CAPITULO 33
Olvida el error, pero nunca la lección.
Me despierto entre gemidos mientras siento como Sterling, tumbado sobre mí, me restriega su erección por el coño y me lame los pechos por encima de la ropa.
No abro los ojos y busco sus labios, le envuelvo el pelo con la mano, pero aprieto con fuerza y tiro para apartar cuando no encuentro bucles, si no un pelo muy liso que se desliza entre mis dedos.
Grito y pataleo al ver esa silueta enorme y oscura, es un chico muy alto, cabello negro, ojos marrones y piel cremosa. Tiene una cicatriz pequeña y alargada debajo del ojo izquierdo y se ríe de forma siniestra mientras me mira a los ojos como si yo fuera insignificante.
¿Qué?
—¡Suéltame! —grito, pero él no obedece.
Entonces, desesperada, levanto la rodilla y le doy un golpe en medio de las piernas que lo hace ceder y retorcerse.
Me levanto de un salto y echo a correr, pero apenas doy un par de pasos antes de que me agarre con rabia del pelo en mitad del pasillo.
Grito con desesperación y estoy a punto de suplicar clemencia cuando ese chico, Lucien, me obliga a ponerme de rodillas y enciende la pantalla de un móvil delante de mi cara.
—¡Mira, zorra! —grita y le hago caso porque es imposible que pueda hacer otra cosa.
Un vídeo de Sterling en el que besa a otra chica se reproduce ante mí y eso me parte por dentro.
—Eso es lo que hace tu Star cuando no está contigo. Se las lleva a todas con tanta facilidad a la cama que te juro que tengo hasta envidia.
No es verdad. No voy a creer eso, ¡es una mentira, joder! Ese no es Sterling.
—Me ha enviado a decirte que te busques la puta vida.
Él no va a venir, zorrita. Su intención si era ayudarte hasta que lo sacaste de su burbuja y descubrió por sí mismo la mierda de genes que tienes.
Tus padres son unos putos pirados que han jodido la vida a sus amigos y ahora no podrá volver a mirarte a los ojos sin ver vuestra similitud en ellos.
No, Sterling no me haría eso.
—No te quiere. Se ha dado cuenta a tiempo de que solo era un encaprichamiento, un entretenimiento de verano. Ya sabes, las horas aquí se pueden hacer muy largas y no se puede desaprovechar la oportunidad de tener un coñito cálido en el que meterla a tu disposición.
Peleo con más fuerza, le alcanzo la mano con la que me sujeta el cabello y le hundo las uñas en ella mientras gruño y grito de rabia.
—Yo también te hubiera usado si hubiera sabido de ti —musita.
Me estira el cuello del todo hacia atrás y me posa la punta de una navaja fría sobre el cuello.
Trago en seco, llena de impotencia, pero dejo de luchar—.
¿Cómo has podido tragarte ese cuento, ser su juguete, su secreto?
Él jamás será capaz de abandonarnos a nosotros por ir detrás de alguien como tú.
Una pobre cría crédula y sin estudios, sin futuro, la hija de unos criminales y un puto cero a la izquierda.
Parpadeo atónita ante sus palabras y, aunque no quiero permitirlo, logran calar un poco dentro de lo que es mi coraza.
¿Por qué demonios está Lucien aquí? ¿Cómo conoce el camino? ¿Y cómo es que sabe sobre todas las promesas que me hizo Sterling?
—¿Creíste en sus palabras de amor? ¿En que se iba a casar contigo?
—Se ríe de mí con una carcajada seca y me siento un poco idiota—.
Ni siquiera le has parecido importante como para venir a decirte la verdad a la cara y despedirse, me ha mandando a mí.
Dijo que necesitaba ahorrarse ese drama y evitar que le manches la camiseta con tus lágrimas de mierda.
De hecho, me ha dicho que puedo divertirme contigo, hacer lo que quiera.
—No —sollozo.
—¿No? —pregunta, me tira más fuerte del pelo y hunde la navaja en mi carne un par de centímetros.
Aúllo de dolor, el llanto me supera, y entonces extraño un poco a esa Maddox de antes de conocer a Sterling, esa que no podía llorar, aunque quisiera.
—¿Entonces como encontré los pasadizos? ¿Cómo encontré tu habitación?
Su voz y su aliento me producen arcadas cuando me hace esas preguntas muy cerca del oído.
Me estremezco y noto como un riachuelo de un líquido cálido me desciende por la clavícula, el centro de los pechos, el estómago.
Pierdo la noción de su avance porque Lucien me lanza contra el piso, me llevo un buen golpe en el labio, que se parte, escuece y sangra enseguida.
No es nada comparado con el dolor que siente mi corazón al empezar a creer que las palabras de este pirado pueden ser ciertas. No quiero creerlo, pero si él está aquí, Sterling también podría estarlo, ¿no? ¿Por qué no lo está?
—¿Vas a dejar que te folle o tengo que perseguirte como lo hacía Sterling? Sé que te va lo duro.
Se me desboca el corazón cuando lo veo abalanzarse sobre mí.
Repto por el suelo hasta que logro ponerme de pie y corro a toda velocidad en dirección abajo.
Me pisa los talones, respira en mi nuca, pero él no conoce la distribución de los pasillos tan bien como yo y pierde el ritmo en las bifurcaciones antes de ver por dónde giro.
Tengo ropa puesta porque esperaba a Sterling, pero cuando llego al comedor, y veo allí a un par de policías a punto de marcharse, corro más rápido y me lanzo contra ellos.
Les suplico que me saquen de aquí, que me ayuden y, cuando miro hacia arriba y veo el rostro siniestro de Lucien dedicarme una sonrisa de suficiencia, se me pone la piel de gallina y siento que hice lo correcto.
Lucien me hace un gesto de silencio con un dedo sobre los labios y vuelve a reproducir el vídeo en el móvil para mí.
Veo a mi estrella besar a otra chica, serme infiel como juró que nunca haría, y mi confianza en él se desmorona.
—¿Quién eres tú y de dónde has salido? —farfulla uno de los policías.
—Soy la hija de los Hallaway, ¿sabéis donde puedo encontrar a mis padres?
Se miran el uno al otro y, justo en ese momento, descubro a base de dolor que nunca lograré tener la vida que tanto quería, la vida que él me dio esperanzas de tener, que me hizo anhelar para luego destruir.
Lo amo, pero él me abandonó. Red también lo hizo, todas las personas que debían amarme no lo hicieron.
A partir de este momento, estoy sola.
Sola.
Y no pienso volver a confiar en las palabras de nadie nunca más.