Capítulo 11
Capítulo Once
L os Hawks ganaron cinco a dos. Aun así, la confusión, y no la alegría, era el sentimiento dominante cuando Penny llegó una hora más tarde al hotel donde se alojaba todo el equipo y sus acompañantes.
¿Jack la había saludado con la mano?
¿Seguía la gente haciendo eso? ¿Saludar con la mano en lugar de enviar un mensaje? Y si sí, ¿fue a ella? Porque lo ignoró durante la última semana, y la última vez que habían hablado, él había estado de un humor quejumbroso, no de un humor para saludos.
Pero la estaba mirando, ¿verdad? Era ridículo, pero le pareció sentir su mirada sobre ella incluso desde aquella distancia y a través del visor.
—¡Tengo veintiséis años, puedo beber cerveza! ¡Ay, por Dios, pero sí, compruebe mi identidad!
Parpadeando, Penny regresó al presente y alzó la vista hacia su acompañante mientras este presentaba su carné a la camarera, con la cara de un rojo brillante a juego con su pelo color zanahoria.
En defensa de la camarera, Freddie Cravitz, el asistente personal del director general Thomas Lyle, parecía joven.
¡Y eso lo decía ella! Cuando él le había hablado en el palco VIP durante el partido, Penny pensó por un momento que uno de los inversores se había traído a su hijo.
Cuando se presentó como la mano derecha del director general, echó la cabeza hacia atrás riendo, confundiendo al pobre chico de forma increíble.
Luego se apresuró a explicar que algo en el hielo le había hecho gracia antes de devolverle el apretón de manos.
Sin embargo, como Penny descubrió, la apariencia modesta de Freddie era engañosa.
En realidad, era un completo friki del hockey; de hecho, un friki en general.
No lo ocultaba muy bien con su camiseta de Juego de Tronos y su cartera de velcro de Iron Man , ninguna de las cuales le hacía parecer más maduro.
Sin embargo, Thomas Lyle lo había contratado por su cerebro, no por su actitud, lo que habría hecho que Penny sintiera casi simpatía por el director general si este no hubiera sido un imbécil tan grosero con ella.
—Tomaré un whisky Laphroaig Select —dijo, sonriendo a la camarera. Se lo había ganado después de que, al felicitar a unos cuantos jugadores por su victoria, le preguntaran si disfrutó del champán o si el frío de este la había molestado tras su incursión en Sudamérica.
El departamento de relaciones públicas le aseguró que su padre siempre veía los partidos desde el palco VIP, pero, al parecer, los jugadores tenían estándares diferentes en lo que se refería a ella.
Gareth, al menos, no había recibido ningún comentario estúpido sobre el alcohol caro, que ella supiera.
—Todo el tiempo es lo mismo —se quejó Cravitz con mal humor—. ¡Siempre me piden la identificación! Incluso cuando estoy con gente que obviamente pasa de los treinta.
—Oh, no te preocupes por eso. A mí también me pasa seguido —dijo, absteniéndose de informarle de que los hombres con Daenerys, la Madre de Dragones, en la camiseta solían pasarlo peor en un restaurante con estrella Michelin que los demás. Injusto, pero cierto.
—Ya, pero tú no llevas maquillaje y vistes ropa que… —Cerró la boca de golpe y se sonrojó—. Lo siento. Fue inapropiado.
Penny se rio.
—Prefiero lo honesto e inapropiado a lo deshonesto y educado —confesó—.
Y sé que podría esforzarme más para dejar de parecer tan joven, ¿pero sabes lo difícil que es quitarse el maquillaje?
Me acostumbré a no usarlo en el calor de Sudamérica porque, de todos modos, aquello se habría derretido. Y es difícil romper los viejos hábitos.
Freddie sonrió, aunque fuera con un poco de vergüenza.
—Me gusta cómo vistes. Es menos intimidante.
Sí, quizá ese era el problema: que ella no intimidaba a los jugadores como lo hacía Gareth… bueno, Gareth intimidaba a todo el mundo en general.
