Secreta Obsesión (Sangre bajo el hielo 2) CAPITULO 11 #2
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CAPITULO 11 #2

Por unos segundos eternos nos miramos a los ojos.

Creo que no dirá nada, que no tendrá reacción alguna, y pienso en la opción de escabullirme debajo de su brazo y dejarlo sumido en ese estado de shock , pero entonces Logan golpea la puerta y salto debido a la sorpresa, me llama a gritos y Sterling parece regresar de cualquiera que fuera el lugar al que había ido su cerebro.

Me aparta la mano de un manotazo certero, me sujeta ambas muñecas juntas con un movimiento rápido y me da la vuelta hasta apresarme de tal forma que mi frente choca contra la mampara.

No grito, solo porque no quiero mostrar debilidad, pero la verdad es que no me lo esperaba.

—¿Te has casado con ese hijo de puta?

Su pregunta me destroza a pesar de que no debería.

Durante muchos años, no quise ni siquiera pensar en él, o en vengarme, me daba igual lo que había pasado, lo que me había hecho, porque yo lo amaba.

Pensaba vivir con mi dolor y seguir siendo invisible ante sus ojos.

Cumplí con la orden que se me dio, e incluso deseaba que él fuera feliz.

Pero entonces tuve que verlo allí, Logan tuvo que llevarme a ese maldito club y tuve que ver cómo se follaba a otra con sus estúpidos amigos mientras llevaba puesta la máscara que hizo para mí, mientras mi figura colgaba de su cuello…

y no pude soportarlo. Como no puedo soportar la forma en la que me toca ahora mismo.

—Me haces daño —reconozco—. Aunque supongo que eso te importa una mierda.

—¡Voy a tirar la puta puerta! —escucho gritar a Logan.

—Dijiste que te maté hace siete años —me susurra en el oído mientras yo lucho por liberarme—, pues el Sterling al que eso le importaba, acabas de matarlo ahora.

—Yo no…

Mi voz muere en un jadeo cuando, sin que le importen una mierda los golpes que pega Logan, y que hacen retumbar las paredes, Sterling me restriega su polla semidura sobre el trasero y me roba la respiración.

—¿Le has dado lo que es mío a ese hijo de puta?

—¡Nada es tuyo!

Me retuerzo, lucho, pero eso no le impide subirme el vestido, arrancarme las bragas y ponerlas delante de mi boca como una amenaza certera.

¿Qué?

Sus actos me pillan por sorpresa y, una parte de mi cerebro se excusa en el hecho de que, el Sterling del pasado, jamás haría algo así, mientras que la otra me dice que, ahora que se siente humillado, solo necesita devolver el golpe.

—No te atrevas —le advierto y, por un segundo, dejo de escuchar el ruido a la distancia.

—¿Has dejado que ese, o cualquier otro hijo de puta, toque lo que es mío mientras lo escondías de mí?

Su mano, que aún sostiene mi braga, es una maldita arma de guerra que se cierne sobre mi coño y lo trata con rudeza, lo aprieta, lo golpea.

—No me toques…

—Responde a mi puta pregunta o te quitaré la posibilidad de hablar.

—¡Tu polla no es que haya sido tímida a lo largo de estos años! —lo acuso, aunque no es lo que pretendía. No quiero parecer dolida, o que él sienta que eso me afecta.

Sea como sea, mis palabras parecen tocar algo dentro de él, porque su agarre letal sobre mis muñecas y la presión de su cuerpo contra el mío se relaja un poco.

—Creía que estabas muerta, florecilla —susurra contra mi oído como si estuviera devastado.

—Estoy muerta —reconozco—. Hiciste que me lanzara por ese acantilado justo como lo hizo Red, quisiste que acabara como había acabado tu madre y lo conseguiste…

Grito porque sus dos manos se enredan en mi cabello, tiran de él hacia atrás con contundencia y amenazan con partirme el cuello. Intento pelear, usar las manos, ahora libres, y golpearlo, pero Sterling es una maldita roca poseída por una ira que jamás creí ver en él… y da miedo.

