CAPITULO 25
Mientras hacía memoria, me moría.
Edmonton, abril.
El partido fue agotador, me duelen los músculos de lo mucho que me esforcé y, aún así, ardo de frustración porque no fue suficiente.
Marqué dos goles a duras penas y tuve que pelear con todas mis fuerzas por cada uno de ellos.
El hijo de puta de Logan no paró de seguirme, increparme e interceptar los pases que eran para mí.
Estuve a punto de romperle la cara en pleno partido, pero me contuve porque tengo algo mucho más importante que hacer esta noche y no podía perder mi valioso tiempo con los sermones del entrenador.
Ni siquiera estallé cuando, al abrir la puerta de mi taquilla, la figura pequeña de un payaso me dio la bienvenida.
Busqué la mirada de Reese entre la de todos y, al encontrarla expectante posada sobre mí, lo comprendí y me reí con burla.
Todavía soy importante para ella y, por eso, lo soy para él, así que, entorné la mirada, besé la figurita y me la guardé en el bolsillo mientras a Logan se le distorsionaba la cara.
Ahora que lo pienso, tiene sentido, Logan siempre ha estado cerca cuando han aparecido las figuritas en mi taquilla.
No dije ni una palabra, a pesar de que noté las miradas interrogativas de los chicos que considero mi familia, me di una ducha rápida, cogí mis cosas y me subí en un Uber con dirección a este bar.
Veo su cabeza pelirroja nada más entrar, y no aminoro ni siquiera al ver cómo agacha la mirada con reticencia.
Sé que no le gusta que esté aquí, le prometí que no lo haría, que no me cruzaría en su camino.
Mi ayuda fue genuina y desinteresada en su momento, pero ahora ya no.
Lo reconozco, vengo a buscar algo a cambio y no me iré sin obtenerlo.
—No me hace ni puta gracia tu bromita de quinta…
—No es una broma —lo interrumpo—. Y yo también me alegro de verte, Nathan, aunque no lo creas.
—Prometimos que no pasaría.
—Discúlpame, hijo de puta, pero no tenía previsto que mi novia de la infancia resucitaría de su tumba.
—Eso no es posible.
—Pues lo es, al parecer tú y tu hermana no tenéis pensamientos tan distintos como tú creías. Mismos genes, mismas ideas estúpidas.
—Ella nunca se prestaría para algo así, no bromearía con lanzarse por el acantilado…
Lo miro a los ojos y lo inspecciono, reparo en las diferencias que hay ahora mismo entre el hombre que tengo delante y el chico roto que conocí aquella noche cuando, después de que todo se despejara, Joseph y yo volvimos a por Maddox. Ella ya no estaba, pero encontré a Red en su lugar.
—Lo dices por el trauma que le dejó la muerte que fingiste delante de ella porque era la única persona tan poco lúcida como para creer que de verdad te lanzaste por ese jodido acantilado.
Se tensa.
—No voy a justificarme por eso, Sterling.
—La marcaste de por vida…
—¡Necesitaba salir de allí!
—Y dejarla sola.
—Iba a volver a por ella, lo hice, regresé a buscarla en cuanto me enteré de que esos hijos de puta ya no suponían un problema para mí.
—Llegaste tarde.
—Tanto como tú.
No tiene sentido discutir. Ambos tenemos nuestras razones y nuestras culpas, pero ahora mismo eso no es lo más importante, sino hacerlo bien esta vez, hacerlo bien para Maddox.
—¿Estás seguro de que está viva?
—Un mil por ciento. La he visto, la he tocado, he hablado con ella… y es una locura.
—¿Cómo?
—Por eso estoy aquí, se niega a hablar conmigo y no sé por qué me ha hecho esto, ni que la tiene tan enfadada, pero parece que me odia.
—La dejaste allí con ellos.
Me estremezco al recordar mi único jodido error y asiento despacio mientras aprieto las manos en puños.
—Tampoco tenía otra opción, Red, la policía nos escoltó fuera, pero teníamos un plan y ella sabía que regresaría.
—Puede que, al verse sola, la realidad la sobrepasara.
—¿Hasta el punto de fingir su propia muerte?
—No creo que Maddox haya sido capaz de eso, Sterling, no le haría eso a nadie, no después de que yo se lo hice a ella.
—Pues lo hizo, se piró y, por alguna estúpida razón, ahora está casada con el hijo de puta de Logan Reese.
—Espera, ¿Reese? —Asiento con fastidio para contestar a su pregunta—. ¿Como el apellido de soltera de nuestra madre?
—¿Apellido de soltera?
—¿Cómo es que no lo sabes? Creí que estabas obsesionado con mi hermana.
—Lo estoy, y por eso estoy aquí, porque vas a ayudarme a recuperarla…
—No creo que sea una buena idea, Sterling, es decir, me alegro de que Maddox esté viva, pero no se si ha sido una decisión muy lista de su parte salir de las sombras en las que vivía.
—Me importa una mierda lo que creas, Red, la mujer a la que amo, y a la que creía muerta, está de vuelta en mi vida y no existe otra jodida opción para mí que no sea recuperarla.
—¿Y yo que tengo que ver con eso?
—No me habla. —Frunce el ceño, como si no me siguiera—. Vas a conseguir que lo haga, o te aseguro, Red, que toda tu jodida tranquilidad se desvanecerá para siempre de tu vida…
—Maldito hijo de puta...
Pongo los ojos en blanco e ignoro toda la perorata absurda que sigue a ese insulto.
Me importan una mierda sus palabras, ambos hemos lidiado con verdaderos hijos de puta en nuestras vidas y tenemos claro cómo son y el daño que hacen.
Yo solo estoy desesperado.
—Te ayudé en el pasado solo porque eres el hermano de la mujer a la que amo, hice que Joseph te consiguiera una nueva identidad, un piso donde quedarte e incluso un trabajo.
No voy a decir que me lo debes todo a mí, Red, pero me debes algo, y es momento de que me pagues ayudándome con esto.
Ayudándonos a nosotros. La abandonaste, así que es momento de que la traigas de vuelta a casa, y yo soy lo único que ella tiene permitido sentir como un hogar.
—Eso, se te ha ido la puta olla, joder. ¿Qué mierdas pretendes que haga? Tus amigos no pueden saber que existo y ella no vendrá aquí contigo…
—Vendrás a Toronto.
—Y una mierda…
Las palabras de Red se interrumpen con un chillido. Se me agranda la mirada y me levanto de la mesa de un salto, dispuesto a ayudarlo, pero me paralizo al ver el rostro tribulado de la persona que le ha dado el puñetazo.
Mierda.
Miro hacia atrás y los veo allí, mis cuatro mejores amigos, mis hermanos, acaban de descubrir por sí solos el resto de mi mentira, todos menos Declan, claro, que me mira con severidad.
Debió advertirme sobre esto, o no, porque él dijo que encontraría la manera de solucionar las cosas y, a lo mejor, esta es su manera.