Secretos, Amor y Hockey (Amor y Hockey 3) Capítulo 3 #3
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Capítulo 3 #3

Se separó despacio. Su respiración era superficial y ella podía sentir su corazón martilleando violento bajo su palma.

—¿Siempre hablas cuando estás a punto de enrollarte con alguien? —preguntó, sonando divertido en lugar de molesto.

Tragó saliva.

—Solo cuando estoy nerviosa.

—¿Por qué estás nerviosa, Penny? —preguntó con suavidad, bajando las manos por su cuello y acariciando su pulso acelerado con el dedo índice.

Todo en su interior se tensó de dulzura.

—Sé que ha sido idea mía, pero… hace mucho tiempo que no lo hago.

Él asintió.

—¿Prefieres que paremos? Yo…

—No —lo interrumpió, lamiéndose los labios—, eso es lo último que quiero. Quiero que… hagas que deje de pensar. Tócame hasta que mi pasado y mi futuro no sean más que una masa gris y los colores estallen en mil fragmentos a mi alrededor.

Jack le dedicó una sonrisa torcida y se inclinó hacia ella. La besó en la boca con delicadeza y detrás de la oreja antes de trazar surcos húmedos por su cuello mientras sus manos subían por sus caderas y bajo su fina camiseta.

—Probemos esto —susurró él y trazó su caja torácica con los dedos. Se deslizó por su espalda y bajó por sus costados de nuevo, lenta y tiernamente como si fuera algo precioso.

Penny era delgada y plana. Por todas partes.

Pero, con las manos de él sobre su cuerpo, se sentía como la mujer con las curvas más hermosas del mundo entero.

Y cuando acunó sus senos desnudos y le pellizcó los pezones con el índice y el pulgar, un gemido escapó de su boca y resonó en el techo del extraño pasillo del apartamento.

—Joder. No llevas sujetador —susurró contra sus labios.

Ella sacudió la cabeza, con estrellas frente a sus ojos.

—Mis pechos no lo necesitan en realidad.

Un jadeo gutural salió de su boca.

—Eso no fue una crítica, solo una observación.

Le quitó la camiseta por la cabeza, la tiró al suelo y le besó el cuello, repartiendo pequeños mordiscos por su clavícula, volviendo con la mano a sus pantalones, bajo la cinturilla… y frotándola con rudeza a través de las bragas con los nudillos.

Ella gimió y se habría desplomado si no la hubiera mantenido erguida con una pierna entre las suyas.

El calor entre sus muslos era insoportable y allí estaba su pulgar, deslizándose ahora bajo sus bragas, presionando contra su clítoris, frotando arriba y abajo mientras Jack la besaba profundamente, su lengua empujando contra la de ella al mismo tiempo que deslizaba un dedo en su interior con demasiada lentitud y lo curvaba hacia arriba.

Su cabeza cayó hacia atrás mientras el deseo se arremolinaba en una masa colorida en su abdomen.

Más. Necesitaba más.

—¿Y? ¿Cómo va eso de no pensar?

—¿Qué? —jadeó.

—Bien —susurró, añadiendo un segundo dedo y hundiéndolo más profundo en ella mientras bajaba la cabeza y succionaba uno de sus pezones entre sus labios.

Era demasiado. Mucho más que demasiado. Las sensaciones la abrumaban.

Jack añadió sus dientes y el dulce dolor de sus senos se mezcló con el torbellino que sus dedos seguían creando.

El calor aumentaba en su interior a un ritmo sin precedentes y cuando él presionó su pulgar con fuerza contra su clítoris... se rindió.

El orgasmo la recorrió, ardiente y violento, mientras continuaba cabalgando su mano, mordiéndole el lóbulo de la oreja, desesperada…

—Mierda. ¿Te… corriste? —preguntó con incredulidad.

—¡Has ido… demasiado rápido! —lo regañó, con la voz entrecortada mientras las secuelas seguían bañando su cuerpo.

Jack soltó una carcajada ronca.

—Repito, no es una crítica. Esta vez, solo una pregunta. Entonces, ¿debería parar? —Inocente, retiró la mano—. ¿Terminaste?

Respirando de manera irregular, Penny sonrió, luego buscó el cinturón de él y lo desabrochó.

—Vuelve a preguntarme dentro de unas horas —susurró, metiendo la mano en sus calzoncillos y envolviendo con su mano su miembro erecto.

Tenía razón. Era grande. Deliciosamente grande. No podía cerrar la mano por completo. Y cuando él gimió con voz ronca mientras ella movía su mano de arriba abajo, se humedeció aún más. Dios, lo necesitaba. Ahora mismo.

—Tienes que parar —jadeó él—. Es…

—Lo sé.

—Bien. Me disculpo porque el resto de los preliminares será bastante corto.

—¿Bromeas? ¡Toda la noche ha sido un largo preliminar! Y, por cierto, tomo la píldora y hace una eternidad que no tengo sexo.

—Fantástico, yo tampoco —dijo él con rudeza, levantándola en sus brazos, usando la pared detrás de ella como anclaje… y bajándola sobre su erección.

Le dio tiempo. Centímetro a centímetro, lo fue introduciendo. Acostumbrándose a su tamaño. Hasta que quedó enterrado dentro de ella hasta la base.

La cabeza de Penny cayó contra la pared. No recordaba haberse sentido nunca tan llena en su vida… y eso fue antes de que él se moviera. Se retiró, solo para hundirse de nuevo ni un segundo después.

Penny lo besó con los labios abiertos, sin poder creer que fuera posible mientras un segundo orgasmo se acumulaba en su interior, y sus entrañas volvían a contraerse.

Él aceleró su ritmo. El sudor brillaba en su frente, pero la sujetaba con firmeza, sin esfuerzo. ¡Sí, era dueño de un imperio del fitness!

—Jack —jadeó y se arqueó hacia él, moviendo las caderas en círculos mientras todo se volvía demasiado intenso de nuevo.

Esta vez para ambos.

Con una última estocada, se derramó dentro de ella, con los labios apretados contra su cuello y los dedos clavados en sus caderas.

Ola tras ola la arrastraron hasta que se desplomó exhausta en los brazos de él. Sintió los latidos de su corazón vibrando contra su pecho.

—¿Y? —susurró, sonriendo y besando su mandíbula—. ¿Has terminado?

—No he hecho más que empezar —murmuró, levantando la cabeza y apartándole el cabello de la frente. La miró directo a los ojos durante unos momentos—. Si voy a romper mi norma, voy a hacerlo bien. Así que, ¿dónde está el dormitorio?

Penny se rio.

—No tengo ni idea. No he estado aquí nunca, ¿recuerdas?

Él sonrió y la besó por un momento.

—Entonces será mejor que lo encontremos.

Y por supuesto que lo hicieron.