Secretos, Amor y Hockey (Amor y Hockey 3) Capítulo 4 #2
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Capítulo 4 #2

Se le escapó una carcajada. Estaba completamente fuera de lugar, pero si no se reía, era capaz de echarse a llorar. Se había acostado con la hija del jefe. No. ¡Incluso podría haberse acostado con la nueva jefa! Dependiendo de quién se quedara con los dichosos Hawks, si Penny o su hermano.

Oh, mierda. ¡Su hermano era Gareth Clark!

El mismo Gareth al que conocía. El que había hecho campaña para que Jack entrara en los Hawks.

Era un poco frío, pero amable y justo. Aunque ¿quién sabía lo amable o justo que sería si descubría que Jack le había estado haciendo algunas cosas sucias a su hermana la noche anterior?

¿Quién sabía si no dudaría en traspasarlo a otro equipo en la otra punta del país?

Mierda, ¡le gustaban los Hawks! Le gustaba volver a vivir cerca de sus hermanos. Le gustaba la dinámica del equipo y le gustaba Los Ángeles.

Volvió a reírse. ¡Esto era ridículo!

—¿Qué tiene tanta gracia? —preguntó Penny con hostilidad.

—¡Nada! —respondió con naturalidad—. ¡En serio, nada! De verdad tengo que reconocerle el mérito al mundo, ¿sabes? Siempre encuentra formas de convertir mi vida en un infierno. —¡Y eso que todo el mundo lo llamaba el Santo!

—¿Qué? —Casi sin darse cuenta, ella se estremeció—. ¿Que yo estoy convirtiendo tu vida en un infierno?

Pudo ver que la había herido con esas palabras, ¡pero eran la pura verdad! Gruñó y echó la cabeza hacia atrás. ¡¿Cómo era posible que todavía no supiera quién era él?!

—Penny, no lo entiendes —gruñó, frotándose la cara con ambas manos—. ¡Soy un puñetero jugador de hockey!

Ella abrió la boca, conmocionada.

—¿Qué? ¿Entrenador de… hockey? ¿En un instituto?

—¡Jugador, Penny! —espetó—. ¡De los Hawks !

Durante unos segundos interminables, ella se limitó a mirarlo sin expresión. Entonces, pareció horrorizarse.

—¡No!

—¡Sí!

—¡No!

—¡Sí, Penny! Joder, deberías saberlo. ¡Tienes un maldito perfil de cada jugador!

—¡No! —Su voz subía de volumen por momentos—.

¡Eso no puede ser! Sé que he estado en Sudamérica los últimos años y no tengo toda la información, ¡pero conozco a todos los jugadores de los Hawks!

¡Y tú no eres uno de ellos! Tengo sus perfiles, todas sus fotos y nombres.

¡Me he memorizado la maldita plantilla! Conozco todas las estadísticas, todas las caras, ¡e incluso conozco cada maldito estado civil!

¡Y tú no estás en el equipo! ¡Las listas no mienten, Jack!

—Soy nuevo , Penny. ¡Me ficharon hace unos meses! Se habrán olvidado de mí. ¡Pero joder, créeme, juego para los Hawks y tu maldito padre firma mis cheques!

—¡Ay, Dios! —La sangre se le retiró del rostro—. Pero hicimos… y tú eres… y yo soy…

—¡Lo sé!

—¡No! —susurró desesperada—. ¿Ni siquiera tengo el trabajo todavía y ya me acosté con uno de los jugadores? Jack… ¿el jugador de hockey?

—West. Jack West —afirmó él con dureza.

—¡Ay, no! —gritó ella de nuevo. Lo miró con una mano en la frente y la otra presionada contra el estómago—. ¡Apareces en el perfil de Dax Temple! Él te odia.

Vaya, la lista de verdad era vieja. Dax ya había superado aquello. Bueno, no lo suficiente como para decir que eran hermanos en público. Pero, oye, ¡paso a paso!

—Dax no me odia —aclaró porque, por alguna razón, era importante para él—. Joder, parece que te va a dar un ataque de pánico.

—¡Es que me va a dar! —chilló—. Porque mi madre y mi padre…

¡y tal vez mi hermano también!, solo verán esto como una confirmación de que soy poco profesional.

