Capítulo 7 #3
Tenía razón. Y si ella perdía, no pasaba nada.
Dudaba que fuera a encariñarse tanto con el equipo en unos meses como para que le resultara doloroso dejarlo ir.
Eso no significaba que fuera a rendirse desde el primer momento, como todos esperaban.
No iba a darles la razón. No era la misma mujer de hacía cinco años.
Tenía un objetivo. Olvidaría lo que había pasado entonces y seguiría adelante.
—Bueno, si llevas tanta ventaja, no tienes nada de qué preocuparte —dijo con naturalidad antes de continuar con un sarcasmo destilado—: Porque ambos sabemos que siempre causas una impresión fantástica en la gente y que, por lo general, te llevas bien con tus colegas.
Eres todo amabilidad, simpatía y cercanía.
Nada mandón, ni controlador, ni solitario.
Estoy segura de que el director general ya te adora.
Al igual que todo el equipo de relaciones públicas.
La expresión de Gareth se ensombreció.
—Había olvidado lo cruel que puedes ser cuando te lo propones.
Esta vez, tuvo que soltar una carcajada.
—Confundes la crueldad con la honestidad. Pero, Gareth… —Ladeó la cabeza con incertidumbre—, ¿sabes cuántos amigos y hermanos se pelean cuando hay negocios de por medio?
—No tengo ni idea, pero estoy seguro de que puedes darme una o dos estadísticas al respecto ahora mismo.
Ella sonrió. Podía, pero no lo haría.
—Lo que quiero decir es: prométeme que los negocios son los negocios… ¿pero que fuera de ellos seguimos siendo hermanos?
Él también sonrió, aunque con un deje de dolor.
—¿Si prometes no odiarme cuando te quite el equipo?
—Nunca. Pero lo mismo digo si tú te vas con las manos vacías.
—Eso no va a pasar. No aguantarás ni dos semanas. Nunca lo haces. Por eso tienes tres licenciaturas y ni un solo máster.
—Un título es un título... y sacarse una carrera lleva más de dos semanas. —La diferencia era que, esta vez, quería durar más que alguien en concreto.
—Sí, en tu caso, cinco años.
—Me llevó cinco años sacarme la carrera de Empresariales —respondió enfadada—. Pero no importa. ¿Tenemos un trato? —Arqueó las cejas y le tendió la mano.
—Está bien —murmuró él y le estrechó la mano—. Pero dejaré que seas tú quien le dé la buena noticia a papá.
—¿Porque tienes que ir a despedir a alguien? —preguntó con sequedad.
—No, porque podría darle un puñetazo si vuelvo a verlo ahora mismo —afirmó antes de darse la vuelta y salir por la puerta.
Suspirando, lo vio marcharse y se frotó los brazos. Solo esperaba que su trato se mantuviera durante los próximos meses.
En cuanto la puerta principal se cerró tras Gareth, se abrió la del otro extremo del atrio. Su madre se acercó a ella con paso elegante, estirando el cuello como si Penny estuviera escondiendo a su hermano a sus espaldas.
—¿Ya se fue? —preguntó.
Penny asintió.
—¿Y bien? ¿Vas a decirle a tu padre…? —Arqueó una sola ceja.
—…que vamos a proceder como él quiere.
Sybil Clark abrió la boca con sorpresa.
—¿En serio? ¿Así que quieres seguirle la corriente en este juego tonto?
—¿Seguirle la corriente? —repitió, frunciendo el entrecejo—. No entiendo.
Su madre chasqueó la lengua.
—Penelope, te lo ruego, ambas sabemos que Gareth es el candidato más adecuado.
Seguirás el juego, pero al final, como debe ser, te retirarás voluntariamente y se lo dejarás a tu hermano.
Una organización así necesita ser dirigida de forma racional y con mano firme.
Por alguien con dotes de mando. Y esa no eres tú.
Penny apretó la mandíbula mientras se abrazaba con más fuerza a sí misma.
—Mamá —dijo, obligándose a mantener la calma—, no tienes ni idea de lo que soy y de lo que no soy. Soy tan inteligente como Gareth, con una mente igual de ágil e igual de capaz para ser una líder.
—Sé que eres lo bastante lista, cariño —respondió ella, asombrada—. ¡Simplemente no serás capaz de quedarte en un mismo sitio tanto tiempo! Mantener un trabajo. Adaptarte. Centrarte en una sola cosa. No distraerte con todas las nimiedades que son importantes para ti, que quieres cambiar y mejorar.
—¡He tenido el mismo trabajo durante los últimos cinco años!
—Ese que te llevó por toda Sudamérica.
—Dado que mi trabajo consistía en recopilar datos estadísticos de todo el continente, no tenía otra opción, ¿verdad? —respondió irritada.
—A lo que me refiero, Penny —insistió su madre con parsimonia—, es a que tenías que estar en movimiento por trabajo, pero podías actuar como quisieras. Ahora, unirte a los Hawks...
—Es exactamente el reto para el que siempre he estado preparada —respondió con frialdad—.
Ahora discúlpame, tengo que prepararme. El año nuevo empieza en cinco días.
Dile a papá que aceptamos su tonto juego para que se salga con la suya.
— Entonces se dio la vuelta y, al igual que su hermano, salió por la puerta.
—¡Ni siquiera sabes caminar con tacones, Penelope! —le gritó su madre.
—Bueno, menos mal que mis pies están lejos de mi cerebro —respondió, cerrando la puerta de un empujón.
Luego cerró los ojos con fuerza, respiró hondo tres veces y asintió para sus adentros. Sus padres no tenían ni idea de lo que era capaz.
Por desgracia, ella tampoco estaba segura de saberlo…