Secreta Obsesión (Sangre bajo el hielo 2) CAPITULO 17
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CAPITULO 17

Todos merecemos que nos quieran en voz alta.

No quiero llorar, pero verlo, tan guapo, dispuesto y lleno de seguridad, me desarma por completo.

Corro a su encuentro lo más rápido que el cuerpo dolorido me lo permite y me hundo en los brazos, que mantiene abiertos para mí.

Me deshago en llantos sin poder evitarlo, él me envuelve con cariño, me acaricia, me consuela.

—Por favor, dime que puedo matarlos.

—No puedes.

—Entonces encontraré quién lo haga.

—Llévame lejos de aquí, por favor, Star, con eso me vale.

—Vamos, florecilla, conozco el mejor lugar.

Sus labios cálidos se posan con una ternura delicada sobre los míos, me hace estremecer, me desarma, y noto como mi cuerpo por dentro se inunda de un calor abrasador.

—Te amo, Star —musito en su boca y su agarre sobre mí se vuelve más posesivo.

—Entra en el coche —gruñe.

Le hago caso y subo en el lujoso coche en el asiento trasero. La parte delantera se encuentra aislada, oculta por una cortina negra que nos aísla de los ojos indiscretos del conductor.

—Muéstrame lo que te hizo.

Me encojo sobre mí misma y lidio con la vergüenza.

Solo quería intentarlo, pero volví a comprobar que no tengo y nunca tendré ni una amiga, ni una aliada, ni mucho menos una madre en Helena Hallaway.

No hay amor por mí en ella. Me golpeó con tanta fuerza, se enfadó tanto conmigo y me gritó cosas tan horribles que aún lucho contra el reflejo de cubrirme los oídos para no escucharlas.

Me obligó a tomar las pastillas, y mi único golpe de suerte fue que no me obligó a levantar la lengua cuando me pidió que abriera la boca y le demostrara que las tragué.

—Star…

—Maddox.

Su voz es contundente.

Sterling es un amor, me trata con cariño y cuidado, pero también tiene un aire posesivo y autoritario al que es mejor no provocar.

No quiero hacerlo.

Me saco la chaqueta por los brazos, levanto la sudadera y me la saco por la cabeza, me tiembla el cuerpo entero, pero no es por frío, puesto que el coche está a una temperatura ideal, es por el dolor que me producen los golpes, y el exponer tanta desgracia ante los ojos de mi amor.

La luz de la linterna de su móvil me hace daño en los ojos.

Parpadeo un par de veces y es entonces cuando siento las lágrimas descender por las mejillas.

Sollozo al ver sus ojos agrandados, sé que no es bonito, recuerdo dónde se encuentra cada golpe y la pinta que tiene.

—Esto es… —Su voz se rompe y se lleva el puño a la boca, se muerde un dedo por pura frustración.

—Se ha enfadado mucho…

—Ni siquiera se te ocurra justificarla, Maddox.

No quiero hacerlo, no soy tan ingenua como para ello, sé que lo que mi madre hace, la forma en la que me golpea, como se aprovecha de mí para trabajar durante el verano y el poco o nulo cariño que me ofrece, no es justificable, pero conozco a Star y no quiero que pierda los papeles con esto.

—Encontraré la forma de que mueran, lo sabes, ¿verdad? Haré que paguen por lo que hicieron a Red, por lo que te hacen a ti.

—Ya hemos hablado de eso, Star…

—Te muele a golpes, Maddox, te droga desde que tienes ocho años.

Joder…

—Yo, lo sé, pero…

—Pero nada…

—Sabes que tengo que volver, Star, no debemos apresurarnos, aún no tengo dieciocho años y no quiero que un paso en falso arruine nuestras posibilidades de estar juntos.

—Nada me mantendrá alejado de ti…

—Ellos pueden, pueden alertar sobre lo nuestro a tu padre, conseguir que te lleve lejos, arruinar todos nuestros sueños y hacernos aún más daño. Pueden matarme, Star, y me moriré, te juro que moriré si me separan de tu lado.

Tengo las emociones a flor de piel, nunca ha salido tanta verdad de mis labios.

Sterling es toda mi vida, toda mi felicidad, toda mi esperanza, tengo cada uno de mis sueños e ilusiones puestos en el futuro que él me ofrece, en el amor que me brinda y la devoción con la que me acompaña, a pesar de no estar físicamente conmigo en cada segundo del día, está metido en mis huesos, en mi sangre, en mi corazón.

Los sollozos apenas me permiten respirar cuando me envuelve entre sus brazos y me consuela.

—No llores más, florecilla, estoy aquí para ti, es solo que no puedo soportar ver como te hacen daño.

—Cambié las pastillas, las cambio cada mes por las que dejas en mi ventana, ella no sospecha, Star, vamos ganando. Sé que no lo parece, pero tenemos ventaja sobre ellos y solo nos queda un verano, un verano más y saldré de ese campamento de la mano contigo como tu legítima esposa.

—Eres el amor de mi vida, Madds.

Sus labios ardientes me besan despacio. Sus palmas me rodean las mejillas, enmarcan mi rostro con cariño. Me muevo para estar más cerca de él y me dejo llevar por la forma en la que me abraza.

—Curaré cada una de tus cicatrices, heridas y golpes con besos, caricias, sonrisas y felicidad.

No tengo ninguna duda, ya lo hace, aunque solo sea a la distancia durante nueve meses al año.

