CAPITULO 27
Ignorar a una persona es una forma de matarlo, pero en tu mente.
Toronto, mayo.
—Tu novio estuvo muy raro durante todo el viaje de vuelta, ni siquiera me miró.
Logan deja su bolsa del equipo en mitad de la entrada y se encamina al frigorífico, saca la jarra de zumo de manzana y se la bebe completa de forma directa con unos cuantos tragos. Pongo los ojos en blanco.
—Tenemos vasos, ¿recuerdas? —digo con tono severo a la vez que lo fulmino con la mirada.
—Me importan una mierda los vasos, Madds.
Por cierto, nos han invitado a la gala de inauguración de la fundación benéfica de Declan y Martina, apoya a niños y adolescentes que sufren abusos o huyen de familias controladoras, puede ser interesante dejarnos ver de la mano luchando por una buena causa, además de divertido.
—No creo que sea una buena idea…
—Para mi imagen pública lo es, Madds, sabes que necesito ganarme al público de Toronto y que dejen de verme como un rival del Vancouver.
—Logan…
—La temática es una fiesta de disfraces, a lo mejor ese cabrón ni siquiera se entera de que estás allí. Y, si hace falta, me portaré bien. Lo prometo.
Estoy corriendo con demasiada suerte estas últimas dos semanas. Sterling me ha dejado en paz, incluso he podido volver al trabajo sin que el de seguridad lo vea merodear por el aparcamiento en las cámaras de vigilancia, pero ahora el imbécil de Logan quiere que lo arruine.
—Por favor, primita, te regalaré una esmeralda.
El verde es mi color favorito, pero desde que decidí dejar atrás a Sterling, apenas lo soporto.
—En realidad, me gusta más el rubí.
Mis pensamientos se van a aquel anillo, ese que dejé abandonado sobre la cama de Sterling como un mensaje la noche en la que todo se derrumbó.
—Entonces un collar repleto de rubíes. —Se le ilumina la mirada—. Lo puedes llevar a la gala incluso y presumir de él, es un plan genial.
—Logan...
—¿Que te vestirás de payasa? Algo excéntrico, pero no voy a meterme con tus gustos, primita, así que lo considero una opción increíble.
—¡Logan! —Estoy enfadada por su cabezonería, y la cosa empeora cuando, sin que entienda nada, Logan me pellizca con fuerza en la tripa y coloca su móvil cerca de mis labios. Chillo y gimoteo debido al dolor mientras digo su nombre un par de veces e intento que me suelte.
—¡Eso ha sido estupendo, primita! —celebra—. Solo por esto, que sea un collar y unos pendientes. Me muero por ver la cara de ese hijo de puta en la fiesta.
A mi primo esto ya se le sale de las manos, vengar el daño que me hizo Sterling dejó de ser su única motivación hace mucho tiempo.
Incluso, si no lo conociera y supiera lo intenso que puede ser, diría que tienen una riña personal entre ellos de la cual no quiere hablarme, pero lo conozco y sé que, cuando la policía me entregó a la hermana de mi madre y esta me adoptó, Logan se convirtió para mí en lo más parecido a Red que tenía.
Me ayudó y yo lo ayudé a él a lidiar con sus propios traumas.
Me acogieron como a una más, me dieron una familia, una carrera, me mostraron el mundo y les estoy agradecida.
Aunque Logan no mida sus emociones y haga que todo se distorsione hasta el punto de reventar.
—¿Cuándo dices que es la gala?
—El sábado, aún tienes tiempo de pillarte un buen disfraz.
—¿Dónde es?
—Eso es lo mejor de todo, primita, por primera vez, abren al público las puertas de The Secret Garden.
Se me agranda la mirada y los labios me forman una «o».
—¿Lo dices enserio? —Logan asiente—. Entonces también quiero una pulsera —bromeo, pero él se emociona y me da un beso sonoro en la mejilla—. ¿Por qué pareces tan contento?
Logan desbloquea su móvil y me lo pone delante de la cara, en la pantalla veo una conversación de WhatsApp con alguien a quien llama «Estrellado». Solo hay dos mensajes, un audio enviado por él y un texto como respuesta: «Morirás por esto».
Mierda.
—Logan, ¿qué has hecho?
—Joder a ese hijo de puta, justo lo que tú querías, ¿no?
¡No!
Sterling parecía haberse calmado, pero después de esto estoy segura de que no tardará nada en volver a venir a por mí. Lo conozco, me lo hará pagar, la pregunta solo es: ¿cuándo?