Secretos, Amor y Hockey (Amor y Hockey 3) Capítulo 12 #2
41%

Capítulo 12 #2

—Pero es que no quiero —la interrumpió con firmeza—. ¿Por qué iba a buscar información sobre ti en internet cuando te veo cada día y puedo preguntártelo yo mismo?

Ella se rio y él sintió sus hombros vibrar bajo su toque.

—¡Dios, tú eres el que está loco aquí! Sabes que nuestro acuerdo del aeropuerto ya no es válido, ¿verdad? Podemos averiguar quién es el otro.

Jack resopló y dejó caer las manos de sus hombros antes de soltarla por completo a regañadientes.

—Claro. Porque Google es la mejor manera de descubrir qué clase de persona es el otro.

Siendo francos, Penny, si nuestro pasado determinara qué clase de persona somos hoy, yo no cargaría con el nombre de Santo , sino que vestiría un uniforme naranja.

Pensaba que, a pesar de todo, no nos juzgaríamos el uno al otro.

Ella tragó saliva y, cuando su mirada se encontró con la de él esta vez, sintió como si pudiera ver un mar de emociones en sus ojos, tantas que un mal nadador podría ahogarse en ellas. Ira, esperanza, duda, alegría… de todo. Sus emociones eran tan contradictorias como su carácter.

—Todo el mundo juzga, Jack —susurró—. Siempre y en todo momento.

—Entonces deja que juzguen —respondió con calma—. Tú sabes quién eres. Ellos no.

—¿Que yo sé quién soy? —preguntó con duda—. Eso es una tontería. Empiezo a pensar que nadie sabe quién soy.

«Yo lo sé».

Las palabras estuvieron en la punta de su lengua, pero nunca salieron de su boca. Eran tontas. Ridículas, en realidad. Incorrectas. ¿O no lo eran?

Penny lanzó un largo y profundo suspiro.

—No importa. Estar loca me complica la vida.

Si no circularan tantas historias absurdas sobre mí por internet, tus compañeros y la directiva quizá me tendrían más respeto.

Pero ¿cuál es la situación? Ah, sí: solo se interesarían por mí si fuera un disco de hockey o una stripper.

—A pesar de todo, una sonrisa amenazó con envolver las últimas palabras.

—Los demás no pensaban que eso te molestara mucho —señaló él.

Ella restó importancia con un gesto.

—Dios, no. Para ser sincera, fue un poco divertido. Siempre me comparo de esa manera.

—¿Con una stripper?

Ella se rio y parte de la tensión pareció desprenderse de su cuerpo.

—¡No! Pero gracias por eso. Me refería a un disco de hockey.

—¿Por qué?

—Bueno, ¿no te has dado cuenta? A la gente le gusta darme empujones de un lado a otro.

Y si no voy adonde ellos quieren, me siguen golpeando.

—Su voz era calmada y alegre, pero su rostro demacrado no encajaba—.

En serio: todo el mundo quiere que mienta al equipo y diga que la transición será fácil y que no les afectará lo más mínimo.

¿Cómo de estúpido cree Lyle que son? ¿Y desde cuándo decir la verdad se convirtió en algo excéntrico ?

Él la observó pensativo. Parecía absurdo que su apellido fuera Clark, porque la familia más rica de California llevaba décadas mintiendo, sin duda.

—Penny, ¿puedo hacerte una pregunta? —preguntó él en voz baja. Era una pregunta que todo el equipo se había estado haciendo durante una semana—. ¿Siquiera quieres ser la dueña de este equipo?

Por un momento, ella arqueó las cejas con sorpresa antes de mirarse las zapatillas peludas y manosear el paquete de M&M's que tenía en la mano. Finalmente, admitió:

—Quiero hacer algo bien, Jack. No ser vista como un loco fracaso a ojos de mi familia. Y sería una dueña fantástica.

Él asintió despacio. Lo entendía.

—El problema es que los jugadores no me conocen y, si te soy sincera, no me van a dar una oportunidad —continuó ella.

Movió la mandíbula de un lado a otro antes de que su mirada aterrizara de nuevo en el rostro de él—.

A menos que, por supuesto, alguien me invite a ir cuando el equipo sale a tomar algo.

O simplemente me invite a salir delante de todos los demás —dijo con naturalidad—.

Eso me ayudaría mucho , para ser honesta.

Solo desearía conocer a alguien dispuesto a hacer eso… —Le miró con esperanza.

Jack resopló divertido.

—Así que, ¿quieres que un extraño te haga un favor? ¿O de repente ya no soy un extraño cuando se trata de ayudarte?

Ella frunció el entrecejo.

—¿No puedes ponérmelo un poco más fácil?

—Hm. —Tuvo que pensarlo un momento. La palabra fácil no guardaba ninguna relación con ella—. Bueno. Te avisaré la próxima vez que hagamos algo juntos, pero ¿qué obtengo yo a cambio?

Suspiró y se cruzó de brazos sobre su pecho esbelto.

A él solo le hicieron falta cinco segundos para darse cuenta de que no había mentido antes. Tenía frío de verdad. Y, Dios, no llevaba sujetador otra vez. Reprimió un gemido.

—Mmm… ¿Mis M&M's? —ofreció, tendiéndole el paquete.

—Oh, no, estaba pensando más bien en un favor.

—¿Qué clase de favor? —preguntó con suspicacia.

—No lo sé. Aún tengo que pensar en uno. Pero tengo el presentimiento de que podría necesitarlo en algún momento. Así que tendrás que dejarlo para otra ocasión.

Nerviosa, tiró del dobladillo de su pijama.

