Secretos, Amor y Hockey (Amor y Hockey 3) Capítulo 6 #2
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Capítulo 6 #2

—No, no, olvida que escuchaste eso —se apresuró a decir Dax mirándola con seriedad—. Mi primera vez fue con Lucy y me alegro de haber esperado tanto tiempo. Recuerda: el sexo es malo. ¡Te vuelve tonto, hace que los exámenes sean más difíciles! Deberías esperar, oíste. Hasta que te cases.

Anna resopló.

—Dax, tengo veintitantos años. ¡Ese tren ya partió hace mucho!

Su hermano hizo una mueca.

—¡No quiero oír nada de eso!

—¿Ah, sí? Pero las historias de Jack están bien, ¿verdad? ¡Eso es ser sexista! ¿Quieres imaginártelo a él teniendo sexo, pero a mí no?

—No quiero imaginarme a ninguno de los dos teniendo nada —respondió Dax, horrorizado—. Ahora, deja de meterme esas imágenes tan horribles en la cabeza. Lo que pasa es que Jack nunca rompe su estúpida regla de abstinencia durante la temporada... ¡y quiero saber quién fue esa mujer!

Bueno, eso podría ser un problema.

—No es nadie —insistió Jack—. De verdad. ¿Podemos jugar a algo nuevo de una vez?

—¡Sí, ya sé! —terció Anna con alegría—. Podríamos…

—¡Nada de verdad o reto! —la interrumpió él con brusquedad.

—Ah. —La sonrisa se le borró de la cara.

Dax lo miró negando con la cabeza.

—Ya tenemos a un hombre misterioso en el equipo, Jack —masculló—. No creo que a Moreau le haga gracia que intentes quitarle el puesto.

Jack resopló.

—¡Moreau no es misterioso solo porque nunca diga nada!

—No, tiene algo —objetó Anna, ladeando la cabeza—. Tiene ese carisma que te hace sentir…

A Dax y a Jack se les arquearon las cejas.

Anna suspiró.

—¡No soy solo su hermanita pequeña, también soy mujer! —les recordó—. Pero bueno. Juguemos otra cosa. No nos vendrá mal dejar de hablar por un rato.

Todos estuvieron de acuerdo, así que sacaron el Uno por nostalgia. Y en cuanto Jack tuvo las cartas en la mano, se relajó notablemente.

Esto estaba bien, estar con Dax y Anna.

La vida era buena. Era mejor ahora de lo que había sido en los últimos años. Se olvidaría de Penny, se concentraría en su juego y ganaría la maldita Stanley Cup con los Hawks. Al fin y al cabo, había tenido docenas de líos de una noche, y el último no tenía nada de especial.

A nadie le sorprendió que Jack ganara tres rondas y Anna por fin los echó para «irse a dormir», aunque ambos sabían que era una forma sutil de decir que iba a estudiar un poco más .

Sin embargo, fueron ellos quienes la dejaron todos esos años en la biblioteca mientras se iban a estudiar, así que no podían culparla por eso.

—Quiere entrar en los Hawks como médico asistente —refunfuñó Dax mientras salían por la puerta del complejo de apartamentos de su hermana.

—Lo sé.

—No me gusta. Sé lo locos que están los jugadores de hockey.

Jack resopló.

—Como si alguien se atreviera siquiera a mirarla mal. Más sabiendo que tú eres su hermano.

Eso pareció calmar al menor.

—Cierto.

Jack asintió y sacó las llaves del coche del bolsillo de sus pantalones. Para todo el mundo, Anna era la hermana de Dax, no la suya.

Nadie sabía que los tres eran parientes.

Nadie sabía que se había acostado con la nueva dueña de los Hawks.

Nadie sabía lo que de verdad había estado haciendo en Nueva York.

Joder, su vida no había cambiado nada, ¿verdad?

Seguía siendo el mejor guardando secretos.

El único problema era que ya no quería ser el mejor.

—Oye, Dax, ahora que volvemos a estar más o menos en sintonía… quizá deberíamos decirles a todos que somos hermanos —masculló por impulso.

—¿Qué? —El moreno se detuvo y arqueó las cejas con sorpresa.

Jack se encogió de hombros.

—Bueno, solo digo que estaría bien dejar de tener que cargar con el secreto a cuestas, ¿no crees?

—¿Estás loco? —Su hermano lo miró estupefacto—. ¿Sabes el circo que se armaría?

—Sí, claro, pero… ¿no merece la pena? Así toda esa mierda saldría a la luz de una vez.

