Secreta Obsesión (Sangre bajo el hielo 2) CAPITULO 12 #2
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CAPITULO 12 #2

Por alguna razón, no quiero ser una buena chica.

Lo he sido siempre, he escuchado sin rechistar y acatado las órdenes que se me daban a pesar de que las cuestionaba.

Con Sterling quiero ser diferente, quiero darle todo de mí, pero también quiero conocer todas mis versiones y descubrir si él puede amarlas.

—No quiero ser una buena chica —le confieso y grito cuando noto como su erección salta sobre mis nalgas.

—¿Ah, no? —A pesar de la máscara, su aliento me golpea el cuello y casi me hace gruñir de necesidad—. ¿Por eso me has guiado hasta aquí, florecilla? ¿Quieres que te folle sobre tu cama? ¿Que obtenga lo que me pertenece?

Su mano imponente se desliza entre mis piernas, acaricia con letalidad, con contundencia, presiona y hace daño, pero, a la vez, no quiero sentir ninguna otra cosa que no implique esta sensación.

—Star…

—Contesta a mis preguntas, Maddox, ¿crees que estás lista para soportar mi polla como regalo de cumpleaños? ¿Crees que eso te hará sentir lo suficientemente viva?

Suena a amenaza, pero, si es así, ¿por qué me estremezco de necesidad?

—Nunca lo descubriremos si no lo intentamos.

Las palabras escapan por sí solas de mis labios sin que pueda detenerlas.

¿Acabo de…? Ay, Dios, ¿acabo de invitarlo a que me folle?

No tengo el tiempo suficiente como para procesarlo, Sterling tira de mí y me coloca a cuatro patas mientras gruñe y me levanta el vestido por encima de la cintura.

Me encojo de miedo al no tener claro lo que hará a continuación, pero lo siguiente que noto es la calidez de su aliento entre mis pliegues húmedos, y la contundencia de su lengua mientras prueba el placer que emana de mí solo para él.

Eso que, en el pasado, creía que era un accidente y que ahora tengo claro que es una consecuencia.

—¡Star! —chillo e intento cerrar las piernas un poco acomplejada. No me lo permite, me da una palmada en el culo con fuerza y jadeo debido a la sorpresa.

—Verde —me informa—. Di verde si quieres que pare.

Es la única advertencia que recibo antes de que hunda la lengua en mi interior y me… devore.

Es… Oh, Dios, espera, es demasiado. Es irreal.

No estoy nada acostumbrada a la invasión y, por tanto, mi cuerpo convulsiona y salta en consecuencia, me electrocuta. No sabía que una sensación como esta podía existir, no lo imaginaba y, de haberlo hecho, creí que nunca la experimentaría.

El placer me calienta la piel, me arde, grito y me estremezco con cada movimiento de su lengua.

—Quieta —ordena y jadeo, recuperando el aliento—. No puedo comer mi coño a gusto si no paras de removerte, florecilla. Tienes que ser una buena chica y acostumbrarte a mí, a sentirme en todas partes.

—Yo…

Quiero ser una buena chica para él, de verdad que lo deseo.

Me sorprende como incluso su voz es diferente ahora, más grave, más profunda, pero, en lugar de intimidarme, eso solo me crea aún mayor necesidad de conocer todas sus versiones y acatar todas sus órdenes.

—Voy a ayudarte con ello, florecilla.

Sterling se pone de rodillas en la cama, me rodea la cintura con un brazo fuerte y me empuja el cuerpo hacia delante, aterrizo en la misma posición, pero unos metros más arriba con el cabecero de madera de mi cama de noventa pegada a la frente.

—Ponte de rodillas, abre todo lo que puedas las piernas para mí y sujétate a las dos puntas del cabecero.

Ay, Dios.

Cuando cumplo con lo que pide, él se tumba boca arriba y se cuela debajo de mí, me tira de la cadera y me hace descender hasta que me siento sobre su boca y esta invade mi coño.

Su lengua me destroza con movimientos letales y envolventes, lame mis pliegues de arriba a abajo, abarca toda la zona e incluso mi ano, es una locura.

Pero enseguida me descubro gimiendo sin pudor en consecuencia, me estremezco.

Sus dos manos se aferran más fuerte a mis caderas y me mantienen firme mientras se prende a mi punto nervioso y chupa con decisión.

—¡Star! —gimoteo mientras recibo todas las sensaciones que me provoca.

—Eso es —gruñe—. Si vas a moverte que sea solo para restregar tu delicioso coño por mi boca mientras me doy un festín con él.

—¿Pu…? ¿Puedo hacer eso? —Miro hacia abajo y encuentro su mirada brillante y lujuriosa—. ¿Moverme sobre tu boca? ¿No te haré daño?

—Mírame, florecilla.

El peso del pudor me golpea de repente, como un bloque pesado que se posa sobre mi pecho y me hace descender los hombros. No puedo decir que se carga la fantasía del todo, pero si hace que descienda.

—Star…

Rehúyo de sus ojos, que me miran con intensidad desde el centro de mis piernas.

—Mírame, Maddox —sentencia con contundencia.

—Yo…

—¿No puedes verme en medio de tus piernas con tu coño en la boca de forma consciente?

—Sterling…

—¿No puedes ver cómo me como lo que es mío? —Sus manos sujetan mis caderas de forma tan firme que se torna dolorosa—. ¿No piensas mirar como te follo con la lengua, florecilla, comprobar por ti misma que no puedo estar mejor? Esto es el puto cielo, Maddox, y tú sabes como la jodida gloria.