—No creo que sea una buena idea —dijo en voz baja—. Porque me pareces extremadamente creativo.

Él sonrió.

—Oh, lo soy. Pero ese es el trato: yo te ayudo con el equipo y tú me debes un favor. —Le tendió la mano.

Penny se quedó mirando su mano durante unos segundos interminables, luego suspiró profundo y se la estrechó.

—Está bien. Tenemos un trato. Aunque apuesto a que me arrepentiré en algún momento. Pero de eso ya se preocupará la Penny del futuro.

—El Jack del futuro está deseando que llegue ese momento.

Ella sonrió.

—Seguro. Sin embargo, una advertencia para el Jack del futuro: puede que yo no sea una boa constrictora, pero tengo acceso a algunas.

Él soltó una risita suave, sintiendo las uñas de Penny arañar ligeramente la palma de su mano.

—¿Es una amenaza?

—Sí —respondió, aunque su voz sonaba insegura.

—Bueno, puedes intentar amenazarme —dijo él en voz baja, dando un paso hacia ella—. Pero ¿hace falta que te recuerde que soy mucho más grande y pesado que tú?

—Oh, no tanto. Creo que podría tumbarte —rebatió con confianza, curvando una comisura de los labios.

No tenía ninguna duda de que podría conseguirlo, porque lo único que tenía que hacer era pedirle que se tumbara y él lo haría.

—Bueno, está el asunto de que posiblemente me tome una amenaza como algo personal. Y entonces, por venganza, filtraré algo íntimo sobre ti a la prensa.

Los ojos de Penny brillaron como si estuviera más que dispuesta a pelear con él.

—¿Ah, sí? ¿Como qué? —preguntó con rebeldía.

Él inclinó la cabeza un poco más hasta que compartieron el mismo aire al respirar.

—Como que te gusta morder los lóbulos de las orejas cuando llegas al orgasmo. Apuesto a que algunas revistas podrían estar interesadas en eso.

La oyó tragar saliva. Vio cómo se le dilataban las pupilas. Y, sin embargo, no se alejó. Se quedó donde estaba para que él pudiera respirar su aroma a sol y a Penny.

—Es mucho más probable que la prensa se pregunte cómo sabes tú esa información —le informó en voz baja, con la mirada anclada en la de él.

—Podría darles un informe detallado. Mi memoria es excelente.

Ella se rio y se le formaron pequeñas arrugas alrededor de sus ojos castaño claro.

—¿Estás coqueteando conmigo otra vez? ¿Incluso después de que te lo prohibiera?

Jack hizo una mueca.

—¿Es que nadie coquetea nunca contigo? ¿O es que soy tan malo que siempre tienes que preguntarlo?

Se rio con más fuerza y puso una mano en el brazo de él. El contacto fue absolutamente inocente, tan ligero y desenfadado como el humor que compartían, en marcado contraste con el calor que le quemaba a través de la camisa.

—En realidad es culpa mía —le aseguró ella—. Hacía mucho tiempo que nadie usaba su encanto de forma tan descarada para intentar llevarme a la cama otra vez.

—¿En qué sentido estoy usando mi encanto?

—Estás demasiado cerca de mí, ¿verdad? —murmuró mientras sus dedos recorrían su bíceps—. Y mi memoria también es excelente. No importa cuánta ropa lleves puesta. —Sus dedos llegaron a su palma y trazaron círculos sobre la piel sensible.

Mierda, ¿desde cuándo las manos eran zonas erógenas?

—¿Entonces tú puedes imaginarme desnudo a mí , pero yo no puedo imaginarte a ti?

—Sí —susurró, sonriendo—. Porque soy tu jefa. —Su mano se desplazó hasta el pecho de él y bajó por la hilera de botones, provocando que se le pusiera la piel de gallina—. Y lo haces de todos modos. Tanto si te lo prohíbo como si no. Y lo entiendo. Pero es una idea estúpida.

La garganta se le cerró.

—¿Te refieres al orgasmo número cinco? —susurró él, agarrándole la mano y presionándola contra su pecho, justo encima del corazón, que se comportaba como un colegial excitado antes de que sonara la campana del recreo.

La oyó tragar saliva de nuevo.

—Sí.

—¿Cómo puede ser una mala idea algo tan bueno? —preguntó él, recorriendo con el índice la curva entre el cuello y el hombro de ella.

Los párpados de Penny temblaron, pero no los cerró.

—Ya hablamos de esto.

—¿Ah, sí? Porque parece que se me ha olvidado. Y, sin embargo, tengo una imaginación estupenda. —Rozó con los labios la sien de ella, bajando hacia su mejilla, aspirando su aroma—. Todavía hay mucho que quiero hacer. Ni siquiera te he probado todavía… con la boca…

—¡Madre mía, cállate antes de que vomite en el pasillo!

Penny lo empujó con tanta fuerza que Jack golpeó su barbilla contra la de ella antes de tambalearse hacia atrás. Le crujió el cuello al girar la cabeza y encontrarse con la cara de Dax. Su hermano parecía que acabara de asomarse al infierno... y hubiera encontrado algo mucho peor de lo esperado.

—¿Fue a ella a quien recogiste en el aeropuerto? —Su voz sonaba tan horrorizada y alta que bien podría haber sido la de un adolescente que acabara de pillar a sus padres teniendo sexo—. ¿Hablas en serio, Jack? ¡¿Es que tienes ganas de morir ?!

—Ay, Dios —exclamó Penny, tapándose la boca por la impresión y mirándolo con terror—. ¿Se lo dijiste?