Secreta Obsesión (Sangre bajo el hielo 2) CAPITULO 29 #2
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CAPITULO 29 #2

Niego con la cabeza. Entonces tira de mis caderas hasta que mi culo cuelga fuera de la mesa, me rodea el cuello con la mano y empuja hasta que estoy tumbada del todo, me masajea el clítoris con la mano mientras desciende con la otra y me recorre los pechos manteniendo la presión.

Apenas puedo soportarlo.

—Espera…

—Si me dices el nombre de tu dueño, dejaré que te corras…

Estoy tan cerca que es perturbador.

Gimo con fuerza y se me seca la boca mientras la sensación se apodera del todo de mí. Creo que voy a estallar y, justo entonces, todo se detiene.

Abro los ojos y parpadeo ida, frustrada. Sterling se cierne sobre mí, me mira con seriedad a través de la máscara y me dice con voz baja y autoritaria.

—Grita mi puto nombre o te la sacaré del coño y te follaré el culo tan fuerte que te desmayarás.

Se me acelera el pulso y saboreo mi propio miedo, mezclado con algo más.

No hablo y a Sterling le brillan los ojos con un destello de comprensión.

—A menos que eso sea lo que quieres… —deduce.

—¿Qué? No…

Intento levantarme, pero me retiene con una sola mano sobre el cuello, me saca la polla y me mete tres dedos del tirón.

Mi grito resuena por toda la estancia.

—Eso es, joder, esa es la forma en la que gritas para tu puto dueño.

Mueve los dedos en círculos, luego los saca y, uno a uno, los mete en el agujero de detrás mientras lo masajea y lo ensancha. Me retuerzo. La sensación es intensa, demasiado, pero mientras él más me acostumbra, más lo disfruto.

—Verde.

—¿Qué? —pregunto medio ida.

—Esa sigue siendo la palabra de seguridad —se burla con una risa engreída.

Hijo de…

Sé cual es, siempre lo he sabido, pero no la digo. No la digo cuando me quita la mano del cuello y me masajea el clítoris, ni cuando me saca los tres dedos, se empuña la polla y me la mete completa de una sola estocada.

—¡Ah, joder!

Ni siquiera puedo respirar.

Duele como el demonio y, por unos segundos, grito con la boca abierta, los ojos agrandados y lágrimas sobre las mejillas.

Pero él no se mueve, se mantiene ahí, y el dolor, que zumba y arde por todo mi cuerpo, se disipa a medida que abre paso al placer que me provocan los movimientos que hace sobre mi punto nervioso.

Sé que no voy a aguantar y no lo hago. Me deshago en un orgasmo que me hace temblar todo el cuerpo y grito con todas mis fuerzas.

—Sterling, por favor —sollozo cuando se mueve y me sobrepasa la sensibilidad.

—Dilo de nuevo —suplica mientras me besa las lágrimas y luego la boca.

—Sterling.

—No es así como tú me llamas, florecilla.

—No —sollozo y niego con la cabeza, pero vuelve a moverse y no puedo soportarlo.

No quiero llamarlo así.

Me hizo demasiado daño convertirlo y amarlo como si fuera mi estrella.

—¿Qué nos pasó, florecilla? Necesito saberlo para poder arreglarlo.

No tiene arreglo.

—Fóllame, joder, y déjate de tanta palabrería.

No me reconozco, pero no quiero hablar, no ahora, porque puedo cometer una tontería como derrumbarme entre sus brazos y suplicarle para que me quiera.

Para mi sorpresa, obedece, me folla el culo durante lo que parecen horas, y lo disfruto a la vez que lo soporto.

—¿Qué pasaría si ahora cambio de agujero y te lleno el coño de lefa?

No lo haría.

Se me agrandan los ojos por el pánico y me embriaga la intensidad de su mirada mientras une nuestras frentes.

—Si te obligo a quedarte conmigo de la manera más vil, florecilla, y hago que cargues a mi hijo.

No.

Que le jodan.

Eso no es jodidamente negociable.

Me retuerzo y asumo el control del movimiento con la esperanza de ordeñar su polla, funciona y, después de lo que han parecido horas de lucha y tres orgasmos, sale de mí, se aparta y me baña el culo y los muslos con su semen caliente.

Me tomo unos minutos para respirar, pero no demasiado. Me arreglo el vestido como puedo, sin ropa interior, e intento alejarme de él, me sorprendo al ver que me lo permite.

—¿Tienes algo con lo que pueda limpiarme? —Niega con la cabeza—. ¿Me devuelves mi ropa interior rota? —Vuelve a negar—. Genial.

Me armo de valor y me detengo frente a la puerta, organizo un plan a toda prisa que consiste en correr a la primera puerta que vea y encontrar algo con lo que limpiar el desastre, luego buscaré un baño, y con eso listo, me iré cagando leches de este lugar. Me da igual que Logan quiera quedarse.

Esa es la teoría, porque, en la práctica, abro la puerta y me encuentro de lleno con la cara roja y llorosa de Logan mientras Kirian y Lucien lo retienen y se ríen de él.

Gideon al menos tiene la decencia de hacerlo por lo bajo.

El resto de sus compañeros de equipo también están ahí, algo más apartados, pero me miran como si acabaran de escuchar todo lo que acabo de hacer con Sterling.

Estoy segura de que lo han hecho.

—Puta —suelta Gideon entre risas mientras finge estornudar y su estupidez se traspasa a alguno de sus compañeros de equipo.

—No te merece, Reese —ruge uno que ni conozco.

—Busca algo mejor que la zorra de McAllister.

¿La zorra de McAllister?

Miro detrás de mí, horrorizada, y veo cómo me lanza un beso.

Él lo planeó, lo planeó como esa noche planeó destruirme.

Paso entre los chicos y apresuró el paso hacia la puerta, la abro y corro colina arriba como alma que lleva el diablo.

Esta vez no pienso detenerme, ni dejar que me atrape en las vísperas.

Esta vez pienso saltar y reunirme con mi hermano.