CAPITULO 12
No siempre sabes lo que quieres, pero siempre sabes como te quieres sentir.
—Feliz cumpleaños, florecilla.
No es la primera vez que alguien me felicita el cumpleaños, pero si la primera en la que mi cuerpo se tensa de esta manera y mi cerebro estalla con una explosión de dopamina.
¡Estoy emocionada! No, tacha eso, en realidad estoy eufórica, casi tengo ganas de ponerme a chillar y saltar en mitad de este pasillo oscuro a la una de la madrugada.
Eso no sería una buena idea, pero la emoción me abruma, nunca me imaginé que la vida se pudiera sentir tan bien.
Mi corazón late con más fuerza que nunca y todo es gracias a una persona.
Sterling McAllister.
Mi Star.
Solo el hecho de que él me demuestre su interés y su atención me hace sentir especial, reconocida, presente, feliz.
Sterling me ve. Para él no soy invisible.
No puedo dejar de suspirar mientras las mariposas revolotean en mi estomago y, honestamente, no quiero hacerlo.
Nunca conocí a alguien como Star, nunca nadie me habló como él me habla ni ha tenido los detalles que él tiene conmigo.
Red era un buen hermano, eso es indudable, pero a veces se molestaba y me decía cosas hirientes como «vuelve a tu sueño, bella durmiente».
Sé que no le gustaba que tocara sus cosas, pero me duele reconocer que nada lo detenía al lanzar sus palabras como dardos envenenados a pesar de saber lo mucho que me afectaban.
Todo lo contrario, decía que tenía que acostumbrarme porque eso es lo que sucede en la vida real y no en el país de los sueños, que es donde vivo, como si vivir ahí fuera mi elección en lugar de mi condena.
La vida duele, mi hermano, mi madre y papá siempre me lo han enseñado.
Red, al igual que ellos, tenía cambios de humor muy bruscos.
Supongo que eso es cosa de algunas personas porque nada es así con Star o con la abuela, con ellos no tengo que ir de puntillas o andar con pies de plomo, no tengo que reprimir mis palabras ni tampoco esconder mis pensamientos o mis ganas de explorar.
Nunca me he sentido tan valorada, apreciada y vista como cuando estoy con ellos.
Son mis personas favoritas del mundo y ojalá pudiera vivir siempre con ellos en lugar de con mamá y papá.
Mi madre puede parece interesada en mí, en controlar cada paso que doy, pero no lo hace por cariño o porque le agrade mi compañía, sino porque necesita asegurarse de que trabaje para ella en verano y tome mi medicación de forma religiosa durante el resto de las estaciones.
Le he explicado a Sterling como me hacen sentir esas pastillas y él está de acuerdo conmigo, me entiende al igual que la abuela y no me explico cómo es que mamá y papá no lo hacen.
Bueno, ella, porque para mi padre soy inexistente, ni siquiera me miró cuando le comenté que quería consultar a un médico y que mamá no me escuchaba, a él no le importo nada, no cómo le importaba Red.
Supongo que cada uno de ellos es la perdición para uno de nosotros, papá fue la de Red, y mamá será la mía.
Pero eso no es importante ahora, no dejaré que me arruine este momento porque Sterling quiere que viva mientras estoy a su lado, me quiere despierta, que coma, que hable, que ría, corra y explore.
Quiere que sea quien quiero ser y que permanezca a su lado.
Él quiere tanto como yo liberar esa versión de mí y poder llegar a conocerla y disfrutarla intensamente algún día.
Dejo la nota de Sterling sobre la hermosa caja pequeña que encontré delante de la puerta que da acceso a su habitación desde el pasadizo.
Es la una y veinte, según mi reloj. Se retrasa, porque, como el año pasado en mi cumpleaños, quedamos para pasar juntos toda la madrugada.
Es el mejor día de todo el verano, pasamos más horas juntos, como si esa fuera nuestra realidad y no aquella en la que yo no debería existir y soy un completo fantasma.
Él lo hace por mí, a pesar de que al día siguiente es el más cansado con diferencia durante los duros entrenamientos.
—Gracias —susurro con una sonrisa amplia e inevitable y abro la tapa cuadrada de la pequeña caja. Es una pasada, verde oscura y con un lazo del mismo tono, pero con bordes dorados y brillantes.
Mis ojos triplican su tamaño y se me escapa un jadeo al ver lo que hay dentro de ella.
De repente, siento las manos pesadas, como si fuera una chica torpe que no tiene suficiente cuidado, como si fuera una especie de elefante dentro de una tetería que amenaza con destrozar todo a su paso.
Tengo la necesidad imperiosa de sentarme en el suelo…
y lo hago. Mi vestido corto, pero ancho, me permite cruzar las piernas en forma de mariposa y me cubre bien la zona entre las piernas.
Dejo la caja en el suelo, y lo único que hago, durante al menos cinco minutos, es admirarla y sonreír mientras se me pasan por la mente como flashes todas y cada una de las veces en las que Sterling me ha llamado florecilla.
