Secreta Obsesión (Sangre bajo el hielo 2) CAPITULO 20
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CAPITULO 20

En un mundo lleno de ruido suenas como mi canción favorita.

Salgo del pasadizo en el que debería haber encontrado a Maddox para follarla y releo la nota.

«El bosque, atrápame si puedes. Trae la máscara».

Es la una de la madrugada, la hora perfecta para una cacería.

Rebusco en silencio en el armario y saco mi máscara verde, compruebo que el neón enciende y la apago enseguida para no despertar a los demás.

Kirian ronca, pero los sonidos quedan amortiguados sobre la almohada mientras Gideon se encuentra acurrucado con un brazo y la cara sobre su espalda para que no cambie de posición.

Que Gideon duerma a su lado es lo único que nos permite a los demás poder descansar un poco, así que le estamos agradecidos, menos cuando se ponen intensos y tenemos que fingir que no escuchamos los jadeos entrecortados, la forma en la que se chistan, o los gemidos.

Vaya dos.

En fin, paso de esa mierda, cuando quieran hablar claro sobre ello nos haremos los sorprendidos.

—¿Vas a alguna parte a estas horas con la máscara?

Puto Lucien.

Casi me meo encima del susto y, entonces, levanto la cabeza y lo veo en la puerta del baño.

—Métete en tus asuntos.

—Sterling —musita en tono de advertencia—. Puede que deba despertar a los chicos y hacerlo asunto de todos.

Mierda.

—Voy a cascármela.

¿Qué?

—Tengo un fetiche raro con la máscara, me gusta cascármela con ella puesta y ahora mismo no puedo dormir, así que…

Se le escapa una carcajada y camina despreocupado hacia su cama.

—Eres un hijo de puta más enfermo de lo que pensaba. ¿También te pajeas mirando las figuras de payaso esas con las que estás obsesionado?

Sí, en casa, mientras pienso en Maddox, pero no lo voy a hacer conocedor de esa información, así que me cago en mi mierda de excusa.

—No puedo evitarlo —argumento mientras me encojo de hombros.

—Venga, puto pirado, espero que se te enganche la polla entre zarzas venenosas y tengas que gritar en busca de ayuda.

—Eres el mejor de los amigos —musito con sarcasmo, pero me voy antes de que me diga que quiere seguirme.

Eso ha estado cerca, pero, como siempre, lo he sorteado. Ahora, voy a cazar a una hermosa caperucita, una que se muere de ganas de que el lobo se la coma.