CAPITULO 32
Mi secreto son un montón de esperanzas que siempre estarán dedicadas a ti.
Toronto, junio.
La bala de Maddox no hirió a Lucien, de hecho, dio contra el techo. Y lo mío era solo un rasguño.
—Estoy seguro de que era él.
Declan y los demás se han reunido en mi habitación para una reunión de emergencia. Lucien huyó, y nadie sabe dónde se encuentra.
—Pero ¿por qué? ¿Por qué Lucien haría algo así? —pregunta Gideon ofuscado.
—¿Por qué hace la mitad de las cosas que hace? —respondo—. Porque es un jodido imbécil.
—Tiene que haber algo más —añade Martina con voz preocupada—. ¿Por qué ayudar a Helena a violarte cuando él mismo sabía lo que se sentía?
Declan recordó, después del disparo y la confesión de Lucien, que era él el chico que lo ataba para Helena, también era el mismo que le ofrecía una bebida o un bollo antes de que se encontrase mal.
—No puede ser, joder —solloza Gideon y Kirian gruñe—. No puede haber hecho eso, es nuestro amigo.
Tampoco tenía motivos para haber ayudado a Joseph a alejar a Maddox de mí y, aún así, lo hizo.
—Quiero que muera —escupo con rabia.
—Sterling —gruñe Kirian como una advertencia.
—No, joder, me importa una mierda. Ese hijo de puta liante siempre esta detrás de todo. Estoy harto de sus mierdas…
El móvil de Martina suena y esta se aleja un poco para contestar. De inmediato, su reacción hace que todos le prestemos atención.
—¡¿Que hizo qué?! Estas de coña, ¡¿cómo que secuestrarla?
! ¿Cómo cojones ha podido secuestrarla? —Declan se acerca a ella y la sostiene, ella lo mira con los ojos inundados de lágrimas—.
Vale, vamos para allí ahora mismo. Esto no puede estar pasando —dice al móvil antes de colgar, abrazarse a Declan y llorar entre sus brazos—.
Es Zoey, amor, Lucien se la ha llevado, yo la traje aquí y ahora ese idiota se ha llevado a nuestra amiga.
—Hijo de puta.
Es lo único que me sale decir, porque ese cerdo y yo aún tenemos una cuenta pendiente.