—¿Qué cojones acabas de decir?

—He dicho que, la Maddox que te quería, se suicidó como lo hizo tu madre y que eso también fue culpa tuya.

—¡Maddox! ¡Cabrón de mierda, cómo la toques…! ¡¿Por qué nadie me ayuda a tirar esta puerta?! —Los gritos de Logan resuenan por todas las paredes.

—¿Por eso has hecho esto? ¿Para destrozarme como lo hizo ella?

Maldito cínico.

—Lo pagarás —sentencia cuando se me agranda la mirada ante su descaro.

Sterling me mete las bragas en la boca. No soy capaz de evitarlo por más que me remuevo, me une ambas manos a la altura del culo y me ata ambas muñecas juntas con el cinturón que no sabía que llevaba o cuando se quitó.

Me manipula con rabia y me inclina contra la encimera del baño, me veo en el espejo y mi rímel está corrido debido al sudor y el esfuerzo, soy un desastre y lucho por escupir las bragas mientras noto en sus movimientos cómo se manipula el pantalón.

¡¿Qué hace?!

La puerta se tambalea con las embestidas de Logan.

Sterling se cierne sobre mí como un animal amenazante.

—Yo también puedo destrozarte, Maddox. Antes quería cuidarte —musita sobre mi oído cuando me obliga a arquearme con un tirón de pelo—. Ahora ya no.

No lo reconozco y es extraño, su rostro está desencajado y, al verlo desde el espejo, solo parece un reflejo vivo de la ira y la violencia. Sabía que se enfadaría al ver que había desobedecido su mandato, pero, ¿dejarse llevar así? Eso es algo nuevo y que no me esperaba.

—Verde —musita en mi oído y se me agranda la mirada al comprender lo que insinúa, la forma en la que se burla—. Oh, espera, ¿puedes hablar mientras llevas las bragas de una zorra en la boca?

¡Que te jodan! Eso es lo que intento gritar mientras me retuerzo, pero no suena ni parecido.

¿Qué piensa hacer?

—Le has dado mi coño a otro hijo de puta. —Su agarre en mi cintura se aprieta y sus ojos se tornan desquiciados—. A otros, en plural, quizá. —Entrecierro la mirada con ira cuando la encuentra en el espejo en busca de respuestas—, ¿Dejaste que probaran mis tetas?

Grito cuando me abre la parte superior del vestido en dos con un solo movimiento, tira de mi sujetador y me libera un pecho. Acaricia ambos con una precisión obsesiva y a mi cerebro le cuesta procesar lo que vive.

—¿Dejaste que besara mi cuello? —Su boca suave y cálida me hace caricias en la piel del cuello y los hombros—. ¿Que dejara marcas? —El chupetón duele como el infierno y, cuando él al fin deja de succionar, solo noto el ardor y escozor de la zona—. ¿Que erizara la piel que me pertenece?

No te pertenezco.

Casi se me caen las lágrimas mientras pienso eso y descubro lo lejos que está yendo esto y lo mucho que me dejo llevar.

—¿Que tocara los puntos exactos que yo aprendí a descubrir?

Pierdo las fuerzas cuando me acaricia el clítoris con los dedos. Una descarga eléctrica voraz me recorre todo el cuerpo y me hace recordar lo bien que se sentía.

—¿Aún tienes accidentes por mí, florecilla?

El calor me inunda las mejillas al identificar esa burla y entender la referencia.

—No —ordena cuando intento removerme—. Has roto tu puta promesa, has sido una chica muy mala y te voy a tratar como tal.

Casi lloro con la primera palmada en el culo, pero la segunda es peor y, la tercera, me deja la piel en carne viva.

—Has dejado que otro hijo de puta se folle mi coño, Madds, pero estoy seguro que ninguno de ellos se ha atrevido a tocarte aquí.

