Secreta Obsesión (Sangre bajo el hielo 2) CAPITULO 26
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CAPITULO 26

Los verdaderos monstruos no viven bajo tu cama, sino dentro de tu cabeza.

Edmonton, abril.

—Para, joder. ¡Me cago en todo!

—No intervengas. —Kirian se interpone ante mí y me bloquea el paso. La gente en el bar mira con detenimiento y cierta diversión la pelea entre Red y Gideon. El primero solo intenta defenderse mientras que el segundo lo ataca con la ira desmedida de un demente.

—¿Vas a dejar que lo mate? Él no es su padre, lo sabes, ¿verdad?

Y lo necesito.

—Como des un paso más, te noqueo de un puñetazo, Sterling, no me pongas a prueba.

Me estremezco ante su amenaza porque sé que no le temblaría el pulso para cumplirla.

Kirian no conoce lo que es la contención, e incluso ahora estoy seguro de que solo hace el esfuerzo de no involucrarse en la pelea porque se trata de Gideon y de algo que quizá él solo necesita hacer para poder continuar y desahogarse.

—¡Gideon! —grito, me enderezo y miro de lleno la escena, me horrorizo, pero a los demás no parece importarles una mierda que Gideon sangre por el labio y Red por la cabeza.

Joder.

La violencia es uno de mis desencadenantes, es una de las cosas que peor llevo, porque siempre me recuerda a cuando la que recibía todos esos golpes despiadados era mi madre.

—Gideon, él no es su padre. Huyó de él, fingió su propia muerte para escapar de ese infierno cuando solo tenía quince años.

—Y por su culpa me escogió a mí, joder.

Mi cuerpo da un paso atrás de forma involuntaria.

Me duele, pero me duele mucho más la manera en la que Gideon se mantiene atrapado en su propia cabeza, ata cabos, lleva cargas tan pesadas que ni siquiera entendemos y vive otra realidad.

—¡No puedes culparme por eso! —grita Red.

Miro a Declan, y este tiene los labios apretados mientras que el hijo de puta de Lucien sonríe con suficiencia, como si lo disfrutara.

—Debiste denunciarlo, advertir a los demás de lo que hacía, meterlo entre rejas y no comportarte como un jodido cobarde.

Eso trastorna a Red. Tumba a Gideon en el suelo, se coloca sobre él, le rodea el cuello con las manos y lo ahorca.

—¡¿Pudiste hablar tú, cabrón?! ¿Te dejo abrir la boca, o solo pagas conmigo el hecho de que tú también fuiste un cobarde?

—¡No lo toques!

Kirian embiste contra Red y lo tumba. Le da un par de puñetazos antes de que yo me lance sobre su espalda e intente dominarlo.

Mierda. Este tío es una mole dotada de una fuerza desmedida, lucha conmigo y con Red a la vez, gruñe y algunos de los imbéciles del bar nos animan y jalean, seguro que incluso algunos nos graban con el móvil, joder.

Tendré que molestar a Joseph y pedirle que intervenga para borrar esos vídeos si alguno de ellos llega a las redes.

Mierda.

Acabo en el suelo después de dar una vuelta completa en el aire, el golpe que me llevo en la espalda me hace ver las estrellas y chillo, pero mucho más por la rabia que por el dolor.

—¡Suficiente! —escucho gritar a Declan y recupero el aliento de forma forzada. Busco a Red con la mirada y lo descubro llorando; al otro lado, Kirian consuela a Gideon, que también llora.

—Esto es una tontería —farfullo y me pongo de pie a duras penas—. Todos fuimos las víctimas de esa gentuza y, aún así, peleamos entre nosotros en nombre de ellos.

—Tú —Declan señala a Red y este se encoge sobre sí mismo—, tomarás un vuelo comercial mañana mismo a Toronto.

—Pero… —bufa Gideon.

—Sácalo de aquí —ordena Declan a Kirian y este asiente.

—Tú vete al hotel. —Pongo los ojos en blanco cuando me señala—. Luego hablaremos de esto y, por el amor de Dios, mantente alejado de Reese.

De mala gana, desvío la mirada. Pienso matar al puto Reese si se me pone delante ahora.

—Lucien y yo limpiaremos todo esto. Sois unos putos idiotas.

—Sterling es un puto idiota —bufa Lucien.

—Sterling es un puto idiota —me burlo de él con muecas y vocecitas, me saca el dedo del medio y me hace una peineta—. Que te follen —gruño, pero me tambaleo y sigo a Red cuando lo veo salir del local.

—Aléjate de mí —gruñe cuando me siente cerca.

—Lo siento —me sincero—. No esperaba que sucediera así, y la verdad es que tampoco puedo decir que me desagrade que, de una vez por todas, mis amigos ya lo sepan. Estoy desesperado, Red, haría cualquier cosa por ella...

Red se detiene en seco, se gira hacia mí y, en un par de pasos, se pone a mi altura.

—¿Sabes lo que va a pasar cuando ella se entere de que estoy vivo, listillo?

—Se le escapa una risa seca que no compendio en absoluto—.

Se sentirá aún más traicionada de lo que ya se siente, nos va a odiar a los dos en lugar de solo a ti, se sentirá mucho más sola y desolada.

Y eso solo será culpa tuya y de tu maldito egoísmo.

Se va, y dejo que lo haga.

¿Él tiene razón? ¿Soy egoísta? ¿Sobrepaso los límites y pierdo todos los escrúpulos por hacer esto?

Puede.

Pero me importa una mierda siempre que mi recompensa sea obtener a Maddox de vuelta.