Secreta Obsesión (Sangre bajo el hielo 2) CAPITULO 21
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CAPITULO 21

Es tan nuestro, que nadie lo entiende.

Veo el resplandor verde de su máscara asomar por la colina y esa es la señal que necesito, no me lo pienso dos veces y echo a correr colina arriba.

Me sigue de inmediato, aunque sin demasiada velocidad.

Por lo visto, hoy tiene tantas ganas como yo de alargar la cacería y comprobar dónde terminamos esta vez.

Correr para que él me atrape me da vida.

La adrenalina me estalla en las venas y jadeo en busca de aliento. Se me tensan los músculos internos y mi cerebro codicioso activa su estado de recompensa, me bombardea con imágenes de todo lo que ocurre cada vez que Sterling se hace conmigo.

Lo siento en lo más profundo de mí mientras mi coño se contrae con ansia.

No. Esta vez tengo que superarme, tengo que llegar un poco más lejos y aprovechar la ventaja.

La parte espesa del bosque me recibe y me camuflo entre los árboles, aunque las hojas del suelo crujen ante mis pisadas y dejan un rastro de sonido. Esa es mi parte favorita del juego, sentir que él, aunque aún no logra atraparme, sabe que me tiene segura.

No corro a través de este bosque para huir de él, lo hago para que me atrape y me recuerde lo mucho que me gusta cuando se encuentra muy cerca.

Sudo y me arden los pulmones por la falta de aliento y el esfuerzo, pero me animo a mí misma, me digo que he llegado más lejos que nunca.

Sterling me pisa los talones y, a lo lejos, veo la luz de la luna sobre el claro del acantilado.

¿Podré llegar?

Obtengo mi respuesta cuando un cuerpo imponente me empuja con fuerza y aterrizo en el suelo repleto de tierra y hierba. Sterling se sube sobre mí y me aprisiona con fuerza cuando opongo resistencia, gimoteo y lucho, pero no sirve de nada, porque mi precioso y corto vestido acaba abierto en dos.

Se me abren los ojos como platos y veo como Star tiembla, suele estar muy ansioso con estos juegos, pero hoy…

Se quita la máscara y la pone a un lado de mi rostro, me devora la boca y me manosea entera con hambre y una necesidad inhumana.

—Te atrapé —gruñe y hace que me estremezca—. Es el momento de recordarte porque es mejor que no huyas de mí, florecilla.

Me arranca las bragas. Se me eriza la piel y grito cuando hunde dos dedos en mi interior y me masturba a una velocidad tremenda.

Con la otra mano, me mete tres dedos en la boca y los hunde hasta mi garganta, mientras me hace chuparlos.

Se me arquea la espalda y se me ponen los ojos en blanco, todo mi cuerpo se estremece al compás de su movimiento despiadado.

—Abre las putas piernas y deja que me folle lo que es mío. Deja que vea como tu coño se traga mis dedos mientras ruega por mi polla, florecilla.

Le hago caso, pero la sensación se intensifica de tal manera que le sujeto el brazo y le muerdo los dedos.

—¿Me has mordido? Joder.

—Yo… lo siento.

—No es verdad.

Sterling se pone de pie y tira de mí hasta que estoy de rodillas, entonces se saca la polla de los pantalones y me golpea la cara en repetidas ocasiones con ella.

—Voy a hacer que te atragantes con algo más grande para que no tengas la oportunidad de morderlo.

Recibo su polla en la boca y la chupo con intensidad. Me encanta lo grande que es, su gordura y su forma ladeada a la derecha.

La envuelvo entre mis manos, la acaricio mientras la devoro y se me cae la saliva y el líquido preseminal por la barbilla y el cuello.

Miro hacia arriba y lo veo con los ojos cerrados.

Se muerde el labio inferior y pone una expresión de placer absoluta.

Así que me muevo más deprisa, la engullo entera hasta donde mi tope me lo permite y muevo la cabeza de arriba a abajo mientras utilizo mis mejillas como una ventosa.

Suena muy obsceno cuando sale de mí y se vuelve a enterrar.

—Toca ese coñito avaricioso para mí, florecilla.

Se me tiñen las mejillas de rojo y él me da una palmada en la cara.

—Ahora, quiero ver como te corres mientras mi polla te destroza la boca.

La necesidad y la presión entre mis piernas se intensifica, pero me coloco una mano temblorosa sobre el clítoris y trazo círculos certeros tal y como él me ha enseñado. Gimo en alto y Sterling me masajea los pechos mientras asume el movimiento de sus caderas y me folla la boca.

—Eso es, cariño, ¿es así como te tocas mientras piensas en mí y hablamos por el móvil?

Sí. Asiento. Es justo así.

—Quiero ver como te corres pensando en mi polla, Madds.

Vuelvo a asentir, pero tengo los ojos cerrados y estoy casi ida del todo.

—Cuando estalles, te la meteré hasta el fondo mientras aún me aprietan las réplicas de tu orgasmo.

Sé que lo hará. Y estoy a punto.

—Tu coño me necesita, cariño.

Abro la boca y gimo en alto mientras estallo, Sterling se retira, se arrodilla frente a mí y me besa, sustituye mi mano por la suya y me masturba mientras mi cuerpo pega botes por la sensibilidad. Lo he empapado todo y él lo celebra con sus movimientos hasta que mi frente cae sobre su pecho.

—No hemos terminado —sentencia, se levanta, tira de mí y me arrastra con él hasta el borde del acantilado. La luna esta llena esta noche, las estrellas brillan y las vistas desde aquí son casi infinitas. —. Ponte a cuatro patas.

