CAPITULO 24
Tengo algo que el resto no, a ti.
Cualquiera podría preguntarse por qué hago esto.
La respuesta es sencilla: ayer entendí que, si voy a ser libre, quiero serlo de verdad y liberar a otras personas conmigo.
No puedo ir a vivir con Sterling, estar a su lado cada día, ver como lo sacrifica todo por mí y ser su mujer pensando que mis padres pueden venir a por nosotros, sorprendernos, hacerle daño como me lo han hecho siempre a mí.
O vivir sin que él sepa lo que les sucede a sus amigos.
Tampoco yo podría mirar a sus amigos a la cara sabiendo que no actué.
Lo de Kirian es lo menos grave en todo este entramado, y es justo por eso que empecé por ahí.
Me di cuenta de lo que le hacía mi padre hace dos veranos, no como a ese otro chico rubio, joder, a ese niño lleva años haciéndole lo mismo que le hacía a Red.
Alguien tiene que pararlo y ese solo puede ser Sterling.
Sé que él, con la ayuda de Joseph, puede hacerlo.
—¿Por qué hace esas cosas?
Star se encuentra en una especie de limbo del que le es difícil salir, está confuso y, si no habláramos del asqueroso de mi padre, yo también lo estaría.
A principios de verano descubrí lo del chico rubio.
Gideon, creo que se llama, es su juguete, como lo fue Red, y los juguetes de mi padre siempre acaban mal.
Sé que Kirian protege mucho a Gideon y creo que mi padre solo se ensaña con él con esos entrenamientos demoledores para mantenerlo cansado, ausente y que no descubra nada de lo que le sucede a su amigo más cercano.
—Cariño, no vamos a esperar una mierda, te vienes conmigo este verano, joder. Te esconderé si hace falta hasta que tengas los dieciocho.
—¿En serio? —Me detengo en seco. Es una opción que no habíamos pensado, pero podría funcionar.
¿Qué es un par de años más de encierro si estoy con él? Podría solo desaparecer como hizo Red y que nadie encontrara mi cuerpo.
—¿Harías eso por mí?
—No quería hacerlo, Madds, porque no quería que pasaras de estar encerrada y escondida de un lugar a otro, pero es que esta gente está pirada, florecilla.
—Lo está —reconozco—, y ya no te pondré negativas, Star, me iré contigo y me esconderé toda la vida si es necesario.
Me empuja de manera delicada con su cuerpo hasta que acabo contra la pared. Me devora los labios, me come la boca con pasión, con lujuria y voracidad, casi me derrito, casi, pero me recuerdo a mí misma que estamos aquí por otra cosa.
—Amor —musito sobre su boca mientras le empujo el pecho con las manos—, tengo que enseñarte algo más.
Esta vez, aunque es arriesgado, debemos descender al piso inferior.
Me desenrosco de un Sterling reticente y voy hacia una de las escaleras de emergencia, desciendo con mucho cuidado y me aseguro de que no haya nadie, aunque sé que no lo habrá.
La zona está prohibida para todos, excepto para un solo chico que es forzado a venir hasta aquí cada noche a base de amenazas.
Hoy mi padre ha elegido la sauna, lo sé porque siento el calor de la máquina encendida.
Me asomo primero a la ventanilla y veo que papá se quita la ropa despacio mientras el chico rubio permanece agazapado en un rincón cubierto solo con una toalla alrededor de la cintura.
Aparto la cara deprisa y me la cubro con las manos mientras se me escapa un sollozo de frustración.
Camino hasta Sterling, lo abrazo e intento sobreponerme con su calidez al trauma de haber visto a ese chico y a mi propio hermano pasar por la misma situación.
—Lo supe hace poco —le susurro—. No me odies por no habértelo mostrado antes, tenía miedo, no quiero que ninguno de vosotros acabe como lo hizo Red.
—No existe nada que pueda hacer que te odie, Madds, deja esto en mis manos.