—Necesitaba tanto verte...

Mi cuerpo se mueve por sí solo mientras recibe besos cargados de ternura en cada zona morada y dolorida. Sterling termina sobre mí, pero sin recargarme con su peso.

—Necesitaba tanto tus besos, desearte un feliz cumpleaños, Star.

—Eres mi deseo hecho realidad, florecilla. —Me da un beso sonoro en los labios y jadeo de felicidad.

—Y tú eres mi estrella.

Le rodeo el cuello con el brazo y me olvido de dónde nos encontramos, reclamo sus labios, me pego a él, lo empujo contra mí con fuerza.

—Madds…

—No puedo esperar —le confieso con voz entrecortada y empujo su trasero contra mi centro.

—No quiero hacerte daño.

—No podrías aunque quisieras.

—Estás herida.

—Pero me duele mucho más que no estés dentro de mí, Star. Puede que sea tu cumpleaños, pero soy yo la que necesita tu polla como regalo.

—Me cago en la puta…

Se saca la cartera del bolsillo y rebusca en ella mientras lo lleno de besos.

Ya no me duele nada, solo tengo una necesidad imperiosa y un deseo voraz insatisfecho que necesita solución.

—Te voy a follar con cuidado —musita mientras se pone el condón sobre la polla e inunda de un olor a látex y a fresa toda la parte trasera del coche.

Asiento, pero, en realidad, ni siquiera he podido escuchar lo que ha dicho con claridad, porque en lo único que pienso es en la sensación de tenerle dentro de mí.

Me acomodo, extendida sobre los asientos, y lo envuelvo con mayor fuerza cuando se cierne sobre mí. Lo empujo contra mí y gimo sobre su boca cuando se introduce lentamente, pero con destreza.

—Joder, Madds.

—Feliz cumpleaños, Star —gimoteo y él se mueve con mayor velocidad.

—Eres el mejor puto regalo de la historia.

—No, qué va. Tú lo eres.

Le empujo el pecho y él, desconcertado, detiene el movimiento.

—¿Quieres parar?

—Quiero hacerlo yo, ponerme arriba, sobre ti…

—Madds, estás dolorida…

—Por favor, me apetece mucho hacerlo, Star, de verdad.

Me mira de forma intensa durante unos segundos, pero al final se sienta y espera por mí.

—No te sientas obligada… hostia puta.

Me siento sobre él y le muerdo el hombro para reprimir mi propio grito, muevo la cadera arriba y abajo, y me deleito en sus ojos anegados cuando me mira embelesado y con la boca medio abierta.

Puede que, desde que tengo el móvil que me regaló, haya visto algunos vídeos de cómo una chica puede hacer que un chico se sienta muy bien al saltar sobre su polla.

—Eres increíble —le digo antes de darle un beso—, Me haces sentir tan bien, Star, tan llena.

—Me estás exprimiendo la polla con ese coño prieto y precioso, florecilla, como encima me digas esas cosas…

—Te vas a correr por mí —recito para él de forma provocativa mientras tiento su boca y no paro de moverme—. ¿Me vas a llenar el coño con tu leche?

—¿Quieres que lo haga?

Sí que quiero, pero es muy peligroso, solo he dicho eso porque era lo que decía aquella chica en el video que vi.

—Sé que no podemos —murmura Sterling al ver mi cortocircuito momentáneo—, pero eso no quiere decir que no me vaya a correr muchísimo por ti.

Sus manos anchas me sujetan las caderas y él toma el control del movimiento. Chillo, me arqueo hacia atrás y recibo lo que me da mientras mi cuerpo y mi mente se ven sobrepasados por semejante sensación de placer, lujuria y pecado.

—Oh, Dios, Star.

—Un día no muy lejano mi lefa chorreará por tus muslos y tu coño olerá a mí en vez de a esta mierda de fresa.

—Me muero de ganas —le confieso.

—Pondré un hijo mío dentro de ti, florecilla. ¿Eso también lo quieres? —Asiento y gimo de gusto porque ya me lo imagino.

—Pero primero te disfrutaré, te enseñaré el mundo y la vida que no te han permitido vivir. Te trataré de la manera en la que siempre debiste ser tratada y te follaré tanto y tan fuerte que no podrás volver a dar un paso sin sentirme dentro.

Ay, Dios, sí. ¿Dónde firmo?

—Quiero eso, lo quiero, Star, lo quiero todo, siempre que sea contigo. Nunca con nadie más.

—Nunca con nadie más, florecilla.

Y con esas palabras, me deshago entre sus brazos antes de sentir como su calor brota dentro de mí.

Me tumbo con la cara entre su cuello mientras ambos, sudados y satisfechos, recuperamos el aliento.

—Te amo, Star —le confieso—, pero es hora de que me lleves de vuelta a casa.

—Dos veranos más y saldrás de esa casa de la mano conmigo —dice mientras me mira con seriedad—. No importa lo que pase, ni lo que nadie diga, promételo.

—Lo prometo —le aseguro, y esa es toda mi verdad.

—Pasaremos primero por la farmacia a que te den algo para el dolor y para curar esos golpes.

Asiento y le doy un beso en los labios, es entonces cuando recuerdo que Joseph está del otro lado de la maya y me sonrojo, él se da cuenta y una sonrisa cómplice le brota de forma espontánea mientras hundo la cara en su pecho para esconderme.

—Mi padre no le paga lo suficiente —murmura y yo también me echo a reír.