Mete un dedo en el interior de mi vagina y lo retuerce dentro, me caigo de bruces contra la encimera por la intrusión y lo confusamente bien que me hace sentir. Empapa el dedo en mi humedad, lo saca y me tantea el agujero trasero con él antes de introducirlo del todo.

Mis manos buscan algo a lo que agarrarse, algo que arañar, a lo que hacer daño.

—Si pudieras ver como tu culo engulle mi dedo, florecilla…

La sensación es intensa, noto como me expande y se intensifica mucho más cuando añade un segundo dedo empapado.

Bufo y recibo una palmada.

—No voy a follarme el coño que le has dado a ese hijo de puta, no hasta que tengas bien claro a quién cojones pertenece.

Me envuelve con su cuerpo y se posiciona justo en medio de mis piernas, lo araño en cuanto mis uñas tocan su piel, pero parece importarle muy poco.

Tira de mi cabello y mi espalda se une a su pecho, siento su polla entre las piernas y su boca en mi oreja, apenas puedo respirar y una sensación febril acompañada por algo de pánico se apodera de mis sentidos.

Sterling me quita la braga de la boca, restriega su polla desnuda por mi coño húmedo y se burla de mí.

—Verde —musita y se me eriza la piel de la nuca.

—No te tengo miedo.

Y no lo tengo, porque, quizá en el fondo, no lo veo capaz de hacerlo.

—Te he dado una oportunidad para detenerme, florecilla. Ahora me aseguraré de que, después de mí, no quieras que nadie más te toque.

Se empuña la polla por la base, la aleja de mi coño y la presiona sobre mi culo. Jadeo y se me expande la mirada, se me acelera el pulso y la voz desesperada de Logan se apaga del todo para mí.

El no…

Empuja dentro de mí y grito, pero es más por la sorpresa que por el mismo dolor.

Busco su mirada en el espejo y me atemoriza lo oscura que es, pero tengo que demostrarle que no tengo miedo, que no puede quebrarme…

—¡Ah! —grito y lloriqueo cuando lo recibo hasta el final con tanta fuerza que me tiemblan las piernas al instante.

El dolor.

Se me caen las lágrimas y él las recoge con la lengua y me lame las mejillas antes de mover las caderas despacio.

No me lo esperaba, pero, para sorpresa de nadie, estoy muy húmeda por él, él utiliza esa humedad para lubricarse la polla y el dolor por la intrusión parece disiparse enseguida.

—Joder, Madds —gruñe.

Mi grito muere ahogado en su boca, me besa como si me odiara y mi cerebro cortocircuita sumido en una vorágine muy extraña.

La puerta se tambalea y el corazón me late desbocado.

Tengo miedo y, a la vez, el placer se hace presente, es latente y empieza a adueñarse de todo a su paso, así como la adrenalina.

Estoy muy llena, y es tan agradable como doloroso, porque él se mueve más fuerte en busca de su bienestar, no del mío.

Sterling abandona mi boca, se prende a mi cuello y, joder, me hace otro chupetón mientras desboca sus movimientos y me folla con tanta fuerza que estoy segura de que me va a destrozar.

—Si vuelves a dejar que te toque, lo mataré —gruñe y grito solo porque odio la forma en la que me eriza la piel su jodida voz cargada de rabia—.

O te destrozaré más fuerte. ¿Te ha quedado claro, florecilla?

Acabaré con él frente a tus ojos y luego me follaré tu coñito encima de su puto cadáver con los ojos abiertos.

Su amenaza me abrasa la piel, es una sensación caótica, febril y jodidamente intimidante.

Su polla se mueve sin piedad, se desliza por mis paredes y me hace sentir demasiado llena, demasiado prieta, a punto de romperme.

Noto como se forma mi orgasmo desde un lugar desconocido y, aunque lo aborrezco, no puedo negar que me sorprende.

