Capítulo 12
Capítulo Doce
¿ Q ué demonios quería Penny con ese payaso?
Ese pensamiento seguía rondándole la mente cuando regresó al hotel dos horas más tarde. No había estado de humor para el club de striptease que León le había recomendado.
Freddie Cravitz era el mayor friki de la tierra y, para colmo, un inseguro.
Eso le quedó más que claro durante los últimos ciento veinte minutos.
El tipo era tan simpático que Jack ni siquiera podía odiarlo, lo cual era molesto porque se había preparado para ello en cuanto lo vio sentado en la mesa con Penny.
No podía evitarlo. Ella era un maldito imán al que no podía resistirse.
Escuchaba su voz, su risa, sus suspiros… y sus ojos la encontraban.
Oh, Dios, estaba obsesionado, ¿verdad?
¡Y no con el hockey, sino con una mujer! Aquello era más que preocupante.
Frunciendo el ceño, Jack levantó la vista y se quedó mirando el espejo de la pared del ascensor. Perplejo, parpadeó y se inclinó hacia delante, horrorizado al ver que sus mejillas se habían puesto rosadas. Oh, mierda, no estaba obsesionado. Era mucho peor. Estaba enamorado. De su jefa.
—Joder —susurró, frotándose la cara.
Aquello era malo, muy, muy malo. La última vez que se había enamorado por una groupie que coleccionaba números de dorsales fue cuando tenía veintiún años.
Pero entonces era joven y estúpido y estaba hambriento de afecto.
Acababa de recibir su primer cheque y sus hermanos no le hablaban, así que había confundido el sexo con amor y…
bueno. Esa vez se le pasó rápido. Ya no era tan joven y desde luego no era estúpido, pero, joder, deseaba a Penny.
—Carajo —repitió en voz baja.
El ascensor se detuvo y salió. Nervioso, se desabrochó el botón superior de la camisa, cuyo cuello se le había vuelto demasiado estrecho en los últimos segundos, y se quedó petrificado. No estaba solo en el pasillo.
Frente a él había una alpaca, una alpaca que estaba introduciendo un billete en la máquina de aperitivos antes de sacar un paquete de M y eso le nublaba el cerebro.
Con miedo, porque era absurdo. Con deseo, porque sabía lo que se sentía con Penny desnuda, presionada contra su cuerpo.
Con una confusión aguda, porque aquello solo podía acabar en un desastre.
Aunque estaba acostumbrado al desastre. Toda su infancia lo había sido. Cada relación. Cada aventura. Todo . Así que, ¿qué más daba?
—¿Y bien? —preguntó con naturalidad mientras Penny fruncía el ceño y se quedaba mirando el brazo que le impedía el paso—. ¿Cómo va tu primera semana?
—¡Oh, fantástica! —Su sarcasmo daría envidia incluso a los mismísimos vampiros—.
Siempre es genial que un montón de atletas profesionales te ignoren o te insulten.
¡También disfruto del hecho de que el director general no me tome en serio, mi hermano piense que voy a rendirme en cualquier momento y tú me estés haciendo la vida innecesariamente difícil!
Es justo como siempre imaginé el paraíso.
—Bueno, al menos parece que has encontrado un amigo íntimo .
Irritada, Penny lo fulminó con la mirada durante unos segundos y luego gruñó con fastidio:
—Ay, Dios, ¿estás hablando de Freddie? ¿Es por eso por lo que me has tendido una emboscada aquí? ¿Porque algún gen machista y primitivo te dice que estés celoso, que marques tu territorio?
Bueno, él no lo habría expresado de esa manera…
—Venga ya, Jack, esto es ridículo —añadió ella con pragmatismo—.
Estadísticamente, ¿sabías que las mujeres son más celosas que los hombres, pero que los hombres son más propensos a actuar de forma estúpida cuando están celosos?
Bueno, esto último me lo acabo de inventar, ¡pero estoy segura de que es verdad!
—Puso los ojos en blanco—. ¡Freddie es el único tipo que ha sido amable conmigo en los últimos días!
Se merece un premio. Y no tienes de qué preocuparte porque, como bien sabes, no me acuesto con mis empleados.
Enfadado, Jack frunció el entrecejo.
—¡Yo habría sido amable contigo si no me lo hubieras prohibido!
—¡No te prohibí ser amable, te prohibí coquetear y mirarme como si me estuvieras imaginando desnuda! —protestó—. Desde luego, no te prohibí invitarme a la fiesta de después del partido. Así que gracias por excluirme esta noche.
—Oye, no nos conocemos, ¿recuerdas? —dijo él ahora, levantando las manos a modo de defensa—. Habría sido raro que te hubiera pedido que vinieras.
—Claro —respondió ella con tono seco—. No querríamos que nadie pensara que estabas siendo educado. Eso no encajaría en absoluto con tu imagen de Santo .
Él suspiró.
—¿Cómo se supone que voy a seguir todas estas estúpidas reglas?
No puedo mirarte como si estuvieras desnuda, ¡pero tampoco puedo ignorarte!
¡No puedo coquetear contigo, pero tampoco puedo ser grosero!
¿Y por qué tengo la sensación de que he hecho algo más estos últimos días, algo que no tiene nada que ver con estas reglas?
Penny apretó los labios.
—No tengo ni idea de qué me estás hablando.
Él resopló y se inclinó hacia ella.
—Oh, vamos. No solo soy culpable de haberme acostado contigo, ¿verdad?
Ella no dijo nada.
—Muy bien, si no quieres hablar, lo haré yo. Tu plan no está funcionando, Penny. Es imposible ignorarte e imposible olvidarte.
—Porque estoy así de loca, ¿verdad? —lo interrumpió tajante.
Ah, sí. Había acertado. Su elección de palabras seguía molestándola.
—Penny —dijo él, rodeándole los hombros con el brazo—. No quería herirte, ¿de acuerdo? Se me escapó. Y estar loca no es algo malo.
—Oh, sí, Jack, en este mundo sí lo es —respondió irritada—.
Cualquier cosa que se salga de la norma es mala.
Ser una mujer en un puesto directivo es malo.
Olvidar un solo nombre entre las docenas de jugadores de los Hawks es malo.
Haber tenido una fase salvaje hace años es malo y que tú me gustes también es malo.
Así que deja de hacérmelo difícil. ¡Bastante duro es ya no perder los papeles para que no me tachen de loca otra vez!
—¿Otra vez? —repitió él, confundido.
—Vamos, ¿acaso no me has buscado en Google, Jack? —espetó, molesta.
Él abrió la boca, sorprendido, antes de negar con la cabeza.
—No.
Penny pareció genuinamente desconcertada.
—¿No has leído sobre todas las locuras que hice en los últimos diez años?
—No —repitió, confuso—. ¿Debería haberlo hecho?
Ella abrió la boca, parpadeó y volvió a cerrarla.
—Bueno, apuesto a que tus compañeros de equipo sí lo han hecho, así que, si hubieras querido, entonces…