Ay, Dios.

Esto va a ser intenso y doloroso, en el buen sentido.

Lo obedezco y me preparo para recibirlo. Cuando me penetra, me sujeta las caderas para que no pueda escapar, se hunde hasta el fondo y se me escapa un chillido.

—Oh, joder, madre mía.

Me da una palmada en el culo y pego un respingo. Entonces se mueve dentro de mí y creo que voy a reventar.

Gimo tan fuerte que temo despertar a todo el mundo, pero lo que siento es tan intenso que me importa muy poco.

—Mira lo bien que soportas mi polla, florecilla, eres una jodida campeona —me alaba—. Tu coño la engulle por completo y se la traga hasta el fondo, joder.

—Star…

—Te quiero muchísimo, Maddox.

A la mierda mi resistencia. Me flaquean las piernas solo al escucharlo decir eso. Hace que me tumbe boca abajo sobre la tierra mientras me mantiene el culo un poco en alto y me folla sin piedad como si fuéramos dos salvajes.

Noto el sabor a tierra en la boca, la siento en mis pecho, en mi abdomen y en mis hombros. Sterling me mantiene el culo elevado por las caderas y me folla a su antojo.

—Mírate, joder, rendida por mi polla como una buena chica.

—Me encantas —le confieso—. Joder, Star, me gustas muchísimo.

—No más de lo que tu me gustas a mí.

Siento que tira de mí hacia atrás y, entonces, me descubro sentada sobre él mientras es su espalda la que reposa sobre la hierba. Acomodo las rodillas y me siento una vaquera cuando apoyo las manos sobre las suyas y recibo sus palmadas en el culo para que lo monte.

—Vas a hacer que te llene el coño de leche, cariño, ni siquiera me has dejado ponerme el puto preservativo.

Oh. Con razón lo sentía todo con mucha más calidez, con más intensidad.

—Ven aquí.

Se yergue hasta estar sentado y sigo cabalgando, me sujeta el cuello, me pone la mano sobre el coño y me masajea el clítoris. Asume el control de los movimientos, ambos manchados con tierra, pero no nos importa.

—Oh, Dios. Oh, Dios.

—¿Quieres chorrear mi semen, Madds? ¿Por eso me has hecho perseguirte? ¿Quieres que te profane el coño y te lo deje hecho un desastre?

Quiero su desastre.

Lo quiero todo con él.

—Lléname, Star. Soy tuya, joder, soy tuya y me importan una mierda las consecuencias.

Lo noto gruñir, pero la verdad es que yo misma estoy tan cerca del orgasmo que no puedo ni pensar.

—Vuelve a decir eso, florecilla, grítame que eres mía mientras hago que te corras.

—¡Soy tuya! —Mi voz suena en apenas un hilo, un jadeo que gana intensidad a medida que me llena el éxtasis—. ¡Soy tuya, Star, tuya!

—Mía —gruñe y siento que reviento mientras él se hincha en mi interior y un líquido caliente se derrama dentro de mí—. Oh, joder.

Se estremece y yo también lo hago. Acabo apoyada sobre su pecho del todo, recupero el aliento, con él dentro de mí, el vaivén de su respiración y el sonido de los latidos de su corazón a mi espalda.

—No quiero que esto se acabe nunca —musito y él me besa la boca.

—No se acabará, deberíamos adelantar nuestros planes, Madds, Joseph me ayudará. Podemos salir de aquí juntos el veintiocho de agosto y solicitar un permiso al juez para casarnos, podrías emanciparte.

Como siempre que saca el tema, noto una presión en el pecho que amenaza con destrozarlo.

—Ellos no lo permitirían, Star, tendría que denunciarlos y no estoy preparada para pasar por algo así cuando cada vez queda menos para poder estar juntos con total libertad —gimoteo, me despego de él e intento alejarme, pero me atrapa, me agarra la mano derecha y desliza en mi dedo anular el anillo más hermoso que he visto jamás—. Star —jadeo por la sorpresa.

—Hagan lo que hagan, ya será tarde. Vas a ser mi esposa tarde o temprano, Maddox Hallaway.

—¿Es un anillo de compromiso de verdad?

Se me caen las lágrimas y mi corazón se ensancha con esperanza mientras veo el brillante de esmeralda y rubí en mi dedo.

—Eres mi mujer, florecilla. Si nos escapamos en un año, dos, mañana o esta misma noche, no cambia en absoluto el hecho de que daré la cara por ti y no dejaré que te hagan más daño.

Lo miro a los ojos y algo cambia dentro de mí.

Sterling McAllister es el hijo de un padre controlador que solo le permite dedicarse a lo que ama porque este se esfuerza por destacar como una estrella.

Sterling sabe que perderá cualquier apoyo de su padre con esta decisión, lleva tiempo ahorrando debido a ello y renuncia a la herencia de la empresa y todos los privilegios de su apellido por mí.

Le da igual que nos fuguemos mañana mientras podamos empezar de cero juntos.

Y yo, a pesar de ver todo ese sacrificio de su parte, ¿tengo miedo a las represalias de mis padres y me niego a denunciarlos y que paguen por sus delitos?

Eso se acabó.

—No dejaré que nos sigan. Star, nos vemos mañana a las diez en los pasillos en lugar de a la una. Tengo algo muy importante que mostrarte.

Y es en ese momento cuando tomo la decisión de ser egoísta por primera vez en mi vida y me pongo a mí y a los demás por encima de mis padres.

Lo hago por mí, por Star, por mi abuela, que me pidió que luchara por ser libre, por Red que ya no tiene la oportunidad, pero, sobre todo, por esos chicos.