Dax suspiró y se frotó la cara.

—Lo sé, ¿de acuerdo? Tú sufres más que yo porque Anna es mi hermana, no la nuestra.

Porque tienes que encajar en el equipo y es difícil cuando les mientes.

Pero, siendo honesto… no quiero que los trapos sucios de nuestra familia salgan a la luz.

No se limitarán a aceptar que somos hermanos.

Excavarán más a fondo, buscarán a nuestros padres, hablarían con mi padre, con el tuyo…

y eso no me hace ninguna gracia. —Bajó la mirada—.

Tú pudiste definirte más rápido que yo gracias a tu talento y a tu esfuerzo.

Yo tuve que sacar a mi padre del casino durante cinco años más y asegurarme de que Anna tuviera suficiente para comer.

Entonces juré que simplemente olvidaría el pasado.

No me hagas recordarlo ahora. Por favor.

Las últimas palabras salieron de su boca en un susurro… y lo golpearon con fuerza en el pecho. Sabía lo difícil que le resultaba a Dax incluso pronunciarlas, sobre todo a él.

—No he hablado con mi padre en ocho años, Jack. Y han sido los mejores años de mi vida.

El rubio esbozó una media sonrisa y asintió.

Lo entendía. Él tampoco había querido volver a ver a su padre jamás. Y seguía queriendo estar en la cama con Penny. A veces a la vida no le importa lo que tú quieras.

—Está bien —murmuró—. De acuerdo. Seguirá siendo nuestro secreto.

Dax dejó escapar un suspiro de alivio.

—Gracias. Entonces, ¿quién era la mujer con la que estuviste en la cama? ¿Qué tiene de especial?

Jack resopló.

—Buen intento.

—¡No es justo! Tú sabes con quién me acuesto yo.

—¡Todo el mundo sabe con quién te acuestas porque Lucy te hizo firmar un papel declarando exactamente eso!

La consultora de Relaciones Públicas de los Hawks había temido que su relación con uno de los jugadores dificultara su trabajo y le quitara autoridad.

Resultó que su preocupación era totalmente infundada: todo el mundo le tenía el mismo miedo cuando supieron que estaba con Dax que antes.

Aunque, hay que reconocerlo, no le tenían tanto miedo como a la Dragona, Leslie, que dirigía el equipo de marketing con mano de hierro.

Dax puso una mueca.

—Sí, bien. Da igual, hay cosas más importantes. He oído que quieren anunciar el día de Año Nuevo quién se queda con el equipo.

A Jack se le erizó el vello de la nuca. El treinta y uno de diciembre. Volvería a ver a Penny en Año Nuevo.

—¿En serio?

—Sí. Eso es lo que dijo Fox. Además, nuestro estimado capitán siempre recibe primero la información más jugosa para poder dársela a su rebaño con suavidad.

—Mmm —caviló Jack, temiendo que si decía algo más sobre la familia Clark, se sonrojaría.

Mierda, ¿iba en serio? La última vez que se puso rojo de vergüenza fue cuando Anna lo atrapó arrimándose con una animadora en el sofá. ¡Y de eso hacía quince años!

—Me alegro de que por fin estén listos para hablar claro —masculló Dax, abriendo la puerta de su coche—. Lucy sigue sin decirme nada. No me gusta que ella tenga más poder que yo.

Jack sonrió.

—Ella siempre tiene más poder que tú. La quieres tanto que le darías cualquier cosa a cambio de una simple sonrisa.

—¡Ya, pero ella no tiene por qué saberlo! —se quejó su hermano—. Me está matando que me mantengan a oscuras sobre quién se queda con el equipo. ¿Y tú qué? Un nuevo dueño siempre significa cambios. No quiero más cambios. Ya es bastante malo que tú estés por aquí ahora y que Matt se case pronto.

Jack resopló y se limitó a un: «Mmm». Porque, sí, a él también lo estaba matando, pero de una forma completamente diferente.

—Quizá Gareth y su hermana compartan el equipo —declaró, repitiendo lo que había oído en el baño de Penny esa mañana.

Dax resopló.

—¿Compartir? Sí, a los ricos se les da muy bien compartir.

Él se encogió de hombros.

—No lo sé. Ya veremos.

Esperaba que fuera verdad. De lo contrario, no volvería a ver a Penny nunca más y eso sería… ¡perfectamente aceptable! Ningún problema.

Pero sí, el viejo Clark les dejaría el equipo a ambos hijos. Era lo justo. Había sido el plan, o eso afirmó Penny. ¿Qué otra cosa podría ser?