Secreta Obsesión (Sangre bajo el hielo 2) CAPITULO 19
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CAPITULO 19

La guerra suele volver estúpido al vencedor, y rencoroso al vencido.

Toronto, abril.

—Te van a salir michelines como te comas otro de esos.

Es un comentario inofensivo, lo sé, una broma, pero ojalá Logan fuera consciente del daño que me hace cada vez que dice una cosa de esas.

Mi madre nunca me dejaba comer a gusto. De hecho, la mayoría de las veces ni siquiera tenía apetito porque me encontraba demasiado adormilada.

La comida siempre era cocida, insípida, y con un olor asqueroso.

Nunca pude disfrutar en condiciones de los alimentos, del dulzor de un helado, el mordisco a una manzana de caramelo o el crujiente de una patata.

Tenía una dieta estricta que seguir y solo la rompía cuando Red o Sterling me colaban algo de extranjis .

Sterling y Red.

Ellos eran todo lo que tenía, todo lo que quería… y los dos me traicionaron.

Odio los sentimientos intrusivos y las emociones demoledoras que esos recuerdos acarrean.

Flashbacks insoportables del momento en el que Red se dejó caer por el acantilado y del momento en el que ese hijo de puta me enseñó aquel video como prueba de que Sterling me utilizaba y planeaba convertirme en la siguiente después de mis padres, me pasan por la mente, me hacen perder el apetito y se me cae el cubierto sobre el plato mientras me tiemblan los labios y los ojos se me llenan de lágrimas sin derramar.

—Eh, Madds, solo estaba de broma.

No tiene nada que ver con Logan, nada lo tiene y detesto haber permitido que metiera sus narices en esto. Lamento haberle contado la verdad, haberlo hecho partícipe de mi dolor y de mi historia de amor fallida.

No debí contarle nada, no debí permitir que me arrastrara hasta ese club y no debí dejar que mis emociones me nublaran el buen juicio que había logrado mantener a lo largo de siete años en las sombras.

—Estás estupenda, Madds, puedes comer todos los que quieras...

No puedo moverme.

Apenas puedo respirar y no tiene nada que ver con los malditos bollos de nata que Logan me pone delante del rostro.

Me he quedado paralizada y mi mente no para de torturarme con imágenes de momentos del pasado, todas malas, porque incluso los que creí que eran buenos, no eran más que una mentira.

Lo amé.

Lo idolatré.

Y me creí cada una de sus palabras.

Estaba dispuesta a todo por él, incluso a dar mi propia vida, arriesgar la de mis padres con tal de salvarlo a él y a las personas que más le importaban: sus amigos. Le mostré la verdad.

—Madds, te estas poniendo morada. Respira, joder.

No puedo.

Me duele el corazón.

Estuve tan ciega de amor, tan enamorada.

—¡¿Por qué me engañó, joder?!

De repente, mi cuerpo reacciona y me levanto de un salto. Agarro el plato con los bollos y lo estampo contra el suelo. Logan da un paso atrás y me mira con los ojos muy abiertos.

—Incluso eso fue una mentira, ¡dijo que podía comer lo que quisiera, que le encantaba verme con curvas, que iba a amarme como fuera!

—Maddox…

—¡No! Tú no lo entiendes, crees que lo haces, pero no tienes ni la más remota idea de lo que es vivir con este dolor.

—Intento ayudarte…

—¡No debiste llevarme a ese local, no debiste hacer que lo viera, no debiste arrastrarme hasta esta posición!

—Yo no te he arrastrado a nada, fuiste tú, querías vengarte…

—¡No! Quería seguir en la sombra, escondida, pero tú querías pavonearte delante de él, sentirte superior y competir contra ellos.

—Te hizo algo horrible…

—Y vivía con ello.

—¿Vivir? ¿Llamas a eso vivir? ¿A estar escondida en casa? ¿A no conocer a nadie? ¿A casi desmayarte cada vez que poníamos un pie en Toronto?

Niego con la cabeza y se me entreabren los labios, sorprendida de la profundidad en las palabras de Logan, nunca pensé que él fuera capaz de ver más allá de lo visible, de fijarse en tantos aspectos que intento guardar en mi interior.

—No eres feliz, Maddox.

—No puedo serlo…

—Sí puedes, pero, para ello, tienes que pasar página.

Se me frunce el ceño porque no entiendo del todo a dónde pretende que me lleven sus palabras.

—¿Quieres enfadarte conmigo por llevarte a ese club y ponerte a Sterling frente a la cara?

Hazlo, pero no podía soportar un segundo más ver a mi madre llorar por ti, porque no vives una vida plena, porque te aíslas en una burbuja de jodida condescendencia y te torturas a ti misma mientras te ahogas en tu propia cobardía.

No puedo hablar.

Me duele mucho.

—Puede que esa mierda te funcionara siendo una Hallaway, pero ahora eres una Reese, y los Reese no nos escondemos.

Se me desbordan las lágrimas como si fuera un diluvio.

¿Yo también rompo? ¿También hago daño a los demás con la forma en la que me protejo?

—No tenías derecho a decidirlo por mí —sollozo—. Lamento ser una carga para tu familia, pero…

—No termines esa frase.

Logan me interrumpe con tono severo y mis palabras se detienen.

—Solo eres una carga para ti misma, y la única razón de eso es que no sabes reconocer ni utilizar tu poder.

—Sterling…

—Sterling es un payaso que come de tu puta mano y, aún así, eres tú la que permite que te muerda. Es patético.

No.

¡No es verdad!

Eso es lo que quiero gritarle, pero no me brotan las palabras y Logan sale del comedor mientras me mira con decepción.

¿Es eso lo que cree de mí? ¿Que soy patética?

Él es el patético, no sabe lo que yo sé, no vio lo que esos chicos hicieron, de lo que Sterling es capaz, y no sabe que, aún viéndolo todo, no hice una mierda para que se detuvieran.

No sabe que yo también quería que pasara.

Nadie lo sabe, y nadie lo sabrá.