Suspiró y miró más allá de Freddie hacia la sala llena de jugadores de los Hawks. No sabía cómo se las arreglaban, pero todos parecían estar sentados dándole la espalda. No, no todos. Había uno…
Desvió la mirada y tomó un panecillo de la cesta.
—No me gusta usarlo a mi favor para asustar a la gente —dijo, encogiéndose de hombros.
—Hm. —Freddie la miró con escepticismo—. Eres diferente de todos los ricos del mundo. Me gusta.
Vaya, Freddie le caía bien. A veces era pomposo y le gustaba hacerse el importante soltando grandes cifras, ¡pero al menos era amable!
Al fin y al cabo, no podía esperar una invitación a cenar de los jugadores.
El único consuelo era que Gareth tampoco había recibido ninguna.
Pero él se había ido a su habitación para hacer algunas llamadas telefónicas y, quizás, para despedir a unas cuantas personas además.
Algunos de los jugadores que habían terminado de comer caminaron en su dirección. Penny les sonrió y… fue ignorada.
Suspiró. Todo el mundo se estaba portando de una forma muy adulta. No era culpa suya que su padre hubiera organizado esta competición absurda.
—Tal vez se distrajeron con las mujeres guapas de la barra —dijo Freddie en tono diplomático, entornando los ojos hacia la derecha para que quedara indudablemente claro quién se distraía con las mujeres guapas.
—No —respondió con ligereza—. Es que no les caigo bien. Creen que no sé nada de hockey y que arruinaré el equipo.
—Oh, a mí tampoco me quieren, así que no es nada especial. —A Freddie se le pusieron rojas las orejas—. Y no es que piensen que no sé nada de hockey. Piensan que soy un flojo.
Penny se atragantó con el agua y tosió con fuerza en su mano.
—Ah, vamos —expresó, restándole importancia—, estoy segura de que…
—Oh, sí. He oído a León Álvarez llamarme así varias veces —la interrumpió el pelirrojo con mal humor—. Y ni siquiera se molestó en bajar la voz.
—León Álvarez es un completo idiota —dijo ella con una sonrisa, zanjando el asunto. León también era el tipo que rondaba su cabeza, entre otras cosas como Jack, que la rondaba por encima, por debajo y por todo su cuerpo—. De todos modos, me preguntaba, Freddie, ¿León siempre ha sido defensa?
—¿Qué? —Él alzó la vista, sorprendido—. Sí, sí, lo ficharon como tal directamente de la universidad. Ha jugado en la defensa desde que era niño, ¿por qué?
—No lo sé —respondió despacio, ajustándose la servilleta.
Tenía ese hormigueo habitual en el pecho cuando terminaba una estadística y tenía un resultado claro delante de ella.
León Álvarez había marcado un gol, asistido en otro, y estaba mucho más adelantado que los otros defensas el cincuenta y cuatro por ciento del tiempo.
¡Y estaban sus otras estadísticas, que se sabía de memoria! Se las sabía todas de memoria.
—En realidad, no deberíamos hablar de defensas sino de delanteros —dijo Freddie—. ¿Te ha dicho Thomas que está buscando uno nuevo?
Ella frunció el entrecejo.
—No, es la primera noticia que tengo.
—Oh. Dijo que lo había estado… —Freddie se interrumpió.
Penny suspiró.
—¿Discutiendo con Clark? —terminó la frase por él—. Tal vez se refería a mi hermano. Quien tampoco me ha dicho nada al respecto. Fantástico. Así que… un nuevo delantero —afirmó.
—Sí, ahora mismo estamos mirando a Devreaux y a Anderson.
—Están bajo contrato con los Predators y los Whales, ¿verdad?
—Sí. —Freddie enarcó las cejas sorprendido, pero tenía que reconocerle el mérito de intentar desterrar esa expresión de su rostro lo más rápido posible.
—Hm. Anderson jugó con Jack… West. Con West —dijo ella, aclarándose la garganta—. Eso podría ser ventajoso, por supuesto, pero… Bueno, ¿qué pasa con los defensas? ¿También los estamos buscando?
