Secretos, Amor y Hockey (Amor y Hockey 3) Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

—Vete ya, ¿okey? —espetó, sumida en la agonía, y lo empujó por los hombros hacia la puerta—. Nos vemos en la tarde.

—De acuerdo —respondió, aunque su mirada curiosa seguía vagando hacia la puerta cerrada del baño—. Si te pones unos pantalones cortos de lona y un crop top para la cena, te doy veinte dólares.

—Quieres mandar a mamá a la tumba antes de tiempo, ¿verdad? —espetó, chasqueando la lengua con desaprobación.

—Oh, es demasiado testaruda para morir. Nos vemos en la noche. —Se inclinó hacia ella y le dijo—: Puedes traerte a tu conquista. ¡Dios, espero que sea poeta, un guionista fracasado o un artista callejero como el último perdedor con el que saliste! Eso acabará con mamá.

—¡Gareth, vete!

—Sí, sí, está bien.

Al segundo siguiente, estaba fuera del apartamento y Penny respiró aliviada. Aquello había sido estresante. Y aún no había visto a sus padres.

La segunda puerta de la casa se cerró de un portazo… entonces se abrió la puerta del baño.

—Así que tienes debilidad por los artistas callejeros sin éxito —inquirió Jack con interés, con los brazos cruzados sobre el pecho y el hombro apoyado en el marco de la puerta.

Por desgracia, en ese momento, un único rayo de sol entraba por la ventana y hacía que su piel brillara sobre sus músculos tensos.

Ay, Dios. ¿Tenía que verse tan bien? ¿Acaso la manzana prohibida del Jardín del Edén tenía que brillar con tanta promesa?

—¿Estás pensando en si deberíamos hacerlo otra vez solo para estar seguros, para que no nos den ganas cuando nos veamos en el estadio?

Lo miró, sombría. Era un idiota, y ella necesitaba controlar su expresión lúbrica.

—¿Sabes lo malas que son las estadísticas de muertes accidentales en el propio hogar?

—Esta, sin embargo, no es mi casa, y si me matas, no sería un accidente.

—Haría que lo pareciera.

Él se rio entre dientes y se separó del marco de la puerta.

—Hmm. Así que no quieres hablar de trabajo, de familia o de tus exnovios. Lo recordaré.

—Oh, no, no recordarás nada. ¡Olvídalo! ¡Eso es lo que vamos a hacer los dos!

—corrigió, señalándolo con el dedo índice—.

Además, el guionista puede que no tuviera éxito, pero el artista callejero…

—Bien, él tampoco lo había tenido—. ¡No importa!

—replicó enfadada—. No es asunto tuyo. ¿Y por qué de repente estás tan de buen humor?

Hace un momento estabas en plan gestión de catástrofes.

—Sí, pero he tenido tiempo para pensarlo y, para ser sincero, no es para tanto. Y oye, casi se me olvida la cita para el papeleo. Así que me viene bien que tu hermano me lo haya recordado. Tal vez lo alcance afuera y nos ahorremos un viaje.

Sabía que estaba bromeando. Sin embargo, Penny no estaba de humor para bromas.

—Jack, tú mismo lo dijiste; ¡nadie puede saber que esto pasó! Jamás. Nadie . —Lo miró con severidad—. No puedo fastidiar esto antes de haber empezado. No otra vez.

—¿Otra vez? —Levantó las cejas.

—Sí —reviró sin dar más detalles—. Y tengo malas noticias para ti: no puedes volver a ponerte esos zapatos nunca más. —Señaló el suelo—. Tu chaqueta tampoco, por si Gareth se fijó en ella. Y tu coche… probablemente deberías deshacerte de él también.

Él le lanzó una mirada irónica.

—Tu hermano no recordará los zapatos de tu amante.

—Mi hermano lo recuerda todo. Todo . ¿Por qué si no iba a ser un abogado tan malditamente bueno?

Él suspiró.

—Está bien. Regalaré los zapatos. Pero el coche y la chaqueta se quedan.

Sí, podía vivir con eso.

—Bueno. Entonces ya puedes irte.

—De acuerdo —dijo él, pero no se movió.

—Jack… —insistió ella.

—Penny —respondió con calma.

—¿Qué esperas?

—Necesito que me devuelvas mi camiseta.

—Ah. —Bajó las manos. Cierto. Pasó el peso de un pie a otro, insegura, y luego dijo—: Bien, date la vuelta.

Él resopló.

—¡Te vi desnuda hace apenas una hora!

—¡Sí, pero hace apenas una hora yo no era tu jefa!

—Ah, cierto. Eres mi jefa —repitió despacio antes de reírse por lo bajo y frotarse la nuca—. Oye, ¿al menos puedo pedir un aumento por mis esfuerzos de anoche?

Ella no pudo evitar reírse.

—No, lo siento. Solo se consiguen después de cinco orgasmos.

Él miró su reloj.

—Bueno, todavía tengo tiempo.

Ignorando el escalofrío expectante que le recorrió la espalda, puso los ojos en blanco, se quitó la camiseta por la cabeza y se la apretó contra el pecho.

—Agarra tus otras cosas, la camiseta será lo último.

Vio a Jack tragar saliva mientras su mirada recorría su torso. No importaba que la tela la cubriera, se sintió desnuda de inmediato.

—Joder —susurró él, frotándose los ojos—. Póntela otra vez y quédatela. Olerá a ti, a nosotros de todos modos y… hará que lo de olvidar sea difícil.

Ella se mordió el labio y cumplió lo que le dijo mientras él se ponía los calcetines y los zapatos antes de ponerse el abrigo sobre el torso desnudo.

Al observar el juego de sus músculos, un suspiro escapó de su garganta. Pero antes de que el sonido llegara al aire, Jack lo atrapó en su boca. Hundiendo una mano en su cabello corto, la besó. Con suavidad y lentitud. Con deleite.

—Solo un recordatorio —susurró contra sus labios mientras se apartaba—. Para saber qué es lo que tengo que olvidar.

Al momento siguiente, se fue.

Penny se quedó donde estaba, mirando la puerta que Jack había cerrado tras de sí, con su sabor todavía en los labios.

Había sido una noche perfecta. Y el saber que nunca se repetiría, le dolió en el pecho. Si Jack hubiera sido cualquier otra persona… ¿qué habría pasado entonces?