CAPITULO 18
Prefiero una guerra contigo que un invierno más sin ti.
Toronto, marzo.
Entro en el piso, me quito los guantes negros que me protegían del frío en las manos, suelto el bolso pequeño en el que guardo la máscara y me quito prenda por prenda mientras me encamino hacia la ducha.
Estoy hecho un lío emocionalmente hablando, todo es una mierda y huelo a ella, a Maddox, a mi florecilla silvestre. La misma que rompió su promesa, fingió su muerte para abandonarme y, por si eso fuera poco, aún se atreve a decirme a la cara que no me debe ni siquiera una miserable explicación.
La odio.
No, joder, eso no es verdad, pero ojalá pudiera odiarla.
Me tiemblan los músculos del cuerpo, me miro en el espejo del baño, desnudo, enrojecido y sollozando.
No me reconozco, pero me recuerdo mucho a un niño de diez años que no podía soportar que la vida fuera tan injusta como para que, el único ser que se la hacía un poco más fácil, se marchara, lo abandonara y lo dejara solo en medio de una batalla que le era imposible ganar.
Mi madre me dejó expuesto ante el más ruin de los monstruos y Maddox…
—Ella me hizo lo mismo…
No, lo que ella hizo es aún peor.
Mi madre sabía que tenía miedo de mi padre, pero su justificación era mayor, porque ella también le temía.
No podía escapar de otra manera y, en el fondo, sabía mejor que nadie que, a pesar del terror psicológico que papá ejercía sobre mí, nunca me ponía un dedo encima.
La violencia física no era algo que quería inculcar a su descendencia, él prefería las lecciones baratas sobre no dejarse llevar por las emociones volátiles que te llevan hasta ella, por eso lloraba ante mí si presenciaba alguna de sus riñas con mamá, y yo fingía creer en él y en lo mucho que lo sentía.
Aprendí a jugar su juego desde que era muy pequeño, a analizarlo y fingir para él lo que necesitaba observar.
Mi madre nunca pudo hacerlo y, en el fondo, a pesar de que eso la terminó matando, lo agradezco.
Ella es el otro lado de mí, ese que nunca se doblega o finge ser algo distinto a lo que es por nada ni por nadie.
Mamá necesitaba su voz, y se revelaba son todas sus fuerzas cuando algo no le gustaba.
Joseph fue mi término medio, él me ayudó, conocía a la perfección la locura de cada uno y me enseñó el arte de dominarla.
Mi madre fue egoísta al tomar la decisión de dejarme con ese monstruo, pero, en el fondo, creo que ella sabía que yo podría controlarlo como ella no era capaz.
Maddox, sin embargo, tenía claro que me moriría de pena sin ella y, aún así, me dejó.
Físicamente puede que parezca muy vivo, pero llevo siete años muerto y sufriendo en silencio por ella.
No la protegí, la dejé sola en el peor momento imaginable, la oculté de los demás por puro miedo y egoísmo, tomé una mala decisión, pero, ¡joder! ¿De verdad me merecía esto? Que se esfumara, que fingiera su propia muerte durante siete jodidos años.
No.
Me importa una mierda lo que piense, lo mucho que crea que sufrió o lo mal que sienta que me he comportado, porque no se compara en absoluto a lo que ella me hizo a mí.
Y una mierda.
No voy a volver a ser el mismo chico que la trató con amor, cuidado y condescendencia, no va a volver a pisotear mis sentimientos, tirarlos a la basura y mirarme con desdén mientras ella y ese hijo de puta se burlan de mí en mi cara.
No lo pienso permitir.
—No me lo merezco, ¡no me lo merecía!
El espejo del baño se hace añicos con un estruendo ensordecedor y el dolor estalla en mi mano casi de manera inmediata.
Me importa una mierda. Todo, joder, todo me importa una mierda.
Los artículos del baño salen disparados en todas direcciones cuando los empujo con fuerza, grito y berreo de rabia, de angustia, de dolor. Me dejo llevar y no me detengo ni siquiera a pensarlo.