Oh.

—¿Y con la polla? ¿Piensas cerrar los ojos y pretender que esto es un sueño cuando te la meta tan profundo que apenas puedas soportarla? Creí que querías vivir en la realidad.

Esas palabras rompen algo en mi interior, pero no de la misma forma en la que lo hace cuando los demás me las restriegan por la cara. Rompen, pero motivan. Él tiene razón, quiero estar despierta, quiero vivir esto.

—Mírame, Madds.

Lo hago. Sus rizos preciosos esparcidos por la cama, sus ojos cargados de lujuria, la forma en la que se aferra a mí, en la que me desea…

—No dejes de mirarme, cariño, mantén esos preciosos ojos abiertos por mí.

Entonces todo se intensifica, él no tiene piedad.

Me come como si estuviera hambriento y es abrumador.

Me hace gritar y removerme, lucho por no apartar la mirada durante cada segundo, lucho por no cerrar los ojos.

El cabecero de la cama me sirve de ayuda, pero temo arrancarlo de lo fuerte que lo sujeto.

—Oh, Dios, Sterling —gimoteo mientras la sensación se intensifica y se expande por todo mi riego sanguíneo. Estoy a punto de estallar, tan cerca…

Mis caderas se mueven por sí mismas y escucho a Sterling gruñir de satisfacción cuando asumo algo de control y le monto la boca. No sé lo que hago, creo que es una locura, un desastre y que lo estoy poniendo perdido, pero ¡cómo lo disfruto!

Mi respiración se vuelve entrecortada, pierdo el soporte del cabecero y mis palmas, apretadas en puños, se apoyan sobre la cama mientras se me ponen los ojos en blanco, me arqueo y grito con fuerza.

Algo acaba de explotar dentro de mí, pero no estoy muerta.

¡Es una locura!

Sterling se mueve con rapidez, no sé en que momento salió de debajo de mí, pero ahora me empuja sobre la cama, caigo boca arriba y él me arrastra hasta el borde, me abre las piernas del todo y lame con brío mi coño sensible. Le sujeto el cabello, pero no se detiene.

—¡Star! —gimoteo.

Entonces me abre el vestido, lo rompe por completo y tira de mi sujetador.

Menos mal que es de los que se desabrochan por delante y se abre por la presión antes de correr con la misma suerte que el vestido, porque no tengo muchos más.

Su boca ataca a la mía, me embriaga de sus besos cargados de mi propio sabor, segundos después lo noto en el cuello, en la clavicula y…

joder. Sterling me come los pechos y me hace ver las estrellas mientras chupa y mordisquea pezón a pezón.

—Eres mía. —Asiento con vehemencia. Me sujeta el cabello, tira de mí y me obliga a incorporarme junto a él.

Mi rostro queda a la altura de su cintura y trago en seco, borracha y abrumada por el deseo. Sterling se desabrocha el vaquero oscuro, se lo baja junto al calzoncillo. Ay, Dios, su polla salta, literalmente, y me golpea en la cara.

Nunca había visto una polla, nunca, bueno, solo la de Red cuando éramos pequeños y nos duchaban juntos en la bañera, pero esto es una locura.

No puedo parar de observarla. Se me agrandan los ojos y se me tiñen los pómulos de un rojo ardiente ante su largura y su grosor. Es imponente, y está ligeramente ladeada a la derecha, es enorme y dudo que quepa dentro de mí.

—Tócala.

Me recorre un escalofrío y lo miro a los ojos.

—Tu coño es mío, y tú eres la dueña de mi polla.

¿Por qué cojones eso me hace sentir como si me dijera que acabo de ganar la lotería y que ahora soy la dueña de la CN Tower?

Me agarra la mano entre la suya y la eleva hasta su polla vigorosa, ladeada y cálida.

—¿No te haré daño? —pregunto curiosa.

—En absoluto —dice despacio y me acaricia el cuero cabelludo. Se siente genial, casi ronroneo y, de repente, quiero hacerlo sentir tan bien como él me hace sentir a mí.

—¿Sentirás lo mismo que yo mientras tú…?

—Mientras te comía el coño —concluye por mí—. Sí.

Mi mano se envuelve en la base de su polla, mis dedos no se tocan entre ellos, y me emociono al ver que él cierra los ojos y parece disfrutarlo.

—¿Qué tengo que hacer, Star? Dime qué hacer para que te sientas bien y lo haré.

—Mueve la mano despacio hacia arriba y hacia abajo.

—¿Así? —pregunto mientras lo hago.

Él sisea de gusto y asiente. Mientras lo tengo tan cerca, la boca me saliva con deseos de probarlo y devorarlo como él ha hecho conmigo.

—¿Puedo utilizar la lengua?

—¿Quieres?

—Quiero.

—Entonces hazlo, florecilla. Mi polla es jodidamente de tu propiedad.

Saco la lengua y lamo con cautela la cabeza brillante de su polla, un sabor algo alcalino invade mis papilas gustativas y me estremece al principio mientras me adapto, pero no se siente desagradable, nada lo es no viniendo de él.

—¿Qué tengo que hacer ahora? —pregunto con interés y le sujeto las caderas—. No te reprimas conmigo, Star, yo también quiero aprender a hacerlo bien por ti, aprender lo que te gusta.

—Madds, ¿estás segura? Me muero por follarte la boca, pero…

¿Follarme la boca? Oh, Dios.

—Diré «verde» si es demasiado. Confío en ti.

Sus ojos brillan ante mis palabras.