Cuando me suelta y se asoma a la ventana, la cara se le desencaja y el corazón me salta en el pecho, se desboca. Sé lo que Star ve, a ese chico sometido por mi padre mientras este lo penetra.
Sterling no puede ni hablar. Da un par de pasos atrás y casi se tropieza. Cuando lo miro a los ojos, los tiene muy abiertos y llenos de lágrimas, también se le entreabre la boca y el pecho le sube y le baja a una velocidad insana.
—Sé que es difícil de procesar, pero…
—Tengo que salvarlo…
—¡No! —susurro un grito y me interpongo en su camino—. Así no, amor, por favor. Tenemos que armar un plan, tienes que convencer a tus amigos, denunciarlos y hacer que los metan en la cárcel.
—¿Los? —Me encojo sobre mí misma, con la mirada llena de vergüenza—. ¿Es que hay algo más, Maddox? ¿Tu madre también está metida en esto?
—Mi madre —sollozo—. Ella… ella también abusa de los chicos, Star, los graba en vídeo, pero los manipula hasta convencerlos de que es lo que ellos desean, de que es algo consentido.
Sterling se lleva las manos a la cabeza y da vueltas en círculos, incrédulo.
—Excepto a uno, hay un chico que no se dejó manipular por ella, no cayó en su trampa y, por eso, ella lo droga…
Me mira con tanto horror que me estremezco.
—Sé dónde guarda los vídeos, pero solo me he hecho con los de Declan.
—¿Declan? ¿Esa zorra viola a mi mejor amigo y el hijo de puta de tu padre tortura a Kirian y abusa de Gideon?
Me encojo sobre mí misma, consternada por lo horrible que es dar voz a esos actos deplorables.
—Por favor, no me odies por culpa de ellos —suplico, muerta de miedo, me pongo de rodillas y le abrazo las piernas.
—Joder, Madds, ¿qué acabo de decirte? Levántate —ordena a la vez que intenta levantarme por las axilas—. No vuelvas a ponerte de rodillas para suplicar ante nadie. ¿Está claro?
Asiento.
—Joder, esto es una mierda, pero tienes razón, solo no podré hacer nada, necesito hablar con Declan y con los demás.
Una oleada de temor me golpea.
—No quiero que os hagan daño.
—Ahora no podrán, somos nosotros los que los tenemos cogidos de los huevos y es todo gracias a ti.
Sterling vuelve a coger su móvil y graba la escena desde un punto discreto del cristal durante unos cuarenta segundos. Después se gira, me agarra la mano y nos encaminamos a la escalera.
—¿Dices que tienes los vídeos de Declan? —Asiento y le paso la memoria usb en la que los grabé del disco duro de mi madre.
—También sale Lucien —le confieso, porque sé que también es de su grupo cercano de amigos—, pero él… él se lo permite.
Sterling asiente.
—Gracias por confiármelo, florecilla, te amo.
—Y yo a ti.
—No olvides volver mañana, pequeño, no me hagas tener que ir a buscarte —Se me estremece el cuerpo al escuchar esas palabras, esa voz, ese tono meloso y depravado. Me estremezco, casi me entran ganas de vomitar, pero camino deprisa cuando Sterling me anima, me rodea con sus brazos y me consuela.
Ya está. Lo he contado y, quizá con ello, logre salvar a Gideon como no logré salvar a mi hermano.
Durante años, lidiar con la oscuridad, depravación y maldad de mis padres ha sido solo cosa mía, además de algo que me superaba por completo porque me inutilizaban al drogarme con pastillas.
Sterling me salvó de eso, analizó las pastillas y me dio sustitutos para cambiarlas y que mi madre no sospechara, me dijo cómo podía actuar ante ellos, engañarlos como ellos lo han estado haciendo toda la vida.
Me ama y eso me anima a soportar porque él me da una esperanza, una salida.
No sé cómo va a terminar esto, pero si hay una cosa que sé, es que confío en mi Star como mi salvación.