Estoy completamente desnudo, vulnerable y sangrando, pero solo puedo ver el rostro de Maddox mientras mantengo los ojos cerrados y apretados con fuerza.
Maddox me abandonó.
Maddox me utilizó todo ese tiempo.
Maddox no cumplió su promesa.
—No cumpliste tu promesa —sollozo—, ¿por qué, joder? ¿Por qué me hiciste esto a mí?
Mi cara acaba escondida en medio de mis rodillas y todo el cuerpo se me sacude debido a la fuerza del llanto.
—Te quería, joder. Te quise con todo el amor que tenía y que tengo.
—Esta escena es deplorable.
¿Qué mierda?
Doy asco, lo sé, debo parecer el epítome del fracaso en medio del suelo lleno de cristales, desnudo, entre sollozos y sangre, pero no me muevo un ápice para ocultar nada de eso de Declan.
—¿Has venido solo?
—Kirian se está comiendo todo lo que tienes en la despensa y Lucien busca algo de porno para dejarte su lefa en la cama.
—Ese hijo de puta. —Niego con la cabeza y se me escapa un suspiro antes de preguntar por Gibs.
—Necesita algo más de tiempo.
Quiero a Gideon. Joder, Dios, Buda, Alá, el universo, o cualquiera que sea el puto ser supremo en el que creas, sabe que quiero a Gideon y a cualquiera de estos imbéciles con locura.
Gibs fue mi razón principal para hablar con los demás y participar en ese plan tan truculento que nos ha marcado de por vida, pero a veces odio que sea un puto cagón que camina por la vida con el rabo entre las piernas.
—Estas hecho una mierda, jamás creí que tendría que verte el agujero del culo desde esta posición.
—Que te den, eres tú el que ha venido a mi puto piso después de echarme de mi casa, me siento peor de lo que parezco y no me pienso ocultar.
—¡Joder, ¿que cojones…?! ¿Vosotros también, joder? Me cago en todo…
Lucien se aleja mientras vocifera maldiciones y pongo los ojos en blanco.
—Tío, en el baño pasan cosas raras, te lo digo por si quieres unirte —le dice a Kirian, al que luego escucho gruñir.
Me pongo de pie de un salto. No quiero tener que vérmelas con Kirian.
—Pírate de aquí, cerraré la puerta antes de que a ese hijo de puta se le ocurra venir a ayudarme.
—¡Kir! —grita Declan con desdén y una sonrisa pícara y juguetona.
—¡Que te jodan!
Lo empujo con todas mis fuerzas y logro sacarlo fuera antes de que llegue Kirian y me toque lidiar con los dos.
Diez minutos después estoy sentado en mi sofá de cuero, tengo una toalla envuelta en la herida de la mano, visto unos pantalones cortos de tela muy cómodos y una sudadera con el logo del equipo, mientras los demás me rodean y me miran con seriedad.
Bueno, Declan y Kir lo hacen, el hijo de puta de Lucien está desparramado de cualquier manera fingiendo que se duerme de aburrimiento.
—No vas a faltar a otro entrenamiento.
La voz de Declan es contundente, como siempre que habla de temas relacionados al equipo.
—Estoy malo —sentencio.
—Y una mierda —bufa Kirian—. Además, a Reese casi le da un infarto cuando el entrenador ha dicho que no venías y Lucien le ha soltado que habías ido a follarte a su mujer.
Miro a Lucien con una media sonrisa y me entran ganas de chocarle el puño por eso, pero me conformo con guiñarle un ojo con complicidad.
—Nada de agradecimientos, ese hijo de puta se ha desquitado con nosotros en la pista y no tengo la suficiente cabeza fría como para soportarlo.
—Iba a por nosotros —explica Declan—, en especial a por Kir, sabe que es el de la mecha más corta y quería una excusa para poder largarse del entrenamiento e ir en busca de tu pelirroja.
—Lástima que no la consiguió. —Así podría haber llegado a tiempo de ver como su mujercita se atragantaba con mi polla.
