermano sonaba tan exasperada que Penny se preguntó si ya habría pasado tres horas peleándose con un grupo de niños de guardería esa mañana—. ¡Me estás cabreando, Hazel! Si no puedes actuar como una adulta, esta conversación no tiene sentido.
—Cielos, oír esas palabras saliendo de tu boca.
—¿Qué se supone que significa eso?
—¡Es simplemente extraño que no quieras ver ni decir nada malo, cuando a lo único que estás llamado realmente es a no oír nada malo!
—Oye, a mí siempre me dijeron que cerrara la boca antes que los oídos.
—¡Deberías aprender a negociar en lugar de insultar al agente de uno de tus mejores jugadores! Por otra parte, nunca has sido bueno negociando, ¿verdad? Por eso siempre quedabas segundo por detrás de mí en la universidad. Nunca entendiste la palabra compromiso .
—Negocio con quienes se lo ganan. Con quienes actúan de buena fe. ¡Ambos sabemos que tu sugerencia es irracional y que habrías hecho una oferta mejor a cualquier otro! Eres una vengativa, cáustica…
—Hola, ¿puedo ayudar en algo? —Penny interrumpió a su hermano. Nada de lo que pudiera haber seguido a esas palabras habría servido para calmar la situación.
Tres cabezas se giraron hacia ella: Lucas Moreau, Gareth… y una mujer alta y guapa con unos tacones altísimos y un cabello liso y azabache. A Penny le resultaba un poco familiar.
—¿Has contratado a una asistente o qué? —preguntó la mujer mirándola con escepticismo.
Genial. Se había puesto una falda negra y una blusa cerrada para aparentar ser más profesional, pero al parecer, seguía viéndose joven y servil.
Puede que las diminutas cabezas de lechuga estampadas en su blusa no ayudaran, pero Penny no tenía ninguna blusa sin dibujos —¿dónde estaba la diversión en eso?
— y había esperado que desde lejos parecieran lunares.
—Es mi hermana —espetó Gareth en tono ácido. Los ojos de la agente de Moreau se abrieron tanto que casi se podría haber servido té en ellos.
—¿Tu hermana? —jadeó—. ¿Qué demonios? Bueno, supongo que los Clark se merecen un huevo bueno para compensar lo podrido que estás tú.
Oh, vaya. Nunca había visto a Gareth tan rojo.
Si las cosas no funcionaban con los Hawks, siempre podría conseguir un trabajo como cono de tráfico.
Pero antes de que pudiera abrir la boca y decir algo que sería escandalosamente malicioso, Penny dio el último paso hacia la habitación y le ofreció la mano a la agente.
—Hola, soy Penelope Clark —se presentó con suavidad—. ¿Usted debe de ser Hazel Barrow? Envió la extensión del contrato de Moreau por correo electrónico la semana pasada.
Penny había leído el documento. No sabía mucho de contratos, pero había pensado que no vendría mal echarle un vistazo.
—Sí —respondió su interlocutora y le estrechó la mano. Luego se aclaró la garganta y añadió—: Lo siento, pensaba que eras su asistente.
—No hay problema —aceptó con ligereza, aunque agradeció la disculpa—.
Mi hermano a veces es incapaz de expresarse con profesionalismo…
Tras leer su propuesta, creo que hay algunos puntos que aún deben negociarse.
Aunque Gareth no haya podido comunicarlo a un volumen normal, el aumento en el salario del señor Moreau que solicita simplemente no es proporcionado; un quince por ciento es demasiado.
Desde luego, queremos que se quede, pero no cuando podríamos comprar dos porteros nuevos con su prima.
Lucas casi no ha tenido lesiones en los últimos dos años, pero estuvo ausente muchos meses antes de eso…
y seamos sinceros, con esa cara de pocos amigos y esa aura de asesino, en algún momento alguien le disparará por accidente en la calle.
Las cejas de Moreau se fruncieron con irritación, haciéndole parecer un poco más amenazador, pero la boca de Hazel Barrow amenazó con una sonrisa.
—Estoy de acuerdo contigo en ese punto —admitió—. Sin embargo, Moreau ha luchado por volver a la cima y…
—Vuelve a estar en plena forma, sí. Pero si se tienen en cuenta sus ausencias, ha jugado menos partidos de media.
Y su rodilla todavía le da problemas de vez en cuando.
Sus estadísticas son buenas, pero tampoco es que sean mucho mejores de lo que eran hace tres años.
No me malinterpretes, creo que estaríamos dispuestos a aumentar su prima de forma sutil, pero tienes que cedernos terreno.
La señorita Barrow entrecerró los ojos en rendijas y examinó a Penny con atención. Luego lanzó una mirada rápida a Gareth, que rechinaba los dientes con los brazos a la espalda. Finalmente, declaró con calma:
—Me caes bien, Penelope. Tienes más sentido común en el dedo meñique de lo que tu hermano tiene en todo su cuerpo.
Penny lo dudaba, ya que Gareth era la persona más inteligente del mundo, pero se lo guardó para sí misma.
—Está bien, volveré a echar un vistazo al contrato y lo enviaré de vuelta al final de la semana. Vamos, Moreau, todavía tenemos que discutir el acuerdo publicitario con Omega.
—No. Dije que nada de fabricantes de relojes —masculló el portero, sacudiendo la cabeza. Luego les dio la espalda y siguió a su agente por el pasillo—. Todo el mundo siempre quiere que me quite la camisa para los anuncios. Como si llevara el reloj en el pezón izquierdo y no en la muñeca izquierda.
El bufido de Penny quedó ahogado por alguien que se aclaraba la garganta y, cuando se giró, se encontró cara a cara con Thomas Lyle, que estaba apoyado en el marco de la puerta de la sala de conferencias.
—¿Terminaron? —preguntó este con tensión—. Estamos esperando aquí dentro. —Hizo un gesto hacia el interior, donde se encontraban un avergonzado Freddie Cravitz y un escéptico entrenador Gray. Añadió en voz baja—: Es genial que al menos uno de ustedes pueda mantener la cabeza fría y un tono amable.
El calor subió a las mejillas de Penny y algo parecido al orgullo llenó su pecho.
—Gracias. ¿Podría tener unos momentos con mi hermano? No tardaremos mucho.
—Claro —respondió Lyle a secas, lanzándole a Gareth una mirada de desaprobación antes de cerrar la puerta de la sala de conferencias.
Este último soltó una ráfaga de aire antes de frotarse las sienes. Estaba molesto, pero ¿consigo mismo o con la situación?
—Joder, eso escaló rápido —declaró con sequedad.
—No me digas. —Ella lo miró, divertida. Por una vez, era reconfortante verle sin esa calma y compostura habituales—. Cielos, Gareth, eres un hombre de negocios de sangre fría, no un volcán en erupción. ¿Qué te pasa?
—Ah, no fue para tanto.
Ella se rio.