Siempre he necesitado estimulación directa del clítoris para llegar al orgasmo y, ahora… Oh, Dios.

No. No, no, no.

No quiero correrme con su polla en el culo, pero soy totalmente incapaz de evitarlo.

Me agarro a la encimera y aprieto los ojos y los dientes mientras la sensación me atraviesa. Sterling gruñe satisfecho, se retira de mí, recoge la humedad de mi coño sensible con una mano y se empapa la polla con ella antes de penetrarme de nuevo.

Joder.

Esto está mal. No es lo que tiene que pasar. Logan entrará en cualquier momento y me verá de esta manera… ¿disfrutando de esta barbaridad?

Cierro los ojos y lo escucho gruñir, se cierne del todo sobre mí, casi tumbado sobre mi espalda. Nuestros rostros casi al ras del espejo, me escupe la boca y me da una palmada en la mejilla mientras me besa y me muerde el labio.

—No te atrevas a cerrar los putos ojos mientras tienes mi polla dentro, Maddox.

—Que te follen.

—Ya lo haces tú muy bien, florecilla. Siempre lo has hecho muy bien.

—¡Maddox!

No puedo gritar por ayuda, no mientras Logan puede oírme o ver esto al entrar.

—¿Dejas que él te destroce de esta manera?

—Te odio.

—Puedes odiarme todo lo que quieras, joder, pero no has dicho la palabra «verde» —se burla y caigo en cuenta de ese detalle.

No es que me haya dejado mucha opción para hablar.

—Espero que sientas al menos una parte del dolor que me has hecho sentir durante estos siete años, Maddox. Espero que me recuerdes mientras tu sangre y mi semen te chorrean por las piernas, o mientras tardas horas en poder sentarte, y todo ello sin que se lo puedas explicar a ese hijo de puta.

Noto como se estremece y da un paso atrás. Segundos después, siento como se hincha dentro de mí, me lleva al límite y, cuando al fin se retira, se me escapa un líquido caliente y pegajoso de dentro.

No puedo entender del todo lo que acaba de pasar.

He perdido del todo el control, pero tengo que recuperarlo.

—¿Lo has pasado bien?

—No mejor que tú —me acusa mientras se limpia la polla.

Bato mis manos atadas delante de él, pero, cuando me ignora, intento darme la vuelta y alcanzar el papel para limpiar el desastre que me baja por las piernas, pero lanza el rollo entero dentro del váter.

—¡¿Qué coño haces?!

—Abrir la puerta para que todos vean lo que has provocado como la zorrita sucia que eres.

—No puedes hacer eso —murmuro con pánico—. Se darán cuenta de lo que me has hecho, te denunciaré…

—Buena suerte con eso, florecilla.

Todo se vuelve caos cuando Sterling abre la puerta y sale.

Los ojos de Logan son los primeros en impactar con los míos y me ve así, desaliñada, con el vestido roto y levantado, un pecho al aire y las manos atadas en un cinturón.

Los amigos de Sterling giran la cara para no mirarme y es Martina la que reacciona, da un paso adelante y se adentra en el baño conmigo, cierra la puerta y me ayuda a recuperarme.

—¿Estás bien? —musita.

Pero no puedo hablar, no puedo decir nada, porque no lo estoy.

—No tienes que hablar de ello ahora, pero, si quieres hacerlo algún día, te dejaré mi tarjeta. Sé lo difíciles que pueden ser estos chicos, Maddox, y no tienes por qué enfrentarte a ellos sola.

Se lo agradezco, pero apenas puedo procesar nada de lo que dice.

Supongo que doy asco, que parezco asustada, que tiemblo.

Supongo que debí haber permanecido escondida, muerta, justo como él ordenó.

Supongo que las consecuencias por haber aparecido apenas empiezan y estoy casi segura de que, vengarme de Sterling MacAllister, no era una idea tan buena como Logan creía.