Su florecilla silvestre.
Esto es precioso, un gesto increíble de una estrella en la tierra, y haber coincidido con él es el deseo hecho realidad.
Sterling me ha regalado un collar con el dije de una margarita verde tallada en cristal.
Es lo más hermoso que he visto en la vida, un detalle mucho más significativo incluso que el móvil, o que los payasos, es decir, sí, agradezco tenerlo y comunicarme con él a través de la pantalla, conocer el mundo exterior, como una chica normal, pero esto— es como si Star hubiera captado mi esencia y la hubiera plasmado en algo único e invaluable, algo de lo que no me voy a deshacer jamás.
—Te cuidaré con tanto celo… —susurro a la caja y noto como una sensación nueva me invade el corazón.
No sabría cómo definirla con palabras, solo puedo explicarlo diciendo que me siento la dueña de algo invaluable, algo que es tan maravilloso que debe guardarse en secreto, como lo que sentimos Sterling y yo al estar el uno con el otro.
Voy a besarlo cuando lo vea. ¡Me muero de ganas!
Una luz verde oscila desde el otro lado del pasillo, lejos, a gran distancia y, aunque tengo margen de tiempo y maniobra como para poder esconderme, noto que se me acelera el pulso debido al miedo, me angustio.
Este es mi lugar secreto, nuestro, y nadie más que nosotros deberíamos poner un pie en este lugar y profanarlo.
Ahora mismo estoy sentada delante de la entrada de Sterling, esperando a que entre por ella, pero lista y en alerta para ponerme en movimiento.
El móvil que me regaló, me vibra en la mano y, con sorpresa, descubro que es un mensaje suyo.
No es que los reciba de nadie más, pero, si él me envía mensajes, ¿quién está en el pasadizo con una máscara verde?
Me muerdo el labio superior mientras analizo esa pregunta. Las imágenes indecorosas de lo que me hizo entre las piernas la última vez que me atrapó me producen sensaciones intensas.
Es una locura pensar en ello, pero, desde la última vez que jugamos a esto y él me atrapó en las catacumbas, me quedé con ganas de más, de saborear todas las maneras en las que él puede hacerme sentir viva.
Por eso su pregunta me descoloca, ¿hasta donde lo dejaré llegar?
¿Está mal no saberlo? ¿O es peor que mi mente grite una sola respuesta?
Hasta el final. Sin dudas, sin frenos.
Él prometió cuidarme y yo le creo.
Sterling MacAllister puede ser mi única oportunidad de vivir y, por ahora, su presencia es lo único que me hace sentir viva.
¿Qué se supone que debo contestar? ¿Va a perseguirme por los pasillos? ¿Por eso utilizó otra entrada?
¿Es normal sentir tanto? ¿Qué esto me emocione y me excite de la forma en que lo hace? No lo sé, pero no necesito leerlo dos veces. Dejo la caja en el suelo, me saco las sandalias y empuño el móvil con fuerza mientras echo a correr por los pasadizos como alma que lleva el diablo.
La adrenalina es lo primero que noto mientras descubro que él, después de darme unos segundos de ventaja, se pone en movimiento.
La luz verde de su máscara se cierne sobre mí, cada vez más cercana, más clara, más amenazante.
Acelero el paso todo lo que puedo y me descubro jadeando.
Tuerzo a la derecha en un intento desesperado por despistarlo, pero sus pasos son más sonoros que los míos y me permiten identificar su cercanía, o no, no sé si respira sobre mi nuca o a metros de distancia.
La contundencia de sus pasos me asusta demasiado, los siento como una advertencia, una maldición que me hace morir un poco en cada segundo de angustia, desesperación y… anhelo.
Va a atraparme.
Lo hará, pero ¿qué pasará una vez lo haga?
¿Qué quiero que pase?
Supongo que mi cerebro responde por mí a esa pregunta porque, antes de darme cuenta, abro la puerta de mi habitación y corro a través de ella para llegar a otro acceso, pero no llego.
Apenas rozo el manillar cuando una fuerza bruta me eleva del suelo y me hace volar en el aire.
Grito, solo porque sé que nadie me va a escuchar.
Esta habitación está demasiado lejos de todo, en el centro de las entrañas de la propiedad, conectada con todos los pasadizos solo para que yo pueda moverme a través de ellos como una esclava.
Esta habitación es mi cárcel, pero si Star se encuentra en ella, entonces puede convertirse en mi libertad.
Aterrizo boca abajo sobre la cama pequeña, pero no me da tiempo a moverme porque, enseguida, un peso externo y cálido se presiona sobre mí.
Gimoteo cuando me abarca el cabello de la nuca con una mano grande y feroz, tira de él con fuerza y me obliga a arquearme hasta que el plástico de la máscara impacta contra mis labios.
—Te atrape, florecilla. Es momento de descubrir hasta dónde quieres que llegue.
¿Hasta dónde quiero que llegue?
No quiero que pare, es lo único que tengo claro.
—¿Vas a ser una buena chica mientras lo descubro?