Secreta Obsesión (Sangre bajo el hielo 2) CAPITULO 23
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CAPITULO 23

Mi animal espiritual se piensa merendar al tuyo.

—Florecilla, ¿estás bien?

Tiro de ella a través de la mano que me mantiene sujeta y la envuelvo con el brazo cuando su pecho choca contra el mío.

—Estás pálida, Madds.

—Por favor, no me hagas hablar, Star, solo quiero… mostrártelo. Lo entenderás todo cuando lo veas con tus propios ojos.

Se me frunce mucho el ceño. ¿Qué puede ser tan grave como para provocarle ese estado?

—Eh. —Le envuelvo el rostro con las manos y la beso despacio. Me doy cuenta de que tiembla y se me encoge el pecho debido a la angustia—. No importa lo que sea, amor, ahora yo estoy contigo y te ayudaré a solucionarlo.

No tengo ni la más remota idea de lo que va a mostrarme, aunque intuyo que se trata de más problemas, Marcus y Helena Hallaway no harían bueno ni aunque su asquerosa existencia dependiera de ello, pero no tengo ni un atisbo de duda al prometerle que estaré a su lado para solucionarlo, sea lo que sea.

—Lo sé. —Ella asiente, pero se le contrae el rostro y las lágrimas que antes brillaban en sus ojos caen libres por sus mejillas y dejan un rastro que limpio con delicadeza—. No eres mi deseo, Sterling, eres mi estrella, y sé que lo solucionarás, porque eres el único que puede ayudarnos.

¿Ayudarnos? ¿En plural?

Golpes amortiguados se escuchan a lo lejos, gruñidos, y una voz que parece gritar palabras que aún no entiendo.

—Estamos muy lejos, Star, pero desde aquí podrás ver una parte de lo que pasa.

Me dejo guiar cuando me sostiene la mano y camina al frente, es el trayecto más enrevesado que hemos hecho nunca a través de los pasadizos y, según Maddox, nos encontramos en el sótano, o, como ella lo llama, la planta secreta.

Los entrenadores nunca nos han dejado bajar aquí, solo a Kirian y Gideon, uno para sus entrenamientos personales y, el otro…

algo sobre repasar no sé qué mierdas de portería.

—Eres un mierda, mírate, joder, mi abuela pegaría mejor que tú.

Esa es la voz del entrenador, pero al chico que gruñe lo reconozco aún sin verlo. Se trata de Kirian.

—Agáchate.

Maddox me indica una rendija casi imperceptible, se pone de rodillas y, con un cuidado tremendo, retira una de las tablillas del suelo. Veo que da directamente a un conducto de ventilación del falso techo de abajo y, a través del agujero, puedo ver a Kirian y al entrenador con claridad.

Kir está hecho una furia, sudado, babea de rabia, con los nudillos y los hombros manchados de sangre. Golpea sin piedad al saco de boxeo, con los puños, sin guantes y sin descanso. También golpea con los hombros, como si derribara a un adversario que se cruza en su camino en la pista de hielo.

El entrenador parece un desquiciado, no para de chillar e invadir el espacio de Kirian para provocarlo.

—¿A eso llamas un bloqueo? Eres una mierda como defensa, tus compañeros de equipo se avergüenzan de ti.

Los golpes de Kir sobre el saco son agresivos y frenéticos, innecesarios y excesivos para un entrenamiento de hockey.

—No voy a ser el entrenador de una decepción como tú, joder, lo haces todo jodidamente mal y te mereces un puto castigo.

Los ojos de mi amigo se transforman en socavones oscuros, pero no deja de golpear el saco a pesar de las palabras del entrenador.

Ese hijo de puta no tiene derecho a amenazarlo con un castigo, esto no es un entrenamiento oficial, lo está machacando.

—O te detienes y recibes el castigo que mereces o iré a por esa cabecita rubia para que lo reciba por ti…

Kirian gruñe frustrado, pero se detiene.

Mis ojos no pueden creer lo que ven a continuación.

Mi amigo de infancia, que es un puñetero toro bravo, se queda muy quieto y sisea de dolor cuando el entrenador acerca la hoja de una navaja a su espalda y le hace un corte poco profundo, es una de las zonas en las que no tiene tatuajes, pero, al ver la reacción de Kir, me imagino que, si me fijo bien, encontraré cicatrices como esa debajo de ellos también.

Aprieto las manos en puños cuando veo el hilo de sangre que cubre su piel sudada. Maddox pone sus manos sobre ellos y, cuando elevo la mirada, la descubro angustiada.

—No toques a Gideon —le advierte Kirian al entrenador, pero en su voz no reconozco al chico cargado de ímpetu y espíritu salvaje que lo representa, es como un león agazapado, un oso que se ha dejado amaestrar.

—Haz como es debido el puto entrenamiento.

—No quiero volver a hacer daño a un animal, Marcus.

—La sangre, Kirian, forma parte del ritual de endurecimiento. Si no es la sangre de otros, entonces debe ser la tuya.

Eso es una maldita locura.

—Lárgate de aquí —despide Marcus a Kirian y este se pone la sudadera antes de salir pitando.

—Estoy demasiado estresado, joder, odio a estos puñeteros chicos —se queja—, excepto a uno.

Sus ojos se iluminan y sigo su silueta hasta que sale de la estancia. Entonces, Maddox vuelve a colocar la tabla y corta mi campo de visión.

—Tu padre, florecilla, él es…

Ni siquiera puedo terminar esa frase delante de los oídos sensibles de Madds.

—Esto no es todo, Star. Me temo que hay más.

Mierda. No me gusta como suena eso.