Freddie se rio por lo bajo.
—¿Qué? ¿Ya odias tanto a Álvarez que te quieres deshacer de él?
—Tonterías. Estaba pensando que tal vez deberíamos reestructurar el equipo antes de traer a un nuevo jugador.
—¿Qué? —El asistente de Lyle la miró con expresión vacía.
A ella le impresionó que Freddie no la mandara por la borda en aquel momento, aunque su mano tuvo un tic.
—Eh. No se puede reestructurar así como así —dijo despacio, rascándose la nuca con incomodidad—. Pero si quisieras que León se fuera, estoy seguro de que podríamos hablarlo. —Se aclaró la garganta cuando llegaron sus bebidas—. No quiero descartar tus ideas… pero esto...
Una repentina ola de afecto platónico la invadió. De todos los hombres de la organización de los Hawks, Freddie era el único que le mostraba algo de amabilidad o respeto.
—¿Freddie? Gracias por estar aquí —expresó, apretándole la mano sobre la mesa—. Y por Dios, no, no quiero deshacerme de León. Es un idiota, pero sé separar lo personal de lo profesional.
—¿De verdad lo sabe?
Ella se sobresaltó ante la voz que venía de su derecha porque fluyó cálidamente por su cuello antes de asentarse en su pecho, alertándola de inmediato de quién estaba de pie junto a ella.
Todo su cuerpo se puso en alerta mientras el mono de su cabeza chocaba los platillos de alegría. Aun así, intentó poner una expresión neutral al alzar la vista hacia el rostro de Jack.
—¿Perdona?
Así era como reaccionaría alguien que no se hubiera acostado con él, ¿verdad?
—Bueno, esto se ve muy acogedor —dijo él sin tono mientras su mirada se dirigía a su mano, que todavía descansaba sobre la de Freddie.
Penny la retiró bruscamente de la mesa.
—Ah, no pasa nada. Las sillas son demasiado duras para un restaurante tan caro —señaló, adoptando un tono amable pero distante—. De todos modos, buen partido el de esta noche.
—Sí. Las sillas están duras —coincidió Dax Temple, de pie junto a Jack—. Mal asunto cuando tienes muchos moretones.
Sí, lo entendía, ya que él se había enfrentado a dos jugadores a la vez en el hielo.
—Hola —dijo Freddie, sonriendo y levantándose de la silla antes de tender la mano para estrechar la de Jack—. Creo que aún no nos han presentado.
Jack le miró a la cara, luego a la mano y de nuevo a la cara.
—No —asintió, pero no hizo ademán de aceptar el saludo.
Avergonzado, Freddie la bajó.
—Soy Frederic Cravitz.
—Ya lo sabe —observó Temple, mirando a su colega con irritación. Al parecer, le sorprendía que fuera tan idiota, algo que Penny no entendía en absoluto, ya que lo había sido la última vez que se vieron—. Freddie, vamos a salir con los demás. ¿Quieres venir?
El asistente de Lyle miró a Penny y abrió la boca, pero al parecer no sabía qué decir. Tenía escrito en toda la cara que quería ir, ya que no se lo pedían a menudo.
—Deberías ir —lo alentó ella, aunque eso significara que tendría que comer sola. No parecía que se deseara su presencia. Los otros jugadores, que evitaban su mirada, estaban detrás de Temple, pero no pasaba nada. Seguramente no querían que los dueños…
—Clark también viene —anunció Matt, flanqueando a Jack por el otro lado—. ¿Y bien?
Penny apretó los labios. Por supuesto. Quizá era una noche solo para chicos. Tal vez irían a un club de striptease. Así de poca imaginación tenían.
Su mirada volvió a vagar hacia Jack, casi esperando que él apartara la vista. En su lugar, él le devolvió la mirada con los ojos ligeramente entrecerrados y el ceño fruncido. Habría dado la fortuna de su padre por saber qué estaba pensando.