—A lo que sea que juegues, Sterling, se acabó. Esa chica es asunto de Reese, no tuyo.
«Esa chica es asunto de Reese, no tuyo». «Asunto de Reese». «Señotira Reese». «Una mujer casada». «He roto mi promesa, como tú rompiste la tuya».
No puedo soportarlo.
Me pongo de pie de un salto y mis amigos se asombran por ello.
Doy un par de pasos hacia Declan, fuera de mí, lo sujeto por el cuello de la camiseta y lo levanto del sofá; este no se inmuta ni un ápice, solo me mira con la paciencia de un asesino letal que disfruta al ver que su víctima pierde los nervios un poco antes de demostrarle que no tiene posibilidades.
—Si crees que esto es un juego para mí, es que no me conoces en absoluto.
—Prometimos elegirnos por encima de cualquier cosa —recita Declan con parsimonia.
—¿Entonces Martina es un puto espejismo?
—Martina forma parte del equipo, lo sabe todo y no por culpa mía. Además, ella nos apoya.
—Maddox…
—Es la hija de esa escoria.
Me duele el corazón ante lo rotundas que suenan sus palabras.
Sé que Lucien fue quien destapó todo el pastel ante Martina por culpa de sus impulsos y su miedo a perder nuestra estabilidad, pero si Declan hubiera hablado conmigo, si me hubiera dicho lo mucho que la quería antes, yo…
yo hubiera dado la cara por él, por los dos, y lo hubiera ayudado ante los demás.
—Sterling, me importa una mierda que te guarde rencor por cualquier tontería, lo juro, puede ser la estupidez más insignificante y requerir una solución irrisoria, pero esa chica, por más que te esfuerces, no va a pertenecer a nuestro club jamás.
«No va a pertenecer a nuestro club jamás».
No sé si quiero que lo haga, no tengo nada claro a dónde va a ir a parar todo esto, pero lo único que sí tengo claro es que Maddox es mía, lo quiera ella o no, me pertenece, así el hijo de puta de Reese tenga que morir en el proceso. Nadie, ni siquiera mis amigos, pueden rebatir eso.
—¿Por qué? —provoco a Declan y su mirada se estrecha sobre mí.
—¿Quieres que hablemos del por qué? —arquea una ceja, desafiante.
—Sí, dilo en voz alta, Declan, para que todos lo escuchemos. ¿Piensas que ella no puede ser mía porque somos los responsables de las muertes de sus padres?
—Me cago en todo, a este se la ido la puta pinza —gruñe Kirian y se coloca a un lado de Declan con gesto irritado.
—No vuelvas a repetir esa mierda —ruge Lucien con desafío y se coloca al otro lado.
—Ella los quería tan muertos como yo —les confieso y suelto a Declan, que se alisa sin prisa la zona de la camiseta en la que le he puesto las manos.
—Eso no importa una mierda.
—A mi me importa —farfullo—. Hace siete años me importó lo suficiente como para elegirla a ella por encima de vosotros, porque sí, os acompañé, joder, me fui de allí y la deje escondida y sola, pero regresé por ella y estaba dispuesto a dejarlo todo con tal de escaparnos muy lejos y vivir a su lado, aunque eso supusiera no volver a veros jamás.
—Ibas a abandonarnos por esa chica. —Gideon cierra la puerta a su espalda y maldigo el momento en el que nos intercambiamos entre todos las llaves de nuestras viviendas independientes.
—Bienvenido, chico de oro —se burla Lucien, pero Gideon lo ignora.
—La quería con locura, era mi mujer, joder, mi vida…
—Nosotros éramos tu familia, somos tu familia.
—Y he cumplido con vosotros, hablé, planifiqué y ejecuté. Os acompañé hasta el último segundo mientras la apartaba a ella...
—¡Porque sabías que no la aceptaríamos! —incita Gideon.
—¡Sí! —confieso—. Y también porque os consideraba demasiado como para poneros en la posición de obligaros a aceptarla, de elegir, como vosotros me hacéis elegir a mí ahora.
