Secreta Obsesión (Sangre bajo el hielo 2) CAPITULO 12 #3
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CAPITULO 12 #3

—Haz una «o» con los labios —ordena y, cuando lo hago, se empuña la polla con una mano, me sujeta el cabello con la otra y dirige ambas hasta que la tengo dentro de la boca.

Es enorme, la tengo casi en el fondo y apenas estoy cerca de la mitad de su largura—.

Joder —sisea—. Tienes una boca perfecta para mi polla, Madds.

Por alguna razón eso me emociona muchísimo.

—Chupa —ordena y yo lo hago—. Eso es, eres una chica tan buena…

Se me licuan las entrañas con sus halagos.

—Joder.

Sterling mueve las caderas, entra y sale de mi boca cada vez con mayor brío, intenta acariciarme el cabello en el proceso, pero cada vez pierde más el ritmo, hace muecas con el rostro y se entrega a su placer.

¿Yo le provoco esto? ¿Le gusta tanto como me gustó a mí? Eso me hace sentir poderosa.

Elevo las manos y me agarro a sus caderas, le acaricio el torso y gruñe.

—Joder, no puedo —ruge y sale de mi boca, lo que me deja un poco desconcertada.

Corre hasta los pantalones en el suelo y regresa con algo pequeño y rojo en las manos, lo abre con los dientes, y se coloca algo que huele mucho a fresa sobre la polla.

—Me matas, Madds, pero quiero terminar dentro de tu coño.

Oh.

Debería tener miedo, y lo tengo, pero, lejos de lo que esperaba, no entro en pánico. Sterling se cierne sobre mí, me eleva las piernas despacio y me dejo caer y guiar.

—Voy a cuidarte, florecilla.

—Lo sé —farfullo, pero los nervios me delatan, me tiemblan los labios y se me rompen las palabras.

—Te quiero, Maddox —dice, me mira con sus ojos preciosos y mi cerebro estalla.

Él… ¿me quiere?

Me quiere.

Sterling me besa los labios y me impide expresar la respuesta que tengo en la punta de la lengua. Noto como la cabeza de su polla tantea mi entrada, me tenso y él se da cuenta.

—Creo que va a dolerte un poco —susurra apurado. Le acuno las mejillas con las palmas y le beso la nariz.

—Da igual que duela, siempre que sea contigo puedo soportarlo. Yo también te quiero, Sterling.

Y ese es todo el impulso que necesita para hundirse dentro de mí de una sola estocada.

Joder.

Los ojos se me nublan enseguida debido a las lágrimas. Me quedo sin voz y soy incapaz de gritar, pero los ávidos labios de Sterling me distraen con un reguero de besos en el cuello y el modo en que me amasa los pechos.

Se mueve despacio dentro de mí y lo siento en todas partes.

Estoy llenísima. Demasiado. Es una locura, por eso cuando se mueve unas pocas veces más, y me hace círculos en el clítoris, a pesar del dolor, vuelvo a estallar.

Esta vez si me sale la voz y grito con fuerza, le clavo las uñas en la espalda y él aprovecha el incentivo para moverse más deprisa.

Es muchísimo, mis paredes se ciernen sobre su polla, intentan empujarla fuera, pero él se aferra a mí con fuerza y se hunde más profundo.

—Eres mía para siempre, florecilla —sentencia en mi oído.

—Es lo que quiero, Star. Quiero ser tuya para siempre.

Sus empellones se hacen rítmicos, aunque no profundiza hasta el final, me cuida, no quiere hacerme daño y se lo agradezco porque, aunque la sensación de dolor ha casi desaparecido, todavía noto algo de ardor e incomodidad. Pero el placer es superior, es superior a todo, una locura.

—No podré aguantar mucho, Madds. Estas tan prieta…

—¿También vas a estallar?

Se le escapa una sonrisa y asiente. Entonces lo beso y lo miro a los ojos con admiración.

—Quiero verlo —le digo y le brilla la mirada—. Quiero ver cómo estallas por mí.

—Joder, florecilla, que sexi…

Un quejido hueco se le escapa de la garganta, se le abren los labios, se le contorsiona la cara y todo su cuerpo se tensa.

Sale de mí con apuro y tira hasta incorporarme de la misma manera, se quita eso rojo que le recubría la polla, la empuña y masajea antes de que dispare un líquido caliente y viscoso encima de mis pechos y mi cara.

Oh.

Sterling me mira, recupera el aliento y me toco su placer sobre la piel con admiración. Descubro su textura y tanteo su sabor en la lengua.

—¿Te gusta? —pregunta y asiento mientras aún lo descubro.

—Eres lo mejor que me ha pasado —le confieso, él se pone de rodillas ante mí y me empuña las manos entre las suyas.

—Soy tu realidad, florecilla, y tú eres la mía. La mejor realidad de todas.

Sterling se yergue y me besa los labios.

Me cohibo un poco al sentirme desnuda y pegajosa, al saber que puedo manchar su cuerpo con el mío.

Así que me alejo y trepo en la cama hasta el otro lado, me pongo de pie y, cuando vuelvo a mirarlo, veo que introduce la cosa roja en una bolsa de zip transparente.

—¿Qué haces?

—No puedo dejarlo aquí —dice con naturalidad.

—Oh, ¿puedo saber qué es?

Él se detiene, eleva la mirada y parpadea un par de veces antes de caminar hacia mí, me envuelve entre sus brazos y se pone perdido.

—Es un preservativo, Madds, los hombres lo usan durante el sexo para protegerse y proteger a su chica. Con esto evitamos que te pueda dejar embarazada o que nos podamos contagiar alguna infección o enfermedad.

Oh.

—¿Las mujeres no usan preservativos?

—Sí, pero son un poco más complicados.

—¿Qué harás con él?

—Tirarlo. —Sonríe, pero ese brillo de broma muere poco a poco y se transforma en seriedad—.

O no —Sterling da un paso atrás, me recorre el pecho con un dedo y recoge el líquido que brotó de él antes de hacer lo mismo en su pecho e introducirlo en el preservativo—.

A lo mejor ahora soy un puto rarito tan obsesionado contigo que va a guardar tu sangre y mi semen virginal para siempre.

Oh.

Me río a pesar de mí misma, porque puedo imaginarlo hacer algo como eso. Él deja la bolsa sobre la mesita, tira de ambos hacia la cama y nos cubre con la manta.

—¿Qué haríamos con ello? —pregunto mientras me acomodo en su pecho.

—¿Observarla?

Se me escapa una carcajada.

—La verdad es que creo que deberías conservarla —musito mientras observo la bolsa y su contenido—. No me preguntes por qué, pero a mí también me gustaría observarla cuando estemos casados y vivamos en nuestra casa.

—¿Querrás recordar que me follé tu coño virgen con un condón de fresa?

—Siempre —le aseguro y eso parece abrumarlo.

—No hacen falta pruebas, Madds, ni aunque me borraran la memoria podría olvidarlo.

Me acurruco con más fuerza contra él, satisfecha con su respuesta, y me da un beso en la frente.

—No dejes que me duerma —le suplico mientras noto como se me cierran los ojos—. Esta noche no. Quiero estar despierta contigo para siempre.

—Aún si te duermes, florecilla, yo te despertaría. Conmigo puedes soñar tranquila.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.

Nunca me había dormido en paz antes, pero confío en su promesa. Me acomodo en el pecho de Sterling mientras él me acaricia el cabello y me llama suya, y me duermo de la mejor manera en la que lo ha hecho jamás.