De que he estado jugando a ser aventurera en la selva demasiado tiempo y que soy una completa incapaz de dirigir un equipo.

Ah, ¿qué estoy diciendo? Es poco profesional. ¡Te acosé sexualmente!

Él resopló.

—En todo caso, nos acosamos el uno al otro.

—¡No importa! ¡Soy tu jefa!

—Todavía no.

—Cuestión de matices.

—¡A lo mejor tu hermano se queda con el equipo!

—¡No! No lo creo. Siempre quisimos compartirlo y… ¡Dios mío, me mentiste! —Sus ojos se abrieron de par en par—. Te pregunté ayer si eras fan del hockey y dijiste: «podría decirse que sí».

Él se encogió de hombros con nerviosismo.

—Bueno, podría decirse que sí, ¿no?

—¡Eres un jugador profesional de hockey !

—Exacto. Lo que siento por el hockey va mucho más allá de la afición.

—Ay, Dios. —Se pasó las yemas de los dedos por el pelo, se presionó las palmas de las manos contra los ojos y sacudió la cabeza—. Ay, no. Dios, Dios, Dios…

Él reprimió una sonrisa.

—Ahora suenas igual que anoche.

Ella se apartó las manos de la cara con brusquedad y lo señaló con el dedo al pecho.

—¡Esto no tiene gracia, Jack! ¡Esto es un desastre!

—No tiene por qué serlo —dijo él con el tono más tranquilizador posible.

Como el impacto inicial ya había pasado, su cerebro empezaba a funcionar—.

De verdad, Penny, nadie tiene por qué saberlo.

—A él también lo joderían vivo si se supiera, y eso le molestaba más que nada.

La primera vez que rompía su regla de celibato durante la temporada… y esta era la consecuencia.

—¡Estas cosas siempre se acaban sabiendo! —refutó ella, entrando en pánico—. Siempre.

No, no era así. Durante diez años, había mantenido en secreto que él y Dax eran hermanos. Tenía experiencia.

—¡No tiene por qué saberse! —sostuvo con urgencia, dando un paso adelante y agarrándola por los hombros con firmeza—.

En serio. Mientras no repitamos lo de anoche, nadie tiene por qué saber que ocurrió.

Nadie nos vio. Nadie nos oyó. Ni siquiera sabíamos quién era el otro o qué estábamos haciendo.

Así que, solo borremos lo de anoche de nuestras vidas.

—Bien. —Ella asintió, se mordió el labio inferior y volvió a asentir—. Claro. Tienes razón. Nadie sabe que pasó nada. Solo nosotros dos. Y así se va a quedar. Nadie tiene que saber nada de esto. Nadie…

Llamaron a la puerta del apartamento.

—Oye, Penny, ¿estás despierta y vestida? Tengo llave, pero he pensado que era mejor preguntar.

Penny se puso blanca como la pared y se tapó la boca con la mano.

—Dios mío, es mi hermano.

—¿Tu hermano? ¿Gareth el puto Clark? —espetó él con incredulidad—. ¡Gareth me conoce! Yo lo conozco a él. Nos… conocemos. ¡Sabe qué cara tengo!

—¡Ya lo sé! —siseó ella.

Llamaron de nuevo.

—¿Penny? Entro y ya está…

—¡No! —gritó presa del pánico—. ¡Espera! Desnuda. Estoy.

Jack resopló.

—Lo estás arruinando, Yoda.

—¡Ay, cállate! —espetó ella; luego lo arrastró de las manos hacia el pasillo y abrió la puerta del baño de golpe—. ¡Entra ahí y no hagas ningún sonido!

Atónito, arqueó las cejas.

—¿Y si tu hermano necesita entrar?

—¡Pues le ofrezco una maceta y ya está!

—¡Este apartamento no tiene plantas!

—Penny, ¿estás saliendo por la ventana para escapar porque no quieres ver a mamá y a papá? —gritó la voz del hombre a través de la puerta y, al momento siguiente, las llaves tintinearon.

—Oh, mierda, esto no puede estar pasando —exclamó Jack—. ¡Tu hermano tiene que buscar en el diccionario el significado de la palabra privacidad !

Al instante siguiente, desapareció en el baño y cerró la puerta como un puto adolescente que no quería que lo pillaran los padres de su novia. Solo podía esperar que Gareth Clark se marchara lo antes posible…