—¿Elegir? ¿En serio tienes esa opción, Sterling? —Gideon el calmado arremete contra mí y me da un manotazo en el pecho. Lo miro con rabia, pero escucho sus palabras—. Es la mujer de Reese, se fue por algún motivo y no quiere saber nada de ti.
Mierda.
Reconozco la sensación antes de permitir que se abra paso, pero estoy harto de frenarla.
—Ella. Es. Mía.
Digo cada palabra dando un paso hacia Gideon hasta estar a la altura de su cara, y noto como Kirian se tensa.
—Estoy jodidamente obsesionado con ella —le confieso y se le ensancha la mirada—.
¿Sabes por qué no puede ser la mujer de Reese?
Porque me pertenece jodidamente a mí —escupo sobre su cara mientras me doy golpes en el pecho—.
¿Qué pretendes que haga? ¿Qué ignore mis propios sentimientos y esconda quién soy por el resto de mi vida?
Sé que es un golpe muy bajo, pero lo siento muy necesario.
—No puedo hacer eso, Gideon. Me importa una mierda si ambos acabamos muertos en el proceso, pero Maddox Hallaway no va a pertenecer a otro hijo de puta que no sea yo.
—¿Aunque nos hundas a todos por ello?
—Nadie saldrá hundido. Solo, a lo mejor, nosotros mismos.
—No sé para que me habéis convencido de venir aquí —se queja Gideon y se aleja de mí haciendo gestos con las manos—. Está loco, no va cambiar de idea y yo no pienso apoyarlo con esto.
—No necesito vuestro apoyo…
—Somos un jodido equipo —gruñe Kirian, tan cerca de mí que me pone los pelos de punta.
—¡Tengo que hacer esto, joder! Tengo que obtener una respuesta, un jodido porqué, recupe…
—No vas a recuperarla —se burla Lucien con esa tono perturbador que hace que se me erice la piel—, pero suerte en tu patético intento.
Lucho por ser fuerte, pero no puedo evitar estremecerme por el vacío y la desolación que me provocan esas palabras. ¿Es así cómo se siente cuando tus amigos te dan la espalda? ¿Cuándo los pierdes?
Sea como sea, es más soportable que aquello que sentí cuando vi la ropa de Maddox en el fondo de ese acantilado.
—Me piro de aquí —farfulla Lucien y lo ignoro.
—Yo también, joder —lo secunda Kir.
Gideon no se despide, pero los sigue. Solo nos quedamos Declan y yo.
—Haz lo que necesites, Sterling, pero te quiero en el entrenamiento de mañana.
Esas son las únicas palabras que me dedica antes de salir por la puerta y sé que lo hace como mi capitán, no como mi mejor amigo.
Duele como el infierno, aunque, en realidad, no sé qué esperaba, no sé qué espero.
Soy consciente de que ellos no pueden apoyarme con lo que sea que pretendo, pero, a una parte de mí, le gustaría.
Ojalá pudieran mirar en mi cabeza, entender lo confuso que me siento, empatizar con mi trauma y decir las palabras que más necesito escuchar.
«Sterling, no tengo claro que es lo que intentas conseguir, pero permaneceré a tu lado».
Estoy harto de sentir el dolor que producen todas las personas que abandonan, las que se bajan de mi barco y dejan que me hunda solo.
Maddox es una de ellas y creí que mis amigos jamás lo serían.
Me muero de impotencia al interiorizar el hecho de que no conseguiré que ella hable conmigo de manera honesta, y menos con la forma en la que me dejo llevar por la rabia cada vez que me desafía.
Pero, por suerte o por desgracia, conozco a la única persona que puede convencerla para que lo haga.
Juré nunca molestarlo, hacer como si no existiera, dejarlo descansar en paz, pero ese encuentro fortuito que tuvimos la noche en la que regresé para buscar a Maddox ocurrió, y ahora entiendo que este es el motivo.
Sé que él tiene una nueva vida, pero estoy desesperado, y necesito conseguir respuestas.