Secreta Obsesión (Sangre bajo el hielo 2) CAPITULO 31
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CAPITULO 31

Hay días en los que, la armadura de mujer fuerte, me pesa demasiado.

Toronto, junio.

Veo el claro.

Me arden los pulmones, me duelen las piernas y las ramas me cortan la carne de los tobillos a medida que avanzo, pero no pienso detenerme, no hasta que logre saltar y acabar con todo este sufrimiento.

—¡Maddox!

La voz de Sterling rompe el silencio, se escucha cerca y puedo oír sus pasos al compás de los míos.

—¡Vete, déjame, joder!

—¡Nunca!

Me da igual lo que diga, ese hijo de puta miente más que habla.

La muerte no puede mentir, Red lo sabía y por eso vino a buscarla, me enseñó el camino y ahora debo seguirlo.

Estoy a punto de llegar, veo el borde, está muy cerca. Solo un par de pasos me separan de mi aparatoso final.

Él creía que me había lanzado por el acantilado, bien, pues ahora lo verá hacerse realidad.

—¡Madds, detente!

Y una mierda. Al fin soy libre, al fin puedo volar como un pájaro.

Un paso más, y luego otro, el aire fresco me abrasa la piel, la sensación de la nada apabulla la mitad de mi cuerpo. Tengo un pie en el aire, un brazo, pero me inclino más y más y no pasa… nada.

—¿Qué?

Abro los ojos y descubro que la mitad de mi cuerpo cuelga fuera del acantilado mientras que la otra mitad permanece en el claro. Sterling, ahora sin máscara, me sujeta una mano, y mi pie, de puntillas, se aferra a la tierra.

—Déjame ir.

—Vale.

Da un paso adelante y mi cuerpo se inclina más al vacío, grito debido al pánico.

No es así como tenía que pasar, yo quería tener el control, no que lo tenga Sterling.

—¿Qué se supone que te hice, florecilla? ¿Qué es lo que hice tan malo para que quieras desaparecer por segunda vez de mí?

—¿Por qué no lo admites? —sollozo—. Lo enviaste a que me mostrara ese video, me dijiste que querías que desapareciera.

—¿Qué?

—¡Deja de mentir de una vez!

—¿De qué video hablas? —Su voz se vuelve siniestra, su semblante cambia, y sus ojos exóticos se oscurecen bajo la luz de la luna—¡¿Qué video, Maddox?! ¡Habla!

Da un paso adelante y sollozo.

—¡En el que besabas a esa chica y luego te la llevabas a una habitación para follártela el día de tu cumpleaños!

Muchas cosas me han dolido a lo largo de mi vida: la muerte de mi hermano, descubrir que mis padres eran malos, que mi madre me drogaba y ejercía sobre mí un síndrome llamado Munchausen por poderes, e incluso la muerte de Mimi, pero, ¿como esto? Como esto no me ha dolido nada.

Pierdo del todo las fuerzas y noto como me fallan las piernas, Sterling tira de mí, aterrizo sobre su pecho y lloro sin consuelo mientras lo golpeo una y otra vez.

—Me engañaste, prometiste que me amarías, que sería tu esposa y que viviríamos una vida juntos y, a la hora de la verdad, enviaste a uno de tus amigos para que me desechara.

¡Ni siquiera fuiste capaz de decírmelo a la cara!

Me destrozaste, y luego seguiste con tu vida mientras fingías que estaba muerta y te reías en mi cara en cada partido utilizando el símbolo de los payasos.

Se me sacude todo el cuerpo debido al llanto y Sterling me sujeta. Su pecho sube y baja a gran velocidad, pero no dice una sola palabra.

—Te odio. Me destrozaste la vida, Star, ¿cómo pudiste hacerme eso a mí? A mí… que te quería. —Elevo la mirada y veo lágrimas en su rostro—. Te amaba, Star, ¿por qué me desechaste así? No iba a decir nada, nada, solo quería estar a tu lado, solo quería que me amaras.

—¿Quién te enseñó el vídeo, Madds? —pregunta con calma.

—¿Por qué finges que no lo sabes?

—Tú sólo dime quién te lo enseñó.

—Lucien, sabes que fue Lucien quien lo hizo.

Sterling se pone de pie, transformado, y me sujeta el brazo con la letalidad de una bestia salvaje. Todo el camino que corrí hace unos minutos, lo desando arrastrada, grito de dolor, sollozo e intento que el hombre que me manipula el cuerpo me mire o me dé una explicación.

No me suelta hasta que llegamos de vuelta al salón de actos, donde me lanza con fuerza en mitad del suelo y hace que todo el mundo me mire.

La música se detiene.

—Todos los que no vivan en esta casa, largaos. ¡Largaos!

La gente se torna confusa al principio hasta que Declan interviene, les agradece su presencia, pero da por terminada la velada. Los invitados se van, menos mi primo, que corre a intentar ayudarme.

—Ni se te ocurra tocar lo que es mío —gruñe Sterling mientras se interpone en su camino—. A partir de hoy —dice con voz alta y clara— Maddox es un miembro más de este equipo, de esta familia, de esta casa.

—¿Qué? No…

Ni siquiera me mira.

—Eso no lo decides solo —gruñe Kirian.

—Lo hago, porque es lo que pido a cambio de la vida de Lucien.

—¿Qué? —farfulla Lucien y se pone en guardia—. ¿De qué coño…?

No termina la frase, Sterling saca una pistola de algún punto de su traje y le apunta directo a la cabeza.

—Sterling. —Declan parece confundido y yo gimo de sorpresa, ¿qué hace? ¿Pretende llegar tan lejos solo para mentirme?

—¿Quieres matarme por ella, hijo de puta? —Lucien camina hacia Sterling y hace que el cañón de la pistola le roce la frente—. No me arrepiento una mierda de haberlo hecho, joder, ibas a dejarnos por ella.

—Eres un hijo de puta —gruñe Sterling y el corazón me da un vuelco—. ¿Por eso le mentiste a mi chica como pretendías hacerlo con Martina? ¿Para que ninguno de los dos se fuera?

—En realidad, no. —Lucien ladea la cara como un desquiciado y, una chica rubia a la que acompaña otra morena, se desploma en el suelo, desmayada. Eso es lo único que parece preocuparle—. ¡Zoey!

—¡No te muevas!

—Dispárame si quieres, hijo de puta.

—¡No la toques! —ruge la chica morena en cuanto lo ve acercarse. Sé que son amigas de Martina, pero no recuerdo sus nombres.

—¿Sabes qué?, esto me importa una mierda, no es mi puta lucha, joder, así que a la mierda.

Joseph me lo pidió, ¿vale? —Lucien encara a Sterling de nuevo y este jadea debido a la sorpresa—.

Me dijo que pensabas escaparte con ella y que tenía que ayudarlo a impedirlo, me lo explico todo y me pagó por la ayuda.

Dijo que solo tenía que conseguir que ella se fuera y luego él se encargó de fingir lo del acantilado y simular su muerte.

¿Joseph? ¿El hombre que Sterling considera como su padre?

—¡Mientes!

—Sabes que no, no tengo porque inventarlo, si quieres disparar a alguien por perder a esta putita, entonces dispárale a él.

—O quizá le dispare a ella. —Sterling apunta hacia el cuerpo tendido de la chica rubia y la morena la cubre con el suyo mientras grita a Martina y a Declan que hagan algo.

Lucien enloquece, embiste contra Sterling y este tiene el tiempo mínimo para apuntar el arma de nuevo hacia él, ambos caen al suelo, forcejean por el control de la pistola y, al final, suena un disparo.

Grito y me cubro los oídos, pero enseguida me enloquezco al ver como Lucien se levanta y Sterling permanece en el suelo.

—¡No! —grito y gateo hasta él, lo acuno entre mis manos—. No, por favor, Star, no quería que esto pasara, por favor no te mueras.

Lágrimas calientes me empapan las mejillas, babeo, y me duele de forma física la rabia y la impotencia.

—Yo no hice eso, florecilla —lo escucho sollozar—. No te abandoné, y no te engañé, no toqué a esa chica y tienes que creerme.

—Te creo, te creo, pero, por favor, no te mueras…

—Maddox, tienes que apartarte, Sterling necesita ir al hospital, tenemos que ver si está herido…

—No, ¡no! No voy a dejarlo.

Estoy fuera de mí, histérica.

—Solo quiero ayudarlo —insiste Declan.

Veo el arma en el suelo, a unos metros de distancia, y a Lucien cerca de la chica rubia mientras los demás lo mantienen a raya.

Asiento en dirección a Martina y Declan coge mi relevo cargando el cuerpo de Sterling.

Me miro las manos y veo sangre, pierdo la capacidad de pensar, sujeto la pistola que yacía en el suelo, apunto y disparo.

Sollozos de sorpresa se hacen con el lugar, pero no tengo claro nada más porque siento que pierdo la conciencia.

Lucien fue quien me hizo daño y, esta vez, no he dejado que sea otro el que se vengue por mí. Le he plantado cara al malo, he cobrado mi propia venganza.

—¡Madds!

Mi cerebro me juega una mala pasada, y lo último que veo, mientras me desmayo, es una versión mayor del rostro de mi hermano.

Sí. Allá voy, Red